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La política como espectáculo

Los fotógrafos, ese nuevo periodismo, ocupando, como espectadores, el teatro de títeres protagonizado por el coletas y su ZPedro, dejando de lado, por un momento, toda la cal viva -y coleando- que les separa. No quiero imaginarme a Felipe González contemplando el deportivo apretón de manos entre estos dos profesionales del simulacro. Por cierto, enorme fotografía de Juan Carlos Hidalgo [EFE]

La teatralización de la realidad es un producto anglosajón que tiene gran aceptación en la televisión, fundamentalmente cuando de recrear reales historias, en la televisión, se trata.

Pero hay un paso más: es perversión del periodismo consistente en la teatralización de la ficción, es decir, vamos a hacer como que ZPedro y el chavista son colegas con fraternales ideologías, absolutamente compatibles, además, con el liberalismo socialdemócrata de Rivera. Y que los dos muchachos representen la obra.

Cuando nada de es cierto y lo saben tanto la pareja que baila bajo la lluvia de fotógrafos como los propios periodistas. O cuando al ciudadano se le alimenta complacientemente de la basura que pactan sus representantes con los pornógrafos mediáticos.

Por eso no es nada casual que casi todos los periódicos hayan abierto con la foto que muestra el trasero de los dos payasos rodando su acordada publicidad para el espectáculo en que -los primeros y los segundos- han convertido la política española.

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pd. Más abajo les reproduzco la imagen que Santiago González publicó ayer en su blog y en la que se ve la dedicatoria que Pablo Iglesias caligrafió en el libro de la historia del baloncesto español, que regaló a Pedro Sánchez al comenzar su posado fotográfico camino del el Congreso, para -dicen que- parlamentar.

En opinión de bastantes grafólogos -profesión que se está perdiendo al ritmo que desaparece la escritura caligráfica- la escritura espaciada del coletas supone añadida dificultad para conectarse emocionalmente, alejamiento y tendencia al aislamiento y a la estrategia.

Es decir, en el caso de ZPedro, el coletas ejecuta puro teatro y, en el fondo y a tenor del contenido del texto- quiere empezar con lo que les une aparentemente para comérselo luego, en cuanto pueda, con patatas fritas y dejarle helada esa su sonrisa del destino, que el chavista quiso propiciar desde el primer día.

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El paseo

Arcadi Espada en El Mundo, 310316.

La llegada de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias al lugar de su encuentro es una de las más pintorescas escenas de unos meses pintorescos. El encuentro se ha anunciado a las 10:30 de la mañana y una hora antes ya hay levantado un imponente muro de cámaras. Todas apuntan calle arriba, por donde les han dicho a los periodistas que los dos políticos aparecerán.

De pronto, tras la tensa espera, el mundo en vilo, aparecen. Caminan charlando, casuales de forma y fondo, durante unos pocos metros. La imagen gotea buen rollo. El paseo ha sido obviamente planeado y pactado al gusto de los dos interlocutores, y a los dos favorece.

Tengo mis dudas de que favorezca al periodismo. Es evidente que cualquier acontecimiento, aunque sea del género de una banal reunión entre Iglesias y Sánchez, necesita de un orden.

Ahora bien. ¿Debe el periodismo participar en la organización de una ficción como la de ese paseo mudo, esperanzado y primaveral? ¿Es que el docudrama, la dramatización de la realidad, tiene ya que instalarse en el núcleo de la información más convencional y, aparentemente, menos concesiva?

Viéndoles bajar por la carrera de San Jerónimo eché enseguida de menos que algún audaz corresponsal de guerra no se hubiera colocado en lo alto de la calle, y aunque solo provisto de talento y la cámara de un teléfono hubiera narrado la preparación de la escena, el encuentro entre los dos, la orden de marcha, etc. Yo querría que el periodismo me hubiese mostrado a esos dos de espaldas.

La obligación del periodismo es narrar la verdad y pocas verdades más espectaculares y necesarias que la construcción de una ficción. El plató televisivo es inevitable e incluso necesario. Pero el periodismo debe exigirle que se filme a sí mismo hasta llegar al último telón de ‘El show de Truman’, gran película.

Es ya inconcebible y hasta inmoral un periodismo que mientras ofrece las noticias al ciudadano le birle el proceso por el que las noticias se obtienen y se exhiben. Ayer un notable líder político aludía a la gran cantidad de personas que está dejando la política. Yo lo escuchaba pensando en cuáles serían los números del desistimiento periodístico.

La historia del paseo no es un prurito deontológico. Es una manera de contribuir a evidenciar, en este caso, el obsceno ir y venir de un líder entre dos partidos radicalmente incompatibles; que argumenta impávido que un proyecto puede unirles, cuando el único sentido de su maniobra es su acérrima voluntad de poder. Basta ir al cabo de la calle para verlo.

