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Secuencia de la defensa de la discriminación penal negativa contra el hombre por ‘machista’ [PSOE] y por ‘patriarca’ [IU], frente a la tesis igualitaria de Ciudadanos, mantenida por la escritora y periodista Marta Rivera. Aquí el debate completo, celebrado anteayer en la 1 de TVE.

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Debate, suicidios femeninos y televisión

Anteayer se produjeron dos casos muy sonados en relación con la torticera utilización de la violencia doméstica, abanderada por la izquierda como una lucha de ‘géneros’ y consentida por una derecha amedrentada por lo políticamente correcto.

Por un lado, en el debate electoral de de la TVE1 [Pablo Casado (PP), Antonio Hernando (PSOE), Alberto Garzón (Unidad Popular-IU9), Andrés Herzog (UPyD), Miguel Puig (Democràcia i Llibertat), Montse Surroca (Unió), Aitor Estaban (PNV), Íñigo Errejón (Podemos) y Marta Rivera (Ciudadanos)], a Marta Rivera se le ocurrió la idea -por lo visto suicida- de equiparar las violencias no distinguiendo entre las personas que las sufren -mujeres, hombres, niños, abuelos, etc.- y proniendo, en consecuencia, que el tratamiento penal, político y moral fuera el mismo.

Por otro, una mujer, presuntamente pertubada -al igual que si hubiera sido un hombre- lanzó desde su casa de Gerona, por la ventana, a sus dos hijas -una de 10 meses-  y acto seguido se suicidó.

El debate

La escritora y priodista Marta Rivera, en nombre de Ciudadanos, se mostró partidaria de arrumbar las actuales políticas cométicas que diferencian el trato penal, político y moral que se da a la violencia del hombre sobre su pareja de la que se practica, por hombres y mujeres sobre niños, abuelos y demás familia, es decir, lo que siempre se ha denominado violencia doméstica.

Qué dijo. Inmediatamente se le tiró al cuello es personaje llamado Antonio Hernando (PSOE), portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, bramando contra ella y Ciudadanos por tal osadía, que demostraba su desconocimiento del grave problema ‘machista’ que está sufriendo nuestra sociedad que, por lo visto, exige, el linchamiento preventivo del hombre ante cualquier denuncia de su mujer.

A marta de faltó experiencia política para replicarle, por ejemplo, con qué certificado moral cuenta él para considerarse así o, en todo caso, por qué desde que Jesús Eguiguren fue condenado como delincuente por pegar una paliza a su mujer en 1992, le han permitido continuar como diputado del Parlamento Vasco y le han otorgado los cargos de Presidente del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra (PSE-EE) y miembro del Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

O qué le parece el linchamiento del exministro socialista canario, Juan Fernando López Aguilar, a manos de su santa esposa, al acusarle falsamente de violencia de género.

También intervino Alberto Garzón, ese chikilicuatre de Izquierda Unida, despreciado incluso por los sandalios de Pablemos y que ahora es candidato en nombre de Unidad Popular-IU9. El muchacho se dedicó a atacarla, también nombre del 15M [sic], cuando el propio Cayo Lara tuvo que huir por patas de una de las manis al intentar apropiarse del ‘éxito’ de aquellas mareas antideshaucios. Su fundamentación antimachista fue apoteósica: por el ecofeminismo y contra el ‘patriarcado‘ [sic].

Pablo Casado (PP) y los nacionalistas hicieron sordos y sólo Andrés Herzog (UPyD), mantuvo una posición cercana pero sin mojarse más de lo justo.

La suicida

O sea, en el lenguaje políticamente correcto aplicado exclusivamente a los hombres, esos ‘machistas’, se trataría de un asesinato ‘de género femenino’ e infanticida, seguido del suicidio de la asesina.

La corrección política feminista -fundamentalmente mediática- lo ha convertido en la locura de una pobre enferma mental.

Cuando eso lo hace un hombre, como digo, tendríamos, una vez más, collas de demagogos minutando silencios en las puertas de los Ayuntamiento de España, contra todo un asesino y, como como hombre, machista y nada perturbado, pues.

TVE

El principal telediario de ayer a las 15 horas, seguramente sin necesidad de recibir instrucciones directas de Mariano Rajoy, supo sacarle tajada al doble suceso en favor de su señorito: primera plana para la afrenta de Rivera y todas las condolencias para la madre que -probablemente, dado que una tenía 10 meses- lanzó a sus dos hijas por la ventana, fruto, sin duda, de una perturbación.

Le faltó ser hombre, verdad, para que fuese toda una asesina.

EQM

Pd.- El País, ayudando: ‘Rivera se queda solo con su idea sobre la violencia de género‘. Espero que los millones de hombres que se sienten injustamente discriminados, preventivamente linchados y a la espera de que cualquier día les puedan alcanzar una denuncia falsa, tomen buena nota y se alejen lo que consideren oportuno del grupo PRISA.

Algún día alguien se dará cuenta de que la actual táctica política contra una violencia en particular, generalizando el linchamiento preventivo del hombre, a quien más perjudica es, precisamente, a la mujeres verdaderamente maltratadas.

El patriarcado como mito [de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” (2013), de Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora].

Las mujeres también son violentas [2009], de Gerahrd Amendt
Mujeres violentas con sus parejas [2012], de Beatriz Literat

Hay por tanto que gritar a los cuatro vientos que, en este último bienio:

1.- La violencia física o sexual en la pareja española se situa en torno a un porcentaje [10%] que supone alrededor de la mitad de la media de la Unión Europea [20%].

2.- La incidencia en la práctica de tal violencia es de origen abrumadoramente extranjero: los agresores con resultado de muerte fueron 55, 40 españoles y 15 extranjeros, lo que supone el 8,6 por cada millon de extranjeros residentes en España, frente al 0,9 por cada millón de españoles.

3.- De los 55 agresores con resultado de muerte, 11 de ellos [20%] se suicidaron inmediatamente después de cometer el hecho o en el Centro Penitenciario (esto ocurrió en una ocasión) y 9 [16%] lo intentaron.

Fuente: Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2015: Avance de ResultadosMemoria del Fiscal General del Estado correspondiente a 2013Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en el documento ‘Violencia contra las mujeres: una encuesta en toda la UE‘ [2014]. Via.

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Sentencias 2014

En este gráfico correspondiente a 2014 se puede apreciar, aproximadamente, cuántas de las 126.742 denuncias presentadas se quedan en nada si les restamos las 28.365 sentencias condenatorias [22.38%].

Detrás de tal asimetría se encuentra el auténtico problema desvertebrador y demonizador de la gratuíta denuncia falsa que, sin cursar procedimiento penal como tal, habitualmente, acaba en archivo o sobreseimiento y que, por maligna añadidura, en muchos casos favorece los intereses de la denunciante en casos de separación o divorcio.

Fuente de los datos: CGPJ.

Actualización: 111215;13:30

El desprecio y el sexo

Santiago González en El Mundo, 111215.

Es el caso que en el debate a nueve, la candidata a diputada Marta Rivera de la Cruz fue interpelada sobre la intención de Ciudadanos de eliminar el agravante penal por violencia de género, una discriminación por razón de sexo que el zapaterismo introdujo mediante la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, sencillamente llamada Ley contra la Violencia de Género.

Rivera se vio rodeada en el debate a propósito del programa de su partido. De las 335 páginas del programa, hay tres, de la 203 a la 205 que tratan de manera específica, razonada y razonable la cuestión de Igualdad y violencia de género e intrafamiliar. La frase que suscitó el escándalo del socialista Hernando fue la siguiente: “En cuanto a la actual ley contra la violencia de género, en Ciudadanos pensamos que debe ser modificada para acabar con la asimetría penal por cuestión de sexo y la ineficacia de la propia ley”.

