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JC S Sebastián_4Brindis de Enrique Ponce a Don Juan Carlos, en la corrida del pasado jueves día 13 en la Plaza de Toros de Illumbre o Donostia Arena [1998, San Sebastián], donde se vuelven a celebrar espectáculos taurinos después del paréntesis de dos años protagonizado por Bildu. Detalle de la fotografía de Juan Herrero [EFE].

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Francés y emérito

Que tengan que ser, con todo el reconocimiento que por ello merecen, un rey emérito como D. Juan Carlos o un torero francés como Sebastián Castella quienes defiendan simbólicamente el mundo de la tauromaquia española demuestra biren a las claras el grado de deterioro en que se ha instalado la sociedad española.

Estamos hablando de la fiesta nacional por antonomasia, de un patrimonio cultural exportado a medio mundo, de una industria de produce millones de euros y decenas de miles de puestos de trabajo. De un atractivo turístico de primera magnitud para un país que recibe más de 30 millones de visitantes anuales.

Pues eso: una mayoría afectada y silenciosa contempla, impávida, cómo simples grupetes de animalistas le arruinan la vida y, sobre todo la libertad de acudir libremente a un legal y legítimo espectáculo único y/o de vivir participando, directa o indirectamente,  de los beneficios que la tauromaquia supone.

Mientras tanto, el Gobierno de España, medroso, observa cómo el Gobierno de Francia se apresura y esmera en defender lo que para ellos es, sin dudas ni abandonos, un patrimonio cultural también propio y, por lo tanto, incuestionable en cuanto a su legítima conservación y, desde luego, desarrollo.

Si aquí nos creemos que patrocinando medio a escondidas un I Congreso Internacional de la Tauromaquia celebrado recientemente en Albacete, vamos a salir de semejante desvergüenza, estamos apañados.

Porque no se trata de conseguir que la tauromaquia se convierta en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, que también, sino de salvaguardarlo, nosotros, de los constantes atropellos por parte del nacionalismo y del populismo animalista.

Mucha pena.

EQM

Castella y nuestra libertad

El torero francés tiene razón. No son los toros, es la libertad lo que quieren abolir.

Hermann Tertsch en ABC, 140815.

«El problema (…) es que está mal visto decirlo. Pero o se acaba el tiempo de la vergüenza o se acabará el nuestro. Y primero cercenarán nuestra libertad, y después seguirán muchas otras». En una semana aciaga, repleta de terribles noticias, crímenes nefandos y política ridícula y demoledora a un tiempo; en el marco de la vulgaridad insufrible de la actualidad española, surgía como espectacular e inverosímil brote de frescura, dignidad e inteligencia en la desolación de un páramo, una carta de un torero. Es un escrito abierto del matador francés Sebastián Castella en defensa de la tauromaquia. Pero es sobre todo un claro, profundo y firme alegato en defensa de la libertad y en especial en defensa de la libertad de los españoles.

Ha tenido que ser un torero francés el que trajera el coraje y las palabras españolas adecuadas, ajustadas, perfectas, para denunciar lo que sucede en España ante la indolencia y pasividad culpable de sus autoridades, la cobarde inhibición de las élites y la miserable complicidad de supuestas fuerzas democráticas y tantos medios de comunicación voceros de los totalitarios. Ha sido Sebastián Castella el que ha roto con la tradición de los cobardes lamentos y quejidos lastimeros tan propios del mundo del toro y casi todos los mundos españoles actuales, y ha elevado el tono hasta la digna exigencia de respeto al honor y al derecho propio, pero también de todos los españoles. Como un pastor Martin Niemöller en esta España débil y acobardada en la que los extremistas totalitarios creen llegada su hora triunfal y los ciudadanos que quieren ejercer sus libertades no tienen quien les defienda, Castella advierte que quienes callen ante el acoso y la destrucción de las libertades de unos, pronto verán como los mismos arrasan las suyas. Serán cómplices y víctimas a un tiempo.

«Cada día presencio con estupor cómo se vulneran derechos fundamentales que, como ciudadano europeo, me corresponden», dice Castella. «Aquellos que estamos en el mundo del toro, como profesionales o como aficionados, somos ciudadanos de segunda, a quienes se nos cercena nuestra libertad de expresión y creación artística en nombre de una presunta corriente animalista que no encierra más que una persecución política e ideológica. Se vulnera nuestro derecho al honor acusándonos día tras día de asesinos y se nos priva de nuestro derecho al trabajo cerrando plazas por capricho de quienes, enarbolando la supuesta bandera de la progresía, se creen en el derecho de arrebatarle la libertad a un pueblo que necesita gobernantes que gobiernen por y para todos, incluidos los que les gustan los toros, que somos unos cuantos millones en toda España».

Ayer los donostiarras recuperaron la libertad de acudir a ver los toros. Con la presencia del Rey Juan Carlos, largamente aplaudido. La recuperaron parcialmente, porque desde días antes el anuncio de manifestaciones disuadía a muchos de acudir «para no dejarse ver», «por no significarse», «por evitar líos». La maquinaria intimidatoria del extremismo funciona. Aunque después fueran muy pocos los que insultaban y hubieran agredido a los asistentes de no haber sido muy nutrida la presencia policial. El discurso de la supremacía moral de la izquierda que otorga práctica impunidad a sus agresiones es eficaz ya en toda España. Y la gente tiene miedo. Como bien dice Castella, los españoles no luchan contra quienes quieren cercenar sus libertades. Y ponen esas excusas que han hecho de los españoles uno de los pueblos con más miedos de Europa. Grupos cada vez más extremistas del izquierdismo, del separatismo, del animalismo y de lo que haga falta, creen poder aprovechar este momento para imponerse definitivamente en España y acabar con la sociedad libre. Castella tiene razón. No son los toros, es la libertad lo que quieren abolir.