Esa pareja feliz

Santiago González en El Mundo, 010416.

La nota más característica de la nueva política viene a ser primar las apariencias sobre los hechos. El paseo que se dieron Pedro y Pablo en plan just for your eyes frente a las cámaras es una de esas escenas que suscitan alipori. Ellos caminaban con las manos en los bolsillos, muy casual, sonriéndose como si tuvieran algo en común.

A esas horas sí lo tenían. La Policía llevaba a la cárcel de Jaén al podemita Andrés Bódalo con el fin de que comenzara a cumplir la condena de tres años y medio, irremediablemente solo con sus lágrimas. Los dos hombres que se sonreían eran el jefe político del matón y el de una de sus víctimas, el socialista Juan Ibarra. El jefe del apaleador había pedido la víspera un indulto para él. El jefe del apaleado no dijo ni mú contra el agresor, salvo que no era Miguel Hernández. Ni San Juan de la Cruz, no se me vayan a equivocar. En todo este asunto al periodismo le ha faltado un mínimo interés por Juan Ibarra, la víctima de Bódalo, lo decía el martes pasado cargado de razón Joaquín Leguina.

Estos dos dedicaron parte de su reunión a hablar de cine, de literatura y otros etcéteras para romper el hielo. Los asuntos culturales son buenos para fomentar el buen rollito, sobre todo cuando los interlocutores no tienen posiciones muy rígidas. Pedro pudo decirle a Pablo lo bonita que es Soria, la ciudad natal de Antonio Machado. Pablo pudo replicarle con la metáfora de la manzana que vio caer Newton del árbol para que él pudiera formular su teoría de la relatividad: E=mc2.

El joven Sánchez advirtió de que su acuerdo con C’s es sagrado. Ojo, «yo soy un hombre de palabra». Por ejemplo: «Yo quiero que España sea un país avanzado en Europa. Otros lo que quieren es llevarlo por la deriva de la Venezuela chavista. Yo le he dicho que con el populismo no vamos a pactar ni antes, ni durante ni después», había dicho hace poco más de un año. Claro que después de eso había calificado a Ciudadanos como «las Nuevas Generaciones del PP».

Por eso tenía algo de admirable el candor con que mostraba su alegría la feliz pareja. Eran una versión española de la pareja que componían Walter Matthau y Jack Lemmon en las películas de Billy Wilder. Pablo es un Matthau más bajito y escurrido. Lo que el actor cargaba en los hombros a Iglesias se le carga en la espalda, aunque no tanto como a Aigor, el gran personaje de Marty Feldman en El Jovencito Frankenstein. También tiene un aire perverso a Caius Detritus, el adversario de Astérix en La Cizaña.

Al joven Sánchez le va más el papel de Jack Lemmon, siempre predispuesto a ser la víctima de Matthau, que es más listo y más tramposo. Eso sí, Pedro es más guapo. Iglesias salió de la reunión anunciando que si el problema era él, estaba dispuesto a renunciar a la vicepresidencia que se había asignado el 22 de enero durante su conversación con el Rey. Esta melonada facilitó a Sánchez la frase razonable de su rueda de prensa: «Él se propuso solo; él se excluye solo». Le ha echado coraje el hombre, aunque no tanto como para compensar sus errores y sus deficiencias.

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Un contraluz para Eugen Smith

Santiago González en El Mundo, 310316.

Dos contraluces. El primero es una soberbia foto de Eugene Smith que muestra a dos niños marchando de espaldas a la cámara, en contraluz. La segunda muestra a otros dos niños, también de espaldas, también a contraluz, marchando de dos en fondo hacia su objetivo: los fotógrafos de prensa y las cámaras de televisión que tienen en frente.

Los únicos fotógrafos que aciertan son los que están detrás: los que captan la expectación que producen los dos personajillos en los medios. Ese era el objetivo de la convocatoria. El resto podrían habérselo ahorrado, incluyendo las convessaciones sobre literatura y cine ¡Virgensanta! Comparando los protagonistas de la primera foto con los de la segunda, se comprueba cómo degenera la raza, Artaza

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¿Hay algún grafólogo en la sala?

Santiagón González en su blog, 310316.

Esta es la dedicatoria que Pablo Iglesias caligrafió en el libro de la historia del baloncesto español que regaló a Pedro Sánchez al comenzar su paseíllo por la Carrera de San Jerónimo hacia el edificio del Congreso.

Urge un grafólogo para que nos explique esa desconexión de las letras cuando se dibujan, esa falta de ligazón que se advierte entre los caracteres. Esto es lo que hay. No se sorprendan de nada.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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