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El cambio sensato

Queremos ayudar a los ciudadanos para que tomen sus propias decisiones

Albert Rivera y Luis Garicano en El País, 150215.

Los españoles tenemos mucho de lo que enorgullecernos en las últimas décadas. Contrariamente a lo que sugieren muchos que critican todo lo construido desde la Transición, entre los años 1978 y el 2000, España experimentó un período de creciente convergencia económica y política con Europa. Desde la Constitución democrática, hasta la entrada en el euro, pasando por la entrada en la OTAN o en la Unión Europea, España fue cumpliendo hitos hacia un futuro común con Europa. Y a medida que el país se hacía más libre y democrático, la economía crecía. En esos años creamos una democracia imperfecta, pero que mejoraba cada año, un sistema sanitario excelente, y un Estado de bienestar que redujo enormemente la pobreza.

Desgraciadamente, y aunque los españoles no fuimos conscientes de ello, tras la entrada en el euro el proceso de convergencia se detuvo y España entró en un camino muy diferente del que había seguido con anterioridad. El euro permitió unos años de dinero fácil, de gasto suntuario en ciudades de las artes y la cultura, de pelotazos, de corrupción, de capitalismo de maletín y de “amiguetes”. No hay indicador más claro de este cambio que el abandono escolar, que, tras haberse reducido continuamente durante dos décadas, invirtió su tendencia en el 2000 hasta convertirse en uno de los mayores de Europa. Los jóvenes recibían la señal de que, con el dinero fácil, no hacía falta estudiar, sino empezar a trabajar, cuanto antes, y preferentemente en la construcción. La (relativa) dicha del dinero fácil fue breve: tras unos años de vivir el espejismo de un crecimiento sin productividad, alimentado por el ladrillo, la burbuja explotó y nos sumergimos en una profunda crisis.

La burbuja, y la cultura del pelotazo, los chanchullos y los enchufes nos han dejado con una España que no está preparada para competir en el mundo de la globalización, ni en la revolución de las tecnologías de la información: el fracaso de nuestro sistema educativo, el vaciamiento de los principios del mérito y la capacidad en el sector público, la desaparición de miles de pymes, en muchos casos por retrasos e impagos del sector público, dejan una economía que tendrá muchos problemas para generar el crecimiento necesario para acabar con el paro, asegurar la sostenibilidad del Estado de bienestar y el futuro de nuestros hijos. Además, el reparto del coste de la crisis ha sido brutalmente injusto: los jóvenes y los desempleados de larga duración han visto recortadas radicalmente sus oportunidades. Es difícil construir una vida desde la precariedad.

Ahora se trata de reconducir a España a la senda del crecimiento económico, la igualdad de oportunidades, la cultura del esfuerzo y la honestidad, y la profundización de la democracia por la que se había encaminado tras la Transición. Para ello necesitamos un modelo de crecimiento basado en el conocimiento y en la formación, en el esfuerzo y en el mérito. España necesita una revolución educativa e institucional que permita a los españoles recuperar la confianza en que el futuro será mejor que el presente, que nuestros hijos podrán aspirar a una vida mejor que la que nosotros disfrutamos.

Para lograr este objetivo no existen atajos ni soluciones mágicas, sino buenas políticas basadas en la experiencia de otros países. Existen sociedades, sobre todo en el norte de Europa, que han demostrado ser capaces de combinar la flexibilidad para encajar en la economía mundial con la igualdad de oportunidades y la seguridad para sus ciudadanos. El programa económico que presentaremos este martes 17 de febrero en Madrid intenta orientar a nuestra economía e instituciones en esa dirección.

Se trata de cambiar, de reformar, de regenerar, sí. Hemos vivido demasiados años en la corrupción y en el chanchullo. Pero se trata de hacerlo desde la sensatez, desde la seguridad, manteniendo la confianza tanto de los españoles como de los extranjeros que nos deben prestar cientos de miles de millones cada año para refinanciar nuestra deuda y el déficit público.

Frente a visiones intervencionistas de la regeneración que España necesita, los ciudadanos son el centro de nuestra actuación. Queremos capacitar y ayudar a los ciudadanos para que tomen sus propias decisiones, pero para ello necesitan toda la información sin trampas. Por ello, el cambio que proponemos parte no solo de la seguridad y la confianza, sino también de la transparencia.

Nuestro programa económico tiene cuatro prioridades. La primera es la de luchar por asegurar un salario digno y por eliminar las causas de la desigualdad y la pobreza. La segunda es asegurar la educación de nuestros jóvenes para la economía del conocimiento. La tercera, facilitar la innovación y el crecimiento de las empresas y la actividad de los autónomos. Y la cuarta, asegurar una fiscalidad justa, la sostenibilidad del gasto público y del Estado de bienestar, y la lucha contra la corrupción y por unas instituciones transparentes.

Nuestras propuestas tratan de reflejar las mejores prácticas de otros países y la mejor evidencia sobre lo que funciona. Pero cada país es diferente, y lo que funciona en uno puede no funcionar en otro. Por ello nos comprometemos en nuestro programa a instaurar un riguroso programa de evaluación continua de todas las políticas, de forma que aquellas que no funcionen como deseamos sean rediseñadas o eliminadas.

Las propuestas que haremos el martes no serán un punto final. Al contrario, abriremos un debate con la sociedad sobre nuestras propuestas, de modo que podamos incorporar las mejores ideas de todos. Pretendemos que este documento se discuta en las redes sociales Twitter, y Facebook, en hogares, en escuelas, en Universidades, en empresas y Administraciones. Pretendemos que sea un documento vivo, que cambie y evolucione con las aportaciones de todos los ciudadanos.

Albert Rivera es presidente de Ciudadanos y Luis Garicano es catedrático de Economía y Estrategia de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres [LSE] y coordinador del programa económico de Ciudadanos.

