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Video completo del debate televisivo entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, moderado por J. Evole en ‘Salvados‘, 181015.

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Pablemos no puede con la política racional

El día anterior a la celebración del debate, pensé que quien perdería el enfrentamiento sería Rivera. Porque, fundamentalmente, creía que el lider de Ciudadanos no tenía nada que ganar aceptando un debate con los manteros de Pablemos, duchos en la palabrería demagógica de todo charlatán.

Es más, me permitía recomendar a Albert que, en esta campaña electoral, debatiera sólo cuando tuviera enfrente a contrincantes dispuestos a utilizar la razón y se dedicara más bien a predicar el evangelio de regenerar el país desde la democracia y contra el corrupto y desideologizado bipartidismo.

Pero me equivoqué. Repasando el video hasta la saciedad tengo que reconocer que Rivera ha arrasado a Pablemos avallasadoramente y sin necesidad de pestañear siquiera. Diría que la supremacía ha llegado al punto de que Iglesias ha tirado la toalla desde el principio, confesando, en el taxi que les llevaba al plató-bar, que estaba cansado.

El lider de Ciudadanos le ha ganado absolutamente en todo; agilidad, ritmo, concepto, prestancia, gestualidad, presencia y fotogenia.

Pablemos ha asumido su papel de segundón indocumentado y demagogo y ha aparecido como empequeñecido ante Rivera. Y ha resultado tan evidente que hasta el punto habitualmente sectario Jordi Évole ha captado el reconocimiento de inferioridad del coletas y se ha ‘aliado/alineado’ con Albert.

Si tuviera que poner algún pero a Rivera diría que, además de manifestar excesiva ansiedad gestual [sentado hacia adelante, repetiqueando con los dedos en la mesa,  pugnando por intervenir] ha patinado en algunos momentos con sus respuestas, como cuando Pablemos ha apostado por el referéndum catalanista [hacia el minuto 64 del vídeo] o cuando ha mencionado despectivamente a Arcadi Espada y otros periodistas [hacia el minuto 40 del vídeo], diciéndole a Rivera que el apoyo que recibe de ellos recibe le daña.

En el caso del referéndum, me parece grave porque Albert se ha salido por peteneras apelando a un proyecto de mejora de España, cuando debería haber contestado, por ejemplo, que los catalanes no son mejores ni con más derechos que el resto de los españoles; que la soberanía es, constitucionalmente, cosa de todos, y que el no está por un nuevo modelo de Estado en el que cualquier sector de un grupo social pueda someter periódicamente a refrendo si se independiza o no del resto, llevándose encima el territorio. Me he quedado, pues, asombrado, porque la ocasión para dirigirse en tal sentido al televidente español la pintan calva: era una bicoca.

Respecto al desprecio de Pablemos a los periodistas, Albert debería haber respondido no con eso de que al coletas también le daña el apoyo de Nicolás Maduro sino replicando, qué sé yo, que se alegra mucho de las preferencias de tres personas tan creadoras de opinión y tan dispares entre sí, lo cual significa que, como pronostican las encuestas, su espectro electoral es infinitamente más amplio que el tuyo, mi amor. Sobre todo si tenemos en cuenta que Arcadi es cofundador de Ciudadanos.

Matizadas estas dos cuestiones, repito pues, que, contrariamente a lo que yo esperaba, a Rivera le ha salido rentable aceptar esta encerrona preparada por La Sexta. Y para Pablemos -que es un absoluto indocumentado y, para su desgracia, su cara y gestos lo gritan- ha supuesto, creo, un tremendo paso más hacia atrás.

EQM

pd.- En la posterior mesa televisiva de todos los partidos, con Ana Pastor, Íñigo Errejón ha ejercido de brillante demagogo podemita; Fernando de Páramo  [C’s] me ha parecido muy blando; Adriana Lastra [PSOE] una feminista analfabeta [su argumento: ‘soy aquí la única mujer’]; Pablo Casado [PP] muy listo, Alberto Garzón [IU] sencillo y Andrés Hergoz [UPyD] muy solo en su desgracia.

Respecto a la alusión ya mencionada a los periodistas, les recomiendo el análisis de Santiago González que adjunto infra. Me resisto a creer que Rivera omitiera una defensa meridiana para con Arcadi por algo distinto a una falta de reflejos. Si no es así y hay algo más, el asunto me resultaría mucho más grave. Para sacarnos de dudas, C’s debería publicar en su web algún tipo de nota aclaratoria respecto a su respuesta sobre los periodistas. Porque la ‘equiparación’ con Maduro exige una explicación.

Actualización: 201015 / 14:00

Dos zascandiles

Arcadi Espada en El Mundo, 201015.

‘¡Zasca!’ es una palabra interesante. No he sabido hacerme una idea definitiva de su origen pero quiero creer que el animalito junta cabeza y cola a partir de la frase “¡Zas en toda la boca!”. En el principio fue una palabra por y para adolescentes, que son, ‘per se’, unos grandes neologismos. Como ahora dicen “¡zasca!” antes decían “¡Qué corte!” y, en los ambientes barriales de la rumba catalana, “¡Corte, Manela!”. ‘Zasca’ se ha extendido con gran facilidad en el quinto mundo, el de las llamadas redes sociales.

La mayor gloria que allí puede conseguirse es que otro alabe la réplica de uno diciendo “¡Zasca!”. A veces se hinchan tanto de balón que dicen “¡Zasca en toda la boca!” sin adivinar el carácter suavemente pleonásmico del exceso. Hacerle un zasca al otro fue el objetivo principal de Pablo Iglesias y Albert Rivera, reunidos por La Sexta en un bar para hablar de política. El escenario fue idóneo, pero le sobró un punto de engolamiento.

Dentro de unos años parecerá un anacronismo que se sentaran a una mesa; la conversación habría funcionado de maravilla si se hubieran acodado en la barra y el locutor desde el otro lado hubiera ido mascullando algún pscheee… por la comisura, mientras iba y venía en su servicio parroquiano. Mejoras que han de hacerse y que se harán.

Entre los zascas más celebrados de la conversación estuvo el que le aplicó Rivera a Iglesias cuando éste le reprochó que Esperanza Aguirre, Isabel San Sebastián o Alfonso Rojo hubieran mostrado su simpatía política por C’s. “Creo que esto te hace daño”, le dijo fraternal. De inmediato Rivera replicó: “Y cuando lo dice Maduro de vosotros, también”. El quinto mundo se estremeció. Zasca, mamá. Como el ‘zasca’ provoca un gran resplandor no todos vieron lo que había detrás del ‘también’ de Rivera.

El líder de Ciudadanos confesaba que esos nombres le hacían daño, pero que también le hacía daño a Iglesias su Maduro; que admitía su vergüenza pero que Iglesias debía admitir la suya. Hasta el gran ahorrador Josep Pla se habría asombrado de la cantidad de cosas que caben en ‘también’, ese adverbio que indica la igualdad, semejanza, conformidad o relación de una cosa con otra ya nombrada.

La verdad es que yo no creo que Rivera equipare a las señoras Aguirre y San Sebastián y al señor Rojo con el dictador Maduro. Lo que equipara es, exactamente, el zoológico desprecio con que Pablo y él, lindas mariposas, observan a las larvas.

Nota de EQM [201015/14:20]:

Efectivamente, en la charla del plató-bar el Évole apareció descolocado. Prácticamente ni apareció. Hubiera hecho mejor su papel con un mandil, en la barra -los tres de pie- sirviendo y tonteando con los dos pacifistas sorteando el pacto de no agresión, tipo Cataluña: todo lo que necesitas es amor. En el café-cantante.

Lo que ocurre es que sí hubo, al menos, una agresión, y Albert ‘también’ pareció llamarse a andana con el ‘también’, como exhibiendo el si quieres conocer a Juanillo dale un carguillo.

Yo ‘también’ esperaba, por tanto una inmediata explicación o aclaración de Rivera, incluso aunque fuera de mentirijillas. Por el qué dirán. Durante las siguientes 24 horas convocó una rueda de prensa y allí no hubo nada. De modo que me senté a esperar la explicación del afrentado.

Y tengo que decir que estoy totalmente de acuerdo con Arcadi.

La pérdida de formas -ya no digo de fondos- nos está invadiendo de tal modo que ya casi nadie se mueve con tal de salir en la foto.

Por eso quiero subrayar la estupefacción que me ha producido ‘también’ el editorial de hoy en El Mundo, que tampoco tiene una palabra en defensa del columnista, es decir, del periódico.

Se le olvidó su larva.

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Ojo con la equiparaciones

Santiago González en El Mundo, 191015.

Ayer por la noche, el travieso Évole hizo un simulacro. probablemente es lo que pretendía, porque si quiso hacer un debate a la presidencia del Gobierno entre los dos líderes emergentes, se equivocó de escenario -¡una cafetería de barrio!- de planteamiento y de estilo. El resultado práctico de la confrontación hasta el momento en que el aburrimiento y la previsibilidad de todo me recomendó la retirada, fue la confirmación de la tendencia. Albert Rivera sigue al alza mientras Pablo Iglesias agosta su discurso incapaz de resistir sus insuficiencias y la contradicción implacable de su propia hemeroteca.

Hubo en el debate un toma y daca profundamente turbador. Helo aquí:

«Iglesias: Hay algo que creo que te puede hacer daño y no te lo digo por criticar. Cuando Esperanza Aguirre te dice “me gusta Albert Rivera” o cuando Alfonso Rojo, Arcadi Espada o Isabel San Sebastián dicen “preferimos a Albert Rivera”, creo que esto te hace daño.

Rivera: Y cuando lo dice Maduro de vosotros también. Pero yo no pienso entrar en este juego, porque la gente está harta del “y tú más”.»

Ese ‘también’… ¿Cómo es posible que Rivera acepte, qué digo acepte, proponga la equiparación? La misma comparanza jode. Pudo decirle: Es normal que me prefieran a mí. Ellos son demócratas y yo también lo soy. Ellos defienden la Constitución de 1978 que tú quieres arrasar y yo también la defiendo. Una de esas cuatro personas que tú citas, Arcadi Espada, fue fundador de Ciudadanos, un partido que está abierto a todos los ciudadanos y a sus votos.

El problema de Podemos con Maduro, no es que este tipo haya expresado simpatía por Iglesias. Además de eso, ha apoyado con dinero a su partido, mientras encarcelaba a sus disidentes y empleaba sus escuadrones de la muerte contra los manifestantes. Eso sin hablar del apoyo que Podemos ha recibido de una república islamista que produce sus programas de televisión mientras ahorca, lapida o mata por precipitación a homosexuales, adúlteras, blasfemos y otras gentes de mal vivir.

Rivera no quiere decir “y tú más”, cuando es evidente que no sólo más, sino muchísimo más, tanto que no son magnitudes comparables. Podemos juega en otra liga. Albert Rivera acepta la comparación: los dos iguales para hoy. Lástima.

Rivera domina el ritmo del debate ante un Iglesias “cansado”

Los expertos consideran que el candidato de Ciudadanos ganó al de Podemos en su debate en La Sexta

El País, 191015.

“Cansado”. Así se definió Pablo Iglesias, candidato de Podemos a la presidencia del Gobierno, en el arranque de su debate televisado (La Sexta) con Albert Rivera, su homólogo de Ciudadanos. Ese arranque, según los expertos consultados, le arrebató la iniciativa, le colocó a rebufo de su contrario y le dejó ya por detrás durante todo el diálogo. Iglesias llegó a darle varias veces la razón a Rivera, lo que selló su derrota en un programa que concitó una audiencia millonaria.

“Rivera obviamente le pegó un repaso espectacular en cuanto a estilo y contenidos. El inicio de Iglesias aludiendo al cansancio es un horror. Es como salir a un partido diciendo, qué cansancio llevamos”, opina Luis Arroyo, experto en comunicación política. “Me sorprendió mucho desde el punto de vista técnico que Iglesias le diera tantas veces la razón a Rivera, porque se supone que son especialistas en estas cosas y eso es de primero de comunicación: ‘Sí, sí, estoy de acuerdo, voy a terminar votando a Ciudadanos, estamos de acuerdo…’ Un debate es fundamental llevar tú el ritmo y es evidente que el ritmo lo llevó más Rivera que Iglesias”, prosigue este especialista. “Así como Rivera se ha bregado en el Parlamento de Cataluña en un ambiente muy hostil, con mucho esfuerzo, manejando muy bien las expectativas, Iglesias pasó de los cómodos platós a la realidad de la competición electoral y no ha sabido adaptarse”, sentencia.

“A Iglesias le resultó muy difícil situarse frente a un candidato que no es ni representa lo que en Podemos han bautizado como la casta. Dio la impresión de que su discurso habitual no le servía para la conversación con Rivera, y que se dio cuenta cuando era tarde”, argumenta Gustavo Entrala, fundador de la agencia 101. “El discurso de Rivera se compuso de propuestas concretas sobre Economía. Al tratarse de una argumentación sobre temas específicos, Rivera le complicó la vida a Pablo Iglesias. Se posicionó en clave ganadora”, sigue. “Rivera lleva bien preparados los argumentos concretos sobre las medidas que propone. Pero que tenga cuidado porque sus próximos adversarios van a prepararse muy bien en los siguientes debates. Es fácil, por ejemplo, poner en tela de juicio que Dinamarca sea realmente el país que España quiere ser”, añade.  “A Rivera le pediría dejar un poco más de espacio a su interlocutor, mostrarse un poco más seguro de sí mismo y parecer más relajado. Con frecuencia echa el cuerpo sobre la mesa como abalanzándose sobre su interlocutor. Eso, al igual que las interrupciones, manifiesta ansiedad. Y la ansiedad puede con facilidad llevarte a cometer errores”.

La conversación tuvo lugar en una cafetería de Nou Barris (Barcelona). Los dos líderes acudieron acompañados por sus equipos de comunicación, tras preparar al detalle la intervención. Frente a las cámaras, Rivera apareció más cómodo y tendió a interrumpir a Iglesias, que aparentemente vivió con más tensión el formato.

El politólogo Pablo Simón, profesor de la Universidad Carlos III y miembro del colectivo Politikon, cree que a Rivera “le vino bien que se hablara mucho de economía”, un terreno en el que se le vio “más armado que Iglesias”. En su opinión, además, ambos afrontaban una pelea que depende de las expectativas actuales de las dos formaciones, que han cambiado después de las elecciones catalanas del 27 de septiembre. Es decir, el secretario general de Podemos “llegaba en condiciones de reprís”, mientras que el presidente de Ciudadanos estaba en estos momentos en condiciones de ventaja, según el panorama que dibujan las encuestas.

En este contexto, explica Simón, para Iglesias “contraponer su proyecto al de Rivera ahora le suma”. En febrero, por ejemplo, hubiera supuesto rebajarse al nivel de un potencial adversario. En cualquier caso, considera que en el debate Rivera tampoco arriesgó y se ciñó a sus propuestas frente a un programa que Podemos aún no ha presentado.

A pesar de ello, el número dos del partido emergente, Íñigo Errejón, fue uno de los encargados de defender los argumentos de Iglesias desde el término del debate con Rivera. En eso se centran en Podemos. En los argumentos y en las propuestas de corte social frente a Ciudadanos para destacar el valor de la intervención de su secretario general más allá de la imagen ofrecida en el debate. “No se trata solo de cambiar las caras, hay que transformar las instituciones”, afirmó el secretario de Política. “Cuando la gente cobra más la economía se expande y se construye un país próspero”, señaló, por ejemplo, en referencia a la propuesta de aumento del salario mínimo.  Errejón ha defendido también su discurso sobre los servicios sociales. “Servicios públicos a la altura de la gente que ha trabajado por nuestro país para tener una sociedad más próspera”, afirmó.

“Rivera fue el ganador del debate, pero lo importante era proponer”, argumenta, en cambio, Fernando de Páramo, secretario de Comunicación de Ciudadanos, que acompañó al presidente de esa formación al debate y le ayudó a prepararle. “Vi un proyecto y un candidato a la presidencia preparado para gobernar en Albert. Demostramos que se puede debatir con ideas pero también cuadrando las cuentas”, añade. “La responsabilidad de la nueva política no es solo propuestas, sino cuantificarlas y trabajarlas”.

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Notas.-

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