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EQM_270715.

Reinar en España

El País, sigue con sus fantasías; el pasado sábado 25 de julio:

“El monarca preguntó a Mas por sus planes, le escuchó con atención y se limitó a actuar desde el ámbito puramente institucional, porque el ejercicio político y el papel de árbitro que le confiere la Ley Fundamental solo le está permitido bajo el encargo del presidente del Gobierno.”

¿Por qué y desde cuándo el Rey sólo modera por encargo del Presidente del Gobierno?

Constitución Española

Artículo 56

1. El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.

3. La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64 […].

Artículo 61

1. El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes […].

Artículo 64

1. Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes. […].

Está claro que el diario interpreta que el arbitaje y la moderación son actos sujetos al 64,1. Lo cual me parece una barbaridad, porque dificilmente se puede arbitrar, moderar, un partido cuando uno de los equipos en liza te da las instrucciones.

En mi opinión el Gobierno sólo es competente en materia de aquellos actos del rey que suponen refrendos al Ejecutivo [p.ej. los RRDD]. Si no fuera así, el rey tendría el simple cometido de ‘mandao’, con lo cual no sé a qué viene tanto cuento de si reina o no.

Su padre, la noche del 23F,  nos dió a todos un claro ejemplo de lo que significa reinar en España. De ahí que se le exija ahora a su hijo que deje de tolerar lo que, en materia catalanista, viene tolerando desde su coronación.

Y que con el lenguaje gestual o vagas generalidades, no sólo no basta sino que se da de comer a la bestia.

EQM.

RAE: Moderar. (Del lat. moder?ri). 1. tr. Templar, ajustar, arreglar algo, evitando el exceso.

RAE: Arbitrar. (Del lat. arbitr?re). 1. tr. Dar o proponer arbitrios. 2. intr. Dicho de una persona: Proceder libremente, usando de su facultad y arbitrio. 3. intr. Dicho de un tercero: Resolver, de manera pacífica, un conflicto entre partes. 4. intr. Dep. Ejercer de árbitro en los deportes. U. t. c. tr. 5. intr. Der. Juzgar como árbitro. 6. intr. ant. Discurrir, formar juicio.

r arias em 250715Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] en El Mundo, 250715, para el texto.

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Retrato ecuestre

Arcadi Espada en El Mundo, 260715.

Querido J:

Me ponen de un pésimo humor excelente los vahídos que van sobrecogiendo a los pequeños burgueses de la ciudad, y que vamos a concretar ahora en Xavier Trías, vahído y burgués. Al anterior alcalde le ha parecido mal que su sucesora Ada Colau haya metido la cabeza de Juan Carlos I en una caja. Bien está. No le pareció mal, sin embargo, que el 24 de diciembre de 2012, en el solemne acto de su última toma de posesión, el presidente Artur Mas tapara con una cortina negra el retrato de Juan Carlos I que preside el Salón de San Jorge. Y que, con algo más de sutileza, pervirtiera democráticamente su promesa institucional cuando dijo: «Sí, lo prometo, con plena fidelidad al pueblo catalán». La vigorosa tradición del desacatamiento en Cataluña es obra principal de Convergència y de Unió. Han desobedecido instrucciones gubernamentales, han desobedecido sentencias y tienen ahora a su presidente imputado por desobediencia. Todo ello por no hablar de los desacatamientos simbólicos, como el que llevó al mismo presidente a sonreír satisfecho en el palco de un club de fútbol mientras la infame turba silbaba al himno y al Rey constitucionales. Su virtuoso ejemplo ha sido muy seguido. Destacó en el pasado don José Montilla, un socialista, que se atrevió a defender el desacatamiento a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto en estos términos inequívocos: «No hay tribunal que pueda juzgar ni nuestros sentimientos ni nuestra voluntad». Y el mismo eco de la desobediencia es el que se advierte ahora en estos hijastros de la convergencia y unión, comunistas escasamente alfabetizados, deudos de la subvención y orgullosos patrocinadores de una vida low cost.

La alcaldesa Colau llamó anteayer a las cámaras y les instó a filmar la decapitación simbólica del Rey Juan Carlos, una operación zafia, sucia, povera en todo su desarrollo (escalera de aluminio, cajas de cartón, funcionarios sudorosos, todo muy de su gusto), que incluso mandó practicar dos veces porque algunos rezagados no habían tomado bien el ángulo. No tengo ni que decirte, mi querido amigo, con qué delectación sumisa recogieron los medios la bruta ceremonia propagandística: los medios se quejan cuando alguien no responde a sus preguntas, pero jamás cuando les entregan hechas las respuestas. Es obvio que la alcaldesa Colau podía haber retirado en cualquier momento nocturno y alevoso el busto del Rey, y mucho más si su angélica intención era la de someterlo al paso del tiempo y a la evidencia de que era ya un rey abdicado. Pero lo hizo a pleno foco, porque lo único que le importaba era la ofensa.

Colau ha tenido sólidos maestros autóctonos en la artesanía del populismo. Y es difícil negarle el derecho a ofender en nombre del republicanismo cuando otros han ofendido al mismo Rey en nombre del catalanismo. Pero es que, además, y a diferencia de los vahídos burgueses, no ha engañado a nadie. Como ya te escribí acerca del asunto del negro Zapata esto es exactamente lo que el pueblo soberano (y a veces fundador) ha elegido. No hay traición, ni tan siquiera exceso. Colau ha prohibido la misa de homenaje que cada 19 de julio se organizaba en el Castillo de Montjuïc, en memoria de las víctimas de la justicia, pero también de la venganza, republicana. Entre ellas, por cierto, hay bastantes antepasados de los burgueses vahídos. Y ha anunciado, también, una revisión del peso que la simbología de la derecha política tiene en la monumentalidad y el honor lapidario de la ciudad. Unas intenciones coherentes con su programa político y con su corte de cara. Aunque habrán de pasar, sin embargo, sus pruebas de fuego. Yo comprendo que para empezar la alcaldesa se entretenga con piezas menores, tipo Juan Carlos, Felipe VI, y los descendientes de fusilados y paseados de la Guerra Civil. Pero la hora de la verdad llegará cuando decida qué hacer, por ejemplo, con los honores que Barcelona rinde a Francesc Cambó, fundador del catalanismo y, en consecuencia, generoso financiador del Alzamiento Nacional. En fin: estoy seguro que la alcaldesa y su Pisarello no defraudarán a sus votantes, y le quitarán a Cambó su avenida y su estatuta, porque ellos han venido a cambiar el mundo y no a hacer la gara-gara.

La ofensa de Colau a la monarquía constitucional española, similar a las del alcalde Kichi de Cádiz, deben ser interpretadas a la luz del viejo precepto de la izquierda española de abolengo: esto es, que no hay mayor distinción entre el franquismo y la democracia, y que el dictador Franco es el que ha nombrado Rey a Felipe VI. Los populistas empiezan a tratar los símbolos constitucionales como algunos demócratas trataron a los franquistas y retiran bustos del Rey viejo como si fueran estatutas ecuestres de Franco. La melopea es total, pero por ese coñac se los votó. Lo interesante, en lo que nos ocupa y lo que vincula el telón negro sobre el Rey a su decapitación low cost, es que esa confusión deliberada entre dictadura y democracia es la misma que practica el nacionalismo cuando asegura que la ley democrática no puede interponerse en el camino de Cataluña hacia su libertad ayurvédica.

Mi querido y viejo amigo, se avecinan tiempos de un gran cromatismo. Mi impresión es que habrá que tocar fondo. De algún modo es necesario que todo este proceso de desequilibrio político culmine en un acto que las generaciones se pasen unas a otras como una cajita de caca. La última vez que España tocó fondo fue el 23 de febrero de 1981. En cuanto a nosotros, sentimos entonces una vergüenza estética, que es por donde entra siempre la ética, similar a la que ahora nos inspira el doble populismo. Pero fue cierto que tocar aquel fondo miserable impulsó el país hacia su mejor época.

Sigue con salud

A.

La visita que tiró la puerta

Federico J. Losantos en El Mundo, 200715.

SERÍA injusto achacar sólo al Rey -aplaudido por Soraya– el soberano error de recibir a Mas en Zarzuela tras anunciar esa lista común en la que él es el candidato emboscado a la Presidencia de la Generalidad con el único plan de proclamar la independencia de la República Catalana y «desconectarla» del resto de España, la nación que seguirá sufragando el famoso proceso (el prusés, que dice Jesús Cacho) porque Cataluña está en quiebra y la estrategia de Rajoy en Cataluña consiste en pagar el voto a Sánchez Camacho como si fuera el rescate de Grecia. En realidad, más: España ha palmado ya 29.000 millones y debe dar otros 10.000 a la banda de Atenas, pero Cataluña tiene un agujero de 50.000 millones de euros que Rajoy ha ido cubriendo con monstruosas subidas de impuestos, mientras decía que se oponía al prusés. Falso. Anunció el año pasado que no habría referéndum y lo hubo. Dijo que castigaría el gravísimo delito de sedición perpetrado por el máximo representante regional del Estado y se limitó a denunciarlo… y a asegurarse de que, tras diez meses, siga sin resolverse.

Pero después del referéndum golpista -nunca pretendió cumplir la Ley- se produjo un suceso del que fue protagonista directo Felipe VI y que ha calado muy hondo en la sensibilidad ciudadana, esa que Rajoy puede despreciar y desprecia, pero el Rey, no. Me refiero a la ofensa a la nación española en el Nou Camp, preparada por el Barcelona, tolerada por Rajoy y celebrada por el mismo Mas a la altura de la Real Axila: la pitada al himno nacional y al Rey, que no representaba allí la Corona sino a España. Si Felipe VI llega a tener reflejos ese día y se va del palco tras terminar el himno, la Monarquía estaría consolidadísima. Pero el Rey, desde su coronación, presume de comportarse como monarca constitucional. Muy bien… si en Cataluña el Gobierno hiciese cumplir la Constitución. No es así. Sigue reunido el comité de Cardenal, el amigo culé de Rajoy, para sancionar al Barça, cuyo presidente presume de que el club va a romper España y a jugar la Liga. O sea, lo de Grecia y Europa. Cardenal Brey, Villar y Tebas pueden tolerarlo, pero esto es ya intolerable. Y el Rey no puede ser abducido por la política gallinácea de Rajoy hasta su anulación institucional. A una visita que viene a derribar la puerta no se le recibe jamás.

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260715. José Antonio Zarzalejos. Letonia, capital Barcelona.
260715. Jorge Edwards. La utopía improvable.
250715. PJ Ramírez. El último tren a Katanga.
230715. Santiago Roncagliolo. Perdiéndonos la fiesta.
230715. Gabriel Albiac. Cataluña sagrada.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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