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Varoufakis cree que Grecia será un “vasallo del Eurogrupo”

El ex ministro de Finanzas griego califica el acuerdo con la UE de “tratado de capitulación”

El País, 140715.

El exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, ha calificado de “tratado de capitulación” el acuerdo alcanzado ayer lunes con los socios de la eurozona a cambio del inicio de las negociaciones para un tercer rescate y afirma que persigue convertir a Grecia en “vasallo” del Eurogrupo.

En un artículo publicado este martes en su blog, Varoufakis sostiene que el comunicado de la cumbre de la eurozona ayer por la mañana se lee “como un documento sobre los términos de la capitulación de Grecia”.

“Está pensado como una declaración que confirma que Grecia acepta convertirse en un vasallo del Eurogrupo”, dice Varoufakis, quien sostiene que nunca antes la Unión Europea tomó una decisión que “mina de manera tan fundamental el proyecto de la integración europea”.

“La reciente cumbre del euro es nada menos que la culminación de un golpe de Estado. En 1967 las fuerzas extranjeras usaron tanques para acabar con la democracia griega. En mi entrevista con Philip Adams, en la ABC Radio National, afirmé que en 2015 estaba produciéndose otro golpe de Estado por parte de potencias extranjeras usando, en lugar de tanques, los bancos griegos”, escribe Varoufakis en su blog. “Quizás, la principal diferencia económica es que, mientras que en 1967 la propiedad pública no fue un objetivo, en 2015 las fuerzas que se encuentran detrás del golpe de Estado demandan la entrega de todos los bienes públicos para que sean puestos al servicio de nuestra im-pagable, insostenible deuda”, añade.

A juicio del economista, “los líderes de Europa, con la forma en que trataron a Alexis Tsipras y a nuestro Gobierno, asestaron un golpe decisivo contra el proyecto europeo”. El diputado izquierdista cree que el acuerdo del lunes no tiene nada que ver con la economía, “ni con nada que tenga que ver con una agenda de reforma capaz de sacar a Grecia del lodo”.

“Es pura y simplemente una manifestación de una política humillante” y además una muestra de la “anulación completa de la soberanía nacional, sin poner en su lugar una “política supranacional, paneuropea”, sostiene el político griego. “Los europeos, incluso a los que no le importa un comino Grecia, deben de tener cuidado”, apostilla.

Varoufakis cree que la opinión pública da demasiada importancia estos días al comportamiento que puedan tener los diputados en la votación del paquete de medidas, y considera que es más importante plantearse si la economía griega tiene la más mínima posibilidad de recuperarse con ese tipo de medidas o si la “rendición por nuestra parte” no profundizará aún más la “interminable crisis”.

YANIS VAROUFAKIS | EXMINISTRO DE FINANZAS GRIEGO

“Los países endeudados dejaron claro que eran nuestro peor enemigo”

El exresponsable ofrece su punto de vista tras su dimisión y antes de que su país firmara el pacto con los acreedores

HENRY LAMBERT en El Pais, 150715.

Pregunta: ¿Qué tal está después de dimitir?

Respuesta: Me encuentro muy bien, sin esa vida enloquecida, absolutamente inhumana, durmiendo dos horas al día durante cinco meses, con la presión de negociar una postura que me resultaba difícil de defender. Había muchas cosas interesantes, pero también, al estar dentro, se confirmaron mis peores temores. La total falta de escrúpulos democráticos de los supuestos defensores de la democracia europea. Saber que nuestro análisis y el de ellos era el mismo y que, al mismo tiempo, nos miraban de frente y nos decían: ‘Tenéis razón, pero os vamos a aplastar de todas formas’.

P. Usted ha dicho que los acreedores no le soportaban “porque en el eurogrupo intento hablar de economía, que es algo que no hace nadie”.

R. No es que sentara mal, es que se negaban por completo a debatir argumentos económicos. Era plantear un argumento que te habías preparado mucho para asegurar su coherencia lógica y encontrarte con miradas en blanco. Como si no hubieras hablado. Y eso resulta llamativo para alguien acostumbrado al debate académico, en el que la otra parte siempre responde.

P. Cuando llegó usted, a principios de febrero, no habría una postura unificada…

R. Había varios que simpatizaban con nosotros a nivel personal, a puerta cerrada, sobre todo representantes del FMI. Pero dentro del eurogrupo, aparte de unas cuantas palabras amables, nada. [El ministro alemán de Finanzas, Wolfang] Schäuble siempre mantuvo la misma actitud: ‘El programa no se discute, porque el gobierno anterior lo aceptó y no vamos a cambiar por una elección. Con 19 países, siempre hay alguna elección pendiente y, si cada vez cambiáramos las cosas, los contratos entre nosotros no tendrían ningún valor’. Entonces tuve que responder que quizá no habría que celebrar elecciones en los países endeudados, y nadie me respondió, un silencio que solo puedo interpretar como que les parecía buena idea pero difícil de llevar a la práctica. Así que el que no firmara se quedaría fuera.

P. ¿Y Merkel?

R. No tenía ninguna relación con ella, porque los ministros de Finanzas hablan con sus homólogos, y el primer ministro es el que habla con la canciller. Me da la impresión de que ella era muy distinta. Intentaba tranquilizar a Tsipras, mientras que yo no oía nada similar ni del jefe del eurogrupo ni de Schäuble, que eran mucho más tajantes. Desde el principio [a principios de febrero].

P. ¿Y entonces por qué aguantó hasta el verano?

R. Porque no tenía alternativa. Nuestro Gobierno tenía el encargo de negociar, de crear el espacio y el tiempo para llegar a un acuerdo. No de pelearnos con los acreedores… La negociación fue interminable porque la otra parte se negaba a hacer concesiones. Insistían en un acuerdo global, es decir, en hablar de todo, que, en mi opinión, equivale a no querer hablar de nada. No hacían ninguna propuesta. Por ejemplo, con el IVA. Después de pedirnos que les diéramos todos los datos de las empresas estatales, que rellenáramos infinitos cuestionarios y presentáramos nuestras ideas, antes de poder negociar un acuerdo, cambiaban de tema y empezaban a hablar, por ejemplo, de privatizaciones. Les presentábamos nuestra propuesta, la rechazaban y pasaban a hablar de las pensiones, o del mercado de trabajo, y así sucesivamente.

Yo pensé desde el principio que nuestro país estaba muy mal, que sin duda debíamos implantar reformas. Como era urgente y había muchas presiones, le decía todo el tiempo a la troika que nos pusiéramos de acuerdo en tres o cuatro reformas importantes e inmediatas para que el BCE relajara las restricciones de dinero. Entonces aprobaríamos las reformas en el Parlamento y seguiríamos negociando. Pero ellos querían todo desde el primer momento. Dijeron que, si aprobábamos cualquier ley, lo considerarían una acción hostil y filtrarían a la prensa que estábamos haciéndoles perder tiempo. Era una auténtica trampa. Hasta que el FMI, cuando estábamos ya casi sin dinero, presentó unas reformas que eran imposibles de aceptar.

P. ¿Intentaron colaborar con otros países endeudados?

R. No, porque dejaron muy claro desde el principio que era nuestros peores enemigos, sobre todo si lográbamos un acuerdo más favorable para Grecia que les dejara en mal lugar ante sus propios ciudadanos.

P. ¿Y con partidos simpatizantes, como Podemos?

R. La verdad es que no. Siempre hemos tenido buena relación con ellos, pero no podían hacer nada, no tenían voz en el eurogrupo y, de hecho, cuanto más hablaban en favor de nosotros, más hostil se mostraba el ministro de Economía español.

P. ¿Cuál es el mayor fallo del funcionamiento del eurogrupo?

R. El problema es que es un grupo sin existencia legalmente reconocida, sin un tratado que lo sustente, pero con el máximo poder para decidir sobre las vidas de los europeos. No responde ante nadie, no hay actas de las reuniones, y es confidencial. De modo que ningún ciudadano se entera nunca de lo que se discute. A pesar de que son decisiones casi de vida o muerte.

P. ¿Y el grupo está controlado por las actitudes alemanas?

R. No por las actitudes, sino por el ministro de Finanzas de Alemania. Es una orquesta muy afinada, dirigida por él. A veces, la orquesta desafina, pero él se encarga de que vuelva al redil.

P. ¿No hay ningún poder alternativo, por ejemplo el francés?

R. El ministro francés es el único que se ha apartado de la línea alemana, pero de forma muy sutil, con lenguaje juicioso y sin oponerse del todo. Y al final, cuando Schäuble reaccionaba y marcaba la postura oficial, el ministro francés siempre acababa por aceptarla.

P. En su ensayo de 2013 sobre Marx decía que una salida de Grecia, Portugal o Italia de la eurozona produciría la fragmentación del capitalismo europeo, e insinuaba que esa situación no beneficiaría a la izquierda progresista sino más bien a los nazis de Amanecer Dorado, los diversos neofascistas y xenófobos europeos. ¿Sigue pensando que un Grexit ayudaría sin remedio a Amanecer Dorado?

R. No me gustan las versiones deterministas de la historia. Syriza se ha convertido en una fuerza muy dominante. Si consiguiéramos arreglar la situación y tener una salida [del euro] digna, el resultado podría ser otro. Pero dudo de que seamos capaces, porque para gestionar el desplome de una unión monetaria hace falta mucha pericia, y no estoy seguro de que en Grecia la tengamos sin ayuda externa

P. La idea de la salida debe de haberle rondado desde el primer día…

R. Por supuesto.

P. ¿Se prepararon para ello?

R. Sí y no. Teníamos un pequeño grupo, un gabinete de guerra dentro del ministerio, unas cinco personas para preparar sobre el papel todo lo que habría que hacer. Pero una cosa es hacerlo en teoría y otra preparar al país.

P. Y en sus últimas semanas, ¿sintió que se dirigían hacia esa decisión?

R. Mi opinión era que debíamos tener mucho cuidado para no activarla. No quería que se convirtiera en una profecía autocumplida. Pero también pensaba que, en cuanto el eurogrupo cerrase los bancos, deberíamos impulsar el proceso.

P. Es decir, había dos opciones, una salida inmediata o imprimir pagarés y hacerse con el control del Banco de Grecia, que quizá podría haber precipitado la salida.

R. Claro, nunca pensé que debíamos abandonar directamente la moneda. Mi postura era que, si cerraban los bancos, que era una medida increíblemente fuerte y agresiva, deberíamos responder en la misma medida pero sin cruzar el punto de no retorno. Deberíamos emitir nuestros propios pagarés o anunciar la emisión de nuestra propia liquidez en euros, recortar los bonos griegos de 2012 que tenía el BCE o al menos anunciar nuestra intención de hacerlo, y hacernos con el control del Banco de Grecia. Eran mis tres medidas en caso de que el BCE cerrase nuestros bancos.

Advertí a mis colegas de que iba a pasar, para obligarnos a aceptar un acuerdo humillante. Pero, cuando llegó el momento –ante la incredulidad de muchos de ellos–, mi propuesta fue rechazada. Solo me apoyó otro ministro. Me ordenaron cerrar los bancos de acuerdo con el BCE y el Banco de Grecia y, aunque estaba en contra, lo hice porque acepto las decisiones colectivas.

Entonces se celebró el referéndum, que nos dio nuevo impulso y nos habría permitido tomar esas medidas, pero esa misma noche el gobierno decidió que el restallante No del pueblo no iba a dinamizar nuestra respuesta, sino que iba a servir para hacer concesiones importantes: nuestro primer ministro se reuniría con los líderes políticos e iba a aceptar que, ocurriera lo que ocurriera, nunca nos mostraríamos agresivos. En definitiva, nos habíamos rendido. Dejamos de negociar.

P. Cambiando de tema, ¿puede usted explicar en términos sencillos sus objeciones al Capital de Piketty?

R. Antes que nada, me da mucha vergüenza, porque Piketty nos ha dado a mí y al Gobierno un apoyo extraordinario, y yo hice una crítica horrible de su libro. Le agradezco mucho su postura de los últimos meses. Pero mis críticas siguen siendo válidas. Tiene razón en sus sentimientos sobre las desigualdades pero su análisis está equivocado.

P. ¿El problema está en su forma de medir la riqueza?

R. Sí, utiliza una definición de capital que hace que el capital sea imposible de comprender; es una contradicción.

P. Volvamos a la crisis. ¿Qué relación tiene con [Alexis] Tsipras?

R. Le conozco desde finales de 2010; en esa época yo era un destacado crítico del gobierno, pese a haberlo apoyado anteriormente. Tenía amistad con la familia Papandreu –sigo teniéndola–, pero llamó la atención que un antiguo asesor dijera que estábamos negando la existencia de la bancarrota y tratando de ocultarla con nuevos préstamos insostenibles. Tsipras era un líder muy joven que quería entender lo que estaba pasando y construir su posición.

P. ¿Recuerda su primer encuentro?

R. Sí. A finales de 2010, en una cafetería. Estábamos tres, y recuerdo que no tenía muy clara su opinión sobre el dracma frente al euro, las causas de la crisis, y yo en cambio tenía opiniones muy firmes. Iniciamos un diálogo que se prolongó durante años, y creo que pude influir en su posición.

P. ¿Qué siente ahora, después de cuatro años y medio, al no estar ya a su lado?

R. No lo siento así, seguimos estando muy próximos. Ha sido una despedida muy amistosa. Nunca tuvimos un conflicto entre nosotros. Y también tengo muy buena relación con Euclides Tsakalotos [el nuevo ministro de Finanzas].

P. ¿Ha hablado con ellos esta semana?

R. Con Tsipras no, pero con Euclides sí, es un buen amigo, y no envidio en absoluto su situación [risa irónica].

P. ¿Le sorprendería que dimitiera Tsipras?

R. Ya no me sorprende nada, nuestra eurozona es un lugar incómodo para las personas decentes. Tampoco me sorprendería que se quede y acepte un pésimo acuerdo. Comprendo que se siente obligado con los que nos han apoyado y no quiere que nuestro país se convierta en un Estado fallido. Pero no voy a cambiar mi opinión, la misma desde 2010, de que Grecia debe dejar de aplazar y fingir, debemos dejar de pedir nuevos préstamos y fingir que hemos resuelto el problema, cuando no es verdad; cuando nuestra deuda es todavía menos sostenible con nuevas medidas de austeridad que hunden aún más la economía y el peso recae cada vez más sobre los que no tienen nada, con la inevitable crisis humanitaria. No estoy dispuesto a aceptarlo. Que no cuenten conmigo.

Esta entrevista se publicó el 130715 newstatesman.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Ricardo em 140715Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] en El Mundo, 140715.

Así hartó Tsipras al Eurogrupo

Carlos Segovia en El Mundo, 290615.

La forma de negociar del primer ministro griego ha conseguido que cierren filas en su contra todos los demás jefes de Estado y de Gobierno, ya sean miembros del Partido Popular Europeo o el Socialista. A Mariano Rajoy le llamó la atención el pasado viernes la rapidez con la que el avión oficial del primer ministro griego despegaba en Bruselas al término del Consejo Europeo. Como el resto de líderes europeos, desconocía que Alexis Tsipras se apresuraba a regresar a su país para lanzar el desleal órdago del referéndum y que culmina cinco meses de caótica negociación.

Enero 2015. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, gana las elecciones, proclama la muerte de la Troika y se niega a cumplir el programa de rescate en vigor. También anuncia que va a dar marcha atrás a las reformas iniciadas por su antecesor, Andonis Samaras. Su nuevo ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, reclama un quita de la deuda (pese a que el 70% corre a cargo de sus socios europeos).También solicita ayuda financiera adicional del Eurogrupo para poder seguir haciendo frente a sus compromisos de pago sin condiciones. El Eurogrupo rechaza tales peticiones y señala que sería injusto para países como Portugal.

Febrero 2015El Banco Central Europeo anuncia el día 5 que, dado que Grecia no quiere cumplir el programa de rescate, no puede aceptar ya su deuda como garantía en préstamos. Si los bancos querían liquidez, tendría que ser a través de líneas de emergencia. El presidente del BCE, Mario Draghi, asestó así el primer golpe de realidad para Tsipras. El líder de Syriza consigue, no obstante, cierto apoyo de los jefes de Gobierno socialistas en Francia, Italia y el presidente de la Comisión Europea recuerda que él mismo tenía previsto acabar con la Troika por sus errores del pasado. El Eurogrupo alcanza un acuerdo el día 20 con Grecia. Tsipras debía respetar el acuerdo en vigor con su antecesores, pero le ofrece flexibilidad de modo que pueda cambiar algunas reformas y afrontar un objetivo de superávit más suave. El rescate se prorrogaba hasta el 30 de junio y, si los griegos cumplían, el Eurogrupo desembolsaría los 7.200 millones pendientes.

Marzo 2015. Tsipras acusa a Mariano Rajoy y al primer ministro portugués Pedro Passos Coelho de montar un complot en Bruselas para que haya línea dura de Bruselas con Grecia. Rajoy pide al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, que desautorice las palabras del griego y el luxemburgués da la razón al español.

Mayo 2015. Pasa el tiempo sin que Atenas mueva ficha real y no concreta las reformas que desea hacer para cumplir los objetivos del programa. Las negociaciones no avanzan y, en paralelo a la Cumbre de Riga, la democristiana alemana Angela Merkel y el socialista francés François Hollande, emiten un idéntico comunicado en el que muestran a Tsipras que no hay diferencias entre ellos y le urgen a cumplir. Varufakis desvela, para estupefacción de sus socios, que graba reuniones secretas del Eurogrupo. Sus homólogos no lo quieren como interlocutor.

Junio 2015. Merkel y Hollande, que acumulan el 40% de la deuda griega, se reúnen sin éxito con el primer ministro griego y piden que la antigua Troika y ahora llamadas Instituciones presenten una propuesta a Grecia y cerrar un acuerdo antes del día 30. FMI, Comisión Europea y BCE logran cerrar una propuesta común que Tsipras rechaza por “inaceptable”. El Gobierno griego presenta por fin contrapropuestas que son calificadas de insuficientes. Tsipras sorprende entonces moviendo ficha y haciendo concesiones inéditas hasta la fecha. Sus socios se animan a convocar un Eurogrupo el día 22 y un Consejo Europeo posterior al más alto nivel para intentar cerrar un acuerdo. Las cumbres se suceden y, sin embargo, el acuerdo no llega, porque, siempre según la versión del Eurogrupo, Tsipras no solo presenta medidas limitadas casi exclusivamente a aumentar impuestos poco propensas a generar crecimiento, sino que reclama más financiación de la prevista en el programa de rescate. “Con lo complicado que resultó poner de acuerdo a FMI, BCE o Comisión para una oferta común, Tsipras y Varufakis no reaccionaban y ninguneabas a sus homólogos sin presentear propuestas para desbloquear la situación”, lamenta una fuente del Eurogrupo.

El fin de semana. El primer ministro griego acude el viernes 26 al Consejo Europeo en Bruselas y rechaza la última propuesta de las instituciones. Regresa a su país sin desvelar sus planes a sus socios europeos y solo a su llegada a Atenas anuncia que convoca un referéndum sobre “el chantaje” del Eurogrupo. Los ministros de Finanzas se reúnen el sábado 27 indignados por lo que el español Luis de Guindos, entre otros, califica de “ruptura unilateral” de conversaciones. Varufakis no participa ya en la segunda mitad del encuentro. El Gobierno griego pide el domingo 6.000 millones de liquidez al BCE ante la angustiosa situación de sus bancos por la retirada masiva de depósitos, pero éste se limita a mantener la línea de emergencia con posibilidad de cortarla en cualquier momento. La suerte estaba echada. Tsipras anuncia el temido corralito y pide a su pueblo que no tenga miedo. Los inversores se movilizan ante la nueva crisis en la Eurozona. El Gobierno español, entre otros, se prepara para un mes de turbulencias en los mercados y el hastío llega incluso al primer ministro italiano, el socialista Matteo Renzi, que asegura a Tsipras que se está jugando seguir en el euro. Nada menos.

Postdata. La versión de Tsipras. Tras la publicación de este artículo, el primer ministro griego ha ofrecido una versión opuesta en una entrevista televisiva en su país. Presenta al FMI, el BCE, la Comisión Europea y el Eurogrupo como un contubernio que “no quiere buscar puntos en común, sino medidas extremas”. Asegura que su propuesta final “fue aceptada”, pero que después “las instituciones dieron marcha atrás”. Sostiene lo mismo sobre la petición griega de una prórroga del rescate. El lector juzgará, pero ya es llamativo que solo haya un gobierno, el griego, que sostiene esta versión y los otros 18 del euro, de todo pelaje y parámetro ideológico, la otra.

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Notas.-

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