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EQM_190116.

El PSOE no cederá diputados a Podemos pero está “dispuesto a hablar”

El PSOE ha respondido este lunes, a través de un comunicado, a la propuesta de Mònica Oltra [ver infra de ceder diputados para constituir grupos parlamentarios diferenciados a cambio de un pacto.

Los socialistas estamos dispuestos a hablar, como siempre hemos hecho“.

Fuente: El País, 180116.

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El sistema, la nación, el partido

Santiago González en El Mundo, 180116.

En la crisis del PSOE, Sánchez ha quemado sus naves y se ve obligado a presentarse en el Comité Federal del día 30 con un acuerdo cerrado de investidura. Y los barones dirán amén, so pena de repetir unos comicios en los que serían superados por Podemos. Se lo advertía ayer la prensa amiga.

Pedro no tenía uso de razón cuando aprobamos la Constitución, ni parece que la haya adquirido después. Sólo un zote en cuestiones políticas correría detrás de Puigdemont a hacerle ofertas, en lugar de esperar a ver qué pide. Él busca los seis votos del PNV, pero los vascos son jugadores de mus y Pedro es más de brisca. Ortuzar le ha dicho que no le apoyará si cuenta con los votos de Podemos y Ciudadanos, obvio y absurdo. Si el PSOE consiguiera los apoyos de los dos emergentes, (con o sin IU) tendría una mayoría de 199-201 escaños. ¿Para qué había de necesitar los seis de Ortuzar? En cambio, si sólo se hiciera con los 69 de Iglesias, Colau, Oltra, y Mareas, necesitaría al PNV para alcanzar una mayoría suficiente. Sería entonces cuando Ortuzar le diría cuánto apoyo y a qué precio.

Los pactos le tiran de la sisa. Al PNV le ha cedido una secretaría en la Mesa del Senado, de la que queda fuera Podemos, a quien ha negado los dos grupos en la Cámara Alta y los cuatro en el Congreso a que aspiraba. Los grupos que ha facilitado en el Senado a la CdC y Esquerra, buscando su abstención, le complican los 42 votos de Podemos y más aún los 27 de sus allegados, que se sentirían algo gilipollas, viendo los esfuerzos de Sánchez para camelar a los secesionistas catalanes y al PNV. “Me pregunto si Pedro Sánchez se ve como presidente del Gobierno”, decía el sábado la ‘mestressa’ de Compromís, con escepticismo justificado.

Sánchez cree en el diálogo, pero lo descarta con el partido más votado. Odia a la derecha, pero corre detrás de Puigdemont, el nieto del pastelero de Amer que se pasó a los invasores y terminó la guerra en la zona franquista como encargado de la intendencia en el Penal de Burgos, lo contaba ayer Leyre Iglesias en excelente reportaje. Se comprende la afinidad. El presidente catalán se tuneó el currículo con una licenciatura (en Filología) inexistente. Estudios de Filología ha corregido. Hay afinidades. Como la ingeniería y la licenciatura en Economía de Roldán, la doble carrera de Valenciano, los ‘estudios de ingeniería’ de Patxi López. Esto no quiere decir nada. Sánchez es licenciado en Economía de verdad y ya ven.

No hay una sola acusación de Sánchez al PP que no pudiera formular en modo autocrítico. La corrupción popular, evidente, sólo es superada por el ‘caso de los Eres’, en el que están imputados los dos últimos presidentes del partido. Bueno y por la familia Pujol y CdC. Sánchez busca la decencia que le niega a Rajoy en un pacto con los restos del naufragio convergente y ERC, y con un partido que empezó a corromperse antes de pisar una institución, financiándose con el chavismo y la dictadura iraní, que les hacía llegar la pasta a través de la opacidad que ellos toman por transparencia: Teherán, Beirut, Kuala Lumpur, Tayikistán, Belice, Nicosia, Hong Kong, Moscú, Dubai y Londres. Un dinero más trotado que el niño de la Bescansa.

Pedro Sánchez abriga el, no diré razonable, sí comprensible propósito, de convertirse en presidente del Gobierno. Para ello busca dos clases de apoyos: los que quieren romper el sistema y los que se conforman con romper la nación. Él aún no sabe -puede preguntarle a Mas, que es un experto- que en estos casos, lo primero que se rompe siempre es el partido.

Pedro Sánchez buscando el apoyo, en Cantabria, del populista Revilla. Estando con él dice que Rajoy es ‘el Red Bull de los independentistas porque les da alas‘. Vía

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Comentario de ayer, a las 8:15, en Herrera en COPE. de Santiago González. [Ilustración, infra, de Arcu a pase de Luigi].

Via el Blog de Santiago González, 180116.

El Rey comienza a ejercer esta mañana su función constitucional recibiendo a dos canarios y un asturiano en su ronda de consultas.

Las cosas parecen inamovibles: el PSOE sigue con su rechazo firma a la Gran Coalición, por más que Rajoy esté en las rebajas de enero con la negociación de la Reforma Laboral, la LOMCE y la Ley de Seguridad Ciudadana, también llamada Ley Mordaza.

Pedro Sánchez comulgaba ayer con Revilla bajo la especie de anchoas en salazón, mientras Mónica Oltra formaliza en El País la reivindicación de la que depende el apoyo de Podemos y sus aliados periféricos a la investidura de Sánchez. Los argumentos de la mestressa de Compromís son muy mejorables, pero se le entiende el agravio: que no vaya a tener con ellos el detalle que ha tenido con los secesionistas catalanes (y con el PNV): prestarles ‘un diputado’ (sic) para que puedan formar grupos en el Senado: “si no les ha hecho ascos a DiL con la que está cayendo, no nos lo va a hacer a nosotros”. Esta es la sintaxis de la Nueva Política y este su cabreo. Dice Casimiro Gª Abadillo que a Iglesias no le interesan nuevas elecciones si sus socios van sin él.

Y podría ser. Pablo Iglesias sabe, y Ada Colau también, que los votos de Cataluña no son de Podemos. En las elecciones del 27 de septiembre, Cataluña Sí qu’es Pot, con Podemos dentro, sacó dos escaños menos de los que había sacado ICV a solas en 2012. En las del 20-D, en alianza con Colau fueron la primera fuerza en Cataluña, casi tres veces más de votos.

Pedro y Pablo son una unidad de destino. El primero está obligado a comparecer con acuerdo en el Comité Federal del día 30 para calmar a sus barones. El segundo necesita al menos dos grupos parlamentarios para mitigar la comezón de sus aliados.

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¿Legalidad o atropello democrático? Una propuesta para Pedro Sánchez

Si no le ha hecho ascos a Democràcia i Llibertat para prestarle un diputado, no se lo va a hacer a las candidaturas de confluencia

Mónica Oltra en El País, 180116.

“Podemos no puede tener cuatro grupos parlamentarios”. Sobre esta consigna repetida hasta la náusea se ha construido en las últimas semanas un atropello legal y democrático, reflejo de la reacción de un “establishment” que, aunque agoniza, se resiste a cambiar. Y es que los grandes perdedores del 20-D -entre PP y PSOE han perdido 83 escaños-, lejos de digerir el resultado electoral, se empeñan en no cambiar y en culpabilizar a los demás de sus propios males.

De esta manera, si las ciudadanas y ciudadanos han expresado con su voto que quieren más democracia, más diversidad, más pluralidad, más voces en el parlamento, reaccionan poniendo sus grandes maquinarias de partido en marcha para construir una mentira y de paso atropellar los derechos de miles de personas que el 20-D optaron por el cambio político y les dicen que su voto vale menos, que su voto no fue correcto.

La noche del 20-D, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, comunicó los resultados electorales. Y leyó: Podemos 42 representantes, En Comú Podem, 12 representantes, Compromís-Podemos-És el Moment, 9 representantes, En Marea, 6 representantes. Por separado, sí, porque no son lo mismo. Como así lo recoge el propio Ministerio del Interior en su página web cuando da cuenta de esos mismos resultados, página que cualquier lector o lectora puede consultar. Esta también es la razón por la cual el Jefe del Estado va a recibir a las personas representantes de las distintas candidaturas por separado. Porque son candidaturas diferentes y ofertas electorales distintas a las que la Ley no permite sumar.

La Ley entiende que una coalición y un partido no pueden sumar porque hay que garantizar la transparencia, objetividad y principio de igualdad en el proceso electoral (artículo 8.1 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General LOREG). Como consecuencia, el Artículo 44.3 de la misma Ley establece que: “Ningún partido, federación, coalición o agrupación de electores puede presentar más de una lista de candidatos en una circunscripción para la misma elección. Los partidos federados o coaligados no pueden presentar candidaturas propias en una circunscripción si en la misma concurren, para idéntica elección, candidatos de las federaciones o coaliciones a que pertenecen.

Tiene toda su lógica puesto que sería una ruptura de los principios de transparencia, objetividad e igualdad que un partido pudiera concurrir en coalición y en solitario en la misma circunscripción electoral. Tienen prohibido competir electoralmente.

Esto tiene como consecuencia que los resultados de una coalición y un partido no puedan sumar, así les falte una décima para alcanzar la barrera electoral legalmente establecida, o un diputado para acceder a la subvención del mailing electoral. En palabras de la Junta Electoral Central, Acuerdo 470/2015 de 11 de noviembre: Esos escaños o votos deben haber sido obtenidos por las candidaturas de la misma formación electoral, sin que puedan sumarse los escaños o votos de otras candidaturas de coaliciones electorales diferentes, aun cuando aquella formación electoral pueda formar parte de esa coalición en alguna circunscripción. Por otra parte, este criterio debe tener en cuenta el resultado obtenido por las candidaturas y no los acuerdos o pactos de coalición que puedan exigirse a sus integrantes.

Es decir, son las candidaturas las que vota la gente y a ellas se deben sus representantes y de ellas derivan las consecuencias jurídicas en un proceso electoral objetivo, transparente y donde prima el principio de igualdad.

Sentada esta premisa, vamos al famoso artículo 23.2 del Reglamento del Congreso en el que se está basando la argumentación para impedir la formación de grupo parlamentario a las candidaturas de coalición, que por derecho lo han conseguido en las urnas, alcanzando más de un 15% en todas las circunscripciones electorales y más de cinco representantes. Dicho artículo establece que no podrán formar Grupo Parlamentario separado los diputados que, al tiempo de las elecciones, pertenecieran a formaciones políticas que no se hayan enfrentado ante el electorado.

Vamos a ver la génesis de este artículo y su interpretación en el marco de la arquitectura del derecho electoral. Este artículo se introduce en el Reglamento precisamente para que el PSOE no pudiera formar más de un grupo parlamentario (en aquel momento, en 1979, también formaba grupo catalán y vasco-navarro) y en consecuencia tener más de un portavoz. Pues bien, esta situación que se arguye como precedente no es comparable a la que ahora nos ocupa por una sencilla razón: PSOE y PSC no competían en los comicios, habiéndolo podido hacer. Nada impedía que el PSOE se presentara en Cataluña y el PSC en el resto de Estado. Pero no lo hacían. Lo cual esconde un pacto tácito que justifica que solo puedan constituir un grupo parlamentario puesto que representan lo mismo en cada territorio. Eran lo mismo.

No es el caso de las candidaturas de En Comú Podem, Compromís-Podem-És el Moment y En Marea. Aquí se han coaligado diferentes partidos conformando diferentes formaciones políticas en cada territorio. Diferentes entre sí y entre los partidos que las integran y a las que la Ley considera distintas y no agregables. Por lo tanto, no se puede exigir un requisito –competir en las elecciones- que la Ley prohíbe. En consecuencia, no contraviene la norma aquel que no cumple lo que está prohibido. Dicho de otra manera, el artículo del Reglamento del Congreso solo tiene una lectura: tampoco podrán formar grupo parlamentario separado los diputados que, al tiempo de las elecciones, pertenecieran a formaciones políticas que, “pudiéndolo hacer”, no se haya enfrentado ante el electorado.

Por tanto, obligar a permanecer en un mismo grupo a representantes de candidaturas diferentes a las que no se permite sumar constituye a mi juicio, como mínimo una contradicción insalvable, cuando no directamente un fraude electoral, máxime teniendo en cuenta que en derecho comparado hay Reglamentos de cámaras que directamente prohíben que aquellos que no concurren juntos a las elecciones formen grupo único. Se trata de un análisis que no abordaré ahora dado que el debate sobre la disparidad normativa y los límites del derecho de autoorganización de los órganos legislativos para no vulnerar los derechos constitucionales y dotar de seguridad jurídica el derecho de representación no cabe en este artículo.

Dicho esto, también diré que a los señores que están decidiendo esto se la trae al pairo la legalidad, la doctrina de la Junta Electoral Central y las Sentencias del Tribunal Constitucional. Es obvio que estamos ante una cuestión política y ha sido así siempre, a la vista de los chalaneos y cambalaches que tradicionalmente han acompañado la formación de grupos parlamentarios. Te presto un diputado, me lo devuelves, después se va al mixto y aquí no ha pasado nada, en una orgía de transfuguismo legalizado. El problema de este tipo de decisiones es que se somete a la voluntad de la mayoría los derechos de representación que necesariamente son previos y no sujetos a criterios de oportunidad política como la doctrina constitucional ha repetido hasta la saciedad. Las reglas de juego no están sujetas a las mayorías.

Y esto es lo que ocurre también ahora mismo. Solo así se entiende que el PSOE “preste” –la propia palabra ya suena mal en este contexto- a Esquerra Republicana y el partido de Artur Mas (DiL) un diputado para que formen grupo en el Senado cuando no les corresponde por Derecho y, sin embargo, a las candidaturas que sí cumplen la legalidad se les niegue. Y que conste que coincido con la idea de que más diversidad y visibilidad de las diferentes maneras de pensar es sinónimo de mejor calidad democrática.

Nada que objetar, pues, a promover la formación de grupos como expresión de pluralidad democrática. Pero hagámoslo sin romper con el principio de igualdad. Vale que a los que no tienen derecho se les favorezca en pos de mayor democracia, pero no a costa de los que sí tenemos derecho y nos ampara la legalidad. Es más, coincido con la explicación que se ha dado desde el partido socialista en el sentido de que dar voz al que piensa diferente es una cuestión democrática previa y no significa estar de acuerdo. Muy bien.

Pues llegados a este punto y siendo que la interpretación del Reglamento en este momento con su inestimable colaboración está en manos de las derechas y no va a ser muy favorable a promover el pluralismo político, le formulo la siguiente propuesta, Sr. Sánchez. Si realmente lo que hay detrás de su negativa a la formación de los grupos parlamentarios En Comú Podem, Compromís-Podem-És el Moment y En Marea, es una cuestión de legalidad –cosa que no comparto pero supongamos que tiene Ud. razón- arreglémoslo por la vía política.

Digo yo que si no le ha hecho ascos a DiL –con la que está cayendo- no se lo va a hacer a estas candidaturas. Con más o, al menos, con la misma razón podría cederles un diputado o diputada socialista de ida y vuelta para borrar su presunto pecado original y poder formar grupo parlamentario. Es más, por si tres diputados le resulta demasiado gravoso en estos tiempos que corren, se lo pongo más fácil: ceda Ud. un diputado para poder formar un grupo En Comú Podem, Compromís-Podem-És el Moment y En Marea.

Mire qué fácil solución. Y después nos sentamos a hablar de las políticas que necesita este país y, si hay acuerdo, hablamos del gobierno. Que ya va siendo hora.

Mónica Oltra Jarque es líder de Compromís y vicepresidenta de la Comunidad Valenciana.

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RobEgea en republica.com, 180116

Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] en El Mundo, 190116.

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Notas.-

La imagen de la viñeta procede de El Jueves, 030615.

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