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EQM_300615.

De salida, Syriza Sí

La clave es esta: Grecia no saldría de la crisis aun cuando la UE y el FMI le condonaran o aplazaran la deuda. Porque el mar de fondo lo impediría. Grecia está instalada, desde hace años, en una dramática corrupción generalizada, basada en el intencionado reparto entre la ciudadanía, que precisa una decomunal regeneración, es decir, precisamente lo contrario de lo que preconiza Syriza [Coalición de la Izquierda Radical] allí y Podemos aquí.

En mi opinión, la estrategia de Syriza consiste, en estos momentos, en algo parecido a lo que hizo Felipe González con aquel simulacro de referéndum de 1986 con el eslogan ‘OTAN, de entrada, NO‘.  Un referéndum con muchas trampas. Ayer noche Alexis Tsipras, el primer ministro, rogaba en televisión el NO para poder seguir negociando con más fuerza, pero, en el fondo, estaba pidiendo también a los griegos que asimilen los recortes que, en todo caso, se avecinan. Y que, si ganara el SI, ello no suponga el fracaso político del populismo. Como verán, puro equilibrio en el alambre, con los intereses rusos y estadounidenses al fondo.

El corralito no ha sido más que el primer aviso de lo que puede llegar a ocurrir. O sea, que la consulta persigue un NO muy grande solicitado con la boca muy pequeña, con la esperanza de que también se asuste la UE por las consecuencias de todo orden que conllevaría la salida helena del euro y así poder seguir negociando un acuerdo con los acreedores, a base de mucha quita y, sobre todo, alargado plazo.

Bruselas tiene, por otra parte, su propio grave problema: los europeos no griegos están hartos del estafador chalaneo heleno y saben que con Syriza la estafa proseguirá por mucho que se les condone, rebaje o aplace.

Grecia, repito, está socialmente corrompida por un Estado del Bienestar que jamás ha podido sostener y Syriza gobierna precisamente porque la ciudadanía no quiere renunciar a esa institucionalizada picaresca.

Y no olvidemos que el país heleno por no ser, ni siquiera es, como afirma tanto indocumentado, la cuna de la democracia. Aquella denominada democracia tribal -nada que ver con la actual democracia- sólo fue cosa de algunas ciudades-estado que forman parte de la Grecia de hoy, que, por cierto, no fue Estado e independiente hasta 1827, anteayer, siendo desde mediados del siglo XV hasta mediados del XIX un mero dominio turco, el imperio otomano, que impidió incluso el menor acercamiento de los helenos a la Ilustración europea.

Solución: del mismo modo que los cuerdos europeos evitaron la entrada de Turquía, parece lógico que, para bien de los Estados Miembros del sur, para bien de todos, se le invite a Syriza a cerrar la puerta por fuera mientras no estén dispuestos a cumplir las reglas.

La zona euro precisa de socios fieles cumplidores de las normas que les permiten formar parte de la misma. Así que resuelvan sus desbarajustes internos y, después, acrediten ante la UE que ese estado se ha regenerado cuando soliciten el reingreso.

De modo que, para empezar, ciudadanía griega, manden a su casa al populismo y comiencen la economía doméstica.

EQM

pd.- Tema distinto es el de si la incorporación a la moneda única, el euro, ha sido o no un acierto para los Estados Miembros del sur. Tengo poderosas dudas, acrecentadas al contemplar la imperturbable y estable decisión británica de mantener su propia moneda.

Detrás vamos nosotros

Santiago González en El Mundo, 290615.

Avisé en su día de que había que guardar esta foto, en la que el secretario general de Podemos apoya al secretario general de Syriza la víspera del día en que este se iba a convertir en el primer ministro griego.

En esos días y aun en los meses siguientes, Pablo Iglesias consideraba a Syriza un modelo para España:

“2015 será el año del cambio en España y en Europa. Empezaremos en Grecia. Vamos Alexis!! Vamos @syriza_gr !!”