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Carta de Sebastian Castella [Francia, 1983] , divulgada el pasado 10 de agosto a través de los medios, en defensa de la tauromaquia

Sr. Director:

Mi nombre es Sebastián Castella y soy matador de toros. Sé que en los tiempos que corren no es la mejor carta de presentación, pero precisamente por eso me dirijo a usted, cansado de que los toreros nos hayamos convertido en moneda de cambio política y nuestra imagen sea vilipendiada día tras día en el panorama informativo.

Soy francés, afincado en España desde hace casi veinte años. Siempre he admirado a los españoles como pueblo que, históricamente, ha defendido y luchado por su libertad. Y ahora, sinceramente, no lo reconozco.

Cada día presencio con estupor cómo se vulneran derechos fundamentales que, como ciudadano europeo, me corresponden: el derecho a la libertad y la seguridad que reconoce el artículo 6 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea; el derecho a la libertad de pensamiento recogido en el artículo 10 del mismo documento; el derecho a la libertad de expresión y libertad de las artes amparados por los artículos 11 y 13 de dicha carta; o la prohibición de cualquier tipo de discriminación reconocida por el artículo 21 de ese mismo documento.

Si de las leyes españolas hablamos, como ciudadano francés residente en España me irrita ver cómo se vulneran diariamente, cuando al toreo se refiere, los artículos 14 (“Los españoles son iguales ante la ley”), 18 (“Se garantiza el derecho al honor”), 20 (“Se reconocen y protegen los derechos […] a la producción y creación artística”) ó 35 (“Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo”).

Porque, en efecto, aquellos que estamos en el mundo del toro, como profesionales o como aficionados, somos ciudadanos de segunda, a quienes se nos cercena nuestra libertad de expresión y creación artística en nombre de una presunta corriente animalista que no encierra más que una persecución política e ideológica. Se vulnera nuestro derecho al honor acusándonos día tras día de asesinos y se nos priva de nuestro derecho al trabajo cerrando plazas por capricho de quienes, enarbolando la supuesta bandera de la progresía, se creen en el derecho de arrebatarle la libertad a un pueblo que necesita gobernantes que gobiernen por y para todos, incluidos los que les gustan los toros, que somos unos cuantos millones en toda España.

El problema, Sr. Director, es que está mal visto decirlo. Pero o se acaba el tiempo de la vergüenza o se acabará el nuestro. Y primero cercenarán nuestra libertad, y después seguirán muchas otras. Por eso desde estas líneas quiero hacer un llamamiento no solo a los aficionados a los toros o a los que alguna vez han pisado una plaza, sino a todos aquellos que quieren un país libre, libre de verdad: vamos a juntarnos, a darnos la mano; vamos a alzar la voz y a decir con orgullo que queremos ejercer nuestra libertad para ir a los toros sin que nos acorralen en las puertas de las plazas; para decir que nos gustan los toros sin que nos llamen asesinos. Porque hoy son los cosos taurinos, pero mañana será cualquier otra manifestación artística que no les caiga en gracia. El pensamiento único es así.

El toreo no es de izquierdas ni de derechas. No es político. Es de poetas, pintores y genios. De Lorca y de Picasso, dos artistas poco sospechosos de fascistas ni asesinos. Es del pueblo.

Salgamos del armario y llenemos las plazas. Tomemos las calles. Son tan nuestras como de los prohibicionistas. Y nosotros somos más. Y podemos gritar más fuerte.

Diría que es la hora de indignarse, pero no quiero usar palabras manipuladas de antemano. No hay mayor verdad que la de un hombre ante un toro bravo. En nuestra mano está que no nos la quiten.

Atentamente,

Sebastián Castella

JC S Sebastián_5El Rey Juan Carlos, la Infanta Elena y Enrique Ponce, en la corrida mencionada.

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La vuelta de los toros a San Sebastián da a TVE su mejor tarde de jueves del verano

Casi un millón de espectadores (10,2%) , pendientes de la faena

ABC, 140815.

La tarde de toros que emitió ayer TVE logró reunir a 877.000 espectadores, un 10,2% de cuota de pantalla, convirtiéndose en lo más visto de la tarde en TVE y mejorando la media de la cadena, situada en el 9,2%. De hecho, La 1 logró su mejor tarde en lo que va de temporada, prácticamente duplicando los datos del cine y «España directo» (5%), oferta habitual de la franja.

La corrida triunfó especialmente en Castilla y León, Murcia y Aragón, donde la audiencia se situó por encima de la media. Los menos taurinos fueron canarias, gallegos y catalanes. El perfil del espectador medio de la corrida de ayer es un hombre mayor de 64 años de clase alta.

Esta segunda faena emitida en TVE desde que llegaron a un acuerdo con el mundo del toro, está en la línea de la corridda solidaria de El Juli del pasado mes de julio, que logró 1,1 millones de espectadores y 9,5% de cuota de pantalla. Cifras cercanas al millón de espectadores lograban los toros cuando se emitieron en 2006, 2012 y 2013, lo que demuestra que el mundo del toro tiene una audiencia fiel.

Corrida de toros de S. Sebastian, 130815. [RTVE; completa]

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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