.

ferran martin rep 120915Viñeta de Ferran Martín [España, 1970] en República de las Ideas, 110915.

.

Televisiones constitucionalistas

La Sexta tv, propiedad de Atresmedia -aunque parezca mentira, los mismos dueños de Antena 3– emitió el pasado domingo la entrevista de Ana Pastor a Artur Mas dando como  resultado todo un claro indicador de un imposible: enfrentar a la épica irracionalidad del jefe del secesionismo catalanista la flojera de piernas de una demagoga periodista que acostumbrada a ser sectaria y agresiva, especialmente con la ‘derechona’, recibe el mismo tratamiento por parte del independentista.

En este caso a la muchacha le ha pasado lo mismo con el representante ordinario del Estado en Cataluña que al Mariano con el ‘prosés‘: por miedo a comerse al entrevistado -algo habitual en ella, que no suele dejar hablar- ha sido él quien se la ha merendado de un tirón, empleando una imperial verborrea cargada de falso futuro.

Pero hay otra cuestión: la inteligencia, preparación, capacidad de repentización, oratoria, cinismo y demagogia del representante del Estado español es infinitamente más grande que la de una periodista limitadísima en los cuatro primeros aspectos y algo inferior a su entrevistado en cuanto a los dos últimos.

Observarán, pues, que la irracionalidad tiene muchas ventajas a la hora de competir con el sentido común, sobre todo cuando éste no es tampoco una cualidad que apreciarse pueda en la periodista, que ni siquiera parecía haberse preparado debidamente el encuentro.

De modo que La Sexta ha contibuído -una vez más y espero que, como siempre, ‘involuntariamente’- a que el populismo secesionista incremente sus ya muchos seguidores.

No sé qué es peor si las trampas del Arturet o la muchedumbre que cae en las mismas. Nada más empezar la entrevista de Ana Pastor con burka nacionalista, me percato del marco, la ambientación, esa escenografía: todo un palacio de estadista triunfante

O sea: de cómo un presidente regional -dice que singular- acaba consiguiendo que una televisión de Madrit le entreviste en una atmósfera, entorno, imperial.

El rey Arturo.

EQM

Por resumirlo de algún modo, el jefe de la singular tribu le ha bailado el kumbayá, estilo Iceta, a la pobre chica.

gallego y rey em 140915Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 140915.

artur pastor_4c.

Catalán es el que quiere serlo

Arcadi Espada en El Mundo, 140915.

A las 22.38 de anoche el presidente Mas dijo en televisión: «Los escoceses perdieron el referéndum».

Esto es lo que piensa el presidente Mas de los catalanes. La cuestión no es que vaya a quitarles su ciudadanía, española. Es que va a quitarles también su condición paisana, de catalanes.

No a mí, desde luego, que ya me quité.

rivera 140915.

Albert Rivera: «Que España sea un país unido es la única línea roja»

El presidente de Ciudadanos aspira a liderar una alternativa al secesionismo y critica los vaivenes del PSOE y el PP, pero habla de «generosidad» para alcanzar un acuerdo porque «es tanto lo que nos jugamos»

Víctor Ruiz de Almirón en ABC, 130915.

Sin ser el candidato de su partido, el foco nunca estuvo tan puesto en él como las tres ocasiones en que sí se presentaba. Albert Rivera vive estas elecciones catalanas de manera diferente. Será el cabeza de lista de Ciudadanos a las elecciones generales, pero el 27-S la responsabilidad de sustituirle recaerá en Inés Arrimadas, la candidata más joven que se presenta a los comicios catalanes y que no se imaginaba en política. Para Arrimadas: «El reto es movilizar al votante que no es independentista». Por eso, en los últimos meses todo el partido ha vuelto a sus orígenes y a centrar todos sus esfuerzos en unas elecciones en las que podrían convertirse en la segunda fuerza política de Cataluña y principal alternativa al independentismo.

–¿Qué debe hacer el Estado si hay una declaración unilateral de independencia?

–No tiene ninguna validez jurídica, y si alguien intenta saltarse la ley el camino es hacerla cumplir. Pero yo me pongo en la situación de que vamos a tener a la primera presidenta de la Generalitat en Inés Arrimadas. Es un error estratégico y político ir a elecciones y dar por perdida la batalla. Eso es entrar en el terreno que Artur Mas quiere, y a él lo que más le fastidia es que haya una alternativa.

–Las encuestas apuntan a la mayoría absoluta de los independentistas.

–Yo recuerdo el 2012, cuando las encuestas que se publicaban le daban a CIU mayoría absoluta. Ahora, junto a ERC, tampoco la alcanzarían. Es un fracaso absoluto. Lo que pasa es que en esa suma que pretenden quieren contar como les da la gana, porque en votos no van a ser mayoría. No hay escaños suficientes en un Parlamento para que alguien se salte las leyes.

