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Syriza, Podemos y el becerro de oro

No quiero alargarme. Los populistas griegos encontraron un país arruinado por años de despilfarro y ellos han tardado 6 meses en quebrarlo del todo.

Los Estados Miembros de la Eurozona están cumpliendo con la estabilidad presupuestaria y han aplicado los recortes necesarios para ello. Irlanda, Portugal, España y algún que otro, has sufrido duros ‘rescates’ que, a corto plazo han llevado al paro a millones de personas que ya se están quedando sin siquiera subsidio. Por si esto fuera poco, tales ciudadanos ven cómo sus Estados prestan, avalan, nuevos créditos a Grecia, que este pais, sistemáticamente, no paga.

En esta última etapa, la populista de Syriza, hermana de Podemos, han estado largas al asunto pretendiendo seguir recibiendo dinero de los europeos sin pagar antes lo debido y sin querer someter a sus ciudadanos a los recortes que sí han sufrido, están sufriendo, los demás Estados Miembros ‘rescatados’.

Llegan a utilizar la treta de un reférendum que realmente persigue doblar el criterio de los Estados acreedores -a los españoles, como ya dije, nos deben unos 30.000 millones de euros– y que supone un apoyo popular en contra del gravamen que conlleva su ‘rescate’.

La Comisión Europea se mantiene firme; El Banco Central Europeo, consumados los últimos impagos, paraliza la ligidez de urgencia y comienza el corralito en Grecia. Los populistas, conscientes de que han perdido el pulso, solicitan a última hora un rescate ofreciendo incluso una condiciones mucho más duras de las que rechazaron antes del referéndum.

En estos momentos, la Unión Europea ha firmado el acuerdo de nueva ayuda imponiendo requisitos tan severos como creciente es la desconfianza hacia el prestatario. El acuerdo debe de ser ratificado por algunos parlamentos europeos porque así lo establece la legislación interna de algunos estados Miembros.

Durante el día de ayer, gente destacada del populismo arruinador se ha dedicado a denominar a los acreedores, nosotros, ‘mafiosos’ y ‘terroristas’. Mientras nuestro ‘socialista’ Pedrito, en su disparatada línea de disputarse el voto radical con los de Podemos, decía avergonzarse de la postura mantenida por Mariano Rajoy.

Detrás del telón de la crisis griega, en el fondo, se atisba un primer intento fallido, protagonizado por el nuevo populismo europeo, de tumbar el Sistema poniendo en cuestión la propia economía de mercado a base de cargarse los principios de legalidad, de estabilidad presupuestaria y de cada quien debe pagar lo que debe.

Yo sí comparto que la regeneración democrática europea pase por devolverle el protagonismo de antaño a la política, disminuyendo la actual influencia de los lobys empresariales. Pero lo que no se puede admitir de ningún modo es que eso se haga contra el Estado de derecho y contra las economías de quienes sí cumplen los preceptos establecidos. Más regeneración democrática y educación y menos totalitarismos, surrealistas o no.

Así que, para los incautos, ojo con los populistas si no queremos vernos pronto también ‘acorralados’.

EQM

pd.- Desde el populismo griego ya se oyen voces anunciando nuevas elecciones generales helenas. Lógico. Porque a ver quien es el populista que aguanta ahora a unos votantes arruinados que se creían que con Syriza tendrían el oro y el moro sin dar palo al agua. También se escucha el rumor de que, en todo caso, Grecia será invitada, a medio plazo, a abandonar el euro.

TsiprasAlexis Tsipras, Primer ministro griego y líder de Syriza, ayer, de vuelta a casa. Fot. de C. Hartmann [Reuters], en la portada de El País de hoy.

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Los deberes que la Unión Europea pone a Tsipras

Las principales condiciones impuestas por Bruselas al Gobierno griego para poner en marcha el tercer rescate

Lucía Abellán en El País, 130715.

Europa ha llegado este lunes a un acuerdo con Grecia por unanimidad para negociar un tercer rescate. El Gobierno griego acepta las condiciones que le ponen los acreedores a cambio de la ayuda, que rondará los 50.000 millones en tres años, aunque la suma exacta deberá concretarse más adelante. Estas son los principales deberes impuestos por los socios del euro:

  • 50.000 millones para venta de activos públicos. Es la principal novedad de las medidas discutidas en la reunión. Europa propone crear un fondo por valor de 50.000 millones de euros al que Grecia transfiera sus activos privatizables y cuyos beneficios sirvan para reducir la deuda, entre otros objetivos. No hay apenas precedentes de fondos como este en Europa y supone una especie de aval que se exige a Grecia a cambio del tercer rescate. Aunque ese instrumento quedará en manos de las autoridades griegas, contará “con la supervisión de las instituciones europeas relevantes”, algo que puede resultar difícil de asumir en Atenas. Del total del fondo, la mitad se destinará a la recapitalización bancaria, urgente en el país heleno por la difícil situación que atraviesan sus bancos (agravada por el corralito y los controles de capitales). Otro 25% servirá para ir reduciendo la deuda y el 25% restante para proyectos de inversión productiva, una concesión de última hora a Grecia para acatar este instrumento.
  • Cambios en las pensiones. La UE pide “reformas de pensiones ambiciosas” y medidas para lograr déficit cero en las cuentas públicas. Las pensiones han sido uno de los caballos de batalla de la estrategia griega. En su última propuesta Atenas, aceptaba todo el paquete de la UE, que supone elevar la edad de jubilación a 67 años y congelar las pensiones hasta 2021. Esta reforma, además, debe ser presentada al Parlamento antes del miércoles por la noche -junto con otras cuatro medidas urgentes- para que puedan dar comienzo a las negociaciones sobre el rescate.
  • Mercado laboral. Las demandas europeas incluyen un endurecimiento adicional en las leyes laborales. Los socios abogan por “revisiones rigurosas” de la negociación colectiva, la política industrial y los despidos colectivos. Y sugieren “no volver a políticas del pasado”.
  • Sector financiero. Es el talón de Aquiles griego. Europa pide “medidas decisivas” en los créditos con riesgo de impago. Sin ayuda, el sector financiero podría precipitarse hacia la bancarrota. El acuerdo alcanzado este lunes fija en 7.000 millones de euros las necesidades más urgentes del país (las correspondientes al 20 de julio) y en 5.000 más para mediados de agosto. Las instituciones negociarán ahora con rapidez cómo establecer una financiación puente que satisfaga estas necesidades antes de alcanzar el llamado acuerdo de entendimiento necesario para activar el tercer rescate.
  • Privatizaciones. Los socios quieren más privatizaciones, incluida la red eléctrica, que Atenas pretende mantener en poder del Estado.
    Administración pública. El acuerdo exige “modernizar y reforzar significativamente la Administración griega”. El Gobierno de Alexis Tsipras acepta poner en marcha, “bajo el auspicio de la Comisión Europea”, un programa para “dotar y despolitizar la Administración griega”. No habrá espacio para la relajación. La primera propuesta de este proyecto debe estar lista el próximo 20 de julio.

Nicolás Aznárez ep 070715Ilustración de Nicolás Aznárez [España, ?] en El País, 070715.

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¿Venganza o desconfianza?

Agotada la fe en Grecia, solo quedaba la generosidad sin garantías o el retorno a las prendas reales; o sea, el fondo de privatizaciones.

Xavier Vidal-Folch en El País, 130715.

Es, quizá, la mayor novedad del pacto: el Fondo al que Grecia abocará bienes públicos a privatizar, por 50.000 millones de euros, para avalar el nuevo crédito del tercer rescate. ¿Es la “venganza” del Norte contra el díscolo del Sur? Seguro que algunos buscaron desquite de la afrenta recibida al ver su oferta sometida, no a referéndum positivo, sino agresivo, deslegitimador. Pero supone, sobre todo, un mecanismo para rellenar la brecha que abrió en la confianza mutua.

Antes, para recuperar las deudas en caso de impago (“default”), los acreedores guerreaban. Y se auto-concedían así garantías reales para asegurarse el recobro de lo prestado. España, Reino Unido y Francia invadieron México en 1861, ocuparon el puerto de Veracruz y lograron un acuerdo para convertir el petróleo mexicano en prenda de su crédito. Francia fue más lejos e impuso un Emperador, Maximiliano. Reino Unido se aficionó al mecanismo e invadió Turquía en 1876, Egipto en 1882… Desde la postguerra mundial, desguazadas las cañoneras, todo es menos brutal. La garantía real (petróleo, materias primas) de un rescate ha cedido paso, para el FMI y otros acreedores, a otra, inmaterial. Política: un contrato de confianza, plasmado en un pliego de condiciones y deberes económicos. Se supone que si se cumplen, se asegura el buen fin de la deuda. Su “sostenibilidad”: que será pagada.

El poso de confianza en Grecia se convirtió en pozo de desconfianza por culpa del (legítimo y nefasto) referéndum. En la tesitura de tener que desembolsar con cargo a los contribuyentes no griegos al menos otros 50.000 millones, ¿con qué prenda garantizaba Atenas ese tercer rescate? Agotada la fe en Grecia como contrapartida, quedaba solo o la generosidad sin garantías, que algunos Parlamentos (ay, también soberanos) habrían rechazado, o el retorno a las prendas reales. Serán difíciles de aportar. Yorgos Papandreu quiso privatizar por esa cuantía, pero no disponía ni de catastro. Bajo su difuso carácter, pues, late el valor del compromiso inmaterial que le supone al Gobierno de Atenas pasar esa dolorosa medida (reverso de su programa) por el cedazo de su Parlamento. Nada es gratis.

LPO em 130715Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España, 1957], en El Mundo, 130715, para el texto.

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La plaga del populismo en España

Alfonso Galindo en El Mundo, 130715.

España está infectada de populismo y demagogia. La infección ha alcanzado el nivel de plaga. Como escribió Camus, las plagas son comunes pero es difícil reconocerlas y cogen a las gentes siempre desprevenidas; se dicen que la plaga es irreal, un mal sueño que tiene que pasar; pero son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar porque no han tomado precauciones. Nuestros conciudadanos no son más culpables que otros, sólo olvidan ser modestos: se creen libres y nadie es libre mientras haya plagas. Para argumentar esta tesis y proponer soluciones es preciso diferenciar síntomas, estrategias, causas y consecuencias de la plaga.

Para identificar los síntomas del populismo y de la demagogia que anegan nuestra democracia basta con aclarar qué se entiende por ambos. La demagogia es un instrumento populista y, en este sentido, un índice y un factor de populismo. Consiste en manipular y ganarse a la gente aprovechando su indignación y su miedo, radicalizando y exagerando los motivos de crítica, reclamando el monopolio de sus aspiraciones e intereses -que justifica aunque sean irrealizables tachando de elitistas a quienes los cuestionan-, adulándola y acaparando su representación. Pero la demagogia sólo es una herramienta; el populismo es la esencia de la infección convertida en plaga. Más allá de las diferencias ideológicas tradicionales (afecta a todos los partidos y hay populismo de izquierdas y de derechas), su principio clave es el cuestionamiento y el desprecio de la mayoría de las mediaciones institucionales, que pueden ser violadas si al populista le conviene; por ejemplo, las normas garantes de la propiedad privada, las advertencias de los organismos internacionales, los consejos de las asociaciones empresariales, las resoluciones judiciales, las recomendaciones de las fuerzas de seguridad, la lógica propia de las transacciones económicas o, en suma, la racionalidad y la legalidad vigentes sin más.

Incluso la gran mediación institucional, el lenguaje cotidiano, es violentado por los populistas, con los que suele ser imposible debatir porque prostituyen el sentido tradicional de los conceptos sociales, políticos y económicos, enlodando la opinión pública de retórica vacía, sentimental, radicalizada y efectista. Por no hablar de gestos violentos como los escraches, que demuestran que el populista se salta los procedimientos establecidos porque se siente moralmente superior. En definitiva, el populismo menosprecia los controlables y discutibles principios racionales instrumentales (jurídicos, económicos, históricos, científicos, …) e idealiza los evanescentes e infalsables principios voluntaristas finalistas (ideológicos, políticos, morales, religiosos, …).

Según esta descripción, serían populistas gestos políticos como, por ejemplo, declarar que no se cumplirán las leyes injustas, u oponer a una resolución judicial la voluntad del pueblo, o elevar la mera imputación judicial a criterio de inhabilitación política, o reclamar de los gobiernos más política y menos gestión, o idealizar como más auténticas las manifestaciones populares que la acción ordinaria de los representantes legales, o interpretar con simplificaciones maniqueas los problemas más graves (distinguiendo entre buenos y malos, honestos y corruptos, progresistas y conservadores, pueblo y casta, …) o, en definitiva, menospreciar los datos y los hechos y argumentar escupiendo eslóganes, mitos y tópicos. El populismo es gobernar según el españolísimo lema «esto lo arreglaba yo en cinco minutos».

El populismo critica radicalmente las instituciones, a las que considera coactivas, asfixiantes y no representativas. Frente a ellas, idealiza la supuestamente pura voluntad del pueblo, cuya representatividad reclama en exclusiva y a la que considera directamente realizable sin mediación alguna. La estrategia principal de este afirmacionismo populista es hoy la propaganda realizada a través del medio de comunicación más relativista y relativizador, y que más eficazmente anestesia nuestro sentido crítico: la televisión. Ningún otro medio es tan igualador y en ningún otro es tan fácil anular el principio de realidad, que siempre es frustrante y limitador, un aguafiestas para el populista. En la televisión, en cambio, todo es posible y hasta la realidad más fea o falsa puede mostrarse como bella o certera apariencia. Por ello mismo, la televisión es idónea para construir y expandir la otra gran estrategia populista: el carisma del líder. El liderazgo es indispensable para la homogeneización y hegemonía populista, para abrir la brecha y sembrar el germen del cambio del sentir mayoritario.

¿Cuáles son las causas de la plaga? Las hay teóricas y sociales. Los fundamentos teóricos clásicos del populismo están en el pensamiento de Marx, en concreto en su crítica al Estado de derecho liberal, que consideraba ilegítimo por estar al servicio del capitalismo y enmascarar los conflictos reales. Dicha crítica ha experimentado sucesivas modificaciones alcanzando una versión máximamente moralista en la idealización de mayo del 68, supuestamente un acaecimiento político inmaculado. La línea de reflexión contemporánea más afín y más usada por el populismo es la del marxismo gramsciano elaborado y enriquecido en la teoría de la hegemonía de Laclau. Pero la teoría acompaña y refuerza otros factores.

En el caso de España, la extensión de la plaga debe mucho a un clima de crisis de la representatividad de los partidos políticos en general, y de los gobernantes en particular, debido fundamentalmente a la corrupción de los mismos (tan real como a la vez sobredimensionada por los populistas) y a la crisis económica, y que está siendo aprovechado por líderes populistas y demagogos. Es preciso subrayar que ni las causas son irreales ni todos los mensajes populistas carecen de verdad y de legitimidad. Su carácter infeccioso proviene justamente de mezclar juicios y soluciones ciertos y rigurosos con otros demagógicos y manipuladores.

Por último, las consecuencias de la plaga son imposibles de determinar con precisión. Pero tanto el conocimiento de la historia como el de países recientemente infectados ilustra acerca de los efectos devastadores del triunfo del populismo. Los mismos pueden sintetizarse en el deterioro, sumamente grave por lo que implica, de los principios fundamentales de las democracias liberales occidentales, a saber: pluralidad de la sociedad civil, división y autonomía de los poderes, equilibrio de las cuentas públicas, respeto a la legalidad interna e internacional, etc.

Aun con sus limitaciones, la cultura política liberal que defiendo demuestra su superioridad, entre otras cosas, al admitir que es perfectible y reformable. Su plasticidad y su respeto a la libertad es tan alto que llega incluso a reconocer la legitimidad de la vida política más allá de los cauces establecidos. Lo que, sin embargo, es incompatible con una cultura política liberal es que los valores de la homogeneidad y de la identidad colectiva anulen los de la pluralidad y la libertad. Una sociedad demócrata-liberal no permitirá que el terror moralista e ideológico de los mitos se impongan a la autonomía de la razón.

Alfonso Galindo es profesor de Filosofía de la Universidad de Murcia y autor de Pensamiento impolítico contemporáneo (Sequitur, 2015).

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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