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Neve‘ [2015]. Compuesta por Ennio Morricone [Italia, 1928], para la banda sonora original de la película ‘Los odiosos ocho‘ [2015] de Quentin Tarantino; tal banda ha obtenido recientemente el Oscar a la mejor banda sonora original. Vía TheHatefulEightVEVO. Carteles estadounidense de ‘Spotlight’, ruso de ‘El renacido’ y estadounidense de ‘El hijo de Saúl‘.

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Arte y propaganda

La decadencia de la cultura occidental, como no podría ser de otra manera, también se refleja en los Oscar. Y no sólo porque esa madrugada no se pudiera sintonizar en los medios españoles con algo que no fuera la roja alfombra angelina del Dolby Theatre de Hollywood y los chistes del presentador, Chris Rock, quien, por cierto, estuvo inconmesurable a la hora de censurar la demagogia del racismo en torno a tales premios.

En esta edición, han sido premiadas fundamentalmente dos películas cuyo mérito principal ha sido, en el caso de Spotlight, el linchamiento a una Iglesia Católica con estúpida conciencia de culpa colectiva; con ‘El renacido‘, haber fotografiado espectacularmente determinada naturaleza en Canadá y la Patagonia; y para ‘El hijo de Saúl‘ una subterránea recreación de los terribles Sonderkommando nazis.

Al gran Leonardo DiCaprio, después de seis nominaciones, le otorgan por fin la estatuilla probablemente en la menos lucida de sus interpretaciones.

Mientras tanto, quedan en la cuneta la magistral ‘Carol‘ y el gran ‘El puente de los espías‘.

Nada casual, pues, cuando para la academia del cine lo importante era, esta vez, anunciar la próxima discriminación positiva de los negros en las candidaturas y la persecución de la violencia de ‘género’ en las Universidades americanas. Dos cuestiones importantes pero que en muy poco tienen que ver con el séptimo arte.

O sea, no resulta muy complicado pronosticar las temáticas cinematográficas, el contenido de los guiones, las historias que mayores posibilidades de premio tienen para un futuro inmediato.

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oscars_3Carteles italiano de ‘Carol’ y japonés de ‘El puente de los espías’.

Mis opiniones sobre las 5 películas

Spotlight [2015], de Thomas McCarthy

Mal cine laicista

Una película cuyo tema es el real hallazgo periodístico de una serie inconexa de sacerdotes católicos que antaño tuvieron comportamientos relacionados con la pederastia merece ser analizada no sólo como film sino también por su contenido y enfoque ético y/o moral.

Como cine, no hay duda de que se trata de una película plana, lineal, como de encargo, sin que, en el fondo, nadie del equipo se la crea. La interpretación es anodina, sin alma, quizás con la excepción de Mark Ruffalo. La banda sonora parece un plagio de ‘Expediente X’, tratando inutilmente de dar una emoción a un exceso de metraje notablemente apagado. La fotografía y ambientación asemeja más a un telefilm de tarde que a una obra con pretensiones.

Es, repito, el contenido, la historia, quien, en mi opinión, ha impulsado su éxito, por estar realizada en una época -ésta, la nuestra- donde el linchamiento mediático es politicamente correcto aun cuando se trate de enjuiciar acontecimientos de un pasado con reglas éticas y morales considerablemente distintas. Los rótulos informativos del final indican claramente de qué estamos hablando.

Porque la historia trata de un grave problema social, la pederastia  -muy a menudo intencionadamente confundido con la pedofilia- que tiene interrelaciones muy profundas con la psicopatología y sus distintos tratamientos; con los códigos etico-morales de cada cultura; con la injusta generalización; con la defensa grupal; etc. Pero ya es doctrina común que los psiquiátricos deben de desaparecer en aras de una culpabilidad criminal indubitada para todo aquél que se conduzca inaceptablemente para el común.

La postura del director es, en tal aspecto, claramente anticlerical, generalizadora del mal, criminalizadora del comportamiento y complacientemente partidaria de extender la demonización a la Iglesia católica, es decir, a toda su comunidad.

Lo cual choca frontalmente con el carácter esencialmente personal de toda  criminalidad y con la lógica defensa familiar o comunitaria de la rehabilitación psicopatológica y reinserción social del miembro enfermo. Algo que sí parecía entender el propio periódico investigador en su momento pero que después, pasados los años, convierte en una caza indiscriminada encaminada a lograr, rentabilizar, la falsa primicia.

Quizás este nuevo y linchador enfoque social esté también favorecido por la petición de perdón por parte del Papa, todo un grave error que contribuye, especialmente, a que la Iglesia -ahora, qué casualidad,la católica, mañana cualquier otra- se vea obligada a rendir unas cuentas particulares de las que no es responsable y de una reacción colectiva que se podrá compartir o no pero que ha tenido su sentido.

Para colmo y en línea con la solicitud del papal perdón, la estructura clerical de la Iglesia ha reaccionado ante la película inundándola de aplausos y no quejándose, en absoluto, de que en ella no apareza siquiera un buen católico con su intacto uso de razón.

Film televisivo, plano, anticlerical y, obviamente, con alma laicista [6 sobre 10]

El renacido [2015], de Alejandro González Iñárritu

Otra estafa más

Es lamentable que a estas alturas una impresionante fotografía paisajística muy bien rodada, con luz natural, buen ritmo narrativo y montada con hechuras de documental, pueda tener la relevancia que ha tenido, por la crítica, como lo que no es: una película.

Para empezar, la famosa historia real, y la novela que la contó, es falseada en aspectos sustanciales hasta tal punto que ni siquiera se respeta: se inventa un hijo que aparece como piedra angular del cuento y se inventa un final que no tiene nada que ver con lo que ocurrió.

El guión tiene más de gruñidos, alaridos y gemidos que de diálogos, también intrascendentes: podría haber sido, perfectamente, una película muda. En cosecuencia, es muy pobre en argumento, lento en su narrativa, repetitivo hasta la saciedad, predecible, plano y sin pizca de emotividad.

Los maravillosos planos, abusando del gran angular, son tan apabullantes que parecen hechos mas para Cinerama y sus derivados que para una sala de cine. Lo cual da al traste de cualquier intento de hacer de la experiencia audiovisual algo más que un documental sobre la naturaleza extrema de Canadá y la Patagonia.

La banda sonora, que acompaña con buen tono la pretenciosidad del director, sufre de una autoría múltiple que le resta identidad.

La escenas oníricas y los eventos de una heroicidad cuasi cómica -sobre todo en la secuencia de la caía del protagonista y su caballo por un terraplén- alejan al espectador de la más remota complicidad.

Su mastodóntica duración, 156 minutos, permite largas cabezadas -incluso con ronquidos que se mimetizan con el sonido de la cinta- refuerzan su pedantería y su falta de contenido.

En cuanto a la interpretación, baste decir que es de lo peor que ha hecho el gran DiCaprio y por eso no me extrañaría que, por fin, le dieran el industrial Oscar. Su personaje de eterno sufridor barbudo en un ambiente permanentemente congelado explica su dificultad para cualquier lenguaje gestual, por mucho que coma carne inncesariamente cruda, duerma dentro de un caballo sin despeinarse o sea inmune a cualquier síntoma de hipotermia. Tom Hardy sale mejor parado porque su papel sí le permite un discreto lucimiento.

Triste remake, en fin, de de la gran película ‘El hombre de una tierra salvaje‘ [1971], de Richard C. Sarafian, protagonizada por Richard Harris, a la que G. Iñárritu ha añadido toques de “Las Aventuras de Jeremiah Johnson” [1972], de Sydney Pollack y de las míticas series televisivas de los 60′ sobre el explorador Daniel Boone.

No les canso más: aburrirá hasta al ambientalista militante y acabará en cualquier canal televisivo de aburridos documentales. Otra estafa más de esas que se apoyan en el marketing y en una crítica que sigue contribuyendo a la pérdida del sentido común en torno a la magia del cine.

Aburrido documental de tramperos estadounidenses del XIX, muy bien fotografiado y vendido como si fuera cine [6 sobre 10]

El hijo de Saúl [2015], de László Nemes

Asómese vd a los Sonderkommando

La historía es de lo más terrible que uno pueda imaginar: el marco en el que trabajaban -durante unos tres meses, hasta ser también ejecutados- seleccionados judíos destinados por los nazis a integrar los Sonderkommando para realizar las labores más ingratas de la genocida matanza masiva, de características industriales, en las cámaras de gas y hornos crematorios situados en los campos de concentración.

Como comprenderán, el ámbito de actuación y su siniestra naturaleza repetitiva permiten al director centrarse en un escenario cerrado, obscuro, sucio, asesino e invadido por una especie de cadáveres vivientes y con los días contados.

Y ahí centra su realización, con una historia sucinta, un guión prácticamente inexistente, casi de torre de Babel, una fotografía absurdamente potenciadora de un infierno ya de por sí espeluznate y una banda sonora que mayormente consiste en una pavorosa riada de gritos, susurros y agonías colectivas.

Su acierto, es verdad, reside en la utilización de la cámara subjetiva de modo que a base de enfocar la nuca del protagonista y desenfocar el fondo, el espectador imagine los pormenores del holocausto en el que se ve obligado a participar. Algo que ya se pudo observar, no tan inhumanamente y en mucha menor medida, en ‘La zona gris‘ [2001], de Tim Blake Nelson.

Por eso, en mi opinión, este terrorífico film es más bien una especie de recreación histórica de calidad que una película.

La crítica y las nominaciones la han encumbrado a un nivel que los espectadores no comparten porque una película así sólo es capaz de ser soportada por minorías. Metropoli lo indica claramente cuando la sitúa, esta semana, la nº 1 [de 25] para los críticos y la nº 13 [de 20] para los espectadores.

Otra forma acorraladora de plasmar el terror de la matanza industrial del Holocausto [6 sobre 10]

Carol [2015], de Todd Haynes

Blanchett, esa mirada única

Comenzaré indicando que, en mi opinión, esta película, este drama romántico, pasará a la historia del cine por un conjunto de aciertos que resumiré a continuación, pero también porque habría que remontarse a lo mejor del cine mudo para encontrarse con miradas tan arrebatadoras, poéticas, vitales, como las que nos ofrece una inconmensurable Cate Blanchett, que ya ha certificado su categoría al situarse entre las mejores actrices de todos los tiempos.

Por ello, como advertencia previa, recomiendo que, quien pueda, vaya a ver la versión original: una película de tal naturaleza lo pide a gritos.

La dirección de Todd Haynes es una maravilla de sensibilidad, sutileza y capacidad de sugerencia; con unos encuadres y planos rebosantes de inteligencia e intimismo; espectacular el ritmo, intencionadamente lento, calmado, delicado y profundo; contando una historia de los años 50′ sin despreciar los modos contemporáneos.

Y esa acertada decisión de sustituir la pasión por el deseo, la imaginación, la sublimación, dejando completamente al margen cualquier atisbo de orgullo gay o de sexo gratuito. Subrayando el cómo contar -emotivamente vibrante, cautivador- más que el cuento en sí, esa historia homosexual en tiempos muy difíciles. Ese gran montaje, respetando la fluidez del encadenado en los planos.

La escenografía, la ambientación, el vestuario, son un prodigio de delicadeza y adecuación al relato y a su tiempo. Un guión limpio, directo, concentrado, cabal, escueto, apoyando a la imagen. Una fotografía estudiada al milímetro, sugestiva, colorista, cálida, al modo de Edward Hopper, también con esas carreteras y cielos despejados. Una banda sonora, original e incorporada, cumpliendo a la perfección como importante parte de un todo, respetando también los necesarios silencios.

Y la interpretación: meritoria en Rooney Mara y sublime, como ya he comentado, en el alucinante trabajo de Blanchett.

Por poner algún pero para no llegar al 10: al film le cuesta un poco arrancar y en parte es debido en que, al principio la fotografía resulta excesivamente obscura en su artificialidad.

Cuando una mirada maravillosamente dirigida justifica entrar en la Historia del cine [9 sobre 10]

El puente de los espías [2015], de Steven Spielberg

– No parece preocupado…
– ¿Ayudaría?

Hablar de Spielberg es referirse a un maestro consagrado y, en consecuencia, dificilmente puede decepcionarte en su trabajo. En el peor de los casos se trata de una escuela de cine de la que siempre se extraen interesantes lecciones.

Esta película no alcanza, en mi opinión, el nivel de sus más grandes pero tampoco supone una carga para la media mantenida hasta la fecha.

Con una dirección y una ambientación magistral, no encontramos un guión -hecho conjuntamente por los Cohen y Charman- que trata de entrelazar la psicología de varios personajes en el transcurso de una historia tan real como compleja, no consiguiéndolo en todo momento. Denso drama en el que mezclan reflexiones judiciales, thriller, guerra fría con grandes dosis de moral y ética personal y colectiva.

La fotografía es buena, nostálgica -aunque me hubiera gustado que se hubiera filmado en blanco y negro, como en La lista de Schindler (1993). La música de Newman obscurece intencionadamente la cinta pero sin otro ánimo mayor que el de acompañar la gravedad de lo narrado. El ritmo es intencionadamente pausado, plomizo, pero lleno de vida y matices.

La interpretación es globalmente académica pero con dos actuaciones formidables encarnadas por Tom Hanks y Mark Rylance.

En un país actualmente desnortado como el nuestro, chocará a muchos espectadores cómo y con qué convicción, en los 60′, se enseñaba patriotismo en las escuelas estadounidenses; de qué manera se protegía de los riesgos innecesarios al núcleo familiar; cuánto valía el principio de legalidad y la protección de la libertad. Y todo eso, combinado por otra sorprendente tipología de patriotas pilotos suicidas, caso de riesgo de inminente captura por el enemigo. Todo un asombro para quien está acostumbrado a creer que esas cosas sólo ocurren entre japoneses o terroristas.

Resumiendo: recomiendo ir a verla para saborear nada menos que 144 minutos sin que se pierda un segundo en lo que actualmente se denomina ‘acción’ y que está convirtiendo al cine en una suerte de videoclip.

Actual gran cine a la antigua, sin necesidad de gratuítos aspavientos [8 sobre 10]

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Premios Oscar [2015 / 88.ª edición]:

Fuente: filmaffinity.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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