–¿Qué consecuencias tendría aplicar el artículo 155?

–No quiero entrar en eso porque nos presentamos a las elecciones para ganar, no para darle la victoria a Artur Mas y que haya que suspender una autonomía. Creo que eso no va a suceder. A partir de ahí, apelar a eso o a ejércitos creo que es lo que le gusta a Artur Mas. Que es agitar el miedo en vez de la ilusión de una nueva Cataluña dentro de España y Europa que no tenga nada que ver ni con el 3 por ciento ni con saltarse la ley. Decir que la ley se va a cumplir no es suficiente para seducir a los votantes.

–Lo que es evidente es la fractura de la sociedad catalana.

–Yo a Artur Mas le achaco dos cosas. Primero, la corrupción de la Generalitat. Haber asumido, permitido y mirado hacia otro lado o incluso participado del famoso 3 por ciento. Había gente repartiéndose el botín y les han pillado. Tienen seis procesos judiciales en marcha y quince sedes embargadas. Y en segundo lugar, haber polarizado la sociedad catalana en dos bandos. Eso es una irresponsabilidad histórica. Después de 35 años de democracia, volver a eso a mí como catalán me duele profundamente. Lo evidente es que nos ha dividido en dos bandos. La primera labor de Inés Arrimadas será reconstruir los lazos que se han roto. Con el resto de españoles se han roto muchas cosas por culpa de los nacionalistas. Pero también entre los catalanes. No se habla de política, hay guerra de banderas o la gente mira mal a uno u otro en función de si se siente catalán o español. A mí eso no me gusta.

–Ahora surgen voces que no se habían escuchado hasta ahora.

–Creo que es bueno que quien sea haga lo posible para conseguir que haya movilización o una alternativa política. Pero algunos vienen a hacer ahora de bomberos, cuando también colaboraron con los pirómanos. No hay que olvidar que Felipe González escribe ahora una carta, pero es el mismo que amparó a los Pujol durante años o ahora haciendo el debate de si Cataluña es una nación, que parece bastante incompatible con el modelo que se supone que debería defender el PSOE. No digo que no haya buena voluntad. Pero el PSOE no está acertando, porque ha abierto un melón que no está favoreciendo ahora mismo para nada el debate que hay en Cataluña.

–PSC y Uniò abogan por caminos intermedios. ¿No es la forma de unir los dos bandos?

–Yo creo que está bien que todos intentemos aportar soluciones. Pero en este momento de la historia, en el que hay una hoja de ruta separatista planteada, frente a eso creo que hay que tener claridad y nitidez y decir «no, nosotros no queremos que Cataluña deje de ser España». Eso habría que decirlo literalmente. Y yo no escucho a veces a voces de Uniò o a voces del PSC. Porque siempre están en el complejo. Y no se puede estar siempre equidistante en la vida. Hay veces que hay que mojarse. Otra cosa es que después pueda haber disparidades, pero eso entra dentro del debate democrático. Lo que no se puede es estar en misa y repicando. Uniò convocó el 9 de noviembre. La vicepresidenta Ortega convocó formalmente lo que era un referéndum ilegal. Son los mismos que han estado hasta hace quince días con toda la corrupción de Convergència. Presentar una candidatura a última hora por una pelea es un ejemplo de esas soluciones ambiguas, la independencia a plazos, que digo yo.

–Pero los dos son necesarios para generar esa mayoría alternativa.

–Vamos a ver si Unió está en el Parlamento y cuántos escaños tiene el PSC. Pero para ganarle a Artur Mas con una mayoría alternativa hay que contar con todo el mundo. Y habrá que salvar diferencias, y yo hablo de generosidad. Incluso si les ganamos en escaños, habrá que ser generosos y dialogar. Pero con una condición: que España siga siendo un país unido. Podemos hablar de competencias, de reformas constitucionales, de lo que queramos, pero no de privilegios. No vamos a contentar a los nacionalistas con privilegios porque se ha demostrado que no ha funcionado. El debate es cómo mejorar la vida pública en España y nuestras instituciones. La única línea roja es seguir siendo un país unido y que Cataluña siga en el euro.

–¿Aunque fuera el más votado de los constitucionalistas apoyaría a otro candidato que sea capaz de armar esa mayoría alternativa?

–Ni me lo he planteado. Pero como yo quiero pensar más en España que en mi partido, no voy a cerrar la puerta hoy a nada. Es tanto lo que nos jugamos que tenemos que dejar la posibilidad de que se forme un Gobierno alternativo. Yo pienso que lo más sensato es que el que sea la primera fuerza constitucionalista recabe apoyos de los demás partidos. Si mañana el PSOE o el PP fueran esa fuerza, Ciudadanos lo apoyaría.

–¿Están abiertos a formar o entrar en un Gobierno de coalición aunque eso no case con su política de pactos?