Cuando aún faltan cinco meses para las elecciones legislativas en España ya se empieza a  ver con claridad hacia dónde lleva el modelo griego, inevitablemente al corralito. Uno no es partidario de los apocalipsis, aunque solo sea por razones prácticas, pero se veía venir desde hace meses. No se entiende, en consecuencia, que la señora Lagarde se sienta ‘decepcionada’. ¿Por qué, buena mujer?¿Qué esperaba usted?

Estos tipos que gobiernan Grecia se han mostrado en todo momento tan coherentes, tan fieles a sí mismos que no hay lugar para la decepción. Tenían que llegar a esto que pasa hoy: el cierre de los bancos y de la bolsa para evitar que el pánico financiero produzca el colapso total. Es de temer que que no sea un solo día.

¿Recuerdan Venezuela? La revolución bolivariana a la que los dirigentes de Podemos asesoraron, a la que copiaron el propio nombre del partido y su estructura en círculos, de donde Iglesias copió una onomatopeya, tic-tac, tic-tac, que hizo famosa Hugo Chávez, el empoderamiento, el exprópiese, etc.

Cualquier empresa privada, a la hora de contratar a un directivo examina su currículo y las cuentas de resultados que contribuyó a cerrar con su colaboración. Bueno, pues la Venezuela chavista presenta en 2015 una inflación superior al 65%, la más alta del mundo, una caída del PIB del 7% y una tasa de criminalidad que es la segunda del mundo, solo superada por Honduras, según  la Organización Mundial de la Salud y la ong Observatorio Venezolano de la Violencia.

Grecia muestra el camino. Esto no lo dicen estrictamente los dirigentes de Podemos. Jordi  Évole, un periodista estrella, ha escrito un eslogan en favor del ministro griego de Economía: “Varoufakis ha demostrado que se pueden hacer las cosas de otra manera“. Efectivamente.

Todavía hoy hay gentes empeñadas en discutir sobre la necesidad de un acuerdo entre Grecia y la UE. La cuestión no es que la Grexit suponga un revés y un daño grave para toda la Europa del euro. El problema es que incluso la condonación de la deuda sería irrelevante para encontrar una salida. Salvo que toda Europa concluya que la mejor solución es ceder al chantaje de Tsipras y seguir financiando in aeternum a una economía disparatada cuyos agentes desconocen el concepto de austeridad. Esa sí sería una circunstancia que tal vez ayudara a Podemos a ganar las legislativas de noviembre. Yo mismo les votaría.

De momento, ha llegado la hora del heroísmo para Podemos, sus dirigentes, Izquierda Unida y los suyos, los que sostienen la idea de que España debe olvidarse de los 26.000 millones que prestó a Grecia, Zapatero que dijo que aquello era un negocio y que España ganaría 110 millones al año, Évole y todos los amantes del día de la cigarra: Comprad deuda griega, hijos míos.

Grecia es una banda

En Grecia ha habido una pillería, insolidaridad, caradura y pereza que se pagaba pidiendo dinero a Europa y escondiendo luego desde el Gobierno la magnitud del agujero financiero.

Antonio R. Naranjo en El Semanal Digital, 280615.

Los griegos son una banda. Conviene no ser demasiado sutiles con quienes, desde la neopolítica triunfante, no lo son nada y se han aplicado, en Grecia o en España, la vieja teoría de Gramsci sobre cómo ganarse la hegemonía en tiempos en que la violencia está mal vista: repantigarse en el sofá durante una entrevista en televisión para simular campechanía castiza, vestir de Alcampo para parecer un currito, presentarse como un producto de “los de abajo” frente “a los de arriba” aunque hayas vivido toda la vida de la política o de la Universidad; utilizar un lenguaje simple como el mecanismo de un chupete pero eficaz como el fast food con los niños y, en fin, colonizar al respetable conectando con la cultura del momento a través de las herramientas tecnológicas, retóricas y mediáticas del presente del presente.

Hay que ser igual de radical, pues, yendo a la raíz: los griegos son una banda que han elegido a un tipo que les dice que tienen derecho a serlo… con el dinero de los demás. Detengámonos en un preámbulo sobre el sufrimiento de la población: existe, es cierto, inducido por una élite corrupta que, como en todos los casos, es reflejo de una sociedad corrupta. En ningún sitio los políticos proceden de Marte; son reflejo distorsionado de los valores y principios de la sociedad de la que han salido.

Pero ese sufrimiento no se arregla con las mismas recetas que lo han provocado, como la resaca no se pasa bebiendo más güisqui, que es lo que proponer Tsipras y lo que compran los indolentes griegos: el inexistente derecho a disfrutar de un tipo de vida pagado por otro sin cambiar las razones que han provocado el desastre.

Grecia es poco mayor que Andalucía, pero debe 270.000 millones de euros, un 10% de esa cifra a España. El 20% de su población activa vive de la Administración Pública, gasta en militares como casi nadie en Europa (un 4%), tiene hasta cuatro veces más profesores que Finlandia –el mejor país en los informes PISA- y, entre otras muchas costumbres, se ha dedicado con contumacia a crear empleo público artificial para, a continuación, regalárselo a los amigos del partido de turno y, por último, dotarlo de unas condiciones laborales y económicas superiores a las de Alemania.

No termina ahí la cosa: el sistema de permite jubilarse a los 61 años con el 96% de pensión e, incluso, hacerlo anticipadamente a los 55 en el caso de los hombres y a los 50 en el de las mujeres: un europeo dispone, de media, de 18 años pensionados antes de morir; un griego de 24. Pueden añadir más despropósitos, uno de especial gravedad y simbolismo para retratar el ecosistema griego: uno de cada cuatro ciudadanos no ha pagado impuestos en su vida; cuando hay elecciones locales la recaudación fiscal retrocede hasta un 30% para comprar votos con exenciones impositivas ilegales y la plaga de insolidaridad fiscal incluye, o ha incluido, hasta a dos tercios de los médicos que, según los datos oficiales del fisco heleno, declaraban menos de 12.000 euros de ingresos anuales para evitarse la declaración de la renta.

Y no es el único atraco en el ámbito sanitario: el gasto en suministros era, con mucho, superior a la media europea pese a que la tasa de enfermedades es la misma; debido a la costumbre de los profesionales sanitarios de llevarse a casa, o a la clínica privada, ingentes cantidades de material médico e higiénico.

Añadan sueldos desbocados en empresas públicas –la Renfe o el Metro griego llegaron a tener salarios, entre pluses y flautas, de 70.000 euros, que llevaron a un viejo ministro de Finanzas a afirmar que saldría más barato pagarle un taxi a cada griego-; costosísimas empresas, chiringuitos públicos y enchufes en masa (desde un observatorio sobre el Lago Kopais, desecado en 1930; hasta la contratación de 40 jardineros para las cuatro macetas del Hospital Evangelismos de Atenas o la creación de una pensión de mil euros para las hijas solteras de empleados públicos fallecidos) y una pillería, insolidaridad, caradura y pereza que, de arriba abajo y de abajo arriba, se pagaba pidiendo dinero a Europa y escondiendo luego desde el Gobierno la magnitud del agujero financiero: nadie como Grecia recurrió a la burbuja financiera para costearse artificialmente un gasto insoportable; y nadie como el país de Platón maquilló primero tanto sus cuentas para engañar a la UE y después recibió, pese a ello, tanta ayuda y auxilio. De ello da cuenta un hecho insólito: a diferencia de en el resto del mundo, en Grecia los bancos quebraron por culpa del Estado en lugar de a la inversa.

Tan absurdo, en fin, es sostener que la culpa de los males griegos es de la troika, la malvada Merkel o la insolidaria Unión Europea como adjudicarle sólo a los sucesivos gobiernos griegos o a su élite dirigente y empresarial un desaguisado en el que han participado todos, cada uno con arreglo a su posición y papel en la sociedad griega: si las élites eran corruptas es porque las bases también lo son.

Tsipras, ahora, esconde las complicidades del conjunto de los griegos y vende, como irresponsable remedio, una imposible vuelta a las andadas, presentadas como derechos hurtados inhumanamente por un tercero que, en realidad, se ha portado con los griegos mejor que con sus propios paisanos: ahí tienen a España prestando 27.000 millones de euros mientras alargaba la edad de jubilación o empezaba a cobrar las muletas a una anciana.

