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EQM_160715Oriol Junqueras: “Procuramos colarle goles al Estado” [El País, 160715].

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Artículo 155, de la Constitución Española.

1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

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¿Hasta cuando, Mariano?

Dice Junqueras que procuran colarle goles al Estado. No le llama golpes por una ‘p’. Llevan años así, aprovechando una conjunción planetaria que ya hubiera querido la Pajín para su adorador arruinador ZP.

Fíjense vds: un Mariano manso, muy manso. Un Pedrito analfabeto perdido. Un PP catálan y un PSC hundidos de tanta vaselina usada en favor del nacionalismo.

Nuestro aún Presidente del Gobierno de España, Mariano, reclamando hoy, por enésima vez, “prudencia, sensatez, moderación y sentido común” al Arturo Mas, sigue dando por buena una estrategia consistente en dejar pasar el tiempo, ya años, desde el 11 de septiembre de 2012, sin que le importe un comino el daño, coste social y económico, que tal permanente desafío, tensión, está suponiendo a la seguridad jurídica, a los mercados, a las inversiones, a la imagen de España, a su propio partido, y, sobre todo, a unos españoles y, particularmente catalanes, que están ya de vuelta ante cualquier esperanza de que, por ejemplo, el Estado les garantice el cumplimiento del principio de legalidad, la educación deseada para sus hijos o un modelo de Estado claro y estable.

Muchos, desde la vergüenza en los inicios del proceso indipendentista, hemos pasado a la sensación más profunda de asco e impotencia.

Porque eso es lo que produce tener que convivir con dos procesos saturados de cobardía e indignidad: este que comento hoy y el proceso de paz del País Vasco.

EQM

Un año de Libres e Iguales

[Comunicado]

En el primer aniversario de su manifiesto y ante la pretensión del nacionalismo de convertir las elecciones autonómicas del 27-S en un plebiscito por la secesión de Cataluña, Libres e Iguales reclama:

1. Al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña: un esfuerzo urgente y extraordinario para que resuelva antes de las elecciones la situación procesal del presidente Mas, de tal modo que los ciudadanos no tengan que votar a un político bajo sospecha.

2. Al Gobierno de Mariano Rajoy: una evaluación inmediata y rigurosa de los supuestos inconstitucionales que podría haber en el planteamiento electoral diseñado por el nacionalismo. Tanto en su forma plebiscitaria como en su finalidad secesionista.

La convocatoria electoral del 27-S demuestra que la táctica del apaciguamiento, manifestada específica y desalentadoramente ante la consulta del 9-N, no ha servido para lograr la vuelta a la razón política del nacionalismo catalán. El desafío continúa y Cataluña se ha instalado en un limbo legal y moral. De ahí que tanto en el periodo electoral como en la concreción que puedan tener las amenazas proyectadas por el gobierno de la Generalidad, el presidente del Gobierno de España deba actuar como un demócrata militante.

3. Al Partido Popular de Cataluña, Partido Socialista de Cataluña, Ciudadanos, y Unión, Progreso y Democracia: que incluyan en sus listas electorales, de forma simbólica, a personas que vivan en otros lugares de España a fin de subrayar el compromiso de los españoles en la defensa de su ciudadanía común. Y decimos de forma simbólica porque, significativamente, a diferencia de lo que ocurre en las elecciones generales y municipales, en las que el lugar de empadronamiento no limita el sufragio, en el caso de las elecciones al Parlamento catalán sólo pueden ser candidatos los ciudadanos empadronados en Cataluña.

4. Al margen de las imprescindibles actuaciones jurídicas, el secesionismo debe ser derrotado políticamente. Por lo tanto hacemos un llamamiento a los ciudadanos españoles y en especial a los de Cataluña para que desde ahora se movilicen enérgicamente contra el ataque más serio a su libertad e igualdad desde la restauración democrática. En este sentido, Libres e Iguales anuncia su intención de implicarse activamente en la campaña electoral catalana.

LEY, 160715.

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Libres e Iguales, épica y mística constitucional

De los talleres del maestro plagiario Leonard Giovannini nos llega esta tabla conmemorativa del primer aniversario de Libres e Iguales. Aniversario que el Maestro ha querido celebrar con la enésima versión de la Moreneta, afrancesada comme d’habitude; y sin duda a don Albert le agradará verse representado como Gilles de Rais, ese muchacho tan entregado a la causa aunque, ay, tan travieso. Esta obra ha contado con la participación involuntaria de Donato Giancola y lleva por título Libres e Iguales, épica y mística constitucional.

LEI, 150715.

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Cataluña otra vez

Bieito Rubido en ABC, 16/07/15.

Si no fuese porque nos estamos jugando la unidad de España, lo de Cataluña sería para tomárselo a broma. Analizarlo en serio arroja al precipicio de la melancolía. Nueva amenaza de secesión en seis meses. El buenismo y las terceras vías del PSOE se han demostrado inútiles. El hecho cierto es que los de siempre siguen violentando las leyes democráticas a la brava, para saltarse una y otra vez las normas elementales de convivencia e imponer su punto de vista. Entre ellos, Artur Mas, que ostentará el dudoso mérito de convocar una tercera elección cuando debería estar terminando su primera legislatura, además del de extinguir a su partido.

Ya lo escribimos muchas veces, y lo repetiremos mil más: la actual Cataluña es el resultado de un trabajo de ingeniería social por parte de unos, y de dejación y miopía por la de otros. Así a lo largo de tres décadas. Llegamos al final de un proceso tan eficaz como perverso. El problema es que desactivarlo requiere años y puede resultar casi imposible si la comunicación y la formación permanecen en manos de los dinamiteros. Con todo, lo peor es la negación o la ficción de soluciones imposibles.

Mas impone su ruta

El pacto soberanista lleva a una peligrosa dinámica de confrontación

Editorial de El País, 160715.

Artur Mas se ha salido finalmente con la suya. El acuerdo para concurrir a las elecciones del 27-S con una lista unitaria del soberanismo se acerca mucho a la hoja de ruta que trazó el 25 de noviembre, tras la consulta del 9-N. Con esa propuesta, Mas lanzaba un órdago en el que arriesgaba mucho pero que, de salirle bien, debía permitirle salvarse, refundar el partido y dejar atrás el lastre que supone una muy discutible gestión de gobierno y los escándalos de corrupción que afectan al partido y a su fundador, Jordi Pujol. El primer paso está dado; el segundo, la refundación, será abordado este mismo fin de semana. Aunque de forma agónica y sin resuello, el presidente ha conseguido sacar adelante su estrategia a costa de fagocitar todo lo que se mueve a su alrededor y de abocar la política catalana a cotas de inestabilidad nunca conocidas.

La propuesta de lista unitaria dejó noqueados durante meses a sus socios y a la vez rivales de Esquerra Republicana, que finalmente han resultado ser los grandes perdedores del envite. De acariciar la idea del sorpasso —en algunas encuestas ERC llegó a superar a CiU— ha pasado a diluirse en una candidatura que tendrá como principal beneficiario a Artur Mas. El hecho de que el presidente figure en cuarto lugar, seguido de Oriol Junqueras, es solo una cuestión de cosmética electoral, pues lo que cuenta es que el acuerdo incluye el compromiso de que Mas sea investido presidente, si ganan las elecciones, al frente de un Gobierno de coalición.

Tanto en la lista como en el futuro Gobierno, el acuerdo petrifica un reparto de poder del 60% para Convergència y del 40% para Esquerra, lo que para los republicanos representa el abrazo del oso que tanto temían. Solo la CUP ha tenido la inteligencia de salir del círculo envolvente con el que Mas pretende salvarse a costa de los demás.

El acuerdo permite también a Mas capitalizar buena parte de las energías movilizadas por las entidades, cuyos principales dirigentes se integran en la lista. Y en el colmo del tacticismo, se ha elegido para encabezarla a Raúl Romeva, un exeurodiputado de Iniciativa per Cataluña. Con esta maniobra el soberanismo trata de neutralizar el empuje que, según las encuestas, tendría en Cataluña una candidatura de confluencia entre Podemos, Iniciativa y otras fuerzas de izquierdas.

Que finalmente haya conseguido imponer su estrategia no significa que sea menos insensata. Al contrario. Lleva a la política catalana y española a un escenario de incertidumbre muy peligroso. En estos meses de soterrada pugna por la hegemonía interna, el soberanismo ha mostrado su extrema debilidad como proyecto político, con grandes dosis de improvisación y ocurrencias como la de concurrir a las elecciones con una lista sin políticos. En el último momento ha salvado los muebles, pero los catalanes se ven ahora abocados a una peligrosa dinámica de división social. La pretensión de emprender una vía unilateral de “desconexión” del Estado si la lista soberanista gana las elecciones abre inquietantes perspectivas. Pero los electores no deben olvidar que hay otros actores, con otras propuestas, y que lo que se decide, en primer término, es la continuidad o no de Mas al frente del Gobierno.

Con claridad

Francesc de Carreras en El País, 160715.

CDC y ERC deben concretar cuál es la mayoría (¿de votos? ¿de escaños?) que juzgan necesaria para intentar la independencia y qué pasos piensan dar a continuación para conseguirla

Todo ha estado a punto de naufragar, hasta Pilar Rahola proclamaba que el independentismo estaba haciendo el ridículo. Sin embargo, como siempre, en el último minuto, se han salvado los muebles: la lista conjunta con Esquerra Republicana que Artur Mas quería presentar a las elecciones del próximo 27 de septiembre parece que es un hecho. CDC ha ganado el pulso a ERC, Mas ha doblegado a Junqueras al salirse con la suya. Pero creo que el conjunto del movimiento independentista ha salido ganando. Las llamadas “plebiscitarias”, en la medida que pueden serlo, serán plebiscitarias. Objetivo cumplido.

Efectivamente, elecciones y plebiscito son dos conceptos distintos e, incluso, antagónicos: o elecciones o plebiscito, pero no las dos cosas a la vez. En las elecciones, los ciudadanos eligen a unos diputados para que les representen en una cámara, en los plebiscitos (o referéndums) el pueblo se pronuncia sobre una determinada cuestión relevante. Se pueden establecer distinciones entre plebiscitos y referéndums pero deberíamos entrar en sutiles distinciones porque la doctrina no es unánime y el ordenamiento jurídico vigente no soluciona este problema porque no contempla el término plebiscito.

En todo caso, existe unanimidad en que las elecciones son un instrumento básico de la democracia representativa y los plebiscitos o los referéndums son formas típicas de ejercer la democracia directa. Así pues, elecciones y plebiscitos o referéndums pertenecen a procesos democráticos de naturaleza distinta.

Ahora bien, puestos a ser creativos, ¿cabe hablar de elecciones plebiscitarias? Está claro que las elecciones que convocará el presidente de la Generalitat —si mantiene la decisión y la fecha anunciada— son elecciones, y sólo elecciones autonómicas, reguladas en la legislación vigente. Jurídicamente no se distinguen de ninguna de las convocadas desde 1980: los ciudadanos de Cataluña sólo elegirán diputados y no se pronunciarán, ni de forma vinculante ni de forma consultiva, sobre ninguna otra cuestión que no sea esta.

Pero no deja de ser cierto que si varias listas electorales explicitan de forma clara e inequívoca en su programa que su opción preferente, en caso de tener mayoría, es proclamar la independencia, de facto están introduciendo un matíz a estas elecciones que políticamente las convierte, en cierta manera, en un plebiscito sobre si los catalanes quieren o no la independencia de Cataluña, si desean o no su separación del resto de España y si aspiran a que se constituya inmediatamente como un Estado soberano.

