.

Musikalisches Opfer, BWV 1079. Interpretada por Le Concert des Nations, el 18 de julio de 2011, desde la Abadía de Fontfroide, Narbonne, con motivo de la VI edición del Festival ‘Música e Historia por un Diálogo Intercultural’. Bajo la dirección de Jordi Savall, con Pierre Hantaï, clave; Marc Hantaï, flauta travesera; Manfredo Kraemer, violin; Riccardo Minasi, violin; Bálazs Máté, cello; Xavier Puertas, violone.

La grabación audiovisual ha sido dirigida por Andy Sommer.

00:00:53 • Thema regium. 00:07:28 • Thematis regii elaborationes canonicae. Canon perpetuus super thema regium. Canon 2 a 2 violini in unisono. Canon 1 a 2 cancrizans. Canon 3 a 2 per motum contrarium. Ricercar a 6. Canon a 4 per aumentationem, contrario motu (a). 00:25:18 • Sonata sopr’il soggetto reale a traversa. Largo. Allegro. Andante. Allegro. 00:42:59 • Thematis regii elaborationes canonicae. Canon a 2 quaerondo invenietis (a). Canon 5 a 2 per tonos. Canon a 2 quaerondo invenietis (b). Fuga canonica in epidiapente. Canon a 2 per aumentationem, contrario motu (b). Canon perpetuus per giusti intervalli. Canon a 4. Ricercar a 6.

Gentileza: 01:07:24Orchestral suite no. 2 in B minor: Scherzo.

Vídeo vía Huckleberry Finn.
El disco original de tal versión de Jordi Savall fue editado por AliaVox en 2001, sobre una grabación llevada a cabo en el Castillo de Cardona [España].

+ en 10 obras para una Historia.

.

partitura bachPartituras de la composición. Via Proyecto Biblioteca Internacional de Partituras Musicales (o IMSLP, por sus siglas en inglés), también conocido como Petrucci Music Library. Tal proyecto tiene como objetivo crear una biblioteca virtual de partituras musicales de dominio público, aunque también pretende abarcar en él las obras de compositores actuales que deseen compartir sus creaciones musicales libre y gratuitamente.

.

EQM

Siempre nos quedará Bach

Pedro G. Cuartango en El Mundo, 270615.

Tengo delante de la vista el monumental libro de John Eliot Gardiner sobre Bach: La música en el castillo del cielo. Estoy deseando que llegue el momento de leerlo porque Bach ha sido una de las grandes pasiones de mi vida.

Siempre me ha parecido un enigma como un compositor tan excelso era una persona de apariencia tan anodina. Dejo de lado este asunto porque lo que me interesa no es hacer una análisis sociológico del talento sino contar las emociones que he sentido al escuchar una música que me acompaña desde que era niño.

Bach, con perdón, para mí es Dios. Todo el sufrimiento y las decepciones que he padecido estarían compensadas con creces por el disfrute de las obras del kapellmeister de Leipzig: desde sus cantatas a las suites para piano, desde las misas a los grandes oratorios, desde los conciertos a sus trabajos para un solo instrumento.

Mi imagen de la felicidad es un invierno en un pequeño pueblo de Burgos a mediados de los años 70. Éramos un grupo de amigos y estábamos cercados por la nieve. La temperatura había descendido a más de diez bajo cero. Era tan imposible salir de casa como poner en marcha un coche.

Recuerdo que anocheció muy pronto y nos refugiamos en una vieja cocina con un fogón en el que brillaba el rojo de las brasas en la oscuridad. Nadie tenía ganas de hablar y alguien tuvo la idea de poner la Ofrenda Musical de Bach. Durante una hora, permanecimos sobrecogidos por aquella música que parecía venir de regiones del más allá.

He vuelto a revivir estos días la misma sensación al escuchar la versión de Jordi Savall en la abadía cisterciense de Fontfroide en el Languedoc francés, donde un grupo de virtuosos se juntaron para hacer un homenaje a Bach.

Cuando trabajaba en Lucerna, había una pequeña iglesia cerca del lago en la que el organista tocaba las piezas del maestro los domingos por la mañana. Era un momento mágico que jamás olvidaré.

Como tampoco la emoción que sentí al escuchar la sonata número 5 para clave y violín cuando entré por azar una tarde en la iglesia de los jesuitas de la ciudad suiza, en unos momentos de depresión en los que pensaba que nada merecía la pena.

Cuando nada parece tener sentido, siempre puede uno tumbarse en el sofá para disfrutar de las suites para piano de Bach, las obras para guitarra o La Pasión según San Mateo, en la que a mi juicio la música llega a sus máximos niveles expresivos.

He disfrutado, he amado, he sufrido, he llorado con Bach. De niño, cuando tenía ocho o nueve años, me quedaba extasiado escuchando en un tocadiscos sus composiciones para órgano que sencillamente me hipnotizaban.

Dicen que el cerebro tiene una parte específica para descodificar el sonido, que nada tiene que ver con la zona donde se ubica el pensamiento racional y la capacidad de cálculo. Eso significa que se puede ser a la vez un tonto para las matemáticas y un genio para disfrutar de la música.

Cuando oigo alguna de las cantatas de Bach, me entran ganas de abrir la ventana y gritar que la existencia sí merece la pena. Como cuando veo una película de John Ford, disfruto de una puesta de sol en Bayona, paladeo una buena tortilla de patata o sueño con que vuelvo a jugar al fútbol.