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Web de Ciudadanos

Blog de A. Rivera

Twitter de A. Rivera

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Albert Rivera explica qué es Ciudadanos [C’s]. Vía ciudadanos, 130215.

Albert Rivera es entrevistado en ‘Los Desayunos’ de TVE, el pasado viernes, 130215. Vía ciudadanos.

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La hora del ciudadano Albert Rivera

24 horas con el político más valorado

Le acompañamos en su viaje de Barcelona a Madrid, donde quiere triunfar como líder. No ha hablado nunca con Rajoy ni Sánchez, pero sí conoce al Rey y a Pablo Iglesias. Hoy es para muchos el antídoto perfecto contra Podemos. Él inventó lo de la “casta”. Le preguntamos si es capaz de dar tres razones para no votar a su partido. Y nos las da.

El Mundo, 150215.

Albert Rivera tiene un superpoder: es un político, pero no lo parece. No lo decimos porque llegue en metro a la cita en la estación de Sants. Tampoco porque se niegue a disfrazarse de besabebés en las campañas electorales. Ni siquiera porque, en pleno descrédito de la política, sea el único líder que logre un aprobado en las encuestas.

No: lo que realmente distingue a Rivera del resto de líderes es que responda una pregunta que cualquier manual del buen político aconsejaría esquivar. Aprovechando que fue campeón de España de la Liga de Debate Universitario -en la que los contendientes tienen que defender ideas aunque no las compartan- le pedimos que dé tres argumentos para no votar a su partido. Y Rivera dispara sin dudar.

“Primero diría que Ciudadanos no ha gobernado nunca, así que les falta experiencia de gestión”, dice metiéndose en la piel de sus adversarios. “Segundo, cuidado con los partidos nuevos, que prometen mucho, pero luego no cumplen. Y, tercero, que su líder, Albert Rivera, es catalán. ¡Y ya se sabe que los catalanes son todos sospechosos!”.

Resulta difícil imaginar a Rajoy, Pedro Sánchez o incluso Pablo Iglesias desvistiendo sus flaquezas con tanta inocencia. Pero a Rivera le sale sin titubeos, quizá porque su salto a la fama se debió a otro desnudo: su célebre póster de las elecciones catalanas de 2006, en el que posó sin ropa. Así construyó su cuidadísimo relato: que es un político distinto, un ciudadano que acabó de diputado casi por azar y que, aún hoy, se niega a hablar el politiqués de sus compañeros de gremio.

De hecho, Rivera es uno de los pioneros -para sus fans, el principal- de la nueva política que arrasa desde hace un año. En 2006, ya utilizó la palabra “casta” para referirse a la oligarquía política que copaba Cataluña. Entonces abordaba temas que parecían frivolités, pero que hoy acaparan el debate público: el derroche, la corrupción, los privilegios de los políticos…

Hace más de un año, a finales de 2013, entregó a su editor su primer libro. Su título resultó premonitorio: Juntos Podemos. “Aún hay fans de Pablo Iglesias que me acusan de copiarle”, se ríe Rivera, de 35 años. “¡Si yo lo escribí meses antes de que él fundara su partido!”.

Ahora, de golpe, sus ideas regeneracionistas han cuajado. Las últimas encuestas dan a Ciudadanos (C’s) un 12% del electorado nacional. Es el único líder -junto a Felipe VI- que obtiene el aprobado de los votantes. “Albert Rivera puede ser para el PP lo que Pablo Iglesias para el PSOE”, se lamenta un dirigente popular. “Si se consolida, nos va a destrozar. ¡Pero en mi partido no se enteran!”.

Animado por estos datos demoscópicos favorables, Rivera ha emprendido el salto de la política autonómica a la nacional. Una larga marcha de su Barcelona natal a la capital del reino. El mismo trayecto que hoy realiza en AVE, escoltado por Crónica. Ha llegado la hora del ciudadano Rivera.

8.05. El líder de C’s llega en metro a la estación de Sants. Hace más de un lustro que renunció al chófer o, mejor dicho, se zafó de él. “Es como una jaula, no hay mejor coche oficial que un taxi”, asegura Rivera, que también suele desplazarse al Parlament en su Yamaha 1000.

El político pide una magdalena, zumo de naranja y café con leche. Su jefa de prensa -con quien parla en català– no para hasta que se lo sirven para llevar. “¡Si aún quedan seis o siete minutos para que salga el tren!”, dice. “¡Con mi ritmo de vida, eso es ir sobrado!”.

Ya acomodado en su asiento, Rivera mira su Twitter y responde algunos whatsapps. También saca un rato para leer una biografía de Adolfo Suárez de Manuel Campo Vidal. “En la Transición, España tenía miedos, pero también oportunidades, igual que en la actualidad”, reflexiona. “El país optó por las oportunidades. Y acertó”.

-¿Se ve como un nuevo Suárez?

-Jaja. ¡Qué va! No idealizo la Transición, pero tampoco demonizo que gente que se había matado a tiros se pusiera de acuerdo para firmar una Constitución.

10.59. El tren llega a Atocha. A cada paso se le acerca un futuro votante. Rivera les atiende con una cortesía algo impostada: la interacción con el pueblo no es su don. Es el reverso exacto de Pedro Sánchez: un tipo cerebral, reflexivo, un puntito distante. Disfruta de la soledad: antes de su siguiente cita -una entrevista sobre deportes con La Sexta- pide unos minutos de calma.

El deporte es otra de las claves de la personalidad de Rivera. A los 11 años se apuntó a natación y llegó a campeón catalán de 50 metros braza. Aquello no le salió gratis: se levantaba a las cinco de la mañana, nadaba dos horas, se iba a clase y por la tarde volvía a la piscina. “Llegaba a clase con la marca del gorro en la frente”, recuerda. “Aquella experiencia me hizo muy autoexigente y disciplinado“.

