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EQM_260815.

Pensando lo justo

Hoy les adjunto unos textos muy interesantes del profesor Sánchez Tortosa sobre el proyecto educativo que propone Ciudadanos [que también adjunto] y del que recrimina su enfoque anclado en el nefasto actual modelo, que ha sido, está siendo, uno de los básicos pilares de la ruina social, cultural, de este país.

Resulta, pues, increible que a los regeneradores les cueste tanto acertar con un modelo educativo, con lo fácil que es copiar -y adaptar- escrutando los implantados con éxito en paises sobradamente contrastados. Se trata de dar un pequeño vistazo a los Informes PISA, por Dios.

Por otra parte y por si alguien de la cúpula de C’s acaba leyendo estas letras, me atrevo a sugerirle al partido que, cuanto antes, organice una especie de órgano colegiado, al modo de un ‘defensor del ciudadano’, en el que los proyectos presuntamente elaborados pasen a ser criticados en sus defectos -ahora se llaman debilidades- más notorios.

De modo que la dirección, en una ‘segunda vuelta’ y como meros proyectos que son, modifique lo que considere oportuno antes de convertirlos en documento oficial y divulgarlos o bien los archive directamente.

Con la cantidad de cuestiones que hay que regenerar, no hay necesidad de errar y más vale no andar con precipitaciones u ocurrencias.

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SEAN MACKAOUI em 250815Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] en El Mundo, 250815.

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La enseñanza y el lenguaje trampa

José Sánchez Tortosa en El Mundo, 250815.

No es fácil deshacerse del peso muerto de una jerga vacua y oscurantista que empapa incluso el discurso de los que se enfrentan a ella y que acaba siendo interiorizada. Se van acotando, así, los márgenes de la mentalidad predominante, fuera de la cual sólo parece quedar espacio para el silencio. La potencia política y social de la Filosofía es dar voz a ese silencio, mostrar, aunque nadie lo escuche, la inconsistencia lógica y empírica, formal y material de esos lenguajes asumidos sin crítica, refugio de los buenos sentimientos, origen de los peores desastres.

La primera batalla de la Filosofía, librada en el mundo real, en el que ciertos individuos eran ajusticiados (Sócrates) o convertidos en esclavos (Platón), fue la del lenguaje, la tenaz insistencia por dar con la definición precisa de los vocablos invocados que, sin confrontación crítica, son fuente de engaño y de poder. Es el caso de la jerga psicopedagógica que da cobertura a un modelo educativo, obsoleto bajo su pretensión de innovación, causa de la ruina de la Enseñanza pública en España. La realidad exigiría ser enfrentada con el rigor de un análisis que permitiera propuestas concretas y viables para paliar, sin pretensión de salvación o perfección, los defectos del sistema, para frenar su inercia.

Debido a que casi todas las fuerzas políticas presentes en el panorama parlamentario español actual tienen deudas con este modelo, por convicción, comisión, omisión o aquiescencia, cabría esperar de Ciudadanos una propuesta fértil por ser ajena a la ceguera de los responsables del paradigma en cuestión y a la parálisis burocrática y cómplice de los que, en el poder, lo dejaron intacto en sus elementos básicos.

Y, sin embargo, el documento presentado por esta formación el 27 de julio, a pesar de su declaración reformista y de algunos aciertos, como la revisión del estatuto profesional del profesor y su formación, está preso de los mismos tópicos que la LOGSE hizo institución inamovible, y repite, en dosis nocivas, la secuencia de postulados retóricos habituales que resisten las leves modificaciones introducidas. Queda así garantizada la continuidad de una visión de la enseñanza voluntarista e infantil y de su deriva catastrófica (para los estudiantes y por extensión para la sociedad).

Se reitera, sin ir más lejos, el mantra de la atención a la diversidad, que no es más que una redundancia retórica, como pronunciada con los ojos en blanco en éxtasis políticamente correcto, como si alguna vez los alumnos no hubieran sido diferentes. La argucia enmascara el relativismo pedagógico de moda. No se puede siquiera hablar si no es acerca de lo diferente, pero no hay manera de hacerlo, así mismo, si no es sobre la base de unos códigos comunes, extremo que el pedagogismo tiende a ocultar.

