.

neymar catalánCollage de EQM sobre la cláusula del contrato de Neymar con el Barça, que le obliga a aprender el catalán. Aquí, el documento contractual al completo [pdf]. Vía AS, 110416.

.

– Presidente … é verdade que o contrato obriga-me a aprender catalão?
– No te preocupes hombre… son cosas que ponemos para apoyar el independentismo que ansía nuestro pueblo…
– Então … eu tenho que aprender ou não?
– Mira… limítate a hacer lo que hizo Cruyff o, mejor, lo que hace Messi!
– Então… nada.

.

De una entrevista a Lionel Messi en la tv argentina, en 2007, donde le preguntan sobre su catalán, después de 7 años residiendo en Barcelona.

.

Totalitaria lingüistica aplicada

Lo malo que tienen las patologías colectivas de corte y confección nacionalista es que son muy complicadas de tratar políticamente utilizando, el cariño, la comprensión, el buenismo, la tolerancia, es decir, la falta de autoridad, el abandono de la obligación que todo Estado de Derecho tiene de cumplir y hacer cumplir el marco legal vigente.

Cosas del Mariano, que ni siquera estando de Presidente en funciones del Gobierno de España parece tener tiempo para eso. Y mira que está teniendo tiempo… mientras espera que el bello ZPedro siga haciendo de las suyas…

Pero tal dolencia conlleva, por otra parte, múltiples síntomas de su agravamiento que señalan bien a las claras hasta qué punto la épica irracionalista puede dar lugar a manisfestaciones que igual abanderan el fascismo discriminatorio o la caza de brujas, como convierten a un buen equipo de fútbol en ‘algo más que un club’, capaz de abrazarse al dictador cuando reinaba el franquismo como de adherirse al independentismo más lunático si quien ostenta el poder en Cataluña es el populismo anticonstitucional consentido por Madrit.

Por eso no es en absoluto de extrañar que el FC Barcelona haya hecho firmar a Neymar en su contrato -del que todavía se están dilucidando responsabilidades fiscales a cuenta de les cales– que…, faltaría más, ¡tiene que aprender el catalán!

El texto, pésimamente redactado en español, como habrán podido leer en el fragmento del collage ut supra, no tiene desperdicio:

“Realizar los máximos esfuerzos para integrarse en la sociedad catalana, respetando y asumiendo los valores culturales de la misma, comprometiéndose especialmente en el aprendizaje de la lengua catalana, vehículo fundamental para la mencionada integración. Por su parte el CLUB pondrá los medios necesarios para favorecer esta integración, formando al JUGADOR en el conocimiento del catalán.”

O sea, no sólo tiene que jugar al fútbol como él sabe y comportarse de modo que eso sea posible y habitual. Además tiene que:

1.-INTEGRARSE en la sociedad catalana‘. [Leen bien, no dice integrarse en el equipo].
2.- No sólo respetar sino también ‘ASUMIR los valores culturales de la misma‘. [No basta con respetar sino que tiene que tomar para sí esos valores.]
3.-Aprender la lengua catalana, vehículo fundamental para tal integración‘. [Tiene que aprende porque ese el ‘vehículo fundamental’ para integrarse; no vale, pues, con el español o con el portugués].
4.- Y ese aprendizaje debe ser de su exclusiva responsabilidad. El club sólo le ayudara a formarle ‘en el conocimiento‘.

Como ven, el texto lo dice todo. Toda una declaración de intenciones contra la libertad de un ciudadano que va a Barcelona -se supone que, además, temporalmente- a jugar al fútbol y cobrar por ello. Sin más obligaciones, imagino, que respetar las leyes del lugar, comportarse cívica y deportivamente. Nada que ver, por tanto con integraciones sociales, asumción de valores culturales ni aprendizajes lingüísticos. Digo yo.

Tal desvergüenza no es sino un ejemplo más del caldo de cultivo que se está viviendo diariamente en Cataluña. Estos días, verbigracia, unos 200 republicanos, fanáticos del anticolonialimo, han divulgan un manifiesto, con el amparo de la Universidad, impulsando la idea de que hay que expulsar el idioma español de Cataluña y para ello nada mejor que deje de ser cooficial y se implante la sociedad monolingüe.

Les cuento. Estos notables o académicos de la lengua y la cultura catalanas, han presentado, en el paraninfo de la Universitat de Barcelona, un manifiesto impulsado por el grupo Koiné -de Llengua y República y cercano a Òmnium Cultural y a la Universidad Pompeu Fabra– y que lleva por título ‘Per un veritable procés de normalització lingüística a la Catalunya independent‘. No lo traduzco el título por entenderse creo que perfectamente [aquí el texto completo en catalán y aquí una traducción google-exprés al español].

Estos sabios consideran que Cataluña está en vías de su ‘descolonización’ y que el actual proceso de inmersión lingüística en catalán -mediante el cual, en la práctica, se niega a los catalanes a estudiar en español- ya ha cumplido su papel y ha llegado la hora de que, de cara a la próxima ‘República de Catalunya‘ se inicie el proceso de restitución al catalán del estatus de única lengua territorial de Cataluña y, por consiguiente, la reversión de lo que ellos consideran la subordinación sistemática y generalizada del uso del catalán al uso del castellano.

Sobre tal desvertebración catalanista del bilingüismo imperante baste decir que califica al español como ‘lengua de dominación‘, considerando a los charnegos una inmigración llegada de territorios castellanoparlantes como ‘instrumento involuntario de colonización lingüística‘ a manos del franquismo.

Pero mejor les dejo con dos artículos que reflexionan espléndidamente sobre la gravedad de la esquizofrénica situación en la que se ve envuelta Cataluña a manos de los abanderados del independentismo tolerado, gracias a la solemne e irresponsable dejadez de los sucesivos Gobiernos PP/PSOE desde el inicio de la etapa constitucional,

EQM

.

El neofascismo lingüístico

Gregorio Morán en La Vanguardia, 090416.

Cataluña está viviendo uno de los momentos más alucinantes de su historia. No hay experto que pueda calibrar el deterioro que se ha ido produciendo en las cosas más sencillas de la vida como son la conversación y la escritura, esa magnífica invención que nos permite no sólo comunicar nuestros sentimientos, sino compartir ideas o contrastarlas sin necesidad de obligar al otro a pagar peajes.

Lo digo sinceramente y sin ninguna acritud. Yo no escribo en catalán sino en castellano, exactamente como se hizo este periódico durante periodos democráticos como la República o la reciente democracia. Confieso que nunca he escrito “Catalunya”, porque para mí es una expresión tan ajena como escribir “Astúries”, cuando siempre escribí siguiendo la norma literaria correcta de Cataluña y Asturias. ¿Ustedes creen que merece la pena? O se trata de una convención social instaurada por quienes hablaron catalán en su casa, ni siquiera en la intimidad, como dijo con arrogancia José María Aznar.

La sociedad catalana vive una crisis total de objetivos, no de identidades, como asegura la facción talibán que ha crecido como los hongos, siempre que los hongos fueran plantados por dirigentes bien remunerados. Si algo ha caracterizado a esta sociedad, antaño, fue su radicalidad. Una gran masa pequeñoburguesa entre islas anarquistas o aventureras. Todavía no se había instalado la cobardía ética como virtud social.

Cuando hace unos meses encontré casualmente por la calle a Raimon, el bardo esencial de este país, y nos tomamos unos cafés después de años de no vernos, me reprochó levemente, al estilo levantino, que algunos artículos míos eran muy duros con los hábitos de este país. ¿Qué pensará ahora cuando una simple frase –“yo no soy independentista”– le generó los insultos más viles, a una persona que entregó su vida y su obra a hacer gozar a la que creía que era su gente? No hay países buenos ni malos, sólo existe gente decente y gente indecente.

Hay que reconstruir la sociedad civil catalana y esa es una tarea tras el virreinato pujoliano, el derrumbe de la dignidad social que fue Millet y el caso Palau; el mejor abogado del mundo mundial, Piqué Vidal, maestro de generaciones de abogados de tronío, convertido en extorsionador, y el mejor juez, Pascual Estevill, implacable mantenedor de la justicia y devenido en un miserable comisionista.

Es verdad que eso pasa y pasó en muchas partes, pero ellos no eran la sal de la tierra. Un país que un día podía ser Suecia y otro Holanda, como decía el gran falsificador, que no sólo había quebrado un banco en beneficio propio sino que consiguió que se le considerara la vara de medir honestidades (hecha excepción de su señora, demasiado inclinada a la floricultura de alto rango y a unos hijos que preferían la delincuencia de élite).

Desde que quebraron las leyendas, y las economías del país, y las subvenciones dignas de emperadores romanos, entