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Ilustración de ‘ULISES‘ [México, 1963] en El Mundo, 211215.

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Mariano y Pedro no dan crédito [a su derrota]

Mariano

La situación en la que Mariano Rajoy ha dejado al Partido Popular de cara a las elecciones sustanciadas el domingo han sido formidablemente sintetizadas por Jesús Cacho en su artículo del día 20, que les adjunto.

Por otra parte, ayer se reunió el Comité Ejecutivo del PP y Aznar reclamó un próximo Congreso abierto, con estas palabras:

“Estoy aquí como presidente de honor del partido. Es evidente que vivimos un momento muy difícil. En España y en el Partido Popular. Por eso he venido a decir dos cosas y a establecer, en este órgano del partido, mi posición sobre las dos.

En primer lugar, en relación con el proceso de investidura de un nuevo presidente del Gobierno de España, quiero decir que apoyo los esfuerzos que Mariano Rajoy, como candidato de la lista más votada, va a realizar en ese sentido, y que espero sinceramente que puedan dar el mejor fruto.

En segundo lugar, en cuanto al futuro de nuestro partido, nadie puede dudar ya de que la evolución del PP, hasta llegar a estas elecciones, requiere una reflexión profunda.

Esa reflexión nos debe llevar a la recuperación de la confianza de los españoles. A la recuperación también del espacio de centro-derecha en España. A la articulación de un proyecto político abierto e integrador. Y tiene que plasmarse en un Congreso –que, como sabéis, por Estatutos tiene que celebrarse– que, en mi opinión, debe ser abierto para que los militantes puedan definir el futuro de nuestro proyecto y elegir la dirección del partido.

Por supuesto, no hace falta que os diga que yo no tengo la más mínima intención de presentarme a nada. En todo caso, asistiré solo en mi condición de militante”.

Mariano ha respondido que, como bien dice el Presidente de honor -que no estuvo sentando, como suele ser habitual, a su lado- el Congreso está ya programado y sufre cierto retraso. Pero ha dicho más: se presentará nuevamente como candidato a la Presidencia del partido.

O sea, Mariano está autorizado para intentar gobernar pero las condiciones las pondrá, colegiadamente, a las claras o discretamente, su partido. O sea, si las condiciones de los demás se convierten en requisitos sine qua non y, entre ellas, se encuentra que el candidato a Presidente no sea Mariano, éste no tendrá más remedio que dejar paso.

Pero también o sea: no se siente derrotado en las urnas y peleará por ser él mismo quien lidere la regeneración de la organización.

Pedro

Siente que ha participado en un logro que ha ‘hecho historia’ y, en consecuencia, está por la labor de liderar la recuperación de la ruina, sin interés ninguno en recordar cómo Rubalcaba dimnitió después de haber obtenido 20 escaños más de los que él ha obtenido. De modo que ha manifestado su decisión de presentarse a la reelección como Secretario General.

O sea, Pedro está autorizado, por el momento, para seguir donde está pero las condiciones las pondrá, colegiadamente, a las claras o discretamente, su partido. O sea, Pedro no sólo no saldrá reelegido sino que es muy probable que su partido le invite a abandonar su cargo cuando menos se lo espere.

Mariano y Pedro no dan crédito a su rotundo fracaso y, faltaría más, a quienes les piden, amablemente, que se jubilen.

Difícilmente estos personajes pueden resultar idóneos para que sus partidos pacten y ya no digo nada si, a falta de acuerdo, se ven abocados a unas nuevas eleccciones que ni ellos ni Rivera apetecen.

EQM

OTRO[S]SÍ:

El daño que los medios privados -con el apoyo de PPPSOE y el abandono de TVE- han producido a la democracia española contribuyendo a ‘fabricar’ el chavismo español aprovechando el 15M es descomunal.
Urge que TVE vuelva a competir con publicidad y se dedique a una elemental educación para la ciudadanía que trate, al menos, es un decir, de que los jóvenes vuelvan a ayudar a cruzar la calle a los viejos: educación general básica.

¿Se imaginan que el Mariano optara por acercarse a los votos que que la faltan procurándose de los 8 de la antigua CIU y los 6 del PNV? Pues yo sí.
¿Y saben quién lo impedirá? Ciudadanos, que jamás llegará a ese acuerdo. Sólo por eso ya me alegro de que C’s exista.

