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Salarios altos, gestores de altura

Juan T. Delgado en El Mundo, 141214.

El debate repentino sobre la nómina del presidente del Gobierno no parte -como debería- de una reflexión serena y profunda sobre el papel de la élite política, sino del ruido generado por quienes ven en tan controvertido asunto un caladero de votos. Al igual que una empresa puntera se arropa del mejor capital humano para ser cada vez más rentable, el Estado debería contar con hombres y mujeres suficientemente cualificados para asumir el reto de gobernar todo un país.

El grosor del currículo, la capacidad de trabajo y sacrificio o la experiencia almacenada deberían corresponderse con una retribución acorde con la responsabilidad asumida. Sucede en el sector privado. Y debería ocurrir, con más razón aún, en el ámbito de lo público. Una empresa se debe a sus clientes, a los que satisface porque le pagan. Son su razón de ser, como lo son para un Gobierno los millones de ciudadanos que le han votado y los tantos otros que no comparten su ideario ni sus formas, pero que viven protegidos bajo el mismo paraguas constitucional.

Un Estado avanzado necesita gestores más profesionales y menos políticos, que defiendan el interés común por encima del partidista, gobernantes de altura. Y eso tiene un precio. El problema es que la controversia sobre la retribución de los altos cargos está viciada, por la crisis de credibilidad de la clase política y la onda expansiva de la doble recesión que ha arrasado millones de hogares. Un seiscientoseurista o un parado no sólo perciben los sueldos del presidente o de los ministros como una cifra estratosférica; también piensan -y eso es lo dramático- que es injusto, que no merecen cobrarlo, por afrontar con mano demasiado dura los recortes sociales aplicados contra la crisis y demasiado blanda con las medidas para atajar la corrupción política. Tampoco ayuda la sensación, acrecentada en los últimos años, de que quienes gobiernan no siempre se rodean de los mejores, sino de quienes han sabido moverse con más destreza para salir en la foto. ¿Qué currículo tenían Leire Pajín o Ana Mato para ser ministras de Sanidad?

En Alemania, casi nadie discute que Angela Merkel deba cobrar 22.711 euros brutos al mes. Y en Reino Unido no preocupa que Cameron ingrese 180.000 euros al año. Mariano Rajoy y los futuros inquilinos del Palacio de La Moncloa deberían cobrar un sueldo mucho más elevado, o el mayor de la Administración; y mostrar los conceptos de su retribución con transparencia. En su espalda recae la máxima responsabilidad y en su boca la última palabra en decisiones que afectan al Estado.

Tener políticos mal retribuidos conduce a tener malos políticos. Las nóminas ajustadas en exceso actúan como desincentivo para quienes pueden aportar mucho a la sociedad. Con una depreciación de los salarios como la que propone Pedro Sánchez, los mejores talentos sólo irían a la Administración por compromiso personal o amor a la patria. Dos ganchos demasiado débiles para atraer perfiles profesionales como el demandado, por ejemplo, para dirigir el Tesoro, que puede ganar siete veces más en el sector privado. La bajada de sueldos también obra como aliciente para quienes no les importa cobrar poco en A si algún día pueden compensarlo con un sobre en B. Para los que ven en un alto cargo el umbral de una puerta giratoria que conduce directamente al sillón de un consejo de administración.

 Ilustración de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para los dos artículos incorporados hoy por EQM, editados en El Mundo.

¿Quién puso estos sueldos?

Lucía Méndez en El Mundo, 141214.

Los datos del Portal de la Transparencia irrumpieron como un turbión de aguas sobre el panorama político y seguramente se irán por dónde vinieron. Este es un país donde los debates se suceden cada cuarto de hora y se olvidan con la misma facilidad. Los medios de comunicación y la clase política pusieron el foco del medio millón de datos que escupió la nueva web en el sueldo del presidente del Gobierno, de los ministros y de los secretarios de Estado. Las noticias de que Mariano Rajoy gana menos que su jefe de Gabinete o que los secretarios de Estado ganan más que los ministros son muy vistosas. Los edecanes del presidente del Gobierno las han utilizado para presentar a Rajoy como a un modesto cartujo que cobra mucho menos que cientos de altos cargos de la Administración. Y los ministros han visto confirmada por otros la opinión que ya tenían ellos de que, en efecto sus sueldos no son gran cosa.

Gracias a este entretenimiento -basado en datos ya conocidos antes del Portal de Transparencia- han pasado inadvertidos otros salarios cuya cuantía es a todas luces exagerada en función de la media de lo que ganan los altos cargos. El presidente de la Sepi, 210.000 euros. Su número dos, 204.452 euros. El presidente de Renfe, 141.000 euros. El director de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, 130.000 euros, la delegada en el Consorcio de la Zona Franca de Vigo, 130.000 euros. La presidenta de Paradores, 173.183 euros. El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, 150.000. La presidenta de la Sareb, o banco malo, 295.000 euros. El presidente de la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios, 141.646 euros. El presidente de la Sociedad Estatal para la Gestión de la Innovación y Tecnologías Turísticas, 138.466 euros. La directora general de Acción Cultural Española, 106.616 euros. Los responsables de los organismos reguladores, además, cobran unas cesantías escandalosas de 10.000 euros al mes durante dos años por no hacer nada. La incompatibilidad les impide trabajar en los sectores sobre los que han tomado decisiones. Podemos comprenderlo. Pero no la cuantía de la prestación, que es escandalosa.

Los sueldos de las empresas públicas dan lugar a muchas preguntas. ¿Acaso tiene más responsabilidad el encargado de la innovación turística que el ministro del ramo? ¿Por qué el presidente de una empresa pública como la Sepi tiene que ganar más que el ministro de Hacienda? ¿El presidente de Renfe asume tiene más trabajo que el ministro de Fomento? ¿Por qué gana más el director de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre que el ministro de Economía?

¿Quién, dónde y cuándo fijó las retribuciones y con qué criterios? Esa es la explicación cualitativa que se nos debe para que podamos comprender la información cuantitativa que escupe el Portal de la Transparencia. Y ya puestos, podemos preguntar también por qué siguen existiendo los cientos de organismos públicos con nombres exóticos y qué fue de aquel compromiso del PP de racionalizar la Administración y suprimir lo innecesario o superfluo.

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Notas.-

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