Hay que echar mano de la Historia de la Filosofía ya que estamos (condenada por la LOMCE a la condición de optativa o “de libre configuración” para “los de letras” en el curso clave de 2º de Bachillerato) para no olvidar que esta ruda tarea crítica tiene como desencadenante conceptual el principio según el cual sólo se puede decir lo igual de lo diferente y sólo se puede hablar de lo diferente sobre la base de lo igual. Y quien dice hablar dice, como es lógico, enseñar. Enseñar es ayudar a que los diferentes adquieran unos referentes comunes. Si todo se reduce a psicología (afectos, sentimientos, intereses) no hay enseñanza.

Este olvido infecta todo el paradigma y, por esa pendiente, se acaba hablando de una escuela inclusiva, otro tópico repetitivo por el cual se le da una pátina amable a la verdadera función de la escuela pública desde hace décadas: contener administrativamente masas de sujetos fuera del mercado laboral en centros otrora destinados a aprender. El uso de esta expresión en la propuesta muestra un pavor terminológico y conceptual al carácter necesariamente elitista de la enseñanza que discrimina en función de la inteligencia y el esfuerzo, y no en función de clase social, nivel económico, raza, lengua, religión, según los postulados de la escuela republicana francesa presentados por Condorcet ya en los debates de la Asamblea Constituyente.

La aristocracia de la inteligencia como arma contra los privilegios del Antiguo Régimen, algo que ha recordado recientemente Arcadi Espada al ver en la democracia un elitismo, o como sostiene Joseph Brodsky: “La cultura es elitista por definición y la aplicación de los principios democráticos en la esfera del conocimiento lleva a hacer equiparables la sabiduría y la imbecilidad”.

La propuesta afirma la pretensión de alcanzar un sistema educativo de calidad y equitativo, en el que la “igualdad de oportunidades” se presenta como un principio ético que, en realidad, enmascara la igualación material en la ignorancia a la que tiende el modelo y a la que se ven condenados precisamente los que menos medios tienen.

Tal adjetivación desagua el problema hacia una cuestión de buenos principios morales o buenos sentimientos, cuando, en realidad, consiste en un asunto técnico y político elemental en beneficio del bien común, del Estado, y por ello de todos sus habitantes (lo que un aristotélico llamaría egoísmo inteligente), que necesita que los mejores estén en los puestos de mayor relevancia, sin importar su procedencia o sus peculiaridades genitales, fenotípicas o sociológicas.

Y como tal, requiere conocimientos precisos de la realidad con la que hay que trabajar y no engañarse con ensueños utópicos ni con aspiraciones idealistas siempre en busca de la felicidad de sus víctimas y no del conocimiento. Omitir el carácter estructuralmente elitista de la instrucción no conduce a la integración de todos, sino a la ignorancia de la mayoría en perjuicio de todos.

En relación con este desprestigio del conocimiento, que sólo de modo muy tímido denuncia C’s en este documento, suelen surgir dos puntos clave, cuyo carácter técnico queda enterrado bajo la lápida de lo ideológico. Uno de ellos es el problema de la repetición, verdadera clave de bóveda del sistema LOGSE, que eliminó institucional y objetivamente la necesidad de estudiar (y aprobar) para avanzar en el sistema educativo, consumando de ese modo su ruina. La propuesta de C’s plantea insistir en el error y habla incluso de eliminarla, pero ¿a cualquier precio?

Precisamente las repeticiones proliferan porque los alumnos saben que aun suspendiendo acaban pasando de curso e, incluso, consiguiendo el título. La promoción automática, con independencia de las condiciones administrativas con que se aplique, es la fuga del sistema por la que escapa el conocimiento, fomentando el triunfo de la ignorancia y la infantilización.

El segundo punto es la denuncia de la enseñanza memorística, cuyo carácter mítico tuvimos ocasión de desmontar (EL MUNDO, Pisa es solamente el síntoma, 14 de abril de 2014). La vieja aspiración de acabar con la enseñanza memorística siempre se presentó como nueva y como la solución para acabar con un sistema educativo que ha “fomentado demasiado a menudo un aprendizaje memorístico de conocimientos”. Pero no puede haber conocimiento sin contenido y desgajar aprendizaje y memoria es como amputarle a una moneda una de sus dos caras.

Resulta llamativo en una formación que emergió de entre las cenizas de la política en reductos nacionalistas con la vocación heroica de refutar las falsedades y trampas del discurso reaccionario y etnicista del nacionalismo, que no se haga alusión siquiera a la posibilidad, que es ya una urgencia social, de recuperar las competencias estatales en educación y permitir que se aprenda en español en todo el territorio nacional, con independencia de los idiomas, españoles o foráneos, que se estudien además del materno.

Hay en Ciudadanos personas de gran valía intelectual cuyo enfoque crítico con respecto a la pedagogía oficial es clarividente. En especial, el profesor Pericay, diputado por Baleares, ha demostrado su lucidez en estas cuestiones (imprescindible su libro Progresa adecuadamente, 2007). Sería beneficioso para todos que su nuevo cargo no le obligue a debilitar su discurso en la denuncia del sistema público de enseñanza y en la posibilidad de desactivarlo y ofrecer una alternativa que detenga la hemorragia intelectual, demográfica y social abierta por la escuela basura que padecemos desde, al menos, octubre de 1990.

vía

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La derrota de la Filosofía

El destierro de la Filosofía no es tan grave como su infantilización

José Sánchez Tortosa en El Mundo, 101013.

Los trámites parlamentarios para la reforma de la ley educativa están focalizándose en la figura del ministro Wert. Sin embargo, escasea el diagnóstico riguroso de lo que aquí se está jugando. Entretenerse con vaguedades y trivialidades parece ser el destino de esta decrepitud institucional e intelectual que se esconde bajo el solemne y respetable nombre de democracia, y que, en base a la ley de Murphy, aún puede empeorar bajo los que dicen encarnar como en un sacramento la verdadera democracia.

Lo que aquí se juega no depende sólo de un par de asignaturas, sino de la estructura objetiva del sistema de enseñanza, devastada por la ley del 90, que impuso una tendencia irreversible bajo la cual han sido sacrificadas varias generaciones y la salud técnica, económica, política e intelectual de España.

En el caso de la Filosofía, se da la paradoja de hay que defenderla de los que salen en su defensa. El tópico de que es un modo de estar en el mundo es una vaguedad que la asimila al senderismo, a cualquier tribu urbana o a la afición por un equipo deportivo. El carácter específico de la Filosofía consiste en que es una labor crítica cuyo campo de estudio abarca los demás saberes, actividades y relatos de los homínidos parlantes, que, como sujetos, son producto de un entramado de relaciones objetivadas en las instituciones: económicas, tecnológicas, simbólicas.

Por ello, es indispensable, no para ser mejor persona, más demócrata o cualquier otro tópico bienintencionado y políticamente correcto que ninguna asignatura garantiza, sino para poder discriminar, definir y entender las diferencias y las relaciones entre esos saberes y actividades, para distinguir lo que tiene una base lógica o racional y lo que es un mito, por muy innovador que parezca. Por ello, se pregunta qué significa “estar en el mundo” y qué se quiere decir con “mundo”: para defenderse de la ignorancia que siempre vence.

Además, parece que se puede hacer Filosofía sin necesidad de saber Filosofía, como si fuera posible hacer carpintería sin saber carpintería, por no sé qué misterioso atributo taumatúrgico que permite a cualquiera filosofar (“pensar”) sin estudiar los rudimentos de esa disciplina que pone en pie Platón. La Filosofía se levanta en defensa propia contra los mitos heredados y contra los que generan las nuevas tecnologías y ciencias. Por eso, no irrumpe de la nada, ni de la meditación con uno mismo, ni de la inspiración divina, ni de la comunión con la naturaleza, ni de la superioridad del genio.

Es un trabajo de destrucción dialéctica contra toda la distorsión de la realidad, que moldea la mentalidad de los sujetos según los códigos de esas mitologías. Es un trabajo solitario que no se puede hacer más que en discusión con otros, contra los demás y contra uno mismo, contra el peso de la pereza intelectual que dicta lemas apresurados, consignas simplistas, dogmas que no se discuten. La Filosofía es una peculiar aristocracia contra las masas al alcance de cualquiera. Por eso no está reservado de antemano a élites de sabios o profetas, de líderes o iluminados. Necesita rigor, precisión, paciencia. El trabajo que cualquiera puede realizar, pero que muy pocos realizan. Justo lo que la escuela pública postmoderna ha barrido de los centros de enseñanza, convertidos en guarderías para sujetos infantilizados hasta la ciudadanía.

La nueva ley no corrige la catástrofe porque no ataca los principios objetivos en los que se basa la destrucción de la enseñanza perpetrada por la LOGSE: infantilización por medio de la reducción del bachillerato a dos cursos, de la igualación de los niveles, de la promoción automática. Los mitos pedagógicos (el constructivismo, aprender a aprender) son el vacío adecuado para propagar la ignorancia y forman la retórica que envuelve el delirio en el cual los profesores son esclavos de los pedagogos y de los alumnos, y, de ese modo, los alumnos son esclavos de sí mismos y, salvo heroicidades, están condenados a la incompetencia y el analfabetismo camuflados por las inercias mecánicas de leer y escribir sin saber leer ni escribir. Y ni siquiera en español.

Convertir la Religión en evaluable, aunque optativa, y hacer de la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato una asignatura optativa, son torpezas que insisten en la destrucción del rigor y el estudio y dejan vía libre al adoctrinamiento por debilidad y falta de exigencia académica. Entre sacerdotes católicos, reverendos progresistas y obispos nacionalistas, el alumno queda asfixiado y con nulo margen para aquello que un sistema público de enseñanza ha de proporcionarle a él y, por extensión, a la sociedad de la que forma parte: conocimientos.

José Sánchez Tortosa, doctor en Filosofía y profesor de secundaria y bachillerato, es autor del ensayo El profesor en la trinchera (La Esfera de los Libros) y de los poemarios Ajuste de cuentas y Versus (Ediciones Vitruvio).

educación cs 270715

De las portadas del Pacto Nacional por la Educación [I: Educación no universitaria y II: Educación no universitaria], propuesto por Ciudadanos.

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La educación y el conocimiento están en el corazón de nuestro modelo porque son dos elementos que nos permitirán lograr tener una ciudadanía responsable y crítica, un crecimiento económico equilibrado y un empleo de calidad. Por eso, proponemos una educación de calidad que forme ciudadanos y que garantice la igualdad de oportunidades.

EDUCACIÓN NO UNIVERSITARIA

Ciudadanos propone un Pacto Nacional por la Educación consensuado por todas las fuerzas políticas que proponga reformas que duren para toda una generación y no una legislatura.

> Reducir drásticamente la tasa de repetición, de fracaso escolar y de abandono escolar temprano.
> Universalizar el acceso a la educación infantil.
> Mejorar sustancialmente lo resultados en matemáticas y comprensión lectora de los estudiantes de secundaria, de acuerdo con PISA.
> Un sistema educativo pluringüe que asegure que todos los estudiantes de Bachillerato y FP hablan inglés con soltura.
> Lograr un sistema de FP capaz de competir en calidad y empleabilidad con los mejores.
> Garantizar el acceso al aprendizaje permanente de la población adulta.

Descargar propuestas completas

EDUCACIÓN UNIVERSITARIA

Para Ciudadanos, la universidad es una prioridad porque forma capital humano, genera nuevas ideas y conocimientos y permite a España ganar competitividad. Proponemos una reforma basada en los siguientes ejes:

> Selección de profesorado transparente y abierta.
> Una mejora de la financiación que se base siempre en la consecución de objetivos.
> Autonomía universitaria al servicio de la sociedad y no de los intereses gremiales.
> Adaptación de modelo de éxito en países comparables como Australia o Canadá.
> Internacionalización de las universidades españolas.

Descargar propuestas completas

 raquel marin ep 290715Ilustración de Raquel Marín [España, 1980] para El País, 290715.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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