El hombre que ha sido portavoz socialista en el Congreso durante la legislatura pasada se puso severo para decir: “C’s quiere quitar el agravante por violencia de género. Se conoce que no han entendido ustedes nada”. La interpelada respondió que “es tan grave que un niño vea cómo su padre mata a su madre como que vea que su madre mata a su padre”, y denunció los fallos de la ley mientras el portavoz en funciones la miraba como las vaquitas al tren del tópico.

El pobre Sánchez ha terciado en el debate para exigir a Ciudadanos que modifique la propuesta reproducida más arriba porque expresa “un pensamiento reaccionario” que demuestra “un desconocimiento pasmoso” de esta realidad.

Hagamos un poco de historia para que Antonio y Pedro se aclaren un poquito. Esa protección de la mujer que debe de parecerle progresista al joven, aunque despistado Sánchez, data de 1944, cuando el franquismo creó un agravante para los delitos que tuvieran como víctimas a mujeres. Se llamaba “desprecio de sexo” y así estuvo durante los 39 años siguientes. Hasta que aquel Congreso de los 202 escaños socialistas aprobó la eliminación del agravante. Las iniciativa fue del PSOE, naturalmente.

Era ministro de Justicia Fernando Ledesma Bartret. Su directora de Gabinete se llamaba María Teresa Fernández de la Vega. Defendió la posición del PSOE el diputado Paco Granados, mi librero de Burgos. Sostuvo que el argumento de la debilidad de la mujer era insostenible en unos tiempos en que una mujer –la Sansona del siglo XX la llamaban- arrastraba un camión tirando de una soga con los dientes.

El Tribunal Supremo se había adelantado. En sentencia de 1977 estableció que: “La agravante de sexo es un tanto anacrónica en tiempos como los actuales, de emancipación femenina en los que la mujer ha conseguido o está en trance de conseguir la absoluta igualdad de sexos, pareciendo que incluso desea renunciar a todo privilegio o protección que implique discriminación o desigualdad respecto al varón”.

Así fueron las cosas y tantos años más tarde los compañeros de Eguiguren siguen agarrándose a la galantería franquista para proteger a las mujeres. ¡En tiempos de la Dulce Neus! Literalmente acojonante. Estoy convencido de que no es maldad, sólo ignorancia.

Marta Rivera tiene razón

Federico Jiménez Losantos en El Mundo, 111215.

Se le puede reprochar a Albert Rivera haber salido a empatar a cero para pasar la eliminatoria del Atrespartito, cuando podría haberla ganado, pero Ciudadanos sigue siendo el rival a batir por la pinza de PPodemos y cuando se atontolina lo despiertan sus enemigos calumniándolo. Es el caso de la campaña contra una de las figuras más notables de las listas de C’s, Marta Rivera de la Cruz, escritora gallega de éxito y defensora de los derechos de sus paisanos, que somos todos los españoles, contra las imposiciones lingüísticas del nacionalismo, agravadas por el PP.

En el debate a 9 del miércoles en TVE, Rivera defendió la igualdad de género que proclama la Constitución contra la Ley de Violencia de Género que discrimina a las personas por razón de sexo, y que sólo por abyecta demagogia propuso el PSOE, tragó el PP y refrendó el Constitucional. Esto dijo: «Es tan grave que un hijo vea cómo su padre mata a su madre que el que vea cómo su madre mata a su padre». Las feministas de verdad –Arenal, Pardo Bazán o Campoamor– se habrían levantado de la fosa para aplaudirla. Las feminazis sexistas y las femitontas de cuota se le han lanzado al cuello por defender el gran logro de las mujeres -y de las sociedades donde ha sido posible- en el último siglo: la igualdad ante la ley en todos los ámbitos, incluido el criminal.

Rivera tiene razón y, además, Constitución: «Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social» (Art.14). Pero va Susana Camarero, del PP, y tuitea: «Ciudadanos pretende debilitar la Ley contra la violencia d Genero. Debería pensar antes en las más de 750 mujeres asesinadas en 10 años». O sea, que Marta Rivera no piensa en las mujeres asesinadas. Ese es privilegio de Camarero, que tras criticar ferozmente la Ley en el Parlamento, cobardemente, la votó.