Renegociar plazo, interés y hasta principal forma parte de la vida cotidiana entre acreedores y deudores y ése es el único margen maniobra que Grecia, como España, Portugal o cualquier empresa privada, ha de saber explorar. Pero buscar un culpable externo, amenazar con el impago y alimentar un victimismo vergonzoso en un país fallido y derrochón no sólo es inútil e injusto, sino también poco pedagógico, empobrecedor y contagioso en una época de falta de liderazgos políticos y de exceso de demagogos televisivos.

Hay que auxiliar a Grecia, o seguir haciéndolo, claro. Pero con condiciones y, sobre todo, con una pedagogía de la verdad que entre otras cosas evite que prospere en Europa una idea tan peligrosa como la que en realidad intentar extender Syriza o Podemos: la responsabilidad siempre es de otro y el esfuerzo también.

El “me enfado y no respiro si no me compras la play station”, resumen del lenguaje infantil de todos estos partidos y dirigentes presuntamente hipster pero rabiosamente reaccionarios; no puede ser la guía política, intelectual y cultural de ningún país que quiera ganarse el futuro: denunciar a la casta y estar dispuesto a reformarla es necesario en todo el continente; exigir que todo el mundo forme parte de ella es una horrorosa manera de educar a la ciudadanía y de condenarla a vivir un páramo en el que, cuando se acaben los culpables, sólo quedarán plañideras sin hombro para llorar.

Map_Greece_expansion_1832-1947Evolución de Grecia desde que es Estado independiente; vía.

‘Gr-exit’

Fernando Sánchez Dragó en El Mundo, 290615.

Cunde la sospecha de que Grecia se ha metido en un callejón sin salida. Falso. Donde se ha metido, por obra y desgracia del voto de los incautos, es en un callejón ‘con’ salida: la que conduce fuera de Europa. No existe ninguna otra.’Exit’… Sigan la flecha y lárguense ya los griegos noramala del sitio donde nunca debieron entrar. ¡A pedir limosna en Sierra Morena, a holgazanear en una tumbona del Pireo y a falsear cuentas en la cárcel!

Y si no se van motu proprio, lo que demostraría que les queda, al menos, un asomo de dignidad, echémoslos nosotros. ¡Basta ya de melindres bruselinos, de compadreos con la Merkel y de pasos atrás de plutócratas convencidos de que sin Grecia se iría el euro al carajo! No caerá, por ahora, esa breva. Y tranquilícense también en el frente de la ‘progredumbre’ los buenistas, los oenegistas, los francisquitas, los defensores de la mendicidad y los ultras del fundamentalismo democrático.

Si hiciéramos lo que digo, no por ello estaríamos amputando una pierna a la Venus de Milo ni suministrando cicuta a Sócrates. Hace ya mucho que Grecia dejó de ser la Hélade. Tan brusca metamorfosis se produjo cuando la Constantinopla romana se convirtió en la Estambul otomana. Dicen que somos lo que comemos, y en la Grecia de hoy se come lo mismo que en Turquía. Algunos maestrillos ciruelos, acogiéndose a la coartada historicista, arguyen que en Atenas se inventó la democracia y que sería ingratitud expulsar a Grecia de su seno. Mentira. Esa ciudad-estado era sólo uno de los miembros de la confederación helénica. Ni en Esparta ni en Tebas ni en Macedonia cuajó nunca el mandato del ‘demos’.

¿Saben los idólatras del culturalismo facilón imperante en las redes que en la Atenas de Pericles sólo tenían acceso al voto las personas de origen ario por parte de madre y de padre, y aun eso a condición de que fueran varones con estudios y la instrucción militar cumplida? No lo tenían las mujeres, ni los ilotas (esclavos), ni los metecos (inmigrantes). Votaba el 10% de la población.

