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EQM_090715.

Pedro… ¿por qué no te callas?

No hay semana en que Pêdro el hermoso no invente algo para llamar la atención al contemplar, aterrorizado, que si Podemos se lo sigue merendando a él le queda menos al frente de la Secretaría General del PSOE que un caramelo en la puerta de un colegio.

La última ocurrencia, después de la organizar un Gobierno en la sombra –como si no tuviera ya en el partido unas Áreas que deberían cumplir esa función- ha sido la de formar un comité de ‘sabios’ para que proyecten una reforma constitucional al gusto de todos. Digo yo, porque si no es así, a ver cómo reformas sin mayoría suficiente.

La primera majadería es encargarle a los ‘sabios’ algo que debería debatir y resolver el partido, a través de su organización: qué modelo de reforma, de Estado, quiere. Cuando lo lógico es que los ‘sabios’ se limiten a diseñarle el cómo, es decir, el proceso jurídico que debe emprender tal iniciativa. Aquello que tan bien supo hacer Torcualto Fdez. Miranda.

La segunda, prepararlo y presentarlo, junto con los ‘sabios’, sin contar siquiera con ese más de medio partido que está hasta el gorro de él y quiere que, por mediocre, se largue cuanto antes. Qué menos, digo yo, que hablar con la jefa de tu oposición, Susana Díaz, y pedirle la venia. Porque antes de consensuar con terceros imagino que habrá que hacerlo con los propios.

Y la tercera denominar ‘sabios’ a quien son simplemente -y no en todos los casos- expertos. Expertos que también imagino que le habrán asesorado anteriormente y no le convencieron, por ejemplo, para que no dijera aquello de elminar el Ministerio de Defensa. Hasta El País ha caído en el exceso de denominales ‘sabios’ aunque en horas cambió a ‘expertos’.

Este muchacho sigue emperrado en la asimetría, el derecho a decidir, la inmersión linguística y demás desvergüenzas. Y no se da cuenta de que, aunque lo consiguiera, que va a ser que no, a los nacionalistas eso se la ‘bufaría’ porque lo que pretenden, verdad, es la independencia.

Menos mal que en ese socialismo en derribo le queda todavía alguna mente lúcida que, convenientemente asesorada, porque tampoco puede considerrse una ‘sabia’, es ágil y oportuna a la hora de usar el sentido común.

Me estoy refiriendo a la ya mencionada Susana Díaz, a la que le ha faltado el tiempo para decirle, una vez más, que callado está más mono y que ella -y muchos otros- no va a pasar por que se altere la unidad de España o por que cada ciudadano tenga un distinto abanico de derechos en función de la región donde viva.

Pedro, te lo pido por esa bandera que enarbolaste el otro día como si fuera otro conejo de tu chistera… ¿por qué no te callas?

EQM

Continuará

Arcadi Espada en El Mundo, 090715.

Este noviembre se cumplirán dos importantes aniversarios. Habrán pasado cuarenta años de la muerte del dictador Francisco Franco. Y como la dictadura duró cuarenta años y acabó de vieja en una cama de hospital puede decirse que la democracia cumplirá también cuarenta años. Un raro período de estabilidad, solo superado en la modernidad política por los 49 años de la Restauración. En noviembre, y esto es lo sustancial, la democracia se habrá tomado definitiva revancha de la dictadura franquista y por primera vez la estabilidad y la prosperidad habrán adquirido forma democrática.

Es un sarcasmo de la historia que el aniversario de esta feliz continuidad vaya a producirse en un paisaje dominado por el afán de ruptura. El gobierno desleal de Cataluña y la demagogia populista han obligado a los partidos políticos a proponer reformas de la Constitución puramente artificiales: de momento, solo el PP permanece al margen de una impostación que ha arrastrado incluso a Ciudadanos. Viejos asuntos de la transición reaparecen todos los días. El líder socialista Pedro Sánchez pretendió que fuera noticia, y lo fue, que la bandera española envolviera la reciente escena de la presentación de su candidatura. Cuarenta años después de aquel Carrillo rojo pero gualda, la izquierda exhibe la evidencia de que no ha solucionado sus problemas gástricos con los símbolos. Asimismo, la memoria de la época franquista parece que va a dar largo entretenimiento a los ayuntamientos gobernados por el populismo. Por lo que leo en El País, en el Madrid de Carmena, sus labores, corre una lista que pretende impugnar los honores callejeros de Pemán, Manolete o Dalí. La justificación más graciosa es la de Manolete, que al parecer brindó toros por España. Cuando los ignaros descubran aquel «¡Olé!» de Dalí lo exhumarán para fusilarlo en Víznar.

El pronunciamiento, el cambio tumultuoso, es algo más que el nombre dado a las asonadas militares que todos los días impares del XIX lastraron la revolución burguesa. La observación histórica permite interpretarlo, sin forzamiento, como una forma moral de la vida española que se dio en cuarteles, palacios, ateneos y periódicos, y se da ahora en los platós de la política basura. Desde aquel cielo ensoñado por la mirada de Felipe González, en 1982, la vulgaridad política ha hecho de la palabra cambio la más gastada y vacua de la oferta electoral. Es hora de que alguien aquí reivindique fieramente la continuidad. El gran cambio español.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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