Vivimos tiempos en los que conviene distinguir no entre el rojo y el azul sino entre los que respetan la Ley y la soberanía nacional y los que van directamente contra ambas.
Por esto que ha ocurrido es malo pero mucho peor es lo que puede llegar a ocurrir sin PPPSOE, con la ayuda de C’s, no dan un giro de 180º.
Esta gentuza independenista y chavista es el fruto de más de 30 años de abandono de la educación.
Y cada día se siguen formando en las escuelas públicas miles de futuros votantes por la autodeterminación popular y la revolución bolivariana, de Compromis, de Colau y de las mareas gallegas.
Yo espero que lo vean o se lo hagan ver.

Ilustración de Eduardo Estrada [España, 1967] para El País, 201215.

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Un Congreso ‘colgado’ a renovar en 2017

José A. Zarzalejos en El Confidencial, 211215.

· El centro-derecha, la izquierda y los nacionalistas carecen de permeabilidad entre sí para formar una agrupación de diputados que permita la investidura del presidente y un programa de legislatura

Los británicos denominan ‘parlamento colgado’ al que carece de posibilidad de establecer mayorías para gobernar. El Congreso de los Diputados se encuentra en esa situación tras la pírrica victoria del PP. Tres bloques bien diferenciados entre sí resultan del todo incompatibles y los tres son, por sí mismos, insuficientes. El centro-derecha (PP y Ciudadanos), la izquierda (PSOE y Podemos) y los nacionalistas (ERC, DyL y PNV) carecen de porosidad o permeabilidad entre sí para formar una agrupación suficiente de diputados que, en primer lugar, permita la investidura del presidente del Gobierno, y, en segundo, acuerde un programa de legislatura. El panorama es de absoluta ingobernabilidad y remite la situación a dos únicas alternativas: 1) un Gobierno al que se le permita gestionar los Presupuestos ya aprobados de 2016 con el compromiso de acudir a las urnas de nuevo en 2017 y 2) apurar los plazos legales sin llegar a un acuerdo de investidura y, por automatismo normativo, ir a nuevos comicios en primavera. Cualquier otra opción que permitiese sostener la legislatura no se ve por parte alguna.

Estas elecciones, desde el punto de vista político, han servido para licenciar a Mariano Rajoy y enviar al PP un mensaje inequívoco de renovación y otro bastante similar a Pedro Sánchez y al PSOE. Aunque el bipartidismo ha superado la barrera del 50% de los votos emitidos, se ha impuesto un esquema partidario inédito y, de momento, inmanejable.

Desde esta perspectiva, los comicios disponen de la gran utilidad de visualizar la curva descendente del PP y del PSOE, e invocan a su capacidad de recuperación en un plazo más bien breve. Permitirán también observar cómo se mueven los partidos nuevos -Podemos y Ciudadanos- en un escenario tan complicado como el que dejaron el domingo las urnas, y de qué manera ambos se convierten en organizaciones menos provisionales y más sólidas de lo que hasta el domingo eran. En alguna medida, el 20-D ha sido un ensayo general para otras elecciones que serán las que decanten de verdad el nuevo paradigma político en nuestro país.

La responsabilidad de la ingobernabilidad en que las elecciones han dejado a nuestro país -con las graves consecuencias económicas que pueden derivarse- corresponde principalmente al PP de Mariano Rajoy, que pese a los avisos que le han llegado de entornos nada hostiles ha mantenido comportamientos que en vez de perseverantes han sido tozudos, y en vez de coherentes, temerarios. El presidente se ha rodeado de un Gobierno de fieles -algunos muy mediocres-, ha despreciado las alarmas que siempre suponen las críticas en los medios de comunicación solventes (sustituidas por el aplauso inconsistente de los incondicionales) y se ha empeñado en quintaesenciar los problemas de España en la economía, desconociendo la crisis social, la crisis institucional y la política. Resultaba razonable que el PP y Rajoy pagasen en las urnas un lógico desgaste, pero no lo era el desplome del domingo, que es el corolario lógico de una gestión que ha vaciado de ideología proactiva al PP y ha confundido gobernar con administrar. Un error en que Rajoy -que difícilmente volverá a ser presidente- ha militado con una tenacidad tan extraordinaria como estúpida. Ahí tiene las consecuencias.

Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] en El Mundo, 211215.

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Félix de Azúa: “La extrema izquierda española surge del odio a la educación y del botellón. Este es un país analfabeto y narcisista”

La Tribuna del País Vasco, 201015.

Nacido en Barcelona en 1944, Félix de Azúa es uno de los pocos intelectuales españoles que todavía hacen honor a este calificativo. Ferozmente independiente, elegantemente irónico y analista sutil que, aderezadas siempre con un humor sofisticado, lanza frases dóciles que tienen el efecto de un cañonazo, este poeta, novelista y ensayista es autor de más de una veintena de obras que se encuentran entre lo mejor de la literatura producida en nuestro país a lo largo de las últimas décadas.

Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, Azúa ha reunido su obra poética en “Última sangre” y tiene en su haber novelas inolvidables como “Mansura”, “Historia de un idiota contada por él mismo”, “Diario de un hombre humillado” o “Cambio de bandera”. Entre su amplia obra ensayística destacan “El aprendizaje de la decepción”, “Venecia”, “Baudelaire y el artista de la vida moderna”, “La invención de Caín” o “Autobiografía sin vida” o “Autobiografía de papel”.

En junio de 2015, Félix de Azúa fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón “H”. Impulsor de la Plataforma “Libres e Iguales”, desde 2011 vive en Madrid, donde llegó huyendo de la presión ambiental generada por el independentismo catalán, y desde la capital responde amablemente, vía email, a este cuestionario express de La Tribuna del País Vasco que trata de reflexionar sobre el presente y el futuro de España.

¿Cómo definiría la actual situación política y social en España?

Conflicto en la finca. Los señoritos están alterados.

¿Cómo cree que acabaremos los españoles este año, después de las elecciones generales que tendrán lugar en diciembre?… En su opinión, ¿cuáles son los principales peligros que nos acechan colectivamente?

Hay dos peligros, que gane el PP y que gane el PSOE. Los primeros porque son un desastre insoportable y los segundos porque no son absolutamente nada, o son algo distinto en cada provincia.

A su juicio, ¿de dónde surge, ideológica e intelectualmente, la extrema-izquierda, abiertamente populista, que se localiza alrededor de las diferentes marcas de “Podemos” y de otras formaciones?

Del odio a la educación en España y del botellón. Ellos no lo saben, pero son la continuación de Franco, como lo era ETA, fantasmas de 1970.

¿Qué responsabilidad tienen los grandes partidos tradicionales (PP y PSOE) en la actual situación política?

Toda.

Antioccidentales, antiliberales, anticapitalistas, antiglobalizadores, filoterroristas… ¿cómo explica usted la aparición, la expansión y el ascenso electoral de personajes políticos como Monedero, Colau, Guillermo Zapata y tantos otros como en estos momentos se encuentran en múltiple instituciones locales españolas?

Repito que es la demostración de cómo ha funcionado la LOGSE y del lamentable estado de nuestras universidades. Este es un país analfabeto y narcisista. La desdicha es que la izquierda que debería haber impuesto en el país algo de racionalidad e ilustración es aún más analfabeta y narcisista que la extrema izquierda.

En su opinión, ¿cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación españoles en la actual situación política?

Muy alta, especialmente la televisión, la peor de Europa, aunque no conozco la rumana.

Como analista con una amplísima experiencia en la materia, ¿cuál es su opinión sobre lo que ocurrirá en Cataluña en los próximos meses?

Sólo caben dos posibilidades, o bien el Estado se toma en serio sus responsabilidades y obligaciones y protege a sus ciudadanos, o estallará la violencia.

¿Cómo se imagina España a medio plazo?

Si el medio plazo son cinco años, es imposible de adivinar. Creo que la España resultante de las próximas elecciones será muy distinta de la actual y no sabemos si para bien o para mal. Habría que empezar limpiando el país de amiguetes, cosa harto difícil cuando todos los políticos se jubilan en las grandes compañías. No podemos seguir pagando jubilaciones de inútiles con el recibo de la luz, del teléfono y así sucesivamente. Pero lo peor es el desastre territorial. La dejadez gubernamental ha permitido que avance el fascismo provincial de un modo insensato. Veremos si se puede remediar ese dislate o es ya demasiado tarde.

Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 211215.

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Rajoy y la derecha que se avergüenza de los recortes

Jesús Cacho en vozpopuli, 201215.

En el historial de la legislatura que acaba, hay una semana marcada a fuego en la memoria de Mariano Rajoy. Corría el jueves 31 de mayo de 2012 y, al filo del mediodía, el presidente apareció en televisión para enviar un mensaje de confianza a los españoles. Se había producido un brutal ataque a nuestra deuda en los mercados financieros ante el silencio del BCE y de Alemania, y la prima de riesgo había superado los 540 puntos básicos, apenas a 10 de la barrera de una teórica intervención. Había que hacer algo. Cortar de raíz la espiral alarmista. España se iba por el desagüe de Grecia. Pero fue peor el remedio que la enfermedad porque, con la barba descuidada, vistiendo traje de color indefinible tirando a marrón, chaqueta colgando desmañada sobre los hombres y corbata mal anudada, el jefe del Ejecutivo causó una penosa impresión entre los españoles.

“No vamos a dejar caer a ninguna CCAA porque si no se cae el país…” Discurso de brocha gorda, pobre de solemnidad. España parecía al borde del precipicio. “Ni hablar de utilizar deuda pública para recapitalizar Bankia”, advertían en Fráncfort. Aquella era la semana más dura desde que el PP llegara al poder, y en La Moncloa todo parecía cogido con alfileres. El día anterior, De Guindos había salido pitando hacia Fráncfort para entrevistarse con el ministro Schaubel: “Nosotros hemos hecho los deberes, y ahora le toca actuar al BCE comprando deuda española, porque no es España lo que está en juego, sino el euro”. La respuesta del hombre de la silla de ruedas fue rotunda: niet. Los alemanes no estaban dispuestos a aflojar la mordaza hasta que los caóticos españoles no pusieran orden en el desenfreno en el que habían vivido durante décadas.

Para confirmar los peores augurios, mientras De Guindos viajaba a Alemania, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría se embarcaba rumbo a América esa misma tarde dispuesta a entrevistarse con la directora gerente del FMI y con el secretario del Tesoro USA. La pretensión parecía obvia: lograr que tanto la Administración Obama como el FMI presionaran a Alemania para que aflojara la mano del BCE. Por Madrid, convertido en un gran rumor, se extendió la especie de que si Soraya volvía de Washington con las manos vacías, el Gobierno pediría la intervención ese mismo fin de semana.

La situación parecía insostenible: sin dinero para pagar los vencimientos de su deuda y, sin nadie dispuesto a prestarle, a España no le quedaba más salida que el default. Pero el Mariano mascarón de proa parecía dispuesto a aguantar la tormenta a pie firme. “El presidente dice que las ha pasado muy putas en política y que esto no le coge de nuevas: no piensa arrojar la toalla”, contaban en Moncloa, donde fiaban la suerte de España a lo que sucediera en Atenas el 17 de junio. “Si lo de Grecia sale mal, no quedará más remedio que pedir el rescate”.

Y había gente muy principal presionando a Rajoy para que España pidiera el rescate país, al margen del préstamo bancario en el que Bruselas ya estaba trabajando. Mariano se mantuvo firme: había que impedir a toda costa la intervención de los “hombres de negro”, evitar que la troika de CE, BCE y FMI se instalara en Madrid para gobernar el ajuste de caballo, entonces sí, que le hubieran administrado a España. El Gobierno acometió algunos recortes del gasto –no los que hubieran sido necesarios, ni mucho menos, que en todo se quedó a medio camino- y el país empezó a recuperar el resuello.

Con la ayuda del sector exportador y la caída del precio del dinero y de las materias primas, primero, y el despertar de la demanda interna, después, el PIB se fue recuperando a partir de 2013 para cerrar el año que ahora termina en un llamativo 3,4%, con creación de más menos 600.000 nuevos empleos. Casi un milagro por el que nadie hubiera apostado aquella mañana de finales de mayo de 2012, cuando un Rajoy alicaído y narcotizado salió en televisión para intentar calmar los ánimos.