Ya ante las cámaras, Rivera logra colar su mensaje político entre las preguntas deportivas. Aunque es culé, celebra que se haya acabado el bipartidismo tanto en el fútbol como en la política. La pregunta se hace sola: ¿quién será el Simeone que acabará con la casta: Podemos o Ciudadanos? “No sólo está el Atleti: también el Sevilla, el Valencia… Pero creo mucho en la filosofía de Simeone: partido a partido”.

12.55. Según el CIS, el 49% de los españoles no saben ubicar a Ciudadanos del 1 de la extrema izquierda al 10 de la extrema derecha. Quizá se trate de una ambigüedad calculada para pescar votantes en todos los caladeros: el PP, el PSOE, UPyD… ¿Dónde se colocaría Rivera? “Traducir un proyecto de país a una sola cifra es una chorrada”, se escabulle.

Sus referentes, dice, son pragmáticos como François Bayrou, Manuel Valls, Matteo Renzi o Nick Clegg. También se niega a aclarar si preferiría pactar con el PP o el PSOE. “Con quien acepte nuestro programa: cambiar la ley electoral, reformar la justicia, alcanzar un pacto educativo…”, enumera.

Es interesante que Rivera cite al británico Clegg. En 2010, se vio en la disyuntiva de hacer premier a Gordon Brown o David Cameron. En gran parte, Clegg eligió al tory porque se había molestado en cortejarle cuando estaba en la oposición, antes de necesitar sus votos.

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-¿Ha hablado alguna vez con Rajoy?

-No.

-¿Y con Sánchez?

-Tampoco.

-Si quiere le doy su móvil y le llamamos…

-No… Ellos dicen que no hablan con nosotros para no darnos aire. ¡Pero si ya tenemos aire! Tienen una mentalidad perdedora, lo dejan todo para el último minuto.

-A Pablo Iglesias sí le conoce…

-Hemos coincidido en algún plató televisivo.

-¿Y a Felipe VI?

-Me reuní con él cuando era príncipe. Y luego nos hemos saludado en actos. Es paradójico que él haya querido verme y los dos grandes partidos no.

Este hijo de pequeños comerciantes -un catalán y una andaluza- jamás pensó que frecuentaría al Rey. Rivera aterrizó la política por casualidad: en 2006, la presidencia de Ciudadanos se decidió por orden alfabético de nombres y Alberto era el primero. Y allí se quedó, pese a las dificultades de sus comienzos, como cuando le enviaron una bala en un sobre.

-Tiene carrera, un máster privado, sólo dos años en la empresa privada (La Caixa) y lleva en política desde los 26. Usted es casta, ¿no?

-Yo soy casto (se ríe). No, la casta es una oligarquía que se protege de forma cuasimafiosa, como los Pujol. Nada que ver conmigo.

-También le tachan de ser un producto de la telecracia.

-Se meten conmigo por ir a tertulias los mismos que se esconden tras pantallas de plasma o llaman a sus televisiones públicas para dictarles lo que tienen que decir. Tendrán que plantearse por qué no les invitan a las tertulias: porque hunden las audiencias.

13.06. Toca un chat con los lectores de El Economista. De camino, vuelve a mirar su Twitter. “Dicen que pierdo mucho el tiempo con las redes sociales, pero en realidad lo gano: amplifico mis mensajes, recibo ideas nuevas…”, dice. “En mi vida, el tiempo es mi recurso más escaso. Y la agenda, mi principal enemigo. Aún peor que los partidos rivales”.

Rivera admite que, en sus inicios, sufrió una crisis personal: descuidó a su familia, dejó de hacer deporte, orilló a sus amigos… “Me vi en el Parlamento y decidí dedicarme a la política en cuerpo y alma. Aprendí que, con ese método, sólo consigues perder el alma… y medio cuerpo”.

Aunque trabaja más de 12 horas al día, dedica un rato cada semana al deporte. Y, sobre todo, reserva huecos para su hija Daniela, de tres años, que vive con su ex pareja: “Me toca estar con ella los miércoles por la tarde más un fin de semana de cada dos y mis colaboradores ya saben que son ratos intocables”.

-¿Es cierto que la niña le pide a su madre que le ponga la tele para verle?

-Sí, es duro. Pero muchos padres viajan lo mismo que yo y sus hijas no pueden verles por la tele.

Rivera tiene una ventaja en su lucha con la agenda: no se prepara las entrevistas. Confía en su oratoria y sus conocimientos acumulados. Su modelo es Obama, por dos motivos: porque “da la cara aunque se equivoque” y porque “tiene una red para relacionarse con los ciudadanos al margen de su partido”.

-¿Cuál es su orador favorito en España?

-Antoni Fernández Teixidó, de CiU. También me gustaban Felipe González y Adolfo Suárez. Y, en las entrevistas, José Bono.

-¿Y el peor?

-Hay tantos… Magdalena Álvarez daba vergüenza ajena. Pero muchos diputados no saben ni hacer una pregunta de 30 segundos sin mirar un papel. ¡Se consideran parlamentarios sin saber parlamentar!

-¿Por qué cree que usted es el único líder que aprueba?

-Porque en Ciudadanos lo hacemos menos mal que los otros.

-¿No le ayuda ser guapo?

-Todo ayuda. Pero si no tuviera capacitación mi imagen me perjudicaría. Me verían como un frívolo.

16.34. De vuelta al hotel, Rivera explica una de sus frases favoritas: “No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo” (Víctor Hugo). Según él, esa idea “imparable” es hoy que “la política española necesita abrir una nueva etapa”, en la que Podemos y Ciudadanos serán los protagonistas.

-¿Se siente más cercano a Rajoy o a Pablo Iglesias?

-Generacionalmente, a Iglesias. Él hace “nueva política” como yo, pero la hace con ideas viejas, como el intervencionismo.

-¿Quién es más “vieja política”: Sánchez o Rosa Díez?

-A Rosa Díez le pasa lo contrario: que tiene algunas ideas nuevas, pero su política es vieja, con un partido que se cree más importante que el país.

-No ha contestado.

-Es que me da igual.

-¿Prefiere la Generalitat o la Moncloa?

-Aún no he decidido.

-O sea, que no dice que no a ninguna.

-¿Qué te crees? ¿Que salimos a perder la competición? Eso sí, siempre partido a partido.

17.30. Albert Rivera se ducha, hace llamadas y va en taxi al Club Financiero Génova, que le ha pedido que protagonice un coloquio. En este nodo de la élite empresarial capitalina abundan la gomina, los abrigos de visón y los mocasines lustrados a mano. No sería mala apuesta decir que el 90% de los presentes son votantes del PP que creen que Twitter es una marca de ropa.

Rivera habla sin papeles durante unos 20 minutos. Luego responde más de una hora de preguntas. Los asistentes parecen hechizados por la retórica inflamada del catalán. No es extraño: los sondeos indican que sus caladeros de votos son UPyD, el PP más centrado y los jóvenes abstencionistas.

Aquí, en el club, la principal preocupación es el ascenso de Podemos y a Ciudadanos se les ve como el antídoto perfecto, si el PP no logra remontar. Rivera, siempre atento a su auditorio, masajea sus oídos con un eslogan rotundo: “Para engañar a la gente con promesas imposibles de cumplir no hace falta Podemos: ya tenemos a los partidos de siempre”.

22.31. Rivera está agotado, pero le queda la parte que más le desagrada: el ritual del selfie. Decenas de fans le piden una foto, también le merodean tertulianos que ya frecuentaban estos saraos en la Transición… Y, de repente, la calva reluciente de José Luis Balbás, epítome de la vieja política, se asoma tras una columna. El cerebro del tamayazo que arrebató el Gobierno madrileño a Rafael Simancas ha olisqueado el potencial del nuevo líder, al que corteja con descaro. El líder de Ciudadanos parece incómodo ante la posibilidad de que alguien les retrate juntos. La estampa resume el choque de dos mundos: la política que se resiste a morir frente a la que intenta abrirse paso. Pero, en un hábil regate, Rivera deja a Balbás a su espalda: la misma jugada que, si se cumplen sus planes, repetirá en las próximas elecciones.

Luis Garicano. Vía.

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Entrevista con el nuevo asesor económico de Ciudadanos

Luis Garicano: ‘El presidente del Gobierno debe ganar lo mismo que un alto cargo de una empresa’

Quiere que España se parezca a Dinamarca. ‘Tenemos un futuro excelente’. ‘Hay que dejar de construir viviendas de protección oficial; el dinero debe ir para ayudar al alquiler’. ‘Las diputaciones provinciales son a menudo un nido de corrupción sin control político’.

John Müller en El Mundo, 150215.

No es fácil para quien ha dedicado su vida a la investigación y a la enseñanza entrar en política. Más aún si ha tenido éxito en su profesión. El arquetipo es Platón. Tras la muerte de Sócrates, viajó a Siracusa para comprobar si el líder local podía encarnar su idea del filósofo-rey. Sus tres viajes acabaron en decepción y en los tres el poder político puso en peligro su vida. Por eso, «viajar a Siracusa» es una advertencia clásica a los intelectuales que incursionan en política.

Luis Garicano ha decidido dar este paso. El próximo martes presentará junto a Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, las grandes líneas del programa económico que ese partido planteará en las próximas elecciones. «Noto un verdadero deseo de cambio en la sociedad española, que comparto. Y creo que es hora de dejar de ver los toros desde la barrera, y tratar de poner en marcha las medidas que me parece que hacen falta para que España reemprenda su camino hacia la modernidad».

“Como escribí en agosto del 2013, cuando terminé mi libro El Dilema de España las opciones de España son Dinamarca o Venezuela. Voy a intentar explicar a los españoles la opción “Dinamarca” y tratar de convencerles de que si avanzamos por el camino de ser un país normal, regenerando la vida política, económica y la educación, hay un futuro excelente para España”.

¿Estaría dispuesto a ser vicepresidente?

Si fuera en un Gobierno con clara voluntad y mandato de cambio y reforma, sí. Creo que para cualquiera sería un honor ayudar a construir el país que merecemos y a devolver la ilusión a la gente. Obviamente, para hacer el paripé por ir en coche oficial, prefiero mil veces mi vida actual..

¿No teme salir escaldado?

Sí, claro. Seguramente, saldré escaldado, soy lo suficientemente realista para verlo y saberlo. Pero en la vida conseguir cualquier cosa importante requiere un sacrificio y un riesgo. En 1993 dejé un puesto bien pagado y con la oposición sacada en la Comisión Europea para ir a pasar frío y estudiar hasta las tres de la mañana en el doctorado en [la Universidad de] Chicago, y fue la mejor decisión que he tomado en mi vida.
¿Por qué escogió trabajar con Ciudadanos y no con otros, como UPyD por ejemplo?
Me parece que Albert Rivera es un líder excepcional, con muchísimo carisma. Estoy en sintonía plena con sus planteamientos. No comparto el foco excesivo de UPyD en los temas autonómicos. Pero me parece que lo ideal, como ha reiterado Rivera, sería que los dos partidos fueran juntos. UPyD ha hecho muchísimo por España y ha generado muchas buenas ideas. Los dos deberían caminar hacia una nueva Unión de Centro Democrático, que al unir a todo el centro fue responsable en buena parte del éxito de la Transición.

¿Cree que se puede pactar con Podemos y sus ideas?

No, nuestras ideas están muy alejadas de las de Podemos. Compartimos el interés por la regeneración y acabar con la corrupción, la preocupación por el exceso de endeudamiento de las familias, pero nuestras soluciones son opuestas. Por ejemplo, ellos piensan que más Estado acabaría con la corrupción, cuando a nosotros nos parece obvio que el problema es que el Estado, y los políticos, han tenido demasiado poder. Todas las instituciones están politizadas, no hay sociedad civil, solo política. Creemos que hay que devolver su primacía a la sociedad, a los ciudadanos. ¿De verdad le parece al Sr. Iglesias que el problema de TVE es que está insuficientemente controlada por el Estado? ¿Estaban insuficientemente representados los políticos en las antiguas Cajas?

Las tesis regeneracionistas son cautivadoras, pero a veces el pueblo se niega a seguirlas. Usted participó en una propuesta para reformar la Ley de Partidos y no recibió ni de lejos el apoyo que logró la Plataforma Anti Desahucios.

Creo que la lanzamos, pero no hicimos todo el trabajo que debimos para empujarla y explicar a la gente lo crucial que es para el país la transparencia de los partidos y su funcionamiento democrático.

¿Sigue pensando que Soraya Sáenz de Santamaría sería mejor presidenta que Rajoy?

Ciudadanos busca ganar. Ganar es claramente posible porque tenemos un proyecto que encaja con las necesidades y los deseos del país. Si conseguimos explicarlo y presentarlo (y si TVE no se dedica a sacar a Rivera exclusivamente con subtítulos y a hacernos el vacío) creo que es posible. Si no ganamos, pues daríamos nuestro apoyo a quien compartiera ejes cruciales de nuestro programa, empezando como condición indispensable con la regeneración total de la vida política. El Gobierno actual no tiene tales deseos.

¿Cuáles son las reformas pendientes más urgentes?

Nuestra prioridad es un mercado de trabajo que permita a los jóvenes tener empleo y una educación que los prepare para el futuro. Además, hace falta introducir principios de mérito y rendición de cuentas en la Administración, reformar a fondo la Justicia, que es ineficaz, lenta, y arbitraria; facilitar el funcionamiento del mercado y la entrada y crecimiento de las empresas; acabar los mercados oligopolísticos y las prácticas abusivas en sectores supuestamente regulados, eliminar el capitalismo de amiguetes; una ley de partidos que garantice su transparencia y su funcionamiento democrático…

¿Visualiza un modelo autonómico que no consista en crear 17 mini-Estados?

Sí, ¡claro! Creo que Alemania es un excelente ejemplo de cómo combinar la unidad de acción del país y la autonomía.

Y ¿tiene sentido mantener las diputaciones provinciales?

No, porque son a menudo un nido de corrupción sin control político alguno. La elección indirecta no es democrática y las pone al servicio de las redes clientelares de los partidos. Si consolidamos ayuntamientos, las diputaciones son redundantes (con la excepción de las Juntas Generales del País Vasco, que tienen un papel histórico).

¿Piensa que las balanzas fiscales son útiles o sólo son un arma arrojadiza del separatismo catalán?

Me horroriza todo el debate del supuesto expolio. No veo una forma de construir una medida objetiva. Pero es indudable que el sistema de financiación actual es el peor posible y que hay que mejorarlo.

¿Le parecen razonables los sueldos del presidente del Gobierno y los ministros?

Creo que, como en todo, debe mirarse fuera, no inventar nada, y creo que estamos muy fuera de la media, por abajo, de Europa o la OCDE. Las consultoras pagan el sueldo de Rajoy, unos 75.000 euros, a chicos y chicas de 27 años recién salidos del programa de Máster. Estos sueldos aumentan el descrédito, porque nadie se los cree y dan al político la justificación para hacer cosas mucho más costosas para cobrar lo que ellos consideran que merecen. El presidente debe ganar lo mismo que un cargo alto de una empresa privada o un bufete.

El principio del mérito

¿En qué sentido iría su reforma de la Administración?

Hay que suprimir cargos de libre designación, para eliminar redes clientelares. Reintroducir el principio del mérito y el esfuerzo, desgraciadamente machacado por los últimos gobiernos.

¿Cómo resolverán el derecho de acceso a la vivienda?

La clave es luchar contra la precariedad y el desempleo. La Vivienda de Protección Oficial (VPO) debe dejar de construirse en un país con medio millón de viviendas vacías, y el dinero usarse para ayudar al alquiler. En vez de reducir la desigualdad, son una lotería que a menudo les toca a los más avispados y conectados. Y disminuyen la movilidad, ya que uno no puede aceptar un trabajo en otro sitio si tiene semejante lotería intransferible.

¿Estaría dispuesto a prohibir los desahucios de primera vivienda?

El sistema actual es horrible. Es inaceptable que los bancos se adjudiquen viviendas a precios por debajo de mercado y la deuda siga hasta el fin de los tiempos. Tenemos una propuesta que los hará innecesarios en la gran mayoría de los casos.

¿Cuál?

Presentaremos una Ley de Segunda Oportunidad, que creo que es algo muy necesario. El objetivo es dar a las partes (bancos y deudores) los incentivos para que lleguen a los mejores acuerdos posibles. Lo crucial es evitar que el deudor siga hasta la eternidad, como ahora exige el Código Civil de 1911, con la losa de una mala o desafortunada decisión. Esto no sucede para las empresas, ¿por qué, entonces, sí para los individuos?

¿Cree en un solo regulador gigante como la actual CNMC o era mejor el modelo de reguladores sectoriales?