Para que ello sea así, para que este matíz se introduzca con una cierta seriedad, los partidos independentistas deben ser claros en sus planteamientos, deben explicar en sus programas no sólo cuál es su finalidad sino también cuál es su plan para llevar a cabo la independencia. De ahí la ventaja del acuerdo de anteayer entre Convergència y Esquerra. Sería conveniente, además, que la CUP, también independentista, partido con el que ambos mantienen abismales diferencias en aspectos económicos y sociales, se sumara al mismo plan en idénticos términos.

Pero, en todo caso, CDC y ERC, que patrocinarán una sola lista, deben concretar su proyecto cuando menos en dos aspectos esenciales: determinar cuál es la mayoría (¿de votos? ¿de escaños?) que juzgan necesaria para dar los pasos siguientes para alcanzar la independencia y aclarar si sigue vigente el acuerdo que suscribieron ambos partidos hace unos meses (que incluía la proclamación inmediata de la soberanía de Cataluña y la desvinculación del ordenamiento jurídico actual) o bien si quieren alcanzar otro distinto.

Esto es lo que deben saber los ciudadanos en el momento de ir a votar, con toda exactitud y sin ambigüedad alguna. Naturalmente, todo ello desborda absolutamente la legalidad y el Estado, en su momento, deberá tomar las medidas necesarias para restablecerla, para garantizar los derechos de los catalanes y de todos los españoles.

Si se dieran estas condiciones, unos ciudadanos informados podrían acudir a las urnas para elegir diputados sabiendo lo que votan.

Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional.

Se acabaron las vacaciones

Vuelve la gran plomada, plebiscitos ilegales, victimismo falsario, aires de superioridad

Luis Ventoso en ABC, 16/07/15.

QUÉ pena, se acabaron las vacaciones. Concluida, o más o menos, la tragedia griega, vuelve por sus fueros –nunca mejor dicho– el más clásico de nuestros géneros teatrales, el entremés separatista.

El argumento de la obra es siempre el mismo y se resume en aquello de la montaña que parió un ratón. Primero una gran trompetería anuncia el final del imperio de la ley en Cataluña: las murallas del Estado caerán en tres meses y arribaremos a la tierra prometida de la nueva república. Al PSOE poszapaterista le da un tembleque ante tan verosímil profecía de Mas y Junqueras y responde que la culpa es del lamentable inmovilismo marianesco, que ya está bien, que hay que desmontar los cimientos del Estado de inmediato para dar satisfacción a los sediciosos. La prensa y la radio del progreso exigen diálogo en unos ponderados editoriales, que ningún español al uso comparte, porque la verdad inconfesable es que a estas alturas la España de a pie, de Lugo a Almería, está saturada e incluso asqueada de los desafíos, insultos y permanentes tergiversaciones por parte de un nacionalismo fanatizado.

El profesor Iglesias Turrión, que es de Madrid y supongo que español, intenta rebañar un puñado de votos y con una felonía sin complejos con su país proclama solemne que hay que facilitar un referéndum, y si se quieren ir, chupi, porque 600 años de historia común son un chascarrillo al lado de un pataleo de Mas y su TV3. El periódico más vendido en Cataluña escribe razonables editoriales sobre la pesca del atún en los caladeros índicos, mientras recibe el preceptivo estipendio de la Generalitat. Los tertulianos se olvidan de Varufakis, las lágrimas de Iker y el interludio oriental de Vargas Llosa y retornan a su monotema. Luego Mariano arquea una ceja y acto seguido Soraya le pide al Constitucional que eche un ojo, a ver si la amenaza ilegal es legal o más bien lo contrario. Al cabo de cuatro o cinco meses, este prodigio de dedicación y estajanovismo que es nuestro TC concluye que no, que unas elecciones plebiscitarias pensadas para partir el Estado no parece que encajen demasiado en nuestra Carta Magna, y suspenden la pantomima. Pero cuando llega su fallo hace ya largas semanas que «La Amenaza de Andrómeda» se ha diluido como un azucarillo. Hasta que llegue la próxima iluminación de Mas y Junqueras, empecinados en suplantar la voluntad de los catalanes para instaurar una ruptura regresiva y terriblemente dolorosa, que los propios vecinos no quieren.

