[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].

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Relato breve

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Sonó el timbre estridente del temporizador haciéndome saber que habían transcurrido cinco horas más de mi vida menesterosa. Y que debía mover el abandonado cuerpo; que era peligroso seguir tumbado, estático, hipnotizado por la basura del televisor, recordándome que el mundo real estaba fuera de aquella diminuta pantalla.

Me incorporé y, al tiempo que estiraba los brazos y bostezaba con verdadero desparpajo -no en vano llevaba cuatro años en el paro sin hacer absolutamente nada- decidí andar, hacer algún esfuerzo para avivar mis aburridas articulaciones. Y descendí los diez pisos con la idea de volverlos a subir a continuación. Era una pauta que me había impuesto para no morirme de desidia mientras embrutecía mis neuronas.

Cuando bajé al portal aproveché para abrir el buzón y examinar las cartas recibidas. Las cogí agrupadas y empecé a mirarlas una a una. Entonces, el sol del medio día entró excesivo por la amplia puerta de cristal cegándome momentáneamente. Fue en ese instante cuando adiviné al contraluz que una de ellas era la pretendida, la del anagrama verde, la empresa deseada anunciándome mi nuevo trabajo. Y mi corazón no paró de voltear como una campana de ermita en su aniversario.

La abrí con premura frustrándose de inmediato mis esperanzas. El alma se me sobrecogió al oír a mi corazón tocando a duelo. Era tan solo una factura de la empresa eléctrica que ya no podía pagar, cuyo anagrama compartía con mi sueño, únicamente el color. Quizás a falta de lentes y encelado por la impostergable necesidad, quise ver lo que tanto anhelaba.

Sentí que durante un segundo lo había tenido todo entre mis manos, como se posee a la mujer soñada. Y, sin embargo, de nuevo sin nada, con la obligación impuesta, además, de subir hasta el décimo piso: el monte de los mil peldaños donde las vistas, ahora, se alimentan de las sombras.

Desplomado sobre el sofá, rendido por el esfuerzo y fustigado por mi miserable y despreciable vida, presentí que me encaminaba irremediablemente hacia lo más extremo, cruzado el límite. Donde se asienta la paranoia y se acaba acunando a la fatalidad.

Y empecé a convulsionar gimiendo, mientras accionaba el interruptor de la TV para descubrir, una vez más, que sólo ella era capaz de atemperar mi alma.

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Enrique Masip Segarra [2015]. © Todos los derechos reservados.

enriquemasipsegarra.wordpress.com
enmasecs@hotmail.com

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Caldero del Diablo blanco y negroEl Pailón o Caldera del Diablo, de unos 80 metros de altura, está ubicado en la ecuatoriana provincia de Tungurahua, Cantón Baños. Resulta espectacular por su ambiente tenebroso con el transcurrir de las aguas: un ruido ensorcededor, espesa niebla y unas escaleras con balcones que parecen sacadas de un mundo sobrecogedor. Original en color, vía World Trip.

NOTAS.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes, son aportados por EQM.

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