Los sabios de Grecia se habrían llevado las manos a la cabeza si alguien se hubiese atrevido a proponer el dislate del sufragio universal. Y ahora, encima, un referéndum. ¡Menuda cara! En fin… Lo dicho: ‘¡Gr-exit’ con ‘gr’ de gruñido y anglicismo de vomitorio de Coliseo! ‘Panem et circenses’: no existe más cabal definición de lo que sucede en Grecia desde que Europa se dejó engañar por sus políticos. Siguen intentándolo.

Grecia sin salida y España, ¿cuándo?

Roberto Centeno en El Confidencial, 290615.

Tsipras mostró el sábado su verdadera cara, la de un demagogo irresponsable incapaz de tomar decisiones y que, con tal de no reconocer que ha mentido a los electores ofreciendo promesas que no podía cumplir, ha reaccionado como un conejo asustado llevando al país a un callejón sin salida. Ha trasladado su responsabilidad de aceptar o no la última y generosa oferta de la troika al pueblo griego en un referéndum que se celebrará el próximo 5 de julio. Tsipras vendió a los electores la falsa idea de que había un camino intermedio entre la aceptación de las demandas de sus acreedores y la vuelta al dracma, algo que era pura fantasía, fruto de su incompetencia y de la ignorancia de las realidades legales y políticas de la eurozona y de la sobrevaloración de la importancia geopolítica de Grecia.

Increíblemente, Tsipras ha rechazado la última oferta de la troika de entregar 15.500 millones de euros en diversos tramos de julio a noviembre, lo que permitiría a Grecia cubrir sus compromisos hasta fin de año y ha dejado el tema en manos de un pueblo desinformado y empobrecido. Les ha recomendado que no acepten, lo que, para empezar, ha dividido gravemente a la sociedad griega, que se encuentra en estado de shock. Y, para seguir, constituye un riesgo mayor porque la salida de Grecia del euro traerá consigo una enorme penalización de la deuda, los bonos y las bolsas. Los ministros de finanzas de la eurozona han rechazado prorrogar la fecha de expiración del rescate que es mañana 30 de junio.

Los griegos hacen ya largas colas para sacar sus ahorros, lo que obligará a implantar un corralito o a declarar “vacaciones bancarias”. Los bancos griegos tienen 143.000 millones de euros en depósitos de residentes y solo 2.000 en efectivo: el resto son activos y préstamos que no pueden ser ni fácil ni rápidamente liquidados. Hasta ahora los bancos han podido operar gracias a la ELA (Emergency Liquidity Assistance) financiada por el BCE. Si la ELA se detiene, los bancos griegos tendrán que cerrar. Este es el precio de estar gobernados por corruptos (los anteriores que permitieron a los oligarcas saquear el país a placer) o por irresponsables, cuya mendacidad y cobardía raya lo criminal, y que se añade a una gestión económica desastrosa, con el país casi paralizado desde las elecciones.

España, el siguiente en la lista

Si en Grecia ocurre lo peor, España será el siguiente país en el foco de atención de los mercados y los especuladores, lo que acelerará la quiebra porque nuestra deuda es imposible de devolver. La deuda total o pasivos en circulación del 148% del PIB o del 131% –la computable más la deuda oculta según Bruselas– es inferior a la griega, pero en todo caso impagable. Nuestro déficit primario es del -4% del PIB si sumamos los 1,5 puntos del déficit de la Seguridad Social, que seguirá creciendo aunque, de momento, se financie con la caja de las pensiones, que desaparecerá en dos o tres años; es mucho peor que el griego, que estima un superávit del 1%.

El PIB crecerá este año un 3% pero el PIB pm, que mide la riqueza creada, será de poco más del 2% porque los precios van a caer en torno al 1%, y el año que viene y siguientes se estima una reducción significativa del crecimiento. Dicho en corto, la deuda y el déficit son insostenibles. Esto, sumado a una brusca subida de la prima de riesgo y con los tipos de interés al alza (EEUU los subirá dos veces este año), nos llevará a la necesidad de un rescate antes o después. Si a eso le añadimos una deuda exterior neta que supera el 100% del PIB, la mayor de la OCDE, y que, además, sigue creciendo porque el saldo del comercio exterior sigue en negativo, nos coloca en la peor situación de toda la zona euro. No hace falta ser economista para ver que, si Grecia cae, España será el siguiente en la lista.

A mediados de 2012, Grecia aceptó un primer rescate en el que, a cambio de importantes recortes de gasto, le fue condonada el 70% de su gigantesca deuda. En sentido contrario, el irresponsable de Rajoy, que no estaba dispuesto a recortar un solo euro el disparatado gasto político, tomó una decisión tan increíblemente insensata que algún día debería responder por ello: optó por la vía del endeudamiento aprovechando la barra libre ofrecida por Draghi, en la que se entregaban ríos de dinero sin control ni condición alguna. Rajoy vendió y sigue vendiendo su disparatada decisión, que ha arruinado a varias generaciones de españoles –la deuda total se incrementó en 590.000 millones de euros desde entonces– diciendo que se había negado a aceptar bajar pensiones o subir impuestos que ya había llevado a las nubes.

Nada más lejos, la exigencia de la eurozona era una reducción del gasto del orden de los 25.000 millones de euros cuando sólo en duplicidades entre Administración Pública se despilfarran anualmente 32.000 millones de euros, la mendacidad de Rajoy resulta inaudita. En cuanto a los impuestos, los seguiría subiendo sin pausa para alimentar a la gigantesca hidra de sus redes clientelares. Llegados a este punto, en Grecia comenzaron de nuevo a gastar sin freno, las élites empresariales y financieras sacaron gigantescas fortunas al exterior, incrementaron a lo insultante su vida de lujo y despilfarro –en España el número de millonarios se ha incrementado en un 40% desde que comenzó la crisis– y el gasto público improductivo volvió a crecer sin freno.

Pero claro, esto solo fue posible porque los nuevos prestamistas, todos institucionales ya que ningún privado prestó un euro a Grecia después del rescate, entregaban dinero sin freno y sin control, exactamente igual que lo que está ocurriendo con el QE del BCE respecto a España. Es obvio que esta deuda es en su mayor parte ilegitima porque no ha sido contraída en beneficio de los pueblos y con pleno conocimiento por parte de los prestamistas de que ese dinero estaba siendo despilfarrado. Moralmente no existe obligación de devolverla; sin embargo, la realidad legal no entiende de ética, máxime cuando los que han prestado ese dinero no están dispuestos a reconocer su incompetencia al entregar ríos de dinero a gobiernos insensatos que sabían que no lo iban a poder devolver.

Solo la historia juzgará estos hechos y su veredicto será indudablemente muy duro para con los responsables, pero de momento se ha llegado a un punto en que, legítima o ilegítima, la deuda es ya imposible de devolver. Ni Grecia, ni España, ni otros países pueden hacerlo, por lo que nos esperan meses y tal vez años de tiras y aflojas que al final no pueden conducir más que a un final: la necesidad de pactar con la realidad. Que sea por las buenas o por las malas es imposible saberlo, pero siempre con hambre, sudor y lágrimas de los no tuvieron culpa de nada. El hecho de que las deudas no podrán ser devueltas más que parcialmente es algo incontrovertible, porque, como decía Lenin, los hechos tienen la cabeza muy dura.

Y esto empieza a afectarnos ya directamente. Algunos de los nuevos equipos de gobierno en los ayuntamientos de las grandes ciudades españolas han explicitado su deseo de renegociar la deuda, lo cual ha levantado oleadas de indignación farisaica ya que el Gobierno del PP, mientras grita en público que los compromisos hay que cumplirlos, en privado, cuando les hablas de la gigantesca burbuja de deuda te dicen sonriendo: “La deuda no nos preocupa porque no vamos a devolverla”. Piensan que podrán seguir incurriendo en déficits indefinidamente presentando falsos escenarios económicos a Bruselas que, de momento, y como sucedió con Grecia, hace como que se los cree. No es posible continuar despilfarrando cantidades ingentes de dinero público por unas AAPP irresponsables y venales, financiado por prestamistas más irresponsables aún, con el BCE como maillot amarillo de la insensatez

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el roto ep 29615Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947], para El País, 290415.

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Notas.-

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