El sexismo debería ser ilegal siempre. La mentira como arma política, también. Soray, la Niña de Rajoy, que montó con Ana Pastor el numerito feminoide del móvil, llama a Marta «desacertada»; Alfonso Alonso, «disparate»; y Catalá, que son «propuestas desde el desconocimiento, la frivolidad». Yo pensaba ya votar a Rivera Albert. A Rivera Marta, como ciudadano, la requetevotaré.

Entrevista a Erin Pizzey, escritora británica, militante por los derechos de la mujer y contraria al negocio ecofeminista. Es mundialmente conocida por ser la fundadora de una de las primeras casas de acogida para mujeres víctimas de violencia doméstica, en 1971. En 1974 escribió el primer libro del mundo sobre el tema de la mujer maltratada, ‘Scream Quietly or The Neighbors Will Hear‘ [Grita Bajito o los Vecinos lo oirán]. En inglés con subtítulos en español.

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La violencia doméstica no es una cuestión de sexo [2005]

Erin Pizzey
[
Traducido con permiso expreso de la autora por Antonio Luengo Dos Santos]

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En 1971 abrí el primer refugio del mundo para víctimas de la violencia doméstica. Estuve trabajando en un pequeño proyecto de comunidad en Chiswick, un suburbio de Londres, cuando una mujer entró y me enseñó sus arañazos. La llevé a casa esa noche y desde entonces mujeres con sus hijos aparecían en la puerta. Mi pequeño centro comunitario se convirtió en el primer refugio del mundo para víctimas de la violencia doméstica.

Porque, desde el principio, yo era consciente de que la violencia doméstica no era una cuestión de sexo. Abrí un refugio para hombres en el Norte de Londres, que cerró por falta de apoyo y financiación. Yo era consciente de que, de las primeras cien mujeres que entraron en el refugio, sesenta y dos eran tan violentas, o en algunos casos más violentas, que los hombres que habían dejado atrás. Escribí mis averigüaciones en “Un Estudio Comparativo de las Mujeres Maltratadas y las Mujeres Proclives a la Violencia”, todavía sin publicar.

Creo que la violencia en las relaciones interpersonales es un patrón de comportamiento aprendido en la temprana infancia. Algunos chicos que son expuestos a la violencia de manos de sus cuidadores primarios, generalmente madres y padres, internalizan el comportamiento abusivo y en adelante utilizan la violencia y el abuso como una estrategia de supervivencia.

En el refugio, me encontré que estaba enfrentando dos problemas diferentes. Algunas mujeres eran victimas “inocentes” de sus parejas “violentas”: ellas necesitaban refugio, confort y consejo legal muy rápidamente. Incluso si ellas volvían con el compañero violento en algunas ocasiones, se separaban del abuso y salían para crear un nuevo estilo de vida no violento.

Otras mujeres, por el contrario, eran “víctimas de su propia violencia”, la mayoría de ellas habían experimentado violencia y abuso en la infancia. Tenían una historia de relaciones violentas y a menudo antecedentes criminales. Necesitaban no solamente consejo legal y refugio, sino también consejo profesional para ayudarlas a terminar con sus propios antecedentes abusivos, para que no continuasen volviendo a las relaciones violentas y abusivas reemplazando al compañero violento casi inmediatamente por otro, condenando por tanto a sus hijos a años de abuso.

Las mujeres que no son violentas en sí mismas encuentran extremadamente difícil compartir acomodo con las mujeres que son, no solamente abusadoras, sino también violentas con sus propios hijos. Muy rápidamente, tan pronto abrí otros refugios y analicé a las mujeres violentas y a sus hijos, opté por acoger a estas mujeres proclives a la violencia y creé una gran comunidad terapéutica, que intentaba ayudar a las víctimas que eran violentas por sí mismas.

Tuve un acuerdo recíproco con aquellos refugios, para que acogieran a las mujeres que no tenían necesidad de nuestra comunidad terapéutica. Teníamos algunos proyectos importantes, pero los más valorables fueron nuestro segundo estadio de casas, donde las mujeres podían moverse en grupos de cinco mujeres con sus hijos, y compartir unas con otras el tiempo hasta que fueran realojadas.

