[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].

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Relato breve

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Coincidiendo con el principio de la Cuaresma, llorosa y esperanzada, todas las noches, vestida con mi salto de cama blanco impoluto, extendía mi cuerpo sobre el lecho y agitaba con insistencia encandilada mi llamador de ángeles de plata lúcida, obsequio de mi madre. Producía un sonido armonioso y encantador que se extendía por toda la habitación hasta expandirse, a través de la ventana, por el paisaje oscuro repleto de estrellas desmesuradas en su destierro.

Pero el suave tintineo era incapaz de conseguir que hiciera acto de presencia mi hipotético Ángel de la Guarda, para que aliviara los terribles dolores de cabeza que me producían las múltiples emociones negativas del vivir. Y, harta de agitarlo con insistencia durante toda la semana sin respuesta, cavilé en que quizá no tenía derecho a tal auxilio. Y decidí, desesperada, tirarlo y cambiar de protector de inmediato.

Invoqué, entonces, a través de la deidad demoníaca, que se presentara cualquier espíritu caído. Aunque sólo fuera un cadáver activo, para aliviar mis dolores. Y mostrando a la noche mi blanco cuello aterciopelado y largo, hice una incisión en el lóbulo auricular para que al sangrar descendiera sobre él, virgen y desbocado. Y esperé pacientemente a que se acercara algún demonio vigoroso al olor dulce de la sangre.

Fue otra semana pedigüeña plena de frustración que me hizo gimotear de dolor, especulando sobre mi posible error. Hasta que, una noche, bajando la basura, al abrir la tapa del contenedor, un organismo de fuerza brutal oculto entre las bolsas negras me atrapó del cuello y me arrastró hasta el fondo de la suciedad. Y, allí, dentelleó mi yugular succionándome la sangre al tiempo que, milagrosamente, el padecimiento se disipó.

Entonces empecé a sentir la irresistible necesidad de tirar la basura todas las noches. Como cuando era lactante y necesitaba amamantar a mi criatura para aliviar el dolor de los pechos, ahora me creía una madre de sangre que bajaba a que me aliviasen la presión de la yugular, la culpable de mi intensísimo sufrimiento.. Y así viví alegre y feliz, visitando mi templo de plástico hediondo.

Pero el Domingo de Ramos se produjo en mi calle una manifestación de agitadores revolucionarios que utilizaron los contenedores como parapeto incendiario. Y me quedé sin templo a dónde acudir.

Después del terrible hecho, deambulé toda la noche con urgencia por la vieja ciudad metiendo la cabeza en cada contenedor que encontraba, sin hallar respuesta alguna. Hasta que falta de fuerzas, me introduje en uno de ellos a la espera de facilitar el ansiado encuentro. Pero ya no salí.

Ahora estoy enterrada en las tinieblas del infinito vertedero. Excavando cientos de túneles con mis ulceradas manos a la búsqueda delirante de mi viejo llamador de ángeles, mientras soy puro engendro agusanado, pútrido y nauseabundo. Grito y grito, y vuelvo a gritar lastimosamente, una y otra vez. No ceso de hacerlo. Alaridos de terror que espantan a mi convulso e ignominioso ser, esparciéndose por las angostas y oscuras galerías.

Hasta que las náuseas previas a la saturación maléfica hacen resucitar mi instinto de liberación con un movimiento reflejo: pliego los párpados, al gritar de nuevo. Y veo la luz, la verdadera. Cambia mi mundo. Advierto enseguida tantos objetos conocidos que vuelvo a la realidad cotidiana de mi morada. Y, sobre el televisor, mi llamador de ángeles. Sonrío. No dudo en colgármelo de inmediato del cuello. Y lo acaricio. Me siento en el sofá y respiro profundamente secando mis lágrimas.

Transmiten las imágenes del Santo Encuentro. Y mientras miro obnubilada me encuentro aturdida y confusa, sintiendo que son muchos días los que he estado ausente. Me invade un sedativo bienestar, pero aún temo que mi corazón haya olvidado latir despaciosamente.

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Enrique Masip Segarra [2016]. © Todos los derechos reservados.

enriquemasipsegarra.wordpress.com
enmasecs@hotmail.com

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contenedor en llamas_2Contenedor en llamas. Fot. [original en color] de Manuel Ballesteros.

NOTAS.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes, son aportados por EQM.

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