La música de Bach es una de las cosas que más me gustan en esta vida. Siempre me ha acompañado y me ha hecho mejor persona. La paradoja es que este genio se afanó en componer una obra de naturaleza religiosa cuando, en realidad, no hay nada que mejor refleje la alegría de vivir y los goces materiales que sus creaciones tan divinamente humanas.

Partitura autógrafa de J.S. Bach de una fuga a seis partes de la Ofrenda musical. Vía Wikimmedia Commons.

.

La Ofrenda musical, BWV 1079 (en alemán: Musikalisches Opfer o Das Musikalische Opfer) es una colección de cánones y fugas y otras piezas de música compuesta por Johann Sebastian Bach, a partir de un tema musical original del rey Federico II de Prusia (Federico el Grande) al que la obra fue dedicada.

La colección tiene su origen en el encuentro que se produjo entre Bach y Federico el Grande el 7 de mayo de 1747. El encuentro tuvo lugar en la residencia real de Sanssouci, en Potsdam, debido a que el hijo mayor de Bach, Carl Philipp Emanuel, estaba empleado en la corte real como clavecinista. Federico quiso mostrar a Bach como una novedad unos pianofortes fabricados por Silbermann, el constructor de instrumentos de teclado. El pianoforte era entonces todavía un instrumento casi experimental, habiendo sido inventado sólo unos años antes, por lo que pudo ser la primera ocasión en la que Bach probó uno.

Bach, que era muy conocido por su capacidad en la improvisación, fue retado por Federico a improvisar un fuga sobre un tema de su pretendida invención, que fue denominado Thema Regium (“Tema real”). La prensa de aquellos días relata que Bach salió exitoso del trance e improvisó una fuga.

Dos semanas después de este primer encuentro, Bach publicó un conjunto de piezas basadas en este tema y que se conoce hoy como la Ofrenda musical. Bach inscribió en la partitura la leyenda “Regis Iussu Cantio Et Reliqua Canonica Arte Resoluta” (el tema proporcionado por el rey, con adiciones, resuelto en estilo canónico), las primeras letras de cada palabra de la leyenda resultando en la palabra “RICERCAR” (denominación que recibía antiguamente la fuga).

tema real bachSe sabe poco sobre cómo recibió Federico la partitura que Bach le dedicó, y ni siquiera si intentó ejecutarla, interpretando él mismo la parte de flauta de la sonata trío, o resolver los enigmas. Federico tenía reputación de no ser un amante de la música “complicada”. No en vano, su profesor de flauta y composición era el músico Johann Joachim Quantz, compositor prolífico y partidario de progresiones armónicas claras y sencillas, con líneas melódicas claras y apoyadas por el bajo continuo en función de soporte.

El importante nivel que la partitura exige del ejecutante de la parte de flauta, hace pensar que el rey debía ser un flautista cualificado, porque no cabe pensar que Bach se atreviera a dedicar al rey una obra que estuviera fuera de su alcance como intérprete. Además, parece ser que poco después de recibir la visita de Bach, Federico tuvo que salir en campaña de guerra. Por esta razón, es presumible que la Ofrenda musical no fue recibida como una obra tan importante como se merecía.

Además de la sonata trío, que fue escrita para flauta, violín y bajo continuo, las piezas tienen pocas indicaciones sobre para qué instrumentos deben utilizarse en su interpretación. Los ricercares y los cánones fueron realizados de distintas formas: Los ricercares se interpretan frecuentemente con instrumentos de teclado, conjuntos de música de cámara o con distintas configuraciones de instrumentos, comparables a la instrumentación de la sonata trío. Existen grabaciones de uno o más instrumentos de teclado (piano, clave), así como de formaciones instrumentales más amplias.

Frecuentemente las configuraciones instrumentales tienen poco que ver con las habituales en la música de cámara de mediados del siglo XVIII, que habitualmente no pasaba de un reducido número de instrumentos, generalmente violines (o instrumentos que puedan imitarlo, como la flauta) para las partes agudas, el clave y la viola de gamba (o el violonchelo) para el continuo. Posiblemente lo más recomendable es limitar la instrumentación a las más habituales en la ejecución de sonatas trío: flauta, violín, viola de gamba o violonchelo y clave.

A pesar de que la versión impresa da la impresión de haber sido organizada, o de haber sido reducida, para que las páginas de la partitura sean pasadas a medida que se lee la partitura a primera vista, el orden de las piezas que dispuso Bach -si es que existe un orden dispuesto- sigue siendo incierto, aunque se acostumbra a iniciar la interpretación de la colección por el Ricercar a 3 y a interpretar la sonata trío hacia el final. Los cánones super Thema Regium normalmente son ejecutados de forma seguida.

  • El escritor argentino Julio Cortázar escribió la narración Clone, que forma parte de Queremos tanto a Glenda (1980), utilizando la Ofrenda musical, movimiento por movimiento, como guía para el ingenioso relato dramático.
  • La película suiza Mein Name ist Bach (Mi nombre es Bach) de 2003 de la directora Dominique de Rivaz, está basada precisamente en el encuentro entre el rey y Bach que dio lugar a esta pieza. Fue protagonizada por Jürgen Vogel, en el papel de Federico el Grande, y Vladim Glowna en el papel de Johann Sebastian Bach. El largometraje recrea cómo pudo ser la posible relación que se estableció entre ambos. Aunque la música no es el tema central, es interesante ver cómo queda retratada la influencia de Quantz sobre la formación musical y cultural del rey, así como la discusión entre los hermanos Carl Philipp Emanuel y Friedemann Bach sobre sus distintos intereses en el campo de la composición musical.

Fuente: Wikipedia y elaboración propia [EQM]

••

••

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios