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Lavados de cara

Estos días está en boca de muchos la reciente regeneración del logo del PP. Lo cual suele producirse cuando el último icono está más quemado que carracuca.

Recuerden vds el del PSOE, que del yunque, libro y pluma pasaron al puño y la rosa hasta acabar con el pulgar hacia arriba o ese vergonzoso socialistas con una flor…

logos psoe

Para aquellos lectores que prefieren las consideraciones técnicas sobre, es decir, aquellas de naturaleza tipográfica, estética, marca, etc. les inserto un completo artículo de Victor Palau en graffica, relativo a la nueva imagen de marca del partido Popular.

Fracasado aquel intento de colorear de naranja, a la holandesa, la imagen del partido, a mí, qué quieren que les diga, el último cambio me suena suena a coche de marca. La verdad es que no creo que ayude mucho a ir olvidando tanta agonía económica y vaciedad política, pero poco más. Lo importante es que gran parte de la ciudadanía está perdiendo su tradicional empatía hacia las ideologías con las que se solidarizaba, de antiguo, la familia.

Voy a intentar explicarme. Hace un tiempo acudí a una excaja donde aún tengo la cuenta que me inició mi abuela en forma de libreta de ahorros cuando la primera comunión. Por tal nostálgico motivo la mantengo, bien que con una cantidad irrisoria, después de haber extraído el grueso con ocasión de la crisis, aquel preferencial robo a mansalva.

Una diligente y jovencita técnico bancaria me atendió amablemente, tratando de recuperar el tiempo perdido, al cliente.

Me habló largo y tendido de las nuevas bondades de la entidad y, cuando ya no pude más, le espeté:

– Mire, señorita, vd, su banco, parecen no haberse dado cuenta de que, hasta la crisis, el director de una sucursal financiera formaba parte de los externos sujetos mágicos en los que se apoyaban muchas familias. Con el cura, el alcalde, el médico, el sargento de la Guadia Civil y el líder partido político de toda la vida…
– ¿Y?
– Que los tres primeros ya hace tiempo que no cuentan. de política qué le voy a contar, y que con la caida de vds se cierra toda una época.
– Bueno, pero lo nuestro ya ha pasado y hemos resurgido de las cenizas…
– Sí, de nuestras cenizas. Pero lo más importante que perdieron tardarán mucho tiempo en recuperalo.
– ¿De qué me habla?
– De la credibilidad, de la confianza.

Pues eso es, también, lo que ha perdido el PP y ni el logo ni las conferencias vacías de regeneración van a ser, desde luego, el bálsamo de Fierabrás.

EQM

¿Por qué el nuevo logo del PP es malo?

Victor Palau en graffica, 100715.

El PP acaba de presentar su nuevo logo para la próxima campaña política a la que se enfrenta. Un diseño realizado por su «equipo internamente» que ha suscitado todo tipo de críticas. Analizamos el logo desde un punto de vista técnico para ver si realmente es tan malo como parece.

Hay gráficos que nos pueden gustar más o menos, que representan mejor o peor el concepto que se quiere transmitir o vender, pero técnicamente hay temas que de forma objetiva se pueden analizar para demostrar si un proyecto gráfico está bien o mal ejecutado.

Cuando el diseño de un logo despierta tantos comentarios es que algo está fallando. Todo el mundo le encuentra defectos y aunque no sepan como expresarlo y acaben haciendo memes de todo tipo lo que ocurre es que falla lo más elemental y básico, un buen diseño.

Estéticamente

Según uno de sus múltiples vicesecretarios, Pablo Casado, dice que «es como el logo de Apple, flat design, o sea diseño minimalista». En este caso se mezclan y confunden cosas seguramente por ignorancia. Ni el logo es como el de Apple, ni mucho menos es Flat Design o minimalista, términos no necesariamente unidos.

Lo que es evidente estéticamente es que se trata de un logo muy flojo con muy pocas sorpresas en el mismo, a nivel gráfico. Si lo comparamos con el de Apple estéticamente no es agradable.

No es icónico, ni tiene fuerza a nivel de recuerdo.

Incluso visualmente a tamaños pequeños la gaviota-albatros-pájaro va en contra de la sencillez, simpliciad o minimalismo que se pretende. Hubiese sido mucho más acertado utilizar un círculo con un par de PP centradas al igual que hace el partido Demócrata de Estados Unidos. No hay que ser un gran especialista para darse cuenta que el del Partido Demócrata tiene un símbolo perfecto en su composición, más rotundo, claro, limpio…

Izquierda símbolo Democrat Party, derecha nuevo logo del PP

Composición

Rápidamente podemos observar que está todo desequilibrado. El PP dice que pretende reforzar su ‘centralidad’ pero desde luego no lo demuestra graficamente. Las siglas PP ni siquiera están centradas en el eje vertical y mucho menos en el horizontal. La posición de la siglas está ligeramente hacia la derecha y asentadas en la parte inferior, seguramente para dejar espacio al pájaro arriba, pero esto crea una descompensación que visualmente no es agradable. Solo hay que verlo, de nuevo, en el del partido Demócrata en el que todo está en su sitio.

Gráficamente

Es un error monumental utilizar tan pocos recursos gráficos y tan básicos. Un circulo, una tipografía y un color. Es recomendable para cualquier marca que tenga algo más. Algún contraste, algún elemento más que se sostenga conceptualmente.

El círculo es un elemento que sale solo en cualquier programa de diseño a la primera. ¿Por qué un círculo? ¿Tiene alguna simbología? No hay contrastes en color o formas. Incluso la línea del círculo comparada con la de los demócratas parece endeble.

El dibujo vectorial del pájaro no está muy acertado. Pero sobre todo, el hecho de unirlo al círculo exterior crea una nueva forma que lo desvirtua y pasa a ser un objeto que cuesta de entender visualmente.

Tipografía

La tipografía utilizada por el PP ha sido Gotham de Hoefler & Co. Una tipografía muy utilizada actualmente por su sencillez y geometría.

Esto que aparentemente es positivo se convierte en negativo desde el momento en que por un lado es una tipografía muy extendida en su uso con lo que es muy posible encontrar otras organizaciones con la misma tipografía. Sería muy recomendable que hubieran encargado el diseño de una tipografía propia, única y diferente, como hizo en su día Obama precisamente con la Gotham.

Algo que es conocido por los diseñadores es que una tipografía no se debe deformar. Ni estirar ni comprimir ni añadir partes a menos que se sepa lo que se hace y todo esté controlado. En el caso de la siglas parece que por algún motivo les pareció que las verticales eran muy cortas, y al menos en nuestra visualización, le añadieron unos milimetros más a las dos PPs para que parecieran más altas y más estilizadas, ya que la altura de X de la Gotham es algo baja.

Por otro lado, la utilización de un interlatraje tan junto hace que las dos letras se monten innecesariamente, algo que ya pasaba en la anterior marca. Pueden tocarse o incluso tener espacio entre ellas lo que las haría mucho más claras en lectura y evitaría, un poco, ese efecto ‘ojos’ que parece tanto ha gustado en las redes.

En cuanto al concepto tipográfico, que ya mencionábamos arriba, no es una buena estrategia utilizar la misma tipografía que tu competencia. En este caso coincide con la misma tipografía que utiliza Podemos.

Utilizar la misma simbología gráfica que otro partido político es una clara evidencia del desconocimiento, ignorancia y desconexión en lo más básico.

Si un partido se quiere diferenciar debe buscar lenguajes diferentes a los demás y recursos gráficos únicos. Si se utiliza la misma tipografía se utiliza el mismo discurso gráfico -no se si eso equivale también al mismo discurso político-. Ocurre lo mismo con el uso del círculo, algo muy extendido entre el lenguaje de los seguidores de Podemos. Muy poco recomendable.

También es un error bastante común utilizar tipografía con su kerning por defecto para titulares, logos o grandes rótulos. Las fuentes se suelen diseñar para su uso en texto a tamaños muy pequeños en los que unas milesimas a la derecha o a la izquierda hacen mucho. Cuando se usa una tipografía a tamaños grandes, a no ser que se haya diseñado para ese uso, los proporciones cambian. Es justo lo que aquí pasa, se ha dejado el interletraje por defecto que trae la tipografía para su uso como cuerpo de texto y entonces aparecen espacios y huecos no deseados que hay que ajustar.

Si se deja tal cual, como es el caso de Podemos, se nota menos, pero si se hace un interletraje negativo, como pasa en el PP, no solo se notan más los espacios desiguales entre letras sino que transmiten a su vez un mensaje de compresión o apelotonamiento. Esto último no siempre es malo, porque puede trasmitir un concepto, a su vez, de mayor unidad.

Branding

En cualquier caso, lo más importante de una marca no es su gráfico. Hay cientos de marcas que están horrendamente diseñadas que no simbolizan nada, pero detrás de ellas se asienta una grandísima estrategia de Branding. Hacer una marca no es solo crear un gráfico que esté bien diseñado. Es deseable pero no lo es todo.

En este caso el cambio no tiene absolutamente ningún sentido. Se tira a la papelera una imagen ya consolidada por una nueva con muchos defectos, que habrá que pulir. Pero lo más decepcionante es que se presenta un logo sin nada más detrás. Sin un plan claro de implantación de la marca. Algo vacio, un cambio por un cambio. Cambiar para ver si con eso nos ven diferentes.

Una marca tiene que trasmitir valores y confianza. Debe dar continuidad a lo que se ha hecho antes y de ese modo los antiguos y los nuevos seguidores de la marca se sientan confortables con la misma. Crear un storytelling detrás de la imagen de marca que sea creíble y comprensible para todos y que todo ello este soportado por la imagen, por el logo, por la tipografía, por el color…

Solo hay que ver los cambios de imagen que ha sufrido el logo del PP para entender que lo único que tenían estable era precisamente las siglas en una ligera inclinación hacia la derecha. El resto ha ido cambiando según el aire que soplaba en cada momento. Cambios que claramente no tenían ningún sentido en Branding. Incluso se llego a cambiar el color azul por un naranja.

Con todo lo expuesto es claro que el nuevo logo está claramente mal resuelto graficamente. Contar con un comité de políticos para diseñar es una mala elección. No contar con profesionales es una falta de respeto, que ya expresábamos ayer.

Es el producto de la no utilización de especialistas o expertos en la materia. Es una marca muy poco creíble desde diferentes puntos de vista y está vacía de contenido.

Pero como parece que cada 7 años, más o menos, en el PP toca cambio, no hay que preocuparse mucho. Veremos cuanto aguanta este.

Ilustración de Javier Muñoz, para el artículo.

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Nuestro sirtaki

Pedro J. Ramírez en su blog El Español-El Arponero, 110715.

“Violar las grandes leyes de la naturaleza es un pecado mortal, no debemos apresurarnos o resistirnos sino obedecer el ritmo eterno”, le dice Zorba el Griego a su “patrón” británico. Y para demostrárselo le enseña a bailar el sirtaki.

La mayoría de quienes hace medio siglo se levantaron de las butacas de las salas cinematográficas fascinados por este final trepidante de la laureada película, creyeron que esa danza in crescendo, basada en cruzar los pies con la mano apoyada sobre el hombro de cada compañero de fila, era parte del folklore tradicional griego. Eso mismo piensan los turistas que, a pesar de la incertidumbre sobre si a partir de este lunes les darían el cambio en euros o dracmas, han seguido disfrutando de las alegres veladas en las tabernas de Atenas.

La verdad es que, aunque su fuente de inspiración fueran los ritmos lentos del “sirthos” y los rápidos del “pidikhtos”, el compositor Nikis Theodorakis inventó un baile completamente nuevo como plataforma de lucimiento para su subyugante banda sonora. Como si de una profecía autocumplida se tratara, el sirtaki se ha convertido 50 años después en una seña tan tópica de la identidad griega como las corridas de toros o el flamenco lo son de la española.

No es pues la primera vez que algún escritor u humorista gráfico representa con este baile la recurrente crisis griega en el seno de la UE. Sánchez Merlo lo acaba de hacer en este blog en uno de sus atinados comentarios y recuerdo un chiste en el que las autoridades comunitarias obligaban a Papandreu a bailar hasta reventar y otro en el que al efímero Papademos, sujeto entre Merkel y Sarkozy, no le llegaban los pies al suelo. Pero sí es la primera vez en que, por la inmediatez de nuestras elecciones generales, procede representar a los principales actores de la política española fatídicamente encadenados entre sí por la danza de Zorba.