Lo ha logrado con la enemiga de un PSOE siempre beligerante, un PSOE que desde el minuto uno se lanzó a criticar con dureza al Ejecutivo como si los Gobiernos Zapatero no hubieran tenido nada que ver con el paisaje de ruina heredado. Alguien habló de la “metáfora Titanic”. El socialismo, con ZP en el puente de mando, puso el piloto automático en rumbo de colisión contra un enorme iceberg y ordenó abandono de buque, para, de inmediato y desde el bote salvavidas, empezar a zaherir a un Rajoy que intentaba maniobrar a la desesperada para evitar el choque. Sorprende, por ello, el espectáculo protagonizado por el líder del PP el lunes 14, en su cara a cara con Pedro Sánchez.

Sorprende que un hombre que ha sufrido como un perro a lo largo de una legislatura muy difícil no fuera capaz de defenderse del ataque en tromba al que, a caballo de sus urgencias electorales, le sometió el candidato del partido responsable en gran medida de la crisis sufrida por España. Desde el principio, Sánchez se lanzó a castigar el hígado de su oponente con el puño de hierro de los recortes, ante un Mariano ausente que se empeñó en negar la evidencia de un ajuste simplemente porque ajustar tiene mala prensa y porque el discurso dominante de la izquierda populista, estatista por definición, demoniza cualquier política que pretenda poner orden en el despilfarro del dinero público.

Y al no articular un discurso coherente sobre la necesidad de los recortes, Rajoy renunció a lo mejor de su programa, quizá lo único salvable de este Gobierno: el éxito de haber evitado el rescate país y haber devuelto a España a la senda del crecimiento. En realidad, y a fuer de sincero, debería haber reconocido que recortó poco y mal dejando el trabajo a medio hacer, y de ahí los riesgos que siguen amenazando el crecimiento de nuestra economía.

Pero, ¿qué hay detrás de ese desconcertante comportamiento? ¿Por qué renuncia a defender sus políticas? Sencillamente porque él, como el propio PP, se avergüenzan del ajuste acometido, razón por la cual se ve tentado a negar la evidencia y renegar de unas iniciativas que, mal que bien, han sacado a España del hoyo. El problema es que Mariano se siente avergonzado de haber tenido que hacer los recortes, de modo que, desprovisto de todo basamento ideológico, representante de una derecha conservadora y desideologizada, la navaja de Sánchez le hiere, le hace daño. Lo que a él le hubiera gustado de verdad es poder gastar a mansalva, abrir la espita del gasto público como el que más. En el fondo, también él es socialdemócrata.

El sueño de seguir gastando alegremente

Es el problema de una derecha que, como se avergüenza de haber subido los impuestos, se atreve a negarlo en el debate llegando incluso a afirmar, campanudo, que los ha bajado. El líder del PP afirmó también que ahora hay más empleo indefinido que en el año 2011, lo cual es igualmente falso, cuando tendría que haber argumentado que el que había entonces estaba radicado en la burbuja del ladrillo y en un sector financiero sobredimensionado y que era necesario reestructurar.

Rajoy se negó pues a sí mismo, como reflejo de un partido que, ayuno de toda brizna liberal, se ha convertido en una panda de gestores conservadores y estatistas de muy desigual condición y valía. Un partido en el que hay gente convencida de que el problema del déficit que sigue atenazando a España no es consecuencia del gasto sino del desplome de los ingresos fiscales causado por la crisis (“Es que la recaudación se hundió en 70.000 millones”, suele argüir Cristóbal Montoro), de modo que cuando el crecimiento permita taponar esa brecha vía ingresos se acabó el problema y podremos seguir gastando alegremente.

Con las incógnitas que siguen gravitando sobre nuestra economía (algunas tan relevantes como el déficit crónico de la Seguridad Social, el despilfarro del Estado autonómico, el gasto sanitario que crece un 6% de media anual, etc., etc.) la ausencia de una derecha liberal es un problema de primera magnitud, en tanto en cuanto condena a nuestro país a postergar sine día su modernización definitiva. Un centro derecha liberal es el único que puede liderar un programa en tal sentido basado en dos pilares: una economía próspera, abierta y realmente competitiva, por un lado, y una regeneración democrática de las instituciones políticas, por otro.