–No lo sé. Hacer la política ficción es complicado. Nosotros fuera de Cataluña y donde no ha habido un reto a la unidad de España tenemos un criterio. Que es no estar en gobiernos que no presidamos. Es verdad que Cataluña es una situación diferente porque está en juego la unidad de España. Es todo tan diferente que no es un planteamiento ordinario. Estamos abiertos a lo que haga falta, pero con la condición de que se acabe el proceso separatista. El viaje a Ítaca se ha acabado. El 28-S hay que gobernar.

Resumen en vídeo

RESIDENTES

La secesión ha pasado de ser un proyecto a un estado de ánimo. La exclusión semántica del disidente está en marcha

Ignacio Camacho en ABC, 130915.

Hay una mala noticia en el comienzo de la campaña catalana y no se trata, o no sólo, de las encuestas, sino de que el soberanismo ha impuesto su marco mental, su frame plebiscitario. Ha hecho creer incluso a sus adversarios que la independencia es posible. Y esta idea, que podría resultarle contraproducente al separatismo en la medida que lograse movilizar a los no nacionalistas, le beneficia porque estos acuden a las urnas desunidos. Como en teoría no pueden aceptar el plebiscito, los constitucionalistas se presentan por separado y además atizándose entre ellos en busca de mayor cuota de escaños, mientras los partidarios de la secesión caminan agrupados tras el puntero de la Diada. El propio nombre de su candidatura, Juntos por el Sí, asocia a sus rivales con un imaginario «No» que les condiciona el discurso y los empuja a involucrarse, sin la cohesión necesaria, en una consulta que no existe… pero que de hecho está planteada.

Este es el gran triunfo del nacionalismo: ha creado un marco dominante sobre el que referenciar su propia identidad con un enemigo. Ha fabricado con éxito una otredad deshumanizada que se contrapone con su propuesta mesiánica de redención, y mediante una asfixiante propaganda impone su realidad virtual con aplastante eficacia. Lo más inquietante de la movilización de la Diada no fue el alto número de manifestantes sino el espíritu de crédulo infantilismo que los iluminaba; resultaba fácil ver hasta qué punto se sentían portadores de un idealismo redentorista, de una excelsa autoestima. No se veían a sí mismos como figurantes anónimos de un espectáculo de masas –títeres de la «cultura de estadio» de Sloterdijk—sino como orgullosos protagonistas de un proceso de emancipación que los distingue y esclarece frente a la sombría realidad española. El independentismo ya no es un programa político: es un sentimiento, una creencia. Un mito contra el que cualquier oposición racional adquiere los tintes siniestros de una conspiración prosaica.

Los partidos constitucionalistas se enfrentan, pues, a una patología emocional. La secesión ha dejado de ser un proyecto, incluso un estado de opinión, para convertirse en un estado de ánimo «irreconducible», como calificó el Rey, ante el indiscreto Revilla, la actitud desleal del presidente Mas. Lo verdaderamente irreconducible es, sin embargo, el creciente pensamiento mágico que configura la frontera invisible de una exclusión: la de todos los que no comparten ese halo de virtud narcisista que los independentistas se han autoconcedido. Las palabras más terribles de este proceso de separación xenófoba ya han sido pronunciadas: españoles residentes en Cataluña. La extranjerización semántica del disidente está en marcha bajo un dogma de sedicente superioridad moral. Una nueva sociedad estamental cuyo horizonte señalaba el viernes el puntero de colores de la Meridiana.

‘Yihad versus McMundo’

Las rebeliones de izquierda y derecha, los nacionalismos y el islamismo radical comparten y se nutren mutuamente del rechazo a la globalización cultural y económica

John Carlin en El País, 140915.

“El gran problema del mundo es que los tontos y los fanáticos siempre están muy seguros de sí mismos y los sabios están llenos de dudas” (Bertrand Russell)

¿Qué tienen en común Podemos en España, el nuevo laborismo de Jeremy Corbyn en Reino Unido, el Frente Nacional en Francia, el independentismo catalán y el Estado Islámico? Bastante, si uno se basa en el análisis de Benjamin Barber, un profesor estadounidense de Ciencias Políticas. Lo definió con extraordinaria clarividencia en la feliz formulación Yihad versus McMundo: cómo la globalización y el tribalismo están remodelando el mundo, el título, traducido del inglés, de un libro que publicó en 1995.

Las rebeliones de la izquierda, de la derecha, de los nacionalismos y del islamismo radical que definen el mundo en 2015 se expresan de diferentes maneras pero todos comparten un impulso “yihadista” similar: su rechazo a un mundo culturalmente y económicamente globalizado (“el McMundo”) en el que las multinacionales, los bancos de inversión e instituciones transnacionales como el Fondo Monetario Internacional o la Unión Europea subvierten la democracia, la identidad o la tradición. “Se reúnen aislados el uno del otro”, bajo diferentes banderas étnicas, religiosas o ideológicas, escribió Barber, pero en una lucha común contra “el capitalismo cosmopolita” cuyo dios es el mercado.