No. El cambio fue un error justificado en un falso ahorro. Necesitamos tener reguladores expertos en sus mercados (telecomunicaciones, energía, etc.) y una oficina de competencia independiente con capacidad de investigación. La forma en que se designó a los consejeros de la CNMC, por su proximidad personal a quienes los nombraban, sin ninguna consideración de su competencia, es vergonzosa y no se debe repetir. Garantizo personalmente que esto no se producirá en ningún organismo regulador ni órgano de la administración si Ciudadanos tuviera la responsabilidad de hacerlo.

¿Asumirá Ciudadanos el contrato único? ¿Perderían los trabajadores antiguos su actual indemnización con el contrato único?

Cualquier cambio del marco contractual que presentemos permitirá a los trabajadores conservar todos sus derechos adquiridos. O sea, a lo segundo no.

¿Qué harán con la edad de jubilación?

En general, creo que hay que ir hacia dar el mayor control a las personas sobre su carrera laboral. Si introducimos cuentas nocionales que muestren los derechos acumulados, los ciudadanos pueden elegir cuándo retirarse según cuánto tengan cotizado. Además hay que profundizar en compaginar cobro parcial de pensión con trabajo parcial. En muchos casos (el mío, por ejemplo) uno no quiere retirarse. (¡Yo aspiro a no retirarme nunca!).

¿Le parece sostenible el esquema de pensiones públicas?

La economía debe volver a crecer y tenemos que dejar de perder población. Nuestro programa logrará esto, y esto hará que el Estado del bienestar será sostenible.

¿Subir o bajar impuestos?

En estos momentos nuestra situación presupuestaria es muy delicada (con un agujero de déficit más que notable) y no me parece que, en el muy corto plazo, tengamos margen para reducir de manera agresiva nuestra carga impositiva. En el medio plazo, cuando gracias a la revitalización de la economía española que nuestro programa económico va a fomentar, repensaremos toda la estructura fiscal para que nuestro sistema impositivo premie el esfuerzo y el ahorro.

¿Cree que la lucha contra el fraude fiscal es la panacea para arreglar las cuentas del Estado?

Propondremos una reforma fiscal amplia. La lucha contra el fraude es una de las medidas clave, y hay bolsas enormes de fraude sin atacar.

¿Mantendrá el Impuesto de Patrimonio? ¿Y el de Sucesiones y Donaciones?

Los impuestos sobre el patrimonio o sucesiones pueden jugar un cierto papel en ese sistema tributario más que como figuras recaudatorias como medio de control del fraude fiscal.

¿Qué haría con el IRPF?

Como decía antes, hay que bajar los tipos, simplificarlo, introducir deducciones. Pero a corto plazo la clave es cerrar el agujero fiscal y dejar de depender de la deuda para financiarnos.

Si la prioridad es cerrar el agujero fiscal, ¿no sería preferible reducir el gasto público en vez de fiar ese proceso a unos impuestos que ya son muy altos?

No es la prioridad cerrar el agujero, sino generar crecimiento sostenible para acabar con el paro y asegurar la sostenibilidad del Estado del bienestar. Ahora mismo, con la actuación del BCE, los tipos de interés están extremadamente bajos. Además, España tiene el viento a favor, con el 1.5% del PIB de ahorro de la factura del petróleo y la caída de los tipos que ha generado Draghi. La prioridad es usar este espacio para hacer las reformas económicas necesarias para que el país reemprenda su camino.

¿Las cotizaciones sociales son un impuesto al trabajo?

Sí, claro, lo son, aumenta el coste de contratar a un trabajador. Pero son también necesarias, para financiar el sistema de pensiones.

¿Y no cree que debería buscarse una manera de bajarlas para ganar competitividad?

Sería positivo bajar las cotizaciones si fuera posible. Pero es crucial asegurar la sostenibilidad del sistema contributivo de pensiones que depende de ellas. Para quien hay que flexibilizarlas es para los autónomos, que tienen que pagar costes fijos de 300 euros al mes independientemente de que facturen 100 ó 10.000 euros.

¿Debería el gobierno central recuperar las competencias en Educación?

No. El gobierno central debe colaborar con las comunidades autónomas para mejorar.
Pero en el programa de 2008, Ciudadanos propugnaba un control por la Administración central de los contenidos educativos y currículos de todo el país…
Los programas de estudio están muy sobrecargados de contenido, pero no se trata de legislar más, sino de especificar los contenidos esenciales de las pruebas de final de cada ciclo.

¿Cree que está bien dimensionado para España un sistema universitario con más de 50 instituciones públicas?

El número en sí no es el problema. El problema es su falta de especialización y de diferenciación. Unas pocas deberían aspirar a la excelencia mundial en investigación, otras deberían especializarse en ciertas profesiones, otras en otras, etc.

¿Qué haría para que la oferta educativa se adaptara a la demanda laboral?

Creo que las universidades deberían recibir su financiación no en función simplemente del número de estudiantes, sino de las salidas profesionales de estos. Eso las empujaría a asegurar que ofrecen estudios de calidad que de verdad preparan a los estudiantes.

¿Y con la inmersión lingüística?

Creo que hace falta inmersión lingüística en inglés.

¿Bajaría el IVA a la cultura?

No. El IVA debe ser más bajo, pero la mayor parte de las actividades deben pagarlo. En España, como en todos los impuestos, es alto, pero lo pagan pocos.

¿Qué opina de las subvenciones a determinadas expresiones artísticas como el cine?

Las mejores películas se hacen sin subvención. El dinero que a los ciudadanos les cuesta tanto ganar no debe ser utilizado en actividades de propaganda de los políticos. Las artes, la cultura, todo ello es maravilloso. Pero son subvenciones regresivas: los que van a la ópera son los que de todas formas se la podrían permitir sin subvención.