La dificultad del sirtaki político radica en mantener el “ritmo eterno” que no es otro sino el que marca la orquesta de los acontecimientos. No sirve pues ni acelerar revolucionariamente el curso de la Historia como pretende Pablo Iglesias, ya que el riesgo de descarrilamiento es palmario, ni permanecer estólido, fingiendo el movimiento a base de arrastrar los pies, como viene siendo la costumbre de Rajoy.

Situados en los extremos de la fila, uno y otro sólo disponen de un punto de apoyo o ligamento y eso propicia que puedan perder el compás y el equilibrio. Como bien saben los aficionados al ciclismo, igual riesgo de caerse tiene quien olvida el control de su máquina al lanzarse alocadamente al sprint como quien se queda demasiados segundos clavado sobre la pista, cual pasmarote sobre ruedas, a la espera de lo que hagan sus rivales.

La crisis griega ha retratado muy bien a Iglesias y a Rajoy. El uno se apuntó con entusiasmo al “no” en el referéndum –festejándolo casi a la vez que Marine Le Pen– y el otro apostó sin rubor por el Grexit, importándole poco que la patada en el trasero de los griegos se la pudiera dar la UE en el futuro de todos. El uno trataba de capitalizar el órdago demagógico al orden establecido y el otro el castigo implacable al transgresor. Al aprovechar el “no” para aplicar medidas al menos tan duras como las que implicaba el “sí”, Tsipras les ha dejado a ambos compuestos y sin relato.

¿Qué sería del Coletas sin el Estafermo y a la recíproca? Ambos se retroalimentan en la añeja dinámica de las dos Españas. Ni los crecientes escrúpulos de buena parte de sus propios compañeros de viaje ante el cesarismo de Iglesias y su Mesalina de quita y pon, ni la gélida advertencia de Aznar de que hasta en su miedo manda él, les arredra lo más mínimo. El uno tiene que asaltar el cielo y el otro el cuarto de estar de su vivienda unifamiliar para satisfacer a sus respectivas clientelas.

Todo sería distinto si Rajoy hubiera cumplido sus promesas electorales, ejecutando el claro mandato que recibió de las urnas y manteniendo a una mayoría social cohesionada en torno a los valores liberales de la clase media que confió en él. Incluso si ahora entendiera el mensaje que por tres veces le ha remitido su base social –europeas, andaluzas, municipales– y renunciara a ser candidato a la Moncloa por cuarta vez.

Si este fin de semana, en vez de la improvisada Convención para promocionar a los sobrinos del Pato Donald –Pablito, Jorgito y Andreíta– que han sustituido a Hernández y Floriández y volver a adular a un jefe en el que no creen, las mesnadas del PP celebraran unas primarias limpias y abiertas para elegir un nuevo candidato a la Moncloa, sus posibilidades de éxito electoral se dispararían exponencialmente. Dejarlo para la próxima, igual que hacía el felipismo con las medidas anticorrupción que indultaban políticamente a cada hornada de consentidores, supone aplazar también la resurrección.

No es cambiando de actores de reparto o reemplazando su logotipo por una señal de tráfico, en la que parece que pone Prohibido Pasar, como tendrán sus males remedio. Sólo les faltaba aclarar que el nuevo símbolo es “minimalista” –como todo lo que se cuece ahí– y que han cambiado la gaviota por el charrán que, según el diccionario antes que “ave marina” es “pillo o tunante”.

Con Rajoy como símbolo y tapón de la vieja política, sustentado tan sólo en los pelotas del grupo parlamentario que anhelan repetir y en los capos mediáticos que le sirven de bochornoso aguamanil a la espera de concesiones, fusiones y demás favores in articulo mortis, nada permite predecir que habrá tres sin cuatro. Y menos si el aun jefe de Gobierno insiste en pasar del plasma a la logorrea, como si de repente tuviera que “darse a conocer”, tal y como aviesamente recomendó González a Almunia. De resultas de esa nueva estrategia ya ha quedado claro que nuestro gran endeudador ni siquiera se sabe la dimensión del agujero que genera.

Tampoco es imaginable, y menos si cuaja lo de Ahora en Común, que Podemos vaya más allá de la mítica barrera del 20%. Alcanzarla ya sería una hazaña política, a la vez que un grave indicio de desquiciamiento colectivo. De ahí que quien quiera estudiar los escenarios postelectorales más verosímiles debe fijarse en los dos bailarines que llevan el paso en los puestos interiores de la fila del sirtaki. Un Pedro Sánchez que mantiene alianzas con Podemos y Ciudadanos y un Albert Rivera que ha pactado con el PSOE y el PP. Uno y otro han dado síntomas de sentido común durante la crisis griega, poniendo primero objeciones al referéndum trampa de Tsipras, apostando luego por el “sí” y abogando desde el lunes por un acuerdo sobre el tercer rescate como mal menor.

Especialmente notable me parece la habilidad con que el líder socialista está logrando escabullirse del cliché de radicalismo que los portavoces del PP han tratado de explotar a raíz de sus pactos con Podemos. Las alcaldías de grandes ciudades han sido el peaje que ha tenido que pagar Sánchez si quería afianzar su liderazgo y candidatura, contraponiendo al poder territorial de Susana Díaz el de barones como Vara, Page, Puig, Armengol o Lambán. Sólo en el caso valenciano tenía alternativa, por muy alambicada que fuera, y es una lástima que no jugara a fondo la baza del pacto con Ciudadanos y la abstención del PP.

Hubiera sido una especie de ensayo general del que se perfila como uno de los escenarios más probables tras los comicios. Desde luego el nombramiento de Jordi Sevilla como responsable económico del gobierno en la sombra de Sánchez no apunta hacia un Frente Popular sino a un pacto de centro izquierda con Rivera. Tal vez por eso el ex ministro ha recibido muchas más llamadas de felicitación –y alivio– de grandes empresarios que cuando sus “dos tardes” con Zapatero.

Tampoco la iniciativa de reforma constitucional del PSOE, en la que hay propuestas razonables junto a otras tan nefastas como el blindaje de la inmersión lingüística, parece orientada a entenderse con la izquierda radical. Si el PSOE obtiene un escaño más que el PP, el pacto con Ciudadanos –desmochando estos residuos tóxicos de la colaboración con los nacionalistas, bajo el sauce de la bandera nacional– estaría servido. Incluso si el PP fuera el más votado, pero existiera una mayoría aritmética de izquierdas, sería más probable la investidura de Sánchez con el apoyo de Rivera y la abstención de los populares. Eso daría paso a una legislatura de inestabilidad pero en la que resultaría inimaginable una moción de censura apoyada a la vez por Podemos y el PP.

Caben otras dos hipótesis: la poco consistente de que Ciudadanos esté levemente por encima del PSOE y el binomio se forme para investir a Rivera y la más verosímil de que el PP ponga distancia de por medio en lo que queda de legislatura y sea con diferencia la lista más votada y el grupo parlamentario con más escaños. En ese caso funcionaría el precedente de la Rioja y Rivera pondría como condición para completar una mayoría de centro derecha que el presidente no fuera Rajoy. Eso mismo plantearía el PSOE en el enrevesado escenario de que Ciudadanos fuera irrelevante y se hablara de una gran coalición.

De todo ello se deduce que sólo si el PP repitiera mayoría absoluta o algo parecido podría considerarse asegurada la investidura de Rajoy. Teniendo en cuenta que para ello tendría casi que duplicar su actual intención de voto, resulta todavía más difícil de entender el empecinamiento del jefe del Gobierno en concurrir por cuarta vez al frente de la candidatura conservadora. Marcado para siempre por sus SMS de complicidad a Bárcenas, su rechazo popular es altísimo, carece de respaldo social espontáneo alguno y hasta la persona que le designó le ha invitado a dejar paso a otro en los términos que la urbanidad política permite. Pero por acabar con una cita del mismo Zorba existencialista y cazurro con el que empecé, “no sirve de nada golpear en la puerta de un sordo”. Y no digamos nada si es alguien que se lo hace.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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