Lo primero pasa por la reducción del tamaño del Estado, Estado elefantiásico, con la mayor parte del gasto comprometido cuando cada 1 de enero levanta la persiana del año nuevo. La paradoja del Estado moderno es que es a la vez demasiado fuerte y demasiado débil, un Leviatán cuyo talón de Aquiles reside en su pretensión de hacer demasiadas cosas, hacerlas muy caras y pretender seguir haciéndolas. Un Estado al que se reclaman más y más obligaciones materiales, todas las cuales tienen un coste que alguien debe pagar y del que todo el mundo pretende escaquearse. “El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza por vivir a costa de todo el mundo”, que dijo Bastiat hace un montón de años

Los poderosos grupos de presión corporativos o lobbys consiguen a menudo imponer sus tesis a la socialdemocracia en el poder (sea del PSOE o del PP, pero siempre socialdemocracia), ello en detrimento de los intereses de la mayoría. Esta lucha entre expectativas de gasto crecientes y recursos menguantes lleva a los Gobiernos, cuyo gran objetivo es seguir en el poder, a endeudar al Estado hasta la bancarrota si es necesario.

Modernizar el sector público, disminuir el tamaño del Estado, modificar el sistema electoral, urdir de una vez una ley de financiación de los partidos que acabe con la corrupción, corregir las duplicidades, ineficiencias y excesos de nuestro Estado Autonómico, hacer efectiva la separación de poderes (clave una Justicia no sometida al poder ejecutivo), dotar de verdadera independencia a los órganos de control de la Administración, etc., etc., es tarea de esa derecha liberal, derecha que no puede resignarse a ser el periódico taller de reparaciones de los destrozos que regularmente causa la izquierda colectivista e igualitaria en las cuentas públicas.

El gran éxito de Podemos

Por asombroso que pueda sonar en un país que ha estado a punto del default, con pie y medio en el abismo del rescate, no hay ahora mismo ni asomo de debate liberal -la palabra prohibida en esta campaña electoral- en España. El debate político está en la izquierda, en la pulsión por el gasto, en la igualdad por decreto, en el aumento del papel del Estado. Es el gran éxito de Podemos.

La presión de las ideas estatistas y colectivistas en nuestro país es tal que la libertad individual, incluso la de mercado, son dos conceptos dignos de toda sospecha a los que hay que vigilar muy de cerca o incluso poner coto. Al servicio de esta ideología se emplea un ejército de periodistas y medios de comunicación. El horizonte no puede ser más preocupante, porque los desequilibrios de nuestra Economía no han desaparecido, por no hablar de asuntos tan peliagudos en política como el problema del secesionismo catalán.

La crisis no ha terminado, como acaba de recordarnos Jean-Claude Juncker. El PP ha dilapidado su mayoría absoluta y ha fracasado en la tarea de cambiar del revés las bases materiales y morales de un país necesitado de una auténtica regeneración democrática. El panorama del nuevo Parlamento que viene pinta marrón tirando a negro, porque todos los partidos parecen de nuevo volcados al gasto, a aumentar el tamaño del Estado como guardián  de la felicidad individual y colectiva.

Alguien ha dicho que las democracias europeas han dejado de tratar a sus ciudadanos como seres adultos, por lo que han creado para ellos un gigantesco y carísimo jardín de infancia llamado Estado del bienestar. Se acabó hablar de ajustes. Nunca más un recorte. Lo dijo Soraya en uno de los saraos de estos días: la fuerza del crecimiento va a llenar de nuevo las arcas públicas haciendo innecesaria la corrección de los desequilibrios. Vamos a ser de nuevo ricos. Venga burbuja. Y huyan definitivamente para siempre jamás aquellos que simplemente quieran disponer de su derecho a trabajar cómo y dónde quieran, gastar libremente lo que ganen con su esfuerzo, disponer a discreción de sus bienes y tener al Estado como sirviente, no como amo.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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