Montoro lo sabe todo de Monedero

El titular de Hacienda se ha visto asediado esta semana por el fuego cruzado de una oposición que le acusa de hacer un uso partidario e irregular de los datos fiscales de que dispone para presionar a sus adversarios. Al frente del batallón se ha distinguido el diario ‘El País’. Porque Cebrián salió escaldado del despacho de Montoro en diciembre de 2013, dispuesto a tomarse cumplida revancha en cuanto la ocasión se presentara.

Jesús Cacho en Vozpópuli, 150215.

Dicen que Juan Luis Cebrián acudió en diciembre de 2013 al despacho del ministro Montoro, en el caserón de Alcalá casi esquina a la Puerta del Sol, dispuesto a pedir árnica fiscal para un Grupo Prisa sumido en aguda crisis, crisis que otro miembro del Gabinete, la vicepresidenta Soraya, estaba ya por aquel entonces pilotando para evitar que se convirtiera en terminal, y que la cosa se torció, que la charla se agrió, y que en un momento dado don Cristóbal abrió un cajón de su mesa de despacho y extrajo de él un fajo de papeles con las declaraciones de la renta del ilustre progre que lleva años ganando un montón de pasta –más de 13 millones en 2011, de acuerdo con el destape efectuado por el propio grupo ante la SEC norteamericana, y cifras de entre 5 y 10 millones el resto de ejercicios-, mientras Prisa se desangra y se vende al mejor postor, y prácticamente se lo lanzó a la cara. Al ministro le jode mayormente que los periodistas del establishment prediquen desde sus púlpitos contra los rigores de la Hacienda Pública, siendo así que ganan varias veces lo que el titular de la cosa. Lo sacó a relucir el propio Montoro este lunes ante el director de ABC, Bieito Rubido, en ‘Los Desayunos de la 1’: “Se erigen en representante de las clases medias, pero usted no es clase media. Seguro que gana más que el ministro que está aquí…” Bieito, prudente como buen gallego, prefirió plantear honrosa retirada antes que problemática batalla y calló.

El incidente contribuyó a difundir ese cierto afán pendenciero que estos días empaña la imagen de nuestro sheriff de Nottingham, obligado no solo a bailar con la más fea de reducir el déficit público en un entorno de crisis económica brutal y descrédito de las instituciones, sino a enfrentarse a la enemiga de unos medios de comunicación en ruinas que, lejos del papel de Robin Hood, también le consideran enemigo a batir. El titular de Hacienda, en efecto, se ha visto asediado esta semana por el fuego cruzado de una oposición que le acusa de hacer un uso partidario de los datos fiscales de que dispone para presionar a sus adversarios. Dirige el batallón de papel el diario El País del viejo camarada Cebrián, porque Cebrián salió escaldado del despacho de Montoro en diciembre de 2013. Muy quemado. Y dispuesto a tomarse cumplida revancha en cuanto la ocasión se presentara. La esquizofrenia de Prisa se manifiesta hoy en la redoblada apuesta por un PSOE en horas bajas (enorme la operación de esta semana que ha acabado con la cabeza del genio de Parla en la bandeja de Pedro Sánchez, urdida por ese “genial organizador de derrotas” que es Alfredo Pérez Rubalcaba, de nuevo su culo en la sede de Ferraz, y por el geniecillo conspirativo de Cebrián, el dúo de la bencina, como en los mejores tiempos de la Transición), y en el seguidismo absoluto en lo económico, al dictado del Gobierno Rajoy y del Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC) que dirige César Alierta. Son los fielatos de la deuda.

“La oposición acusa a Montoro de bordear la ley al usar datos fiscales” (…) “El PSOE asegura que el ministro es un filtrador profesional a su conveniencia política”. La polémica ha ganado volumen hasta saltar a las tertulias de café a cuenta del episodio protagonizado por Juan Carlos Monedero, el número tres de Podemos, con sus declaraciones fiscales tras la intervención del ministro en el lance. Se puede discrepar más o menos de la labor del gran recaudador, pueden caer mejor o peor sus perennes risitas, pero es evidente que Cristóbal Montoro tenía y tiene razón en este punto. El ideólogo de Podemos, esta especie de nuevo Lenin dispuesto en pleno siglo XXI a vendernos las baratijas ideológicas del materialismo dialéctico hegeliano bañado en las aguas del Orinoco sin haber entendido a Hegel, ha quedado como Cagancho en Almagro. Porque, alarmado por una frase del ministro recordándole la obligación de cumplir sus obligaciones fiscales, como todo hijo de vecino, el tipo acude a un mitin y se viene arriba, se dispara, y dice aquello de “no te tengo miedo”, y Montoro vuelve a saltar al ruedo para recordarle que pague lo que debe, y el aludido responde que lo tiene todo en regla, pero no lo tenía, resulta que no, que tiene que regularizar con una complementaria (divertida la explicación del partido: “Es la versión mejor para Hacienda”, como si hubiera otra) y cerrar el pico. Y desaparecer de la escena, pero no irse a casa, porque así es nuestro Vladímir Ilich.

Rubalcaba y el corte de pelo del genio de Parla  

El miedo a Podemos entre la gente principal del establishment está provocando algunas muy interesantes operaciones que, tras la hojarasca de la pelotera mediática que agita Cebrián, transitan estos días por las alcantarillas del Estado de Derecho. Nada hay más temible para la alianza entre la clase política y el mundo del dinero que la aparición en pleno banquete de un invitado inesperado, casi un rufián mal vestido  y peor encarado, dispuesto además a voltear el orden establecido y no dejar títere con cabeza. Entre gente de peso tanto del PP como del PSOE hace tiempo que se vienen celebrando encuentros discretos presididos por la necesidad de frenar al invasor y buscar alternativas. Preservar el duopolio. Y de hecho una de las explicaciones más sugestivas que circulan sobre el corte de pelo en seco que el trío Rubalcaba-Sánchez-Cebrián le hizo esta semana al genio de Parla es que Tomasín era una bomba de relojería dispuesta a perder en Madrid, as usual, pero listo para llegar a cualquier tipo de pacto con Podemos que hubiera permitido, sin el control de Ferraz, gobernar tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento a los amiguetes de Maduro.

