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EQM_291215.

Altura de miras

Si hay algo que me repugna especialmente de nuestra sociedad política cuando acechan las crisis de cualquier tipo es la facilidad con la que sublimamos expresiones que, a sensu contrario, evidencian la catadura moral, esa corrupción generalizada, sin IVA, en la que tan a gusto nos sentimos.

Estos días, a propósito de la lucha por el poder en un horizonte despejado del tradicional bipartidismo en compañía del nacionalismo, unos y otros no dejan de acudir al comodín de la ‘altura de miras‘.

Es decir, a la inversa, que en tiempos de estabilidad no falten miradas a los más bajos instintos.

Ahora bien, que esta temporada se reclame una mirada a la altura de las circunstancias no quiere decir que los líderes de los partidos dejen de lado sus intereses personales cuando se trata de dedicarse al interés general.

Vean las respuestas del bello Pedrito en plena campaña electoral, manifestando que perder sería un fracaso pero no me pregunte si yo me iría a mi casa porque no se lo voy a contestar.

¿Dónde está en este 20D para el PSOE la frontera del fracaso [Sr. Sánchez] ?
-En no ganar las elecciones.
-¿El simple hecho de no ganar al PP sería para usted un fracaso?
-Claro.
-¿Y el fracaso cómo se asume?
-Pues, hombre, en fin… Insisto, permítame primero que haga la campaña y los españoles decidan.
-Póngase en este supuesto…
-Espero que sea positivo.
-Esos ya están tratados. El supuesto: el PSOE es tercera fuerza en las urnas. ¿Se va a casa?
-Mire, honestamente… El PSOE va a ser la primera fuerza.
-Muy bien, pero intente…
-Vamos a ser primera fuerza.

La Voz de Galicia, 111215.

Una vez resueltas las elecciones y confirmados unos resultados catastróficos del PSOE, 4ª fuerza en Madrid y con 20 escaños menos de los que logró Rubalcaba en 2011, y 35 menos de los obtenidos por Almunia en 2000, quien dimitió por ello.

Pedrito reacciona inmediatamente diciendo que ha logrado ‘hacer Historia’, y que no sólo no piensa dimitir sino que se volverá a presentar, congreso y primarias mediante, como candidato socialista a la Secretaría General y en los próximos comicios.

De Mariano podemos relatar practicamente lo mismo. Pierde la friolera de 63 escaños y se apresura a gritar, alborozado, que ha ganado las elecciones, que piensa seguir gobernando el país y que va a continuar como líder del PP, diga lo que diga incluso quien le designó a dedo.

En esa[s] alturas de miras estamos.

Ni por esas.

EQM

pd. Respecto a lo comentado, sobre el épico Artur podría decir muchisimo más de sus ataduras al poder, que parecen tener una naturaleza más organizativa que personal. Baste con apuntar que su estupidez golpista, valga la redundancia, no tiene límites y que su actuación pone de relieve que su partido huele, más bien, a una peculiar pseudo agencia tributaria en proceso de independencia judicial…

Al respecto, les dejo infra el artículo de Sostres sobre el CUPesperpéntico empate técnico del domingo.

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Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] en El Mundo, 041215.

El gran momento de Snchz

Santiago González en El Mundo, 281215.

Al igual que monsieur Jourdain hablaba en prosa sin saberlo. Pdro es gramsciano sin haberlo leído, algo que tiene en común con Pblo. Como el Gramsci original, él tiene a su lado un Palmiro Togliatti de Bobadilla que le explica los pasajes difíciles y le apunta máximas del maestro. Lo de Podemos y Gramsci era mera coartada, lo descubrí en una foto de Monedero, que usaba el retrato del fundador para tapar el símbolo imperialista, la manzana de Apple con el mordisco de la tentación en la trasera de su iPad.

El caso es que César Luena, intelectual riojano, debió de explicarle una máxima gramsciana: «Contra el pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad». A falta de materia prima que le abone el pesimismo, se ha apuntado a la euforia interpretativa, estamos haciendo historia, los españoles han votado por la izquierda y por el cambio y quieren que lo pilote yo. Era mucho decir, mucho optimismo y mucha voluntad. La prensa amiga puntualizaba ayer con una perífrasis admirable después de llamarle sutilmente cagaprisas: «Los socialistas se enfrentan a la realidad de no haber obtenido en absoluto un buen resultado en las urnas». Era una forma de decirlo.

En la cultura de los socialistas no se conjuga el verbo dimitir detrás de un descalabro, salvo el caso admirable de Joaquín Almunia en marzo de 2000. Zapatero debió imitarle en 2011, en vez de darse a la fuga: asumir el juicio de las urnas, dimitir la misma noche e iniciar un proceso de refundación y corrección de errores para haber estado ahora en condiciones de ganar al PP. No ha podido ser. Puestos a optar entre ser César y nada, prefieren la certeza de ser cabo furriel y seguir administrando el rancho del cuartel, que es en lo que está ahora mismo Sánchez. Los barones que gobiernan sus comunidades con Podemos pretenden que Sánchez no lo haga: Gª Page, Ximo Puig y Fdez. Vara. El más enérgico, Carmona, que regaló Madrid a Carmena. Asuntos internos.

Sólo Podemos tiene motivos para la satisfacción, buenos resultados y una posición estratégica ventajosa, frente al hundimiento del PSOE, su renuncia al bipartidismo, la debacle del PP y la cortedad de resultados de C’s. Si Rivera no hubiese cometido errores tan de libro esto sería más evidente aún.

Lo más que en buena lógica puede arrancar hoy Sanchez al Comité Federal es que no negociará el imposible derecho a decidir con Podemos. No está claro que Podemos esté en condiciones de relajar esa condición. No por los principios evanescentes de Iglesias, sino porque tal vez no pueda convencer a los 27 escaños que tienen las Colau, Oltra, Beiras y otras mareas. Le quedaría postularse y esperar a que todos le apoyen como un solo hombre (y una sola mujer) con tal de echar a Rajoy.

Para Sánchez es una maniobra desesperada. Tiene que seguir pedaleando para no caerse de la bici, mientras a su verdadero adversario le favorece todo. Y sin dejar de humillarlo, en plan: yo quiero negociar con Susana o con quien mande aquí. Ayudar a gobernar a Sánchez (si pudiera) le vendría bien para seguir comiéndole el terreno.

Negarse colocaría al candidato socialista en posición difícil para él y su partido, que no tendría más remedio que sustituirlo. La repetición de las elecciones puede que cabreara al cuerpo electoral, pero de los cuatro partidos, dos tendrían posibilidades de mejorar resultados: PP y Podemos, a costa de Ciudadanos y PSOE. Rivera ha hecho una propuesta razonable para la que parece tarde, salvo que tenga alguna ocurrencia brillante en su reunión con Rajoy esta mañana.

Declaraciones del líder del PSOE, Pedro Sánchez, sobre Podemos realizadas durante la campaña electoral para las municipales y autonómicas de 2015:

“En el caso del Partido Socialista lo que queremos es cambiar el sistema y otros lo que quieren es convertir a España en Venezuela”, “yo quiero que España sea un país avanzado de Europa. Otros lo que quieren es llevarlo por la deriva de la Venezuela chavista”, “yo le he dicho que con el populismo no vamos a pactar ni antes, ni durante, ni después.”

Ilustración del gran Arcu, 101215.

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Cinco fracasos catalanes

Salvador Sostres en ABC, 281215.

Independientemente de lo que decida la CUP el próximo 2 de enero, el primer fracaso catalán es que Cataluña haya tenido que estar todo este tiempo pendiente de lo que decidiera un partido como la CUP. El primer fracaso de Cataluña, que podría ser el primer fracaso de España si los dos grandes partidos no están a la altura, es que una asamblea de anticapitalistas, antisistema y anti cualquier idea razonable de libertad y convivencia tenga en sus manos el destino político de un país que todo lo ha conseguido gracias a sus empresarios, a sus mecenas y al libre desarrollo del talento de sus genios; y que las mayores atrocidades las ha conocido cuando la «rauxa» -o sinrazón- de la extrema izquierda se ha impuesto.

Quien no conoce su Historia está condenado a repetirla. Tanto reír las gracias a la extrema izquierda, y tanto usarla para erosionar a los rivales, ha dado al fin este resultado: Ada Colau tomó Barcelona en mayo; Podemos ganó la semana pasada las generales, y aquí todos pendientes de la CUP y de sus asambleas de vaso de plástico.

El segundo fracaso que ayer implosionó con toda su profundidad es considerar que lo importante es sólo la idea, y no la fuerza que tienes para llevarla a cabo. En el mejor de los casos, sólo la mitad de los catalanes es independentista, y sólo de palabra y cuando le sale gratis. No son las cifras que uno necesita para emprender un proceso de esta naturaleza con alguna posibilidad de ganarlo. Tampoco Mas, ni Convergència, ni siquiera la suma de Convergència i Esquerra, tienen la fuerza política necesaria para avanzar en su propósito golpista y rupturista.

Pensar que la idea de la independencia es suficiente aliento, sin calcular los apoyos disponibles, lleva a situaciones como las de ayer, en las que una banda tiene al país a su merced, con un Mas cautivo que podría acabar gobernando contra sus principios, contra su programa electoral y contra la voluntad y los intereses de las personas que le votaron, sumiendo a Cataluña en un clima de enfrentamiento, ilegalidad y atraso. Es un fracaso catalán, pero que también podría convertirse en español si, como ha sucedido con Mas, Pedro Sánchez o el presidente Rajoy priman su afán por gobernar a cualquier precio al pacto que más estabilidad dé a la nación.

El tercer fracaso catalán es pensar que nuestra imperfecta relación con el conjunto del Estado es peor que la independencia a cualquier precio. El soberanismo es diabético y tiene unas tremendas subidas de azúcar que afectan directamente al cerebro y no hay modo de hacerle recobrar la cordura. Cualquier queja, por justa que pudiera ser, sobre los impuestos que los catalanes pagan y no reinvierten en Cataluña, palidece cuando la comparas con el sistema económico que propone la CUP, en que los que se quejan de que sus impuestos no regresen a su comunidad, se verían sometidos a mucha más presión fiscal y para finalidades absurdas, cuando no demenciales. «España nos roba», dicen algunos, mientras viven con toda clase de comodidades.

Si quieres saber lo que es que te roben, hasta acabar pobre, espera que gobierne la CUP o Podemos. Del mismo modo, deseo que los que creen que dentro de España no son «libres», no tengan la ocasión de descubrir lo que es la falta de libertad si la extrema izquierda totalitaria llega algún día a mandarnos.

El cuarto fracaso de los parámetros de la jornada de ayer es la creencia de que Mas se salvará si finalmente la CUP vota su investidura. La tensión de la asamblea de ayer deja a una CUP partida exactamente por la mitad, con la posibilidad de que el partido se rompa, y con los partidarios de la investidura obligados a marcar a Mas con total severidad si finalmente le coronan, para que no se les pueda acusar de vendidos a la burguesía. Si Mas es investido, será un presidente rehén de un partido más pendiente de autojustificarse ante sus militantes que de buscar acuerdos en la diferencia. Cuesta de imaginar qué tipo de Constitución -esa Constitución que según la hoja de ruta del «proceso» tendrían que pactar en los próximos 18 meses- podrán redactar conjuntamente Mas y los antisistema. Si fuera presidente, Mas no se salvaría: simplemente alargaría su agonía, mientras que unas elecciones anticipadas le permitirían presentarse como garantía frente al caos y tratar de impedir el avance de la extrema izquierda en Cataluña.

El quinto fracaso es el de creer que uno puede hacerse la democracia a medida. Cuando se cae en la demagogia populista de los referendos sin el amparo de la Ley, y de no respetar los más elementales marcos jurídicos, un país puede acabar pendiente de 3.000 antisistema con todo el caos, inestabilidad y democracia de bajísima calidad que ello conlleva. Y que encima empaten, que es el colmo de la calamidad y del ridículo.

Cataluña ha caído en estos cinco principales fracasos -entre tantos otros secundarios- que pronto podrían convertirse en fracasos españoles si los dos grandes partidos nacionales no son capaces de entender a dónde lleva el populismo antisistema, e insisten en anteponer los propios odios y obsesiones a las imperiosas necesidades generales. El colapso de una comunidad, aunque sea Cataluña, es reconducible si delante hay un Estado consistente con sus principios institucionales bien fundamentados. Pero el colapso de un Estado no tiene una solución que no sea dramática, y hasta una comunidad dividida podría salirse con la suya contra un Estado dubitativo, relativista y desorientado.

Pase lo que pase con la investidura de Mas, estos cinco fracasos catalanes planean sobre España, y el Estado se juega con sus pactos postelectorales mucho más que una legislatura poco o nada gobernable.

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A más comensales, menos tarta

Nunca un partido había ganado las elecciones en España con menos del 30% de los votos, como tampoco hasta ahora cuatro partidos habían superado el umbral del 10%

Mónica Arrizabalaga en ABC, 211215.

La victoria del Partido Popular en las elecciones de ayer pasará a la historia de la democracia española como la lograda con el menor porcentaje de votos (el 28,72%) y el menor número de escaños (123) de las doce elecciones generales celebradas hasta ahora.

Son 33 diputados menos que los obtenidos en 1996, cuando el PP ganó por 290.000 votos al PSOE. Aquellas fueron las elecciones más reñidas del periodo democrático. Los socialistas, en el gobierno desde hacía 14 años, perdieron en favor del PP de José María Aznar, que ganó con el 38,79% de los votos.

Hasta hoy, esos 156 escaños habían sido la menor cosecha de un ganador en el ring electoral, seguidos por los 159 diputados del PSOE en 1993.

En las otras dos victorias electorales del PP, en el año 2000 y en 2011, lograron mayoría absoluta con más de 10,3 millones de votos y 183 y 186 escaños respectivamente. El partido que lidera Mariano Rajoy ha perdido 63 diputados y más de 3 millones de votantes en estas últimas elecciones.

El PSOE, por su parte, se deja un millón y medio de votos respecto a 2011 cuando, con Alfredo Pérez Rubalcaba, cosecharon siete millones de votos (28,7%) y 110 escaños y casi seis millones de papeletas si se compara con el triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero en 2008. Con 5,5 millones de votos (22,02 por ciento) y 90 escaños, los socialistas se han mantenido como segunda fuerza, pero con el peor resultado de su historia. Muy lejos quedan los 202 escaños que logró Felipe González con casi la mitad de los votos (48,11%) en las elecciones de 1982.

La irrupción de Podemos, con un 20,66% de votos y 69 escaños, y la de Ciudadanos, con el 13,93% y 40 diputados, ha golpeado a las dos grandes fuerzas que tradicionalmente se han disputado el Gobierno, aunque ambas suman los votos de más de 12 millones de españoles.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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