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j neira.

De héroe a villano

2 de agosto de 2008. Jesús Neira, profesor universitario de derecho constitucional y escritor, sale en defensa de una mujer maltratada por su pareja y, acto seguido, es agredido brutalmente por tal indivíduo [infra, vídeo vía Borja Ventura].

A continuación es considerado por el ecofeminismo, la progresía y el propio PP como un héroe y es colmado de honores. Los medios se vuelcan en su figura y las televisiones pugnan por llevarlo a los programas estrella.

Entonces, el profesor da a conocer que también acostumbra a pensar y que sus criterios se encuentran tan alejados del izquierdismo como de la derecha política y del bipartidismo. No se muerde los labios ni calla la boca.

Y ahí se acaba su encumbramiento. Muy maltrecho desde la paliza recibida, que le dejó un tiempo en coma, un mal día excede la tasa permitida de alcohol conduciendo y los mismos que le auparon le despellejan vivo, aprovechando el pretexto. La ocasión la pintan calva. Dan por caducada la heroicidad y le arrinconan como un juguete roto, como a un apestado. Molesta al Sistema.

Descanse en paz.

EQM

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Un héroe fungible

Santiago González en su blog, 300815.

La historia de Jesús Neira estaba ya cantada ¿crónica de una muerte anunciada? en el título más largo de Gabriel García Márquez: “Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre.”

Los hechos tuvieron lugar en agosto de 2008, cuando nuestro héroe intervino para defender a una mujer, Violeta Santander, que estaba siendo agredida por su pareja, Antonio Puerta. El agresor se revolvió contra él y le propinó tal paliza que quedó en estado de coma. Empezó siendo un metepatas para la propia mujer que defendió, a quien según parece, su novio no la pegaba más de lo necesario. Al salir del coma y descubrirse que era de derechas, nuestra izquierda se desentendió de la misma amanera que se ha desentendido de la paliza que tres energúmeno, dos tipos y una tipa, dieron a una niña de 19 años, Inma Sequí, dirigente de Vox en Cuenca. Por cierto, señor Fernández: Cuenca tiene 56.000 habitantes. Casi una semana después de la brutal agresión, la Policía no tiene pistas para la detención de los tres fanáticos.

Había pensado ponerme editorializante sobre este asunto, pero mi querido Camacho lo ha resuelto con brillantez difícilmente superable en su columna de ABC:

EL HÉROE KLEENEX

IGNACIO CAMACHO

No fue un héroe involuntario. Impremeditado tal vez, o instintivo, o espontáneo; lo cierto es que Jesús Neira tuvo un gesto de gallardía o de arrojo que la mayoría de nosotros sería incapaz de hacer, y ese acto le cambió la vida. Le costó una desgracia, una paliza de la que salió literalmente descalabrado, y al despertar del coma lo devoró la trituradora de la fama, la máquina de picar carne de los platós. Es la suya una triste historia de nobleza y fracaso cuyo sabor amargo debería agriar también la alegre banalidad de nuestras efímeras mitologías sociales. Un quijote de usar y tirar, un personaje kleenex fabricado a la medida de los espasmos de las audiencias y destruido con la displicencia frívola que se desechan los juguetes rotos.

Porque el Neira que interesaba como campeón civil, como adalid contra la violencia machista, era sólo el Neira inconsciente y comatoso, el hombre vegetal sobre el que se podía construir un relato unívoco y sin réplicas. Cuando despertó, la opinión pública descubrió a un ser humano como los demás: imperfecto, ambiguo, inestable, contradictorio. Una figura frágil con dificultades para manejar una experiencia traumática. Y encima de derechas, muy de derechas, detalle que para el pensamiento dominante desacreditaba su condición de paradigma moral e ideológico. Tropezó con todo lo que podía tropezar: con el desprecio de la mujer auxiliada, con el odio de su agresor, con los prejuicios políticos, con la trivialidad de los medios, con las secuelas de los golpes, con su propio inestable psicodrama. Se volvió incómodo, desconcertante, embarazoso. Inservible.

Los mismos que ponderaban su coraje lo arrumbaron como un estorbo. Simplemente había dejado de funcionar como carnaza para el espectáculo. The show must go on. Muerto de sobredosis su agresor, el presunto caballero andante acabó desatendido por la justicia, olvidado por sus encumbradores, ninguneado por el feminismo sectario, insultado –previo pago del salario de la infamia– por la víctima a la que había socorrido. Equiparado a los indeseables con quienes el azar lo cruzó en maldita la hora. Y lo peor fue que ese general desdén disolvió su ejemplo cívico y ético. Que el fragor canalla y truculento de la hoguera mediática lo abrasó en sospechas y redujo su arrebato de honorabilidad a un lejano rescoldo ceniciento. Y quedó pendiente la cuestión esencial, que es la de qué haría cualquiera de nosotros si presenciase el sádico apaleo de una mujer indefensa. O de un mendigo en un zaguán. O de un inmigrante en el Metro.

En realidad sucedió algo peor: permaneció flotando la ominosa idea de que sería mejor no intervenir, frenar cualquier reflejo de hombría de bien, ser pragmático. Fingir indiferencia, disimular la dignidad. Dejar al violento cabrón de turno a sus anchas y renunciar a todo impulso, por leve y pequeño que sea, de creerse una persona decente.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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