El grupo de ayuda y hermandad en las casas ayudó a las mujeres muy vulnerables y sus hijos a encontrar sus raíces. Ya que fueron alojadas dentro de un cierto área, el segundo estadio de alojamiento estaba siempre allí para ofrecerles ayuda, y el centro de crisis tenia incluso la puerta abierta. Si una mujer se encontraba en dificultades o en una relación violenta, siempre era bienvenida en la casa madre de Chiswisk.

Mi argumentación con el movimiento feminista

En 1969 vi la primera manifestación de los colectivos feministas en Inglaterra. Al mismo tiempo que yo abría mi refugio, el movimiento feminista estaba buscando financiación y una causa justa. Ellas redefinieron los idearios marxistas y declararon que eran los HOMBRES (los patriarcas), no el Capitalismo, los que mantenían las ventajas del poder sobre las mujeres y los grupos minoritarios (el proletariado). Todos los hombres eran ahora el enemigo. La vida familiar era un lugar peligroso para las mujeres y los niños, porque los hombres utilizaban la violencia física y emocional para mantener sus ventajas de poder, y las mujeres solamente reaccionaban violentamente en defensa propia.

Harriet Harman, Anne Coote y Patricia Hewill expresaron sus creencias en un escrito de política social llamado “La vía familiar”: “no puede [dijeron], por tanto, asumirse que los hombres están ligados a ser un atractivo para la vida familiar, o que la presencia de padres en las familias es necesariamente un medio para la armonía y cohesión”. Estos sentimientos animaron al movimiento feminista radical a manifestar que todos los hombres y niños eran violadores y maltratadores en potencia”.

Anna Coote y Beatrix Campbell, en su libro “Dulce Libertad”, ven (feministas) la violencia doméstica como una expresión del poder que los hombres empuñan sobre las mujeres, en una sociedad donde la dependencia femenina fue construida dentro de la estructura de la vida diaria. De su propia extensa experiencia de trabajo en los refugios, ellas concluyen que la esposa maltratada no era la práctica de unos pocos desviados, sino algo que podía emerger en el curso “normal” de las relaciones matrimoniales, y para “limitar cualquier refugio o ayuda a las mujeres y los hijos’. A los hombres no se les permite trabajar o visitar los refugios, y a ningún hombre se le permite sentarse en ningún Comité de los refugios afiliados a la “Federación Nacional de Ayuda a Mujeres”. Aquellos refugios que no cumplen con la ideología feminista reconocida por la Federación, se les niega la afiliación. Muchos de los niños varones de sus refugios superan los doce años.

A mediados de los años 1990, por primera vez se hizo el “Primer Estudio Británico del Delito” (British Crime Survey), y el Ministerio del Interior registró las víctimas masculinas de la violencia doméstica. Lentamente se hizo evidente que los estudios académicos de todo el mundo estaban empezando a refutar los hallazgos de las agencias feministas, que habían mantenido como estrangulado al movimiento mundial de refugios. Lentamente, me empezaron a pedir que hablara en varios foros sobre la Violencia Doméstica, y a grupos de hombres, sobre el hecho de que la violencia doméstica no era y no ha sido nunca una cuestión de sexo. Un gigantesco plan propagandístico ha sido perpetrado y se han producido insostenibles estadísticas para alimentar una desastrosa y dañina política ideológica, que ahora es una industria de un billón de dólares en todo el mundo, que discrimina contra muchos padres y hombres inocentes.

El presente

Recientemente me han enviado un artículo de Donal Dutton, “Agresión y comportamiento violento”, volumen 10, tema 6. En este artículo, Don Dutton revisa una amplia lista de literatura sobre el tema de la violencia doméstica.

Ya que yo creo que la violencia interpersonal es un patrón de comportamiento aprendido en la infancia temprana, encuentro que los argumentos de si los hombres atacan primero a las mujeres o las mujeres a los hombres, es irrelevante. Ambos sexos son lesionados cuando se exponen a la violencia y cualquier sexo puede convertirse en víctima o agresor. Mucha de la violencia puede ser consensuada, es decir, ambos compañeros son violentos creyendo cada uno que el otro es el agresor.