Dada su vigencia, el libro de Barber lo va a recuperar su editorial a fin de año. Hablé con él hace unos días.

Barber me insistió en que utiliza la palabra “yihad” en primer lugar como metáfora, aunque también se extiende bastante en su libro sobre el fenómeno real del islamismo armado. “Lo que propongo en el libro es que hay un choque entre, por un lado, el triunfo del capitalismo global y de un mundo unido alrededor de la comida rápida, los ordenadores rápidos y tal y, por otro, las fuerzas que se oponen a esta noción de la modernidad”, dijo Barber. “La idea clave es que los unos necesitan a los otros, incluso que los unos crearon a los otros”.

El panorama que propuso Barber en 1995 ha resultado ser especialmente profético en el caso de la yihad literal, ya que escribió su libro seis años antes de los ataques de Al Qaeda en Estados Unidos, con las secuelas devastadoras que aquello ha generado. Pero sus “profecías”, me dijo, se extienden a las crisis que envuelven hoy a las democracias occidentales, particularmente en Europa.

“Esto ha ocurrido como consecuencia del cinismo que ha generado el carácter antidemocrático de las instituciones financieras y la corrupción en las instituciones políticas. El hecho es que sí existe un déficit democrático y parte de la responsabilidad por la reacción que ha provocado la tienen que asumir las democracias europeas. Esta reacción no solo se ve bajo el rubro del nacionalismo, de gente que exige más autonomía cultural y autogobierno, sino también en los llamados partidos populistas que están en parte motivados por la ausencia de democracia en instituciones como la Unión Europea que presumen de ser grandes instituciones democráticas mundiales”.

Algo que Barber no podría haber anticipado hace 20 años es el enorme impacto de Internet y las redes sociales como instrumento de persuasión política, tanto para los nuevos partidos europeos como también, con cierta ironía, para el islamismo radical, tema que tratará en un nuevo capítulo de su libro. “Un posible subtítulo para la nueva edición de mi libro podría ser El Estado Islámico en Facebook. Estamos ante la grotesca situación de que gente pone ‘me gusta’ en sitios de la web donde se ven decapitaciones. ¡Estamos ante el movimiento simultáneamente más moderno y más reaccionario de la historia! Están intentando destruir Occidente en parte debido a su modernidad y su tecnología pero al mismo tiempo son creaciones de la tecnología moderna, y dependen de ella íntimamente para generar miedo y odio”.

La constante en el análisis de Barber es que todas estas contradicciones se nutren mutuamente. El capitalismo desaforado nutre a partidos como Podemos o la nueva izquierda, que ha tomado el mando del partido laborista en Reino Unido; la globalización nutre al nacionalismo y a la derecha xenófoba; Internet y los teléfonos móviles de Samsung y Apple nutren a los que luchan contra la modernidad en nombre de una antigua fe.

En cuanto a los jóvenes criados en Europa occidental que se incorporan a las filas del Estado Islámico, Barber reconoce que el fenómeno es complejo. “Pero hasta cierto punto, al menos, nosotros estamos creando estos reclutas, el McMundo los está creando. La cultura en la que viven está permeada de codicia, de corrupción, de una ausencia de valores y ellos son idealistas, a su manera. Creen en una causa, como aquellos jóvenes extranjeros que fueron a luchar en la guerra civil española”.

Y como aquellos que hoy se unen a las nuevas corrientes políticas que fluyen por el viejo continente, con la diferencia de que ellos no ven la necesidad de matar para lograr sus sueños. Si Barber mira una vez más en su bola de cristal, ¿cuál es el futuro que vislumbra para el enemigo que comparten tanto McDonald’s, Goldman Sachs y la Unión Europea como el Frente Nacional francés, la izquierda rebelde europea y el independentismo catalán?

“El Estado Islámico se ha condenado a sí mismo. Ha cometido un profundo error. La gran lección del terrorismo moderno, de la llamada guerra asimétrica, es que no le das al enemigo tu dirección. El problema del Estado Islámico es que al construir un califato y conquistar territorio se vuelve vulnerable a la guerra convencional. Cuando sus enemigos finalmente se organicen tomarán sus ciudades y los barrerán”.

En este punto, al menos, el clásico optimismo estadounidense parece vencer al dialéctico hegeliano que Barber lleva dentro. Pero aunque el profesor tenga razón y caiga el Estado Islámico, otros lo remplazarán y, de aquí a 20 años, podrá sacar otra versión más de su libro con la total seguridad de que seguirá habiendo conflictos entre los defensores del McMundo y los que rezan en los altares de la ideología, la patria y la religión.

••

•••

 

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios