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Alegrías en la casa del pobre

Las muestras televisivas de solidaridad con el éxodo sirio está llegando en España a cotas de paroxismo no conocidas desde el ‘no a la guerra‘ o la crisis del Prestige. La tele, que ha bautizado el fenómeno como ‘marea solidaria’, ya no habla casi de otra cosa, salvo el incomprensible ‘especial’ diario dedicado al presunto asesino del doble crimen de Cuenca.

El asunto ha llegado al punto de que Juan Carlos Monedero, cofundador y referente intelectual de Podemos, ha contado en ‘Las mañanas de cuatro‘, que tiene un plan para atajar la crisis de los refugiados que consiste en que los funcionarios españoles destinen el 26% de la paga extra, que el Gobierno les va a devolver proximamente. Como lo leen.

Se queda, pues, uno perplejo al contemplar cómo las CCAA, los Ayuntamientos, las ONGs y la progresía se disputan la acogida cuando, simultáneamente, más de dos millones de familias españolas en absoluto desempleo ya no reciben un puto duro para subsistir u otras centenares de miles de ciudadanos siguen esperando en vano que el Estado les abone las prestaciones que legalmente les corresponden por su situación de dependencia.

Tampoco es fácil de entender esa preferencia por el sufrimiento musulmán con respecto al subsahariano que arriba a nuestras costas en pateras o trata de superar las vallas de Ceuta y Melilla. ¿Dónde está nuestro programa de acogida para estos perseguidos por la hambruna o la sangre de los asesinatos tribales o étnicos?

Mucho menos, esas ocurrencias de proponer para su ocupación, la habiltación de casas de terceros, en este caso las entidades financieras -plagadas de accionistas ciudadanos- cuando en este país cientos de miles de ‘jóvenes’ rondando la cuarentena tienen que seguir viviendo en casa de sus padres porque no tienen ninguna posibilidad de lograr una propia.

Y lo que es más grave: nadie parece ponerse a pensar cuánto dinero -y de dónde- vamos a sacar para cubrir estas acogidas, es decir, qué vamos a dejar de hacer que hayamos hecho hasta ahora. Tampoco durante cuánto tiempo. Como si nos importara un pimiento que ello influyera en la calidad de nuestros servicios sanitarios, educativos o sociales.

España tiene una sociedad tan internacionalmente solidaria que favorece antes a los pobres inmigrantes que… a sus propios pobres.

Admito que vivimos en un país irreflexivo e impulsivo pero no estaría de más que, salvaguardando las buenas intenciones, procuráramos atender preferentemente la viga propia y viéramos de considerar igualitariamente las necesidades del inmigrante cualquiera que fuera su procedencia.

Sin olvidar que tampoco parece preocuparnos, en absoluto, la prevención ante la previsible infiltración yihadista en tal éxodo, la necesidad de que tales inmigraciones irregulares se inserten en nuestros modos y costumbres o que quienes tratan de venir cumpliendo la legislación vigente deberían tener alguna consideración por nuestra parte.

Digo yo, pues: asilados y refugiados, los justos, de acuerdo con los tratados internacionales del derecho de asilo y del refugiado suscritos por España y con las limitaciones presupuestarias que permitan nuestra preferente atención a nuestros conciudadanos necesitados; inmigrantes ilegales, ninguno, por razones obvias y por respeto a los que llegan a nuestro país cumpliendo los requisitos legales.

EQM

pd.- Por cierto, ¿qué les decimos a esos miles y miles de jóvenes-jóvenes que han tenido que emigrar por esos mundos de Dios para ganarse la vida? ¿les sugerimos que se vuelvan porque van a tener acceso a los mismos derechos económicos y sociales que daremos a los inmigrantes?

Recordemos que así empiezan las guerras

Podían haber huido a Arabia Saudí. Allí recibirían comida de la Media Luna Roja, sin posibilidad de ahogarse por el camino.

Ramón Pérez-Maura en ABC, 050915.