Dutton dice que “los estudios sugieren que este quemado argumento sobre el sexo no está demostrado empíricamente, porque el comportamiento de ambos compañeros contribuye al riesgo de abuso significativo de la pareja, y ambas partes deben de ser tratadas”.

En su conclusión Dutton dice: “Al mismo tiempo, uno tiene que preguntarse si las feministas están más interesadas en disminuir la violencia dentro de una población o en promocionar una ideología política. Si están interesadas en disminuir la violencia, debería de disminuirse en todos los miembros de una población y por los medios más efectivos y útiles posibles. Esto significaría un acercamiento tratamiento/intervención”.

Ésta era la aproximación que se practicaba en el refugio de Chidwisk, donde hace treinta años me di cuenta de que, para algunos niños nacidos en violentas y a veces abusivas familias, a menos que se adoptara un método terapéutico, muchos de estos niños crecerían para repetir los patrones de sus progenitores.

La tragedia para mí es que tuve la visión de que la gente que estaba infectada por una crianza disfuncional y violenta podía encontrar un lugar que les ofreciera la oportunidad de aprender a vivir en paz y armonía. [Pero] este sueño fue destruido, junto con todos mis proyectos y evidencias. El movimiento feminista rechazó resolutivamente cualquier argumento en el que las mujeres pudieran tener responsabilidad en su elección de relaciones. La imagen de mujeres como víctimas, como indefensas e infantiles dependientes de los brutales hombres a lo largo del mundo, ha dañado las relaciones entre los sexos. La idea de que la familia es un peligro para las mujeres y los niños, ha destrozado mucho de nuestros tradicionales conceptos sobre el matrimonio. La feministación de la familia y de la sociedad Occidental ha causado que los hombres se conviertan en unos parias y en una fuente de ridículo a los ojos de sus hijos.

Otros artículos de la autora:

Trabajando con mujeres violentas 
¿Por qué detesto el feminismo?

Las denuncias falsas

María Sanahuja en El País, 221208.

María Sanahuja es magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona y miembro de Jueces para la Democracia y la Plataforma Otras Voces Feministas

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Han pasado más de cuatro años desde que se inició el debate para valorar el impacto de las reformas legislativas que en materia de violencia doméstica había realizado el PP en 2003, y que continuó el PSOE con la ley contra la violencia de género en 2004. Se empezó a decir en voz alta que no se estaban respetando los derechos fundamentales de muchos ciudadanos en España, que las leyes aprobadas contribuían a aumentar el nivel de intensidad del conflicto en las parejas heterosexuales, provocaban dolor innecesario, suponían un despilfarro para el erario público y no conseguían atajar lo más mínimo el problema de la violencia extrema sobre las mujeres.

Ahora podemos afirmar que el único avance en el respeto a las libertades fundamentales de todos que, de momento, hemos conseguido en esta materia, es que podamos hacer uso de nuestro derecho a la libertad de expresión. Se había instalado un pensamiento único que llevó a varias asociaciones a solicitar al CGPJ, en 2005, que me sancionaran y prohibieran hablar en público.

Expuse entonces que todos estábamos teniendo un comportamiento poco acertado. Me refería a jueces, fiscales, policías, abogados, periodistas y a muchas mujeres que utilizaban el Código Penal para obtener mejores condiciones en los procesos civiles de rupturas de parejas.

La presión mediática ha llevado a muchos profesionales a una reacción defensiva y de autoprotección ante el miedo a las posibles consecuencias personales. Así, jueces que han concedido prácticamente todas las órdenes de protección que les han solicitado por temor a que se les pudiera acusar de no haber tomado medidas, colapsando así los servicios administrativos de protección a las víctimas que difícilmente las pueden atender; fiscales solicitando en prácticamente todos los casos que se adoptara una orden de protección, normalmente alejamiento, muchas veces sin demasiadas pruebas y sin valorar que ello podía comportar pérdida de empleo si ambos trabajaban en la misma empresa, o dificultades para permanecer en una ciudad pequeña con el estigma de maltratador; policías que han procedido a la detención de miles de hombres sin más indicios que la sola afirmación de la denunciante, sabiendo que en uno o dos días serían puestos en libertad por el juez, y sin considerar el trauma que para algunos ciudadanos puede suponer pasar esas horas detenido, esposado y trasladado junto a delincuentes, todo por miedo a exponerse a un expediente disciplinario si luego ocurría un hecho luctuoso, ya que “ellos también tenían familias”; abogados que han recomendado la interposición de una denuncia por malos tratos porque se podía solventar en horas la atribución provisional del uso de la vivienda familiar, ya que la orden de alejamiento supone la expulsión inmediata de la misma, así como la fijación de una pensión de alimentos y la custodia de los hijos; periodistas que cuando se producía un hecho grave lo exponían de modo que culpabilizaban a todos los que de un modo u otro habían intervenido, y en ocasiones de manera sensacionalista (esto ahora ya no ocurre); y mujeres que, sin ningún escrúpulo ni respeto por las que están padeciendo situaciones terribles sin atreverse a denunciar, han abusado de lo que se les ofrecía, poniendo en marcha el aparato policial y judicial con fines espurios, en algunos casos inventándose directamente hechos que ni siquiera han ocurrido, pero con escaso riesgo de que ello pueda demostrarse, y se les exijan responsabilidades.

Pero no es la maldad de algunas personas la causante del problema. Lo tremendo es estructurar un sistema legal, y una aplicación de la norma, que permita a los perversos utilizar la organización colectiva para conseguir sus objetivos, causando daño a muchos otros (niños, abuelos, padres…), y se mantenga durante años a pesar de la evidencia de que no ha dado resultado. Mueren tantas mujeres como antes.

La ley integral contra la violencia sobre la mujer, aprobada por unanimidad por el Parlamento, era bienintencionada, pero los que formamos parte de la estructura judicial del Estado sabíamos que únicamente tendría desarrollo la parte referida a la modificación del Código Penal, con escasísimos medios y total falta de coordinación con otros profesionales (especialmente servicios sanitarios y sociales de cada lugar), pues la ley ni siquiera encargó a nadie el desarrollo de esta necesidad.

La consecuencia de atribuir a un órgano de cada partido judicial en exclusiva esta materia ha desorganizado la estructura judicial y colapsado los juzgados de violencia, que se han convertido en destinos que no quiere prácticamente nadie. Hemos consentido la detención de miles de hombres que luego, en su mayoría, han resultado absueltos, y probablemente habremos condenado a más de un inocente, en aplicación de unas leyes que, como la Ley de Enjuiciamiento Criminal, denomina “agresor” al denunciado, antes de iniciar cualquier investigación tendente a averiguar la certeza de los hechos. Y mientras tanto, la mayoría de las mujeres que sufren violencia extrema siguen en muchos casos padeciéndola en silencio, viendo cómo su causa ha sufrido el desprestigio por la acción de los que sólo las han utilizado para sus propios fines y aspiraciones. Es hora de iniciar de nuevo el debate en el Parlamento, y valorar los resultados del camino andado.

Stefan Molyneux, filósofo canadiense libertario, escritor, y líder de audiencia a nivel mundial con el programa Freedomain Radio, entrevista a Erin Pizzey en 2014 con motivo del Simposium sobre Violencia Doméstica de Toronto y de de la Conferencia de Asuntos Masculinos de Detroit.

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Entrevista:MARIA SANAHUJA | Juez decana de Barcelona | LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LOS JUZGADOS

“Las riñas entre novios adolescentes están acabando en los juzgados”

El País, 121204.

La juez decana de Barcelona, Maria Sanahuja, de 43 años, levantó una gran polvareda en mayo cuando alertó del “abuso” que en su opinión cometen algunas mujeres al denunciar supuestos malos tratos para presionar en la separación. Hoy, esta juez mantiene que la Ley Integral contra la Violencia de Género [que entrará en vigor en enero] no ha sido suficientemente consensuada.