Por eso, y sintiéndolo mucho, cuando intenten apoderarse de la canícula a golpe de propaganda y empiecen con una plomada todavía más férrea que los 40 grados de la Meseta, me temo que seguiré el enésimo desafío con un interés breve y evanescente, como un soniquete de fondo, molesto, pero sin consecuencias. Porque la verdad es que Cataluña jamás se va a separar de España, pues va contra la lógica económica e histórica y supondría un triunfo aberrante de la intolerancia y la insolidaridad. Pero sobre todo porque los catalanes, un pueblo admirable desde muchos siglos, son cualquier cosa menos unos suicidas.

Plataforma por Cataluña

José Albert de Paco en LD, 16/07/15.

El catedrático Francesc de Carreras solía decir, cuando mitineaba para C’s en los albores del partido, que en Cataluña no podía hablarse stricto sensu de pluripartidismo, ya que en realidad sólo había una formación: el Partido Unificado de Cataluña, que incluía, con matices más o menos cosméticos, a todos los partidos del arco parlamentario. En cierto modo, sugería De Carreras, la única sigla determinante es la C de Cataluña; si izquierda, derecha, de centro o liberal, es ya un asunto puramente anecdótico. En este sentido, la designación de Raül Romeva como número uno de la lista de Mas no es más que el enésimo refrendo de la existencia del PUC. O lo que es lo mismo: de un déficit de democracia que empieza a hacerse acreedor, si no del rapapolvo de España (¡harto impensable!), sí del de la Unión Europea.

No en vano, todas y cada una de las escenas que el nacionalismo catalán ha brindado estos días han reflejado esta profunda anomalía, empezando, claro está, por el uso discrecional de las instituciones para suscribir pactos partidistas. El gran drama de Cataluña es que la Cosa, como dice Boadella, viene dando una legión de políticos cuyo cometido no es hacer política, sino hacer historia. De ahí, obviamente, que no consideren aberrante okupar el Palau de la Generalitat para celebrar toda suerte de cimeras antiespañolas. Al cabo, la política exige ciertas servidumbres, y la principal de todas ellas es la servidumbre para con la realidad; cuando se trata de ilustrar la enciclopedia, en cambio, todo vale. Más si se trata de la Catalana. La única diputada, por cierto, que ha exigido a Mas, Junqueras y murieles que celebren sus encuentros en su casa, y no en la de todos, es Dolors Camats, de ICV-EUiA.

El candidato Romeva, como recordarán, es el mismo que, a propósito de unas maniobras militares, dijo tener indicios de que el Ejército español estaba tratando de invadir Cataluña. Y que, en razón de esos indicios, reclamó por carta a la UE que llamara la atención al Gobierno de España. Algo antes, en otro de sus raptos grafómanos (todo es literatura, ay) formuló esta pregunta a la Comisión Europea: “¿Cree la Comisión Europea que estos hechos tan graves, vistos por millones de personas, incluidos niños, deben quedar impunes?”. Por “hechos tan graves” el bueno de Romeva entendía el pisotón que Pepe dio a Messi en un partido de Copa del Rey. Y así hasta 2.000 intervenciones, que le valieron, durante la última legislatura, el título de eurodiputado más trabajador.

Charnego, comunista, culé, nacionalista… Va a tener razón mi amigo Oriol Trillas, que hoy me decía: “¡No tengas ninguna duda de que si Vázquez Montalbán estuviera vivo, lo habrían puesto a él en vez de a Romeva!”. El PSUC, en efecto, está al fin a las puertas de gobernar en Cataluña. Si es que alguna vez ha dejado de hacerlo.

r arias em 110715Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] en El Mundo, 110715.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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