«Incluso cuando llegué, unos dos meses después de la matanza, todavía no se había lavado toda la sangre con las aguas del río Orontes que serpentea a través de la ciudad dándole una distinción que en otro tiempo hizo de Hama la ciudad más bella de Siria (…) A día de hoy nadie sabe cuántos cuerpos estaban enterrados bajo el mar de casas destruidas y capas de hormigón, pero Amnistía Internacional, en su informe de noviembre de 1983 sobre Siria, decía que las estimaciones oscilaban entre 10.000 y 25.000 muertos, en su mayoría civiles; miles más se quedaron sin hogar. El régimen sirio de Hafez al-Assad, responsable de ejecutar la matanza, no se molestó en contestar estas cifras o en arreglar Hama antes de reabrir en mayo de 1982 la autopista que la cruzaba proveniente de Damasco. Estoy convencido de que Assad quería que los sirios vieran Hama en crudo, que escucharan detalladamente su silencio, que reflexionaran sobre su dolor». (From Birut to Jerusalem. Thomas Friedman. Collins. Londres, 1990)

Este Assad fue un aliado de Occidente durante sus treinta años de ejercicio despótico del poder. Baste como prueba la impresionante representación internacional que asistió a los funerales de este asesino en mayo de 2000. Presidentes, jefes de Gobierno… La representación española fue sólo un vicepresidente del Gobierno. Se llamaba Mariano Rajoy. Todavía en marzo de 2011 nuestra ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, hizo una visita al Damasco de Bachir al-Assad. A ocho meses de que estallase la guerra que nos ha llevado a donde estamos hoy, Trini declaraba que ese régimen era un modelo a seguir por sus reformas…

El «modelo» de reformas de Trini ha conseguido que cuatro millones de sirios hayan huido del país en los últimos cuatro años y casi ocho millones más intenten hacerlo ahora. Huyen de una guerra que enfrenta lo que queda del régimen de los Assad –en el que han aguantado casi 45 años– y la creciente amenaza del Daesh (Estado Islámico). Pero lo fabuloso es que vienen a Europa sabiendo que aquí se les dará la atención que precisen. Y asumiendo que pueden imponer sus formas. ABC.es emitía ayer un video espeluznante en el que policías macedonios intentan repartir alimentos a refugiados sirios, pero como las cajas llevan el emblema de la Cruz Roja, lo rechazan al grito de « Allahuakbar! ». Y cuando por fin los agentes se retiran con la comida, irrumpen en aplausos.

Esos sirios podían haber huido a Arabia Saudí. Allí recibirían comida de la Media Luna Roja, no hubieran tenido ninguna posibilidad de ahogarse por el camino y la renta per cápita del reino saudí es infinitamente más alta que la de Macedonia: según la estimación del FMI de este año, el PIB per cápita de Arabia Saudí es de 53.149 US$, mientras que el de Macedonia es 10.945US$. Y por cierto, el de Alemania es 46.895 US$, bastante menos que Arabia Saudí. Pero claro, se está mejor en la Baviera cristiana que en la Yedah musulmana.

Aceptar a decenas de miles de refugiados tendrá una consecuencia inevitable: el efecto llamada nos obligará, antes o después, a intervenir en Siria e Irak. Porque si seguimos recibiendo a todos los que huyen del horror de la guerra, acabaremos dejando Irak y el Levante a disposición del Daesh –que entonces sí será un verdadero Estado– sin oposición interna y como base desde la que lanzar su yihad contra Occidente, empezando por la Europa del otro lado del Mediterráneo. Ya saben. Así empiezan las guerras (mundiales).

No se arreglará

Seguirán llegando inmigrantes en masa, porque siempre ha ocurrido.

Luis Ventoso en ABC, 050915.

Con su legendario paso ligero, la UE va a abordar lo que tiene encima con los inmigrantes mediante una reunión de ministros del Interior dentro de semana y pico. Pensar que el deslavazado Jorge Fernández y sus pares van a arreglar algo es como creer que la próxima Champions la ganará el Logroñés.

Tampoco van a solucionar esta crisis sus superiores (Rajoy, Merkel, Cameron…), por una sencilla razón: desde que existe el hombre siempre se han producido gigantescos éxodos migratorios de manera recurrente. Lo más que podrán hacer es ordenar el proceso. Pero la gente seguirá escapando, porque el mundo islámico continúa anclado en el siglo XII, enzarzados en una delirante guerra civil entre chiíes y suníes y sin acertar a crear un mínimo de prosperidad bien repartida pese a sus inmensos dones energéticos.

(Por cierto: mientras los europeos nos ponemos colorados, y con razón, ante la lacerante foto del niño, no se conoce iniciativa alguna de los plutocráticos sultanatos petroleros para ayudar a sus hermanos de fe que escapan del horror y la falta de oportunidades. Se les ve más diligentes en las tiendas de híper lujo de Knigshtsbridge, o a la hora de cerrar para su solaz playas públicas de Cannes, o de financiar bajo cuerda el terrorismo más bárbaro que hemos conocido).

La inmigración continuará. Es un asunto irresoluble. Pero tampoco hay que caer en la desesperanza y la histeria. ¿Cómo se forjo el país más poderoso? Pues ni más ni menos que mediante cuatro oleadas de inmigrantes, que también huían de la pobreza y la guerra, como ahora. El primer asentamiento inglés en los actuales EE.UU. se levantó en Jamestown en 1607 y acto seguido llegó la primera oleada: ingleses, galeses, escoceses, alemanes, holandeses…

A ellos se sumaron después los esclavos traídos cruelmente de África (600.000 en doscientos años). La segunda oleada, de 1820 a 1870, llevó allí a siete millones de europeos, uno de cada tres eran irlandeses que huían de la hambruna de la patata. En la tercera oleada, de 1880 a 1920, llegaron 24 millones más, europeos del Este, judíos, rusos, asiáticos. La cuarta oleada empieza en 1970 y es mayormente latinoamericana. Para entender de qué volúmenes hablamos baste recordar que en 1986 Reagan firmó una amnistía que regularizó a tres millones de sin papeles.

Huelga decir que Estados Unidos no siempre tendió la mano a los recién llegados. Hubo restricciones (por el filtro de Ellis Island, por ejemplo, pasaron 12 millones de personas). Hubo incluso leyes de tufo racista, como la que en 1917 prohibió la inmigración de chinos. Pero en general su ADN fue el de país de acogida. Un crisol de gentes llegadas de todo el planeta y más o menos desesperadas acabó construyendo la primera potencia mundial, mientras pueblos puristas que se miraban su ombligo incorrupto se sumían en el atraso y la irrelevancia. Tan grandes se volvieron que hasta asumieron ser la policía del mundo. Pero ahora se repliegan, porque las guerras son muy onerosas y porque tienen un presidente pusilánime.

A los europeos nos toca afrontar nuestro propio futuro y las burocráticas piernas de la UE tiemblan y se arrastran ante un problema que está aquí para quedarse.

Migraciones

Para evitar el sentimiento de culpa, los europeos están dispuestos a asumir cualquier culpabilidad imaginaria.

Jon Juaristi en ABC, 060915.

Hace algunos años, conocí al director de los museos de Palmira, Khaled al Asaad, decapitado por los integristas de Estado Islámico el pasado agosto. Era un sabio y un funcionario honesto. En mayo se portó como un héroe que, ante la inminente llegada de los asesinos, eligió quedarse a salvar las antigüedades y las ruinas a su cargo (aquéllas que Volney glosó en uno de los primeros textos del romanticismo europeo). Khaled al Asaad era un tipo decente. También un nacionalista sirio y un firme partidario de Bashar al Asad.

Los sirios que tratan de llegar a la Europa rica dicen venir huyendo de la dictadura de Bashar al Asad, que mata a los creyentes (es decir, a los musulmanes). Sin duda. Pero esa misma dictadura protege de los integristas islámicos a los alauitas, a los cristianos (caldeos, grecocatólicos, armenios), a los yazidíes y a los nacionalistas. El conflicto del que escapan o dicen escapar los fugitivos que llegan estos días a Europa es el que opone, en buena parte de la Casa del Islam, al nacionalismo laico (dictatorial y corrupto) con el integrismo (criminal y fanático).

Sin duda, una buena parte de esa multitud musulmana fugitiva huye de ambas partes enfrentadas como de un todo mortífero (aunque sólo se les oye maldecir al bando del gobierno). También se están yendo de Siria cristianos de las regiones amenazadas por Estado Islámico. Pero no vienen en estos contingentes de refugiados. Como los coptos de Egipto, marchan silenciosamente a comunidades ya establecidas en la diáspora, algunas desde antiguo. En la migración que avanza hacia la Europa rica a través de Turquía, los Balcanes y Hungría, sólo hay musulmanes. Pobres o arruinados por la guerra. No traen consigo equipajes pesados ni ajuares. Vienen con lo puesto. Con lo puesto y con un saber.