Pregunta. ¿Nota que los problemas que denunció en mayo se han solucionado?

Respuesta. Me temo que no. Nos estamos yendo más allá de los límites de lo razonable en la aplicación del Código Penal. Si obligamos a los jueces a que castiguen duramente hechos leves, pueden verse empujados a absolver a los acusados, ya que saben que la pena que deben imponerle en caso de hallarlo culpable es desproporcionada.

P. ¿Los jueces se ven atrapados por un Código demasiado rígido?

R. El derecho penal no resuelve los problemas sociales. Así lo manifestaron algunos de los más prestigiosos juristas en un manifiesto del pasado mes de junio. Además, el principio de presunción de inocencia está sufriendo mucho. En muchos casos no hay pruebas y, sólo con la palabra de la mujer se produce una condena o una absolución. Esto acarrea riesgos importantes, ya que el juez puede verse obligado a actuar por intuición. Las mujeres no siempre dicen la verdad y eso debemos tenerlo muy en cuenta.

P. ¿Hasta qué punto los jueces se topan con estos problemas en su trabajo del día a día?

R. Los jueces me lo cuentan cada día: la violencia doméstica está suponiendo tal incremento del trabajo en los juzgados de instrucción que la gente, jueces, secretarios y funcionarios, se están marchando. Los juzgados, sobre todo los de ciudades medianas, se están desertizando.

P. ¿La nueva ley va a intensificar a su juicio estos problemas?

R. De hecho, ya está ocurriendo. Las riñas y las discusiones familiares ya se están manteniendo en los juzgados. Se está juzgando a padres que le han pegado una bofetada a su hijo porque éste le empujó. Y se les condena por un delito de violencia doméstica. Las riñas entre novios adolescentes están acabando en los juzgados de guardia. No sé si tantos recursos del Estado deben destinarse a estas cosas.

P. Usted ha denunciado también el abuso que hacen de esta ley algunas mujeres en proceso de separación.

R. Una mujer de Madrid que se divorcia debe esperar, en algunos casos, nueve meses para que el juez fije la pensión alimenticia para su hijo. Aquí es donde empieza la tentación de que, si el marido te ha dado un empujón, puedas ir al juzgado de guardia, lo denuncies y en 24 horas puedas obtener una pensión y una orden de alejamiento y solucionar en muy poco tiempo un problema que habría llevado muchos meses resolver.

P. ¿Cree que se abusa de las órdenes de alejamiento?

R. Los jueces rechazan una de cada cuatro solicitudes, pero me temo que alguno está dictando órdenes de alejamiento sin suficientes indicios de necesidad. Trabajan con mucha presión mediática y social y dictan órdenes para evitar el escándalo que se produciría si una mujer a la que se le ha denegado este alejamiento o protección fuera agredida de nuevo. Pero se ven obligados a actuar a ciegas, sin pruebas, sin suficientes indicios. En cuanto a las órdenes de protección, cuantas más se dan, menos capacidad tiene la policía para hacer el seguimiento de su cumplimiento. Todos sabemos que el 90% de los agresores incumplen esa orden. Si tenemos unas pocas mujeres en situación grave pero con casos muy identificados, podemos poner suficientes agentes para protegerlas.

P. Se ha dicho que usted ha abandonado su feminismo.

R. Mi feminismo no hace como este Código Penal, que nos trata como si fuéramos tontas. Antes necesitábamos un padre o un marido para saber qué nos convenía en la vida, ahora necesitamos al Estado. Y este Código nos impide, por ejemplo, que si después de una discusión y unos empujones hay una condena por este hecho leve, la pareja pueda reconciliarse.

P. ¿Y cuál es la salida?

R. Debemos evitar judicializar todavía más la vida familiar. Debemos saber diferenciar los casos leves de los que realmente merecen una actuación decidida por parte de la justicia. Para hacerlo habrá que abordar una reforma del Código Penal.

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Notas.-

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