[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].

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Relato breve

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Era una mañana desgarrada por el viento, mi vista se había levantado turbia y, asustado, me fui directamente al especialista que resultó ser una bella y joven mujer de mirada recóndita. Me puso unas gotas para dilatarme el iris y, un rato después, me hizo descansar la cabeza sobre dos soportes especiales de un microscopio. A continuación se sentó frente a mí y, acercándose al visor, con la boca entreabierta, se quedó callada, atenta, a un palmo de mi cara. Y le eché el ojo. Yo nunca había tenido una mujer de esa hermosura y con ese secretismo en su mirada, tan cerca de mis labios sin poder ni siquiera rozarla. Fue una situación artificial, fría, mas muy seductora.

Tiempo después, sin llegar a recuperarme de mi extraña dolencia, descubrí que aumentaba mi interés por ella y, estimulado por su peculiar forma de observarme, sentí la necesidad de intimar. La providencia quiso que un día acabáramos comiéndonos con los ojos y viviendo juntos en su alcoba, enamorados de nuestras respectivas miradas. La mía: clara, nítida, sin confusión; la suya: secreta e indescifrable, con atractivos ecos ponzoñosos.

Durante el periodo en el que fluyó la pasión del desorden estuve ojo avizor contemplando sus pupilas, que se contraían y agrandaban alternativamente como un corazón negro, proveyendo de energía a mi cuerpo. Disfruté avistándolas más allá de mi cintura, por lo alto, en un costado, en el otro… Continuamente cernidas sobre mi alma, desplazándose frágiles y enigmáticas como provenientes de ojos alares de mariposa. Las acaricié y besé con ternura intrigante y suspense. Atrapado en el escondrijo de su oscura profundidad, en un permanente secuestro.

Hasta que una noche desgarrada por el viento mi vista se volvió más turbia de lo habitual y me fui temeroso frente al espejo. Comprobando el alarmante hecho, ella apareció por detrás de mi sonriendo, me abrazó y besó, tranquilizándome. En aquel momento, a través de la doliente neblina y el espejo, vi con asombro crecer sus iris brunos tal que gigantescos agujeros negros que tiraban de mi. Seguí sin quitarle el ojo de encima y advertí, ya sumiso, unos globos oculares irreales luciendo como crepúsculos rojos, mientras penetraba sus súbitos y sobredimensionados colmillos en mi cuello.

Y, entonces, sólo entonces, fue cuando desapareció la turbiedad de mis ojos y lo vi todo claro.

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Enrique Masip Segarra [2015]. © Todos los derechos reservados.

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girl_eyes_blue_yellow_person_tattooImagen de wallpaperscraft.

NOTAS.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes, son aportados por EQM.

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