Prescindo del hecho de que entre los fugitivos sirios esté llegando a la Europa rica un número indeterminable de yihadistas. Todos lo sabemos. Ignorarlo sería del género idiota. Si yo fuera un dirigente de Estado Islámico aprovecharía la confusión migratoria para introducir todos los terroristas que pudiera en la Casa de la Guerra, pues esa sería mi principal obligación: no desaprovechar ocasión alguna para matar kefires, cruzados y, por supuesto, judíos. Pero hablemos del saber. ¿Qué saben los fugitivos sirios? Saben que llegar al corazón de la Europa rica requiere llegar antes al corazón de los europeos, y por eso traen niños. Niños que arrojan al otro lado de fronteras teóricamente infranqueables o que tumban en las vías del tren. Saben que, allá en su tierra de origen, estos efectos patéticos (codificados en una espontánea retórica de la desesperación) no valen con los asesinos baasistas o yihadistas, a los que niño más, niño menos, importa muy poco, pero a los europeos les despiertan sentimientos de culpa que deben eliminar cuanto antes porque están convencidos de que la culpa es tóxica y produce cáncer.

Y los yihadistas saben algo más que esto. Saben que un número creciente de europeos ve cercana e inevitable la islamización de Europa. Con fatalismo y, en muchos casos, con alivio. La ven como un pacto hobbesiano que les ahorraría luchar por su vida y por su libertad. Cito: «Esta confrontación (o choque) de culturas podrá tener resultados sangrientos, y estoy convencido de que en cierta medida los tendrá, no serán eliminables y durarán mucho tiempo. Sin embargo, los racistas deberían ser (en teoría) una raza en vías de extinción» (Umberto Eco, Las migraciones del Tercer Milenio, 1997). O sea, no me miren. Miren hacia donde mira la Europa antisemita. Perdón. Quise decir antirracista.

El invierno árabe

Menos mal que, en Egipto, un general impidió que la primavera se convirtiera en invierno.

José María Carrascal en ABC, 060915.

Todo el mundo habla del pequeño Aylan, tendido en una playa turca, del asalto a los trenes en Hungría, de la incapacidad de Europa de hacer frente al tsunami de refugiados. Pero nadie habla de qué lo provocó, de por qué sus países se han convertido en infiernos. Y nadie lo dice porque fuimos nosotros, los occidentales, quienes desencadenamos esa desbandada, quienes desestabilizamos esos países al querer hacerlos como los nuestros.

¿Quién derribó a Sadam Hussein, a Gadafi? ¿Quién cantó las excelencias de la «primavera árabe»? ¿Quién, yendo más lejos, facilitó el triunfo de los muhadines en Afganistán? ¿Quién, en último término, ha creado Estado Islámico, al darle barra libre en el Oriente Medio? Nosotros.

Nosotros que, en nuestra ignorante soberbia, creímos que toda aquella gente quería adoptar nuestro estilo de vida, nuestra organización familiar, social, estatal. Y no es así como demuestra que haya sirios, afganos, iraníes, marroquíes, viviendo en Alemania, en Francia, en Suiza, en España, de tres generaciones, que conservan sus normas y costumbres, o sea, que no quieren las nuestras. Mientras en sus países de origen continúa la guerra entre chiítas y sunnitas, a muerte como todas las religiosas.

Los únicos capaces de mantener a raya a las dos ramas militantes del islam eran los «hombres fuertes», respaldados por el ejército. Y nos los hemos cargado. Recuerdo el chiste macabro que contaban los norteamericanos al comprender la imposibilidad de «pacificar» Irak: sacar a Sadam Hussein de su tumba. Lo mismo puede decirse de Gadafi en Libia. Pero ambos están muertos y bien muertos. Menos mal que, en Egipto, un general impidió que la primavera se convirtiera en invierno.

Todo lo que no sea reconocer la realidad de que no podemos exportar nuestra civilización al mundo musulmán –que quiere sólo nuestra tecnología, no nuestros hábitos–, está condenado, no ya al fracaso, sino a facilitar el islamismo radical. Lo más triste es que, en la práctica, ambos mundos se complementan: el índice de natalidad en Europa es tan bajo que, de continuar, a fines de siglo llegará lo que se ha llamado «el suicidio de Europa».

En otras palabras: que necesita quien ocupe los puestos de trabajo que la población local ya no puede cubrir, quien abone las cuotas de la seguridad social para pagar el retiro de los jubilados, niños como Aylan, que aprendan el idioma y la profesión que les capacite para ello, en vez de ahogarse, como tantos, en el Mediterráneo.

Algo que sólo puede hacerse ordenadamente, con acuerdos entre Estados que regulen la llegada, el asentamiento, la integración. No abriendo las puertas de par en par. Pero en el Oriente Medio, en el norte y centro de África no existen Estados. Los hemos destruido con nuestras bombas. Arrogantemente, además, llevados de la «superioridad del hombre blanco» que, cuando se une a la «superioridad moral de la izquierda», produce el efecto de un tsunami.

A no ser que Alemania esté más necesitada de mano de obra de lo que reconoce. Pero debe de andarse con cuidado: el «efecto llamada» puede aplastarla.

tabla inmigraciónReubicación de los 40.000 inmigrantes en abril 2015. Reino Unido, Dinamarca e irlanda no participan por decisión acordada con la unión Europea en sus respectivos tratados de adhesión. Fuente: Comisión Europea y El País, 100915.

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Refugiados y desplazados de la guerra de Siria, hasta el 06 de septiembre de 2015. Fuente: Comisión Europea, Acnur y El País, 100915.

Un documento del autodenominado Estado Islámico reconoce la importancia de utilizar los “circuitos de la inmigración” existentes en Libia para infiltrarse en Europa

La Tribuna del País Vasco, 070915.

El pasado 23 de enero, un destacado miembro del autodenominado Estado Islámico (EI), la organización terrorista islamista que actualmente controla grandes zonas de Irak y Siria, hizo público un ensayo titulado “Libia. Una puerta estratégica para el Estado Islámico” en el que analizaba las razones por las que este país destrozado y sumido en el caos tras la muerte de Muamar Gadafi representaba un elemento estratégico de primer orden para los partidarios de la yihad.

Concretamente, el documento identifica cuatro áreas que convierten a Libia en un territorio indispensable para el EI:

• Geopolíticamente, es un territorio magnífico donde reclutar nuevos “combatientes” y en el que poner en marcha nuevas estrategias de propaganda.
• El líder del EI insiste en que, desde un punto de vista estratégico, Libia tiene un potencial extraordinario para aliviar la presión económica, logística y militar que los terroristas del Estado Islámico sufren en Siria e Irak.
• Dada la proximidad de Libia al sur de Europa, el texto explica con detalle cómo la explotación de los circuitos de inmigración ilegal desde el norte de África tiene un inmenso valor táctico para el EI, ya que le permite infiltrarse en las principales ciudades europeas e interrumpir algunas de las principales líneas marítimas de comunicación entre Europa y África.
• El autor del ensayo también asegura que es tal la cantidad de armas que circulan por Libia, y la facilidad de adquisición de éstas, que desde este país el EI podría expandirse con relativa comodidad a todo el Magreb y África Occidental con facilidad.

Quilliam Foundation, un centro de investigación británico que trabaja para impedir la expansión del radicalismo y de los extremismos en el mundo, se ha encargado de traducir y analizar el documento del EI. El director de este “think tank”, Haras Rafiq, explica que indefectiblemente “la comunidad internacional debe actuar para proporcionar estabilidad a Libia antes de que este país pase a convertirse en una nueva Siria, que es lo que está buscando el Estado Islámico, pero también otras organizaciones yihadistas de esta región”.

Hay que recordar que, a lo largo de este verano, casi 500.000 inmigrantes han llegado a Europa desde países como Siria, Irak, Afganistán o Libia. Y una llamativa coincidencia. Hace aproximadamente dos años, el presidente sirio Bashar al-Asad anunciaba a través del canal de Twitter oficial de su gobierno, lo siguiente: “El terrorismo no se quedará aquí (en Siria). Se exportará a través de la inmigración ilegal hacia Europa”.

Interior criba a los sirios tras colarse decenas de combatientes de la guerra libia hasta 2014

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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