De modo que se moviliza Ferraz y otrosí hace Moncloa. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría se ha hecho cargo de las operaciones selectivas destinadas a chamuscar la opción Podemos ante los eventos electorales que se avecinan. Salió Soraya y mandó a parar. Que nadie se mueva. Que nadie filtre un papel. Esa es una operación que está dirigiendo personalmente su equipo, con la eficaz ayuda del Centro Nacional de Inteligencia, que es quien estaría suministrando el “material” publicable, que ya se sabe que esto del periodismo de investigación vive hoy horas tan bajas como el propio periodismo. Las revelaciones sobre los ingresos en las cuentas de Monedero efectuadas esta semana por un periódico conservador de Madrid parecen tener ese origen. ¿Escandaloso? Bueno, en el estadio de sálvese quien pueda en que nos hallamos, lo realmente novedoso en materia de escándalos, aterrador incluso en tanto en cuanto amplifica los perfiles del desastre español, es que los señores que, receta chavista en mano, venían dispuestos a salvarnos de la corrupción, están demostrando que estaban ya corrompidos sin haberse acercado siquiera a los dinteles del poder. Hoy, tanto Iglesias, como Monedero, como Errejón, como Bescansa, tienen ya todos “caso” propio, para emparentar con esa casta castuza que ha hecho de España el erial que a tantos resulta insoportable.

Lo cual plantea la posibilidad de que el lenguaraz ministro Montoro, azote de Cebrianes y otros golfos de buen vivir, sea apenas una víctima colateral de esa gran operación contra el chavismo hispano que discurre por las sentinas del Estado, montada por un establishment que se niega a regenerarse y defiende el statu quo con uñas y dientes. El ministro se explica ante Vozpopuli: “Alejémonos de los árboles y tratemos de ver el bosque de una legislatura muy difícil, porque esto ha sido terrible, que no es lo mismo llegar al ministerio cuando la recaudación fiscal crece al 15% que cuando está cayendo al 10% o casi. La situación era tan crítica que nos ha obligado al mayor recorte del gasto público jamás acometido por ningún país, con excepción de Grecia. ¡Es que en las Administraciones Públicas se han perdido 400.000 empleos! Y esta situación te obliga, me obligó, a ponerme muy duro en la persecución del fraude. Y claro que sí, el ministro tiene la obligación de conocer las bolsas de fraude y quién defrauda dentro de ellas, los casos concretos, quién está cumpliendo con sus obligaciones y quién no, para poder tomar medidas al respecto. Muchos me dicen es que el fraude está en los grandes contribuyentes. Ya, pero, ¿quién de ellos defrauda? Tráiganme la lista de quién debe, para que yo me entere, ¡porque el ministro tiene la obligación de saberlo!”.

“Hacienda no está para financiar actividades privadas”

“Ese conocimiento”, prosigue el titular de Hacienda, “me permite lanzar advertencias para que la gente pague sus deudas. El caso del cantautor que se queja de ser víctima de una operación política, oiga, vamos a ver, ¿es “político” que usted cree una sociedad instrumental en la que mete gastos del servicio doméstico, los coches, las casas, los estudios de los hijos en Londres…? Es mi obligación ser agresivo con quienes defraudan a Hacienda. Los clubes de fútbol, por ejemplo. Tengo que obligarles a cumplir y recordar lo que deben a la caja común; lo que yo no puedo decir es lo que debe el Sporting de Gijón. Nunca he dicho un nombre, jamás he mencionado a un contribuyente concreto. Y lo mismo los medios de comunicación: usted no puede venir a mi despacho a pedirme aplazamientos de pago, incluso de las retenciones de los salarios de la plantilla, y luego denunciar que hay mucho fraude en España. Es aquello de predicar y dar trigo. Hacienda no está para financiar actividades privadas; está para recaudar. Y sí, sé que esto desgasta mucho, que es muy impopular, pero es mi obligación, y gracias a que he cumplido con mi deber estamos logrando salir adelante”.

Salir adelante. Mariano Rajoy valora mucho la labor de Montoro, sus esfuerzos por cuadrar las cuentas, atendiendo las demandas de unas CC. AA. acostumbradas a gastar sin tino. Y sin coste político para los capos regionales. El presidente aprecia también el trabajo de Luis de Guindos como embajador exterior de nuestra Economía, pero presta especial atención a sus dos fieles escuderos, García Margallo y Cristóbal Montoro. La amistad personal que le une con este último, sin embargo, otorga al titular de Hacienda un protagonismo especial en este Gobierno. “Cristóbal está muy fuerte”, reconocen en Moncloa, “porque cuenta con la confianza de un Rajoy que sabe su contribución decisiva a la hora de superar la crisis económica”. Ministros para volver al crecimiento y la creación de empleo. Antes o después. Nadie, en cambio, para coger el toro por los cuernos de la atroz crisis política; nadie dispuesto a regenerar drásticamente este sistema corrompido sobre bases escrupulosamente democráticas, alejadas del populismo tercermundista. La situación política sigue como siempre: tan amenazante, tan paralizante como siempre, abocados como estamos a un año trascendental para las aspiraciones de los españoles que sueñan con una democracia digna de tal nombre. ¿A quién votar?

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Notas.-

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