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charlie hebdo.

Piedras contra tu propio tejado

No me ha gustado nada la última portada de Charlie Hebdo, que salió a la venta el pasado miércoles, con un Dios asesino y la siguiente leyenda: «Un año después, el asesino sigue corriendo», en una edición especial por el primer aniversario del atentado yihadista contra su redacción.

El Dios que pintan con metralleta tiene todas las trazas del judeocristiano clásico, con el tetragrama hebreo [Yahveh], esa Santísima Trinidad triangulada en la cabeza del viejo con blanca barba, con el Ojo de la Providencia, que todo lo ve, en el interior del vértice superior del triángulo que suele situarse encima del altar en las iglesias cristianas donde figura.

Tetragrama que también preside, por cierto, la pintura realizada en torno a 1789 por Jean-Jacques Le Barbier [Francia, 1738-1826], representando la Declaración Universal de los Derechos de Hombre y del Ciudadano [1789].

Lo mejor que podrían hacer, ya que el miedo -y más en su caso- es libre, es dejar de hacer chistes sobre la divinidad de uno u otro signo, sobre todo cuando tales ‘sátiras’ sólo te las permiten los tuyos.

Estoy, pues,absolutamente de acuerdo con Hermann Tertsch, ver infra, cuando escribe que el ‘dios asesino’ dibujado porta ‘todos los atributos de la representación clásica del Dios cristiano’.

Disiento, así, radicalmente, de la opinión de Gabriel Albiac, ver infra, cuando, también en ABC, manifiesta que ‘ese monigote que corre, con su túnica salpicada de sangre y sus sandalias y su kalashnikov en bandolera, no es Dios alguno […] es el icono feroz de la barbarie’, considerando que tal portada tiene, como mucho, ‘poco matiz’.

La iconografía, como ese gran sistema de imágenes simbólicas que es [RAE], tiene para toda cultura -en este caso, el humanismo cristiano- toda la fuerza de los símbolos, esto es, de esas figuraciones representativas de valores y conceptos, también espirituales.

Y Albiac sabe perfectamente de la iconoclasia islámica, en la que la representación visual de figuras antropomorfas y zoomorfas está estrictamente prohibida.

De modo que, ya digo, en situaciones de tal naturaleza parece que lo más sensato sea editar otro tipo de portada que no refleje una cautela, un temor, una falta de equlibrio, que en la época en que nos está tocando vivir tampoco resulta de lo más edificante.

EQM

Pd. Habrá quien alegue que el Ojo de la Providencia también tiene connotaciones francmasónicas, pero ello no perturba el criterio que he manifestado.

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‘Declaración Universal de los Derechos de Hombre y del Ciudadano’ [s. 1789], pintura de Jean-Jacques Le Barbier [1738-1826], representando tal universal declaración, de ese mismo año. Aquí en grande.

Actualización: 080116; 13:30

Et son Prophète (Giovannini)

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La verdad racista y el miedo milagroso

En esta deriva suicida, con consignas y sin verdad, sí podemos presumir de ser la vanguardia de Europa.

Hermann Tertsch en ABC, 050116.

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Mientras, en París, la revista Charlie Hebdo saca un número conmemorativo del atentado del pasado año que le atribuye a «un dios asesino» al que dibuja con todos los atributos de la representación clásica del Dios cristiano con un fusil a la espalda. Como si a sus compañeros dibujantes y a los judíos del supermercado kosher los hubieran asesinado los jesuitas o un comando de teresianas y no unos comandos yihadistas que dejan muy claro que matan en nombre del islam. La verdad hace racismo. Y el miedo hace milagros. Para ocultarla.

El miedo al yihadismo tanto como el miedo a ser tachado de simpatizante de Pegida en Alemania, es decir, casi neonazi. Como en España el miedo a ser calificado de franquista o «facha» que desde la Transición penaliza la verdad hasta desterrarla en muchos campos.

Esa corrección impuesta por la izquierda, acatada por la derecha acomplejada, abrazada por todos hasta dejar inerme a la Constitución y permitir esperpentos como la realidad catalana con un gobierno delincuente y unos delincuentes que quieren el gobierno y deciden la agenda.

Todos proclamando su desprecio a la ley. Y en el resto de España ya ha quedado también claro que la impunidad en aras de la armonía y la conveniencia política solo beneficia a los peores. En esta deriva suicida, con consignas y sin verdad, sí podemos presumir de ser la vanguardia de una Europa cuyas cuadernas crujen de forma atronadora.

‘El nombre de Dios’ [1722]. Francisco de Goya [España, 1746-1828]. Tetragrámaton hebreo. Detalle de fresco titulado ‘La Gloria o La Adoración del Nombre de Dios‘ [1772], pintado en la Basílica del Pilar de Zaragoza (España). Aquí, el fresco al completo.

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Hace hoy un año

Los bárbaros, que se enmascaran bajo disfraz divino, siguen vivos. Y ensangrentados. Y corren. Y disparan.

Gabriel Albiac, en ABC, 050116.

Hasta «aquel que ofende a Dios lo alaba», enseñaba el Maestro Eckhart, a inicios del siglo catorce. Y es que, sencillamente, nada de lo que un ser finito dice acerca de un infinito tiene significado alguno: ni al hablar en positivo ni al hacerlo en negativo. «Dios no es bueno, ni mejor ni perfecto», concluye Eckhart: referirse a Dios como si se tratara de un hombre al cual se evalúa es la forma más tonta de la blasfemia. «Quien cree saber de Dios sabe en realidad menos que el que sabe que lo ignora», en deslumbrante hallazgo, un siglo posterior, de Nicolás de Cusa.

Ningún creyente serio piensa que Dios sea un patriarca anciano, canoso, barbudo y con túnica blanca. Ni que precise para nada de un kalashnikov. Ningún creyente serio puede ignorar, después de Nicolás Cusa y Meister Eckhart, que de Dios, el Infinito, nada puede predicarse. Y que sólo por metáfora le atribuimos aspectos que tomamos de nosotros y que carecen del menor sentido al hablar de un absoluto. Por eso dicen los más grandes de quienes inician la modernidad teológica, en la Europa del siglo XVII, que Dios es esencialmente «oculto», como anuncia Isaías: Vere tu es

Deus absconditus. Oculto a nuestra lengua, sobre todo. Es decir, a nuestra inteligencia, que, al enunciar cualquier cosa, la ajusta al canon de medida que es el humano: personal, finito, determinado. Justo lo que Dios no puede ser.

Hace hoy con exactitud un año, dos piadosos energúmenos, que sí cargaban kalashnikov, irrumpieron en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo en París. El consejo de redacción estaba reunido para preparar el número de febrero. Los del kalashnikov les anunciaron, como lo más natural del mundo, que venían en el nombre de su Dios –un tal Alá– a ejecutar la condena a muerte que el Misericordioso dicta contra los enemigos del islam. «Venimos a matar a Charlie» por encargo divino, proclamaron.

Parecía una broma. No lo era. Con profesional eficiencia, procedieron a las ejecuciones. Ocho dibujantes, un invitado y un escolta quedaron muertos. Heridos, once: el actual director de Charlie Hebdo, Riss, entre ellos; su mano derecha no volverá a dibujar. Los dos devotos salieron a la calle. Asesinaron a un gendarme. Y cincuenta y tres horas después, fueron abatidos por la Policía, a la que hicieron frente, mirando hacia la Meca, kalashnikov en mano.

Hace hoy un año de aquello. En la portada del aniversario, los supervivientes de Charlie han dibujado no a un Dios, sino a esa caricatura de Dios tras la cual se cobijan, no los creyentes serios, sino la muchedumbre de los supersticiosos que llaman religión a su deseo universal de matar al otro. Y ese monigote que corre, con su túnica salpicada de sangre y sus sandalias y su kalashnikov en bandolera, no es Dios alguno: no de una religión seria. Es el icono feroz de la barbarie, que asesina a todo cuanto no se ajuste al capricho de quien la exhibe. No es Dios; es la careta de los humanos más bestiales. Y sí, tiene razón el editorial de Riss que viene tras la portada: los bárbaros, que se enmascaran bajo disfraz divino, siguen vivos. Y ensangrentados. Y corren. Y disparan.

No han faltado gentes de alma delicada y no carente de inteligencia para reprochar a Riss la brutalidad, el poco matiz de su portada conmemorativa. ¿Poco matiz? Puede. Pero a mí me viene a la memoria el gran Wolinski, asesinado en el nombre de Alá hace un año: «Yo seré un imbécil, pero anda que cuando veo lo que ha hecho con el mundo la gente inteligente…».

El memorable Dios cristiano de Máximo [España, 1932-2014].

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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