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Orgullo gay 2015Fotografía de Chema Moya [EFE] en El País, 050715, con motivo de la cabalgata ‘Día del Orgullo’, celebrada el sábado en Madid.

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intereses informativos

Esta semana han coincidido dos acontecimientos de distinta importancia y profusamente atendidos por según qué medios.

Por un lado se ha celebrado en todo el mundo la ya tradicional cabalgata reivindicativa de los derechos LGBT [lesbianas, gais, bisexuales y transexuales], que antes en España se denominaba ‘Día del Orgullo Gay‘ y ahora simplemente ‘Día del Orgullo‘.

¿Día del Orgullo?

Sigo sin comprender porqué ser gay, la homosexualidad, inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo, tiene que ser motivo de orgullo. Digo yo. Pero todavía me resulta más incomprensible que ahora, como ya he dicho, a la denominación se le elimine ‘Gay’ y quede como ‘Orgullo’: como si, aceptando en serio que sea un orgullo, no hubiera otros orgullos o, con la apropiación terminológica, los demás orgullos quedaran sin un lugar al sol de la publicidad carnavalera.

Tampoco entiendo cómo persiguiendo la justa eliminación de cualquier tipo de discriminación sexual, la cabalgata no abarca la denominación de las otras inclinaciones sexuales que dice defender: bisexuales y transexuales. Yo espero que algún día la sociedad respete todas las tendencias sexuales habidas y por haber, que hoy por hoy no son amparadas por la LGTB y que tienen el mismo derecho a la indiscriminación: pongo por ejemplo a la poligamia y a la poliandria, por no incluir las parafilias, también respetables.

Y sigue sin parecerme bien la exhibición: esas carrozas de gente disfrazada de tanga, luchadores, correajes y besos con lengua, recorriendo las principales calles de las ciudades.

Flaco favor que se le sigue haciendo a una causa que merece el reconocimiento social de un marco legal justo y que el festival no hace más que dificultar.

El reférendum griego

Ya dije ayer lo que opinaba al respecto, por lo que concierne a los 30.000 millones de euros que la sociedad griega debe -sí, debe- a la nuestra, otra sociedad con más de 5 millones de parados, de los que muchos, cada vez más por la finalización del transcurso del subsidio de desempleo, carecen de la más mínima aportación social del Estado para subsistir: ellos y sus familias.

Todo un trágico escándalo.

La televisión pública

Pues bien, mientras las televisiones privadas dedicaron horas y horas a la información sobre los trascendentales acontecimientos en torno a la crisis griega, TVE1 relegaba tal comunicación al televidente que la sostiene con sus impuestos, arrinconándola en la olvidada cadena 24 horas.

Y toda una novedad respecto al interés general: Telemadrid decidió, por vez primera, transmitir en directo la orgullosa cabalgata.

Vds. mismos.

EQM

Litus y Puñales em 030715Viñeta de Litus y Puñales en El Mundo, 030715.

El orgullo griego

Arcadi Espada en El Mundo, 070715.

Décadas de envilecedora convivencia con el nacionalismo no son capaces de rebajar ni por un instante mi profunda admiración técnica por él. Grecia es el último e infalible ejemplo. El orgullo griego, van diciendo, y creyéndolo. Ahí está esa foto, una entre mil, en Syntagma, de jovencitos partidarios del No, desgañitándose con el himno nacional. La suerte inmensa de disponer de un himno sin letra, eso pienso para empezar: se limitan enormemente las posibilidades de hacer el ridículo.

Pienso también en eso del No. Es una cuestión igualmente técnica, pero interesante. No sé si hay precedentes de un referéndum que haya convocado un gobierno para pedir el no a sus súbditos. Y digo súbditos porque un referéndum siempre otorga esa binaria condición a los otrora ciudadanos. Pero es que la treta de Tsipras fue hacer creer que el referéndum lo había convocado la Unión. Solo así pudo llenarse la boca de orgullo. El orgullo griego. Uno de los mantras más lastimosos de nuestra época. El orgullo de un estado fallido.

Cualquier estado europeo atraviesa sus crisis de autoestima. Francia y su periódica pregunta: «Où sont les grands hommes». Italia, y la evidencia de que la unificación sigue pendiente. Gran Bretaña, y sus infamantes dudas acerca de que el continente siga aislado. Alemania, y el último neonazi detenido. Y no hablaré de España y su cascado dolor de serlo. En agudo contraste, la orgullosa Grecia. Toda Europa ha atravesado la misma crisis. A ningún país se le ha ocurrido echar la culpa a Europa. Se la han echado a los políticos, a los banqueros y al capitalismo, tout court.

En algunos lugares, como España, unos españoles se han echado violentamente contra otros. La sucia España del escrache. Pero solo los griegos han sabido encontrar el eficacísimo remed(i)o del enemigo exterior. La crisis se vive en Europa con amargura y resignación. En Grecia se añade una orgullosa alegría institucional. ¡La hybris! La arrogancia que Hesíodo (a ver si voy a ser el único español que no se hace un griego) oponía a la ley.

El mito de los caracteres nacionales hizo también de los españoles un pueblo de hidalgos orgullosos. Envueltos en un hosco silencio no alardeaban de su dignidad, porque sabían que era la única cosa que podían llevarse a la boca. El innegociable nacionalismo de uno. El que tanto contrasta con el orgullo colectivo griego, otra de sus infraestructuras impensables sin la subvención de los fondos de cohesión europeos.

Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] en El Mundo, 070715.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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