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EQM_150116.

EL MUNDO  –  ¿Y la exhibición de maternidad de Carolina Bescansa?
Patxi López  –   No quiero hacer comentarios… Hay muchas madres que
                     no hacen exhibiciones.

El Mundo, 140116.

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Ocurrencias del caos

Ayer, los partidos independentistas de Artur Mas [Democràcia i Llibertad, CDC] y de Oriol Junqueras [Esquerra Republicana de Catalunya], que han puesto en marcha el proceso golpista, tendrán grupo parlamentario propio en el Senado al prestarles el Partido Socialista Obrero Español [PSOE] dos parlamentarios a cada uno. El Mundo, 140116.

O sea: el bello Pedro Sánchez ayer tuvo dos actuaciones de impecable factura basada en la pura ‘cortesía’: 1) Prestarle cuatro senadores a los independentistas catalanes y vascos para que puedan gozar en el Senado de todos los privilegios derivados de ostentar sendos grupos parlamentarios propios y 2) manifestar que ‘no hubiera estado de más’ que el Rey recibiera a la Presidenta del Parlamento catalán que tomó posesión gritando ‘viva la República catalana’, para que ésta le comunicara personalmente la elección de de un nuevo Presidente de la Generalidad quien, en su toma de posesión, acaba de gritar ‘Víva Cataluña libre’. Como observarán este hermoso socialista es un defensor a ultranza en pro de la unidad de España y del principio de legalidad.

También ayer, el mismo lider socialista y a propósito de la mamadera de la diputada con su bebé, dijo quela señora Bescansa está en su derecho de hacer lo que hizo ayer y nosotros vamos a luchar y a trabajar por esa igualdad entre hombres y mujeres“. Es decir, aplaudiendo la manipulación infantil, el circo y mezclándolo con la iagualdad de ‘género’, no sé si queriendo decir que los diputados masculinos llevan a sus niños de contínuo. Ahí queda eso, fenómeno. Es lo que hay.

Anteayer, Carles Puigdemont, nuevo presidente de la Generalitat catalana, nombra a Raül Romeva Conseller de ‘Asuntos Exteriores, cargo inexistente hasta ahora y al que confiere competencias en tal materia, o sea, la ‘coordinación de la acción exterior‘, las ‘relaciones exteriores‘ y la ‘actuación de la Generalitat ante las instituciones de la Unión Europea‘.

Por las dudas, eso significa que la Generalitat catalana se considera competente en las relaciones de la Generalitat catalana con el extranjero, por mucho que la Constitución Española establezca que el Estado tiene competencia exclusiva sobreRelaciones internacionales’ [art. 149.1.3].

Por el momento al Mariano también ambas ourrencias le deben parecer de perlas porque no ha dicho ni mu y tampoco, que se sepa, se ha dirigido a su Abogacía del Estado -esa que dice que Hacienda no somos todos- para preguntarle qué hacer…

Desde 1978, el daño que PPPSOE han hecho a los españoles comerciando políticamente incluso la educación con los sediciosos es de una magnitud inconmensurable y explica perfectamente el grado de inmoralidad, falta de ética y cretinismo al que hemos llegado.

La Constitución la han mandado a pique precisamente porque el denominado Estado de las Autonomías ha servido para que desaparezca el obligado control de las mismas por el Gobierno Central, con el consiguiente vacío de poder, desvertebración, asimetría  y analfabetización de la ciudadanía.

Incluso las formas, se han ido al garete, como diría Bono.

EQM

pd. Mientras el Messi se pasea entre aplausos porque las millonarias irregularidades fiscales dice que eran cosa de su papá y el Artur y los Pujol continúan plácidamente su existencia, a Rato el fiscal le pide más de 4 años de penitenciaría por las tarjetas bancarias.

Según contaba ayer El Confidencial, la DEA de EEUU revela que Venezuela e Irán pactaron financiar a Podemos con HispanTV y tales informes ya están en poder de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía, que los está investigando. Vamos a ver en qué queda algo que, de ser cierto, podría ser una catástrofe para los moralizantes sandalios bolivarianos.

Sobre sus relaciones con Irán -y con ‘los poderes mediáticos latinoamericanos vinculados a Gobiernos de izquierdas‘- en 2013 contaba Pablo Iglesias ésto en una conferencia. No se lo pierdan:

Vía. El vídeo original dura casi 2 horas y puede verse completo aquí.

Actualización 150116; 13:15

Cortesía parlamentaria

Santiago González en El Mundo, 150116.

Pedro Sánchez ha cedido a cuatro senadores socialistas para que Esquerra y Convergència puedan constituir sus grupos parlamentarios. El portavoz de Esquerra en la cámara alta será Santiago Vidal, juez suspendido tres años por redactar la Constitución para una Cataluña independiente. La primera iniciativa de Vidal será reclamar la autodeterminación para Cataluña y a esto le llama el PSOE ‘cortesía parlamentaria’.

Este es el mismo Pedro Sánchez que hizo disponer como fondo del mitin en el que fue proclamado candidato socialista una bandera española de 4,80 por 2,60. Sánchez usó la bandera en aquel mitin como Carolina Bescansa a su niño siete meses después, al darle de mamar en la sesión constitutiva del Congreso. Hay algo fundacional en estas estampas. Como la loba capitolina amamantando a Rómulo, ha escrito felizmente Ruiz Quintano en ABC.

Es el mismo Pedro Sánchez que se ha permitido censurar al Rey por no recibir a la presidenta de un Parlamento en fuga que acababa de oficiar el pucherazo de la investidura. Claro que esto, a partir de la cortesía parlamentaria con los dos partidos de la república catalana, podría interpretarse como un guiño a la vocación republicana de Podemos. No ha habido cortesía para dialogar con el PP, ni siquiera para poner a uno de los suyos a presidir el Congreso. No hubo cortesía al insultar en un debate al presidente del gobierno en funciones.

¿Qué piensan los socialistas?¿Y Felipe? No hay síntoma más acabado de la decadencia del PSOE que ese silbar mirando al cielo mientras esperan a ver si este tipo es capaz de pactar la gamella con los secesionistas periféricos y los amamantados por Irán y Venezuela. No hay quién dé más.

Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] en El Mundo, 140116.

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¿Podría hoy el canciller Schmidt pertenecer al PSOE?

Francisco Sosa Wagner en El Mundo, 140116.

Ante las turbulencias que agitan a los socialistas españoles quizás resulte interesante recordar las posiciones políticas del fallecido canciller socialdemócrata alemán Helmut Schmidt. Pienso que no es superfluo acercarse a él para conocer su forma de gobernar, sus posiciones políticas, su modo de enfrentarse a las severísimas crisis que hubo de afrontar: el “canciller de las crisis” le ha llamado el historiador H. A. Winkler.

Para empezar conviene saber a quienes en nuestros pagos sufren de la dolencia ocular que consiste en no distinguir más que el rojo y el azul que Helmut Schmidt dirigió un Gobierno compuesto por socialdemócratas y liberales. Y no durante un par de fines de semana, sino desde 1974 a 1982. Se ve por tanto que lo que, para los actuales dirigentes socialistas españoles, resulta anatema, un chamuscarse en el fuego del infierno, para Schmidt, que algo sabía de socialismo y de política, resultó lo más natural del mundo. Pero es que, además, en el gobierno anterior, que estuvo presidido por un tal Willy Brandt (no sé si este nombre les suena a nuestros socialistas) fue ministro de Defensa y después de Finanzas en coalición ¡oh, sorpresa! también con ¡los liberales!

Cuando perdió una votación en el Bundestag en octubre de 1982 cedió el mando al cristiano-demócrata Helmut Kohl. ¿Y qué hizo Schmidt a partir de entonces hasta su muerte? Aceptó la invitación del prestigioso diario ‘Die Zeit’ para incorporarse a su redacción como coeditor y, desde allí, ha estado interviniendo en todos los debates políticos, dando conferencias y escribiendo libros que ayudan a navegar con seguridad en medio de los grandes temporales. Jamás aceptó poltronas ubérrimas de esas que es frecuente ofrecer a quienes abandonan los elevados pináculos de la política.

Schmidt tuvo que enfrentarse a momentos dramáticos. 1977 fue un año negro para Alemania: la llamada Fracción del Ejército Rojo asesinó al fiscal general y al presidente del Dresdner Bank y secuestró al presidente de la patronal alemana Hans Martin Schleyer. Por si pareciera poco, un avión de la Lufthansa fue asimismo secuestrado por un grupo de terroristas árabes que pidieron la liberación de 11 presos. Noventa era el número de rehenes cuya vida pendía de un hilo en el aeropuerto de Mogadiscio. Pero fueron liberados por fuerzas alemanas. Unas horas más tarde, se suicidaban en la cárcel de Stuttgart Andreas Baader y otros cabecillas del Ejército rojo. La respuesta fue el asesinato de Hans Martin Schleyer.

Hasta el final de sus días ha estado pronunciándose Schmidt sobre su decisión de hacer primar a la razón de Estado sobre los sentimientos humanitarios, un momento de su peripecia vital que, en su intimidad personal, tanto le torturó. Son de ver las imágenes del oficio fúnebre del empresario con la familia de éste y Schmidt en primera fila del templo. Pero, al cabo, llegó a tener la satisfacción de recibir en 2012 nada menos que el premio Hans Martin Schleyer destinado a galardonar “las contribuciones sobresalientes a la consolidación y a la promoción de los fundamentos que sustentan una comunidad libre”.

Otra gran tempestad política a la que hizo frente Schmidt fue el enfrentamiento entre la OTAN y la Unión Soviética ocasionada por el estacionamiento de misiles. Ya desde finales de los años 50 había estado advirtiendo el diputado Schmidt en el Bundestag sobre asuntos de seguridad. El mantenimiento del equilibrio militar en Europa era para él una exigencia vital del orden democrático amenazado por el totalitarismo soviético. Schmidt consigue en la isla Guadalupe en 1979, en un encuentro con Jimmy Carter, Valéry Giscard d’Estaing y James Callaghan, un compromiso que se llamó el “doble acuerdo” de la OTAN, impulsor del estacionamiento de misiles de alcance medio si fracasaban las negociaciones de desarme entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Desde su partido, el SPD, le armaron la gran bronca y fueron millones de alemanes los que salieron a la calle vestidos con el traje del pacifismo. Motejado como el “canciller de los misiles”, no fue con todo el peor insulto que hubo de oír. En Youtube puede seguirse una entrevista en la que, refiriéndose a estos manifestantes, amenazadores por su número y sus maneras, asegura sin temblarle la mano con el cigarrillo: “A estas personas parecía no importarles que pudieran ser destruidas ciudades como Stuttgart o Munich; a mí, sí”.

En el artículo que ha firmado, en la hora de la despedida, Sigmar Gabriel, actual vicecanciller socialista (en un Gobierno de coalición con la cristiano-demócrata Angela Merkel, otro sinsentido para los dirigentes actuales socialistas) en ‘Die Zeit’ (12 de noviembre pasado), recuerda una visita al anciano compañero de partido en la que éste le dice, recordando el episodio de los misiles: “Tú, Sigmar, votaste sin duda contra mí”. A lo que Gabriel responde: “Sí, Helmut, pero tú tenías razón y nosotros, no”.

Y este mismo reconocimiento recibe, ya desde la tumba, del actual presidente de la República, Joachim Gauck (asimismo en ‘Die Zeit’): “Veo en él un modelo para políticos y para ciudadanos, ahora y en el futuro. La democracia necesita personas como Helmut Schmidt“. En el ámbito económico se enfrentó a otra crisis nada cómoda: la del petróleo del otoño de 1973. Y lo hizo en complicado pero eficaz concierto con sus socios liberales, conscientes ambos de que la suya no era una coalición para resolver problemas filosóficos sino para solucionar los acuciantes que derivaban de la situación creada por los países árabes productores de petróleo. Solía decir Schmidt que “la política no tiene como fin fomentar la felicidad sino evitar el sufrimiento”.

Nadie tuvo que enseñarle, de otro lado, que había pasado la época de las soluciones nacionales por lo que la cooperación internacional pero, sobre todo, la europea resultaba imprescindible. Su amistad con el conservador presidente Giscard era de todos conocida. Juntos planearon las reuniones periódicas de los jefes de Estado y de Gobierno europeos, una iniciativa plausible en su momento porque estaban pensadas para celebrarse dos veces al año; hoy, cuando tienen lugar cada 15 días, son una catástrofe. Pero también a Schmidt se debe el impulso para convocar en 1979 las primeras elecciones democráticas al Parlamento europeo. Tanta fe tenía en esta institución que, al final de su vida, en una entrevista que le hizo Joschka Fischer (2013), llega a decir: «Yo deseo un auténtico golpe de Estado del Parlamento europeo».

Su autor de cabecera fue Popper, de manera que su pensamiento impregna la forma de ser y razonar de este canciller alemán a quien enseñó a huir de las utopías y a caminar por la senda de un socialismo liberal o de un liberalismo social. En su mesa de trabajo nunca faltó tampoco un ejemplar de las ‘Meditaciones’ de Marco Aurelio. Algo más que aficionado a la música, tocaba con gusto y frecuencia el piano siendo sus compositores favoritos Johann Sebastian Bach y Mozart. No es mala compañía.

Con dolor de antiguo militante socialista, con dolor ahora de ciudadano español, contesto a la pregunta que sirve de título a este artículo: No, hoy Helmut Schmidt no podría figurar en la dirección del Partido Socialista Obrero Español.

Francisco Sosa Wagner es catedrático de Universidad. Su último libro se titula Memorias europeas (Editorial Funambulista, 2015).

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Nota de EQM. Actualmente es también miembro del Consejo de expertos de Ciudadanos.

Ilustración de Ana Yael [Argentina, 1984] en El Español, 140116.

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El error autonómico del 78

Jorge Vilches en El Español, 140116.

La crisis del régimen del 78 es general: el sistema de partidos tradicionales sobre los que se asentaba está quebrado, la organización territorial y la unidad del Estado se cuestiona de forma ilegal desde dentro, y una parte de la Familia Real se sienta en el banquillo por corrupción. Además, el Zeitgeist, aquel espíritu de la época que alumbró la Constitución sobre la base de la monarquía parlamentaria, el consenso socialdemócrata, y las autonomías asimétricas para satisfacer a los independentistas, ha llegado a su fin. El domingo 10 de enero hemos asistido a uno de esos episodios que formarán parte de la Historia, como colofón a uno de aquellos errores.

Y lo dramático es que ya es tarde. La quiebra de la democracia en Cataluña es completa porque la libertad política ha ido desapareciendo bajo el yugo del nacionalismo obligatorio. El Estado de las Autonomías, pilar del régimen del 78, no ha conferido en este caso más libertad al ciudadano, sino que ha sido un instrumento para reducir su ámbito de decisión personal. El motivo es que los nacionalistas se vieron conferidos en la Transición de un poder y de una autoridad moral para crear el “hombre nuevo”; aquel viejo sueño de los totalitarios.

Los nacionalistas usaron la administración y el presupuesto público para la ingeniería social: fundir en un solo cuerpo el Estado -el suyo, el autonómico- y la sociedad -la comunidad nacional imaginada-. Y penetraron en las conciencias a través de la educación, desde la escuela a la Universidad, adoctrinando para asegurar que la libertad se ceñía a elegir si ser más o menos nacionalista. Y lo completaron con los medios de comunicación para que solo hubiera una voz, equiparando a la opinión pública -la gran ausente- con la publicada. Ataron al ciudadano a la administración haciéndole dependiente de la subvención, creando un nuevo tipo de clientelismo; un clientelismo más esclavo que el del XIX, porque hoy las posibilidades de un mundo globalizado y el nivel educativo son superiores.

Esos nacionalistas, con la rendición preventiva de los partidos tradicionales, que asimilaron como justas las reivindicaciones de los independentistas, incorporando su lenguaje, inocularon en la sociedad una mentalidad tan nihilista como utópica, tan destructora de la naturaleza humana, de su libertad, como soñadora de falsas comunidades uniformes y felices.

Mientras, al otro lado, se seguía creyendo que el nacionalismo xenófobo y antiliberal se apaga con dinero y concesiones para un mayor autogobierno. Pero no es así. Ese sentimiento nacional es el resultado del romanticismo reaccionario, comunitarista, autoritario y violento que surgió a finales del siglo XIX y principios del XX. Es un pensamiento sentimental que no atiende a la razón; ni siquiera al sentido común. Da igual explicar con cuentas que la independencia de Cataluña convertiría a esa región, no en Narnia, sino en la Albania del Mediterráneo.

Es inútil explicar que el populismo nacionalista es la negación de la libertad política, de la democracia, de la representación, y que recoge lo peor de la ola autoritaria y totalitaria que asoló Europa en la primera mitad del Novecientos. Tan improductivo como señalar que este nacionalismo anula la naturaleza humana, el sujeto, su individualidad, y lo incluye gregariamente en un colectivo, para quedar clasificado como un objeto al servicio de la comunidad imaginada, esa que es necesario reconstruir, en una especie de imperativo histórico, en la unidad de destino en lo universal.

El Estado de las Autonomías solo podía concluir con la exigencia de la independencia de las “nacionalidades”. Y no la piden para librarse de un poder que objetiva e internacionalmente es reconocido como opresor, tiránico, que anula la libertad del individuo, o que soslaya la soberanía popular. No. Ese nacionalismo obligatorio es la gran excusa de la clase política catalana para legitimar la construcción de un Estado a su servicio, que les asegure no abandonar jamás el poder. Es la vuelta de tuerca de la oligarquía de hierro. Tomadas las conciencias y anulada la libertad política, solo queda la conformación institucional del régimen que concluirá la tarea de construcción del “hombre nuevo”, el patriota.

Si bien el cansancio empuja al abandono, no es posible olvidar a la sociedad silenciosa ni a la que da la cara por la libertad de todos, a esos que no se resignan a que su tierra se convierta en un experimento de ingenieros sociales, que insisten en imponer una única forma privada y pública de ser, pensar, sentir o expresarse. Solo por ellos merece la pena continuar.

*** Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense.

*** Ilustración: Ana Yael.

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El imperio del mal gusto

Amando de Miguel en LD, 140116.

Desde hace más de medio siglo seguimos entusiasmados con la palabra cambio, polisémica donde las haya. Ha conseguido el favor del público y de los partidos. Todo el mundo está a favor del cambio. Sustituye al mito del desarrollo, que se maleó con el desarrollismo. Pero se pueden desarrollar también los tumores, y los cambios pueden ser a peor. Nada parece inmóvil en el universo o en la sociedad. Pretender el cambio por el cambio parece una actitud bastante idiota.

Cualquiera diría que el gran vuelco de la sociedad española actual es que un año se acostó monárquica y al siguiente se levantó republicana. O que, gobernada por la derecha, sin comerlo ni beberlo, de repente pasó a serlo por la izquierda. No, señor. Todas esas transformaciones parecen revolucionarias, pero son solo cosméticas, superficiales. Por debajo de ellas está la sustancia de los valores que se aprecian, el estilo vital que se desea o se imita. Lo mollar en España es un cambio más sutil que afecta a la política, las costumbres, el atuendo, el arte, la televisión, el cine, la literatura, la vida toda. Lo es siempre en la misma dirección, por lo que resulta coherente y asegura su triunfo. En síntesis, nos encontramos ante la apoteosis del mal gusto en todos los campos, en lo ético y lo estético, en lo público y privado, en lo individual y colectivo.

Se impone ahora en España la preponderancia de la chabacanería, el auge de lo soez, la apología de la necedad, el triunfo de la ramplonería. Sobran los ejemplos. Basta asomarse a las páginas de los periódicos, a las pantallas de la tele. Reina el embeleso de la vulgaridad, la invasión de la mezquindad, la glorificación de lo sórdido, la exaltación de lo estúpido, el aplauso de la simpleza. Se acepta como valioso o encomiable la admiración por el estilo macarra en la forma de hablar, vestirse, peinarse y adornarse. Se admite la superioridad del tatuaje o del pirsin, la irrupción de la ropa deportiva en todas las ocasiones. La forma de escritura más propia de nuestra época es el garabato de los grafitis.

Asistimos al auge de los nuevos hombres públicos (y mujeres, con perdón), salidos de la mediocridad, disfrazados de mendigos ricos, que viven a cuerpo de rey a costa de los contribuyentes. Son la auténtica casta.

La degradación de las formas de vida es más visible en los colectivos de izquierda o de los separatistas. No son solo rasgos de los seguidores de esos movimientos sino de sus cabecillas. Han perdido la gracia de saber estar, si es que alguna vez la tuvieron.

Nos encontramos ante una alteración polar de valores. La ociosidad prima sobre el trabajo, la desfachatez sobre la mesura, el despilfarro sobre la austeridad (especialmente con el dinero público), la desgana sobre el esfuerzo (excepto en el deporte). Se premia la insolencia, se aplaude la intolerancia, se presume de vagancia y de extravagancia. Los partidos políticos y colectivos anexos que expresan los nuevos valores son los que suben elección tras elección. Nos gobernarán. Ya lo hacen en algunas grandes ciudades.

El circo de Podemos en el Pleno constitutivo del Congreso de los Diputados. El bebé de Bescansa, y las 6 dimensiones de la moral. Vía Yael [España, ?], perodista, en acapulco70.

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Notas.-

La viñeta utilizada procede de El Jueves.

Pelota picada’ [foro del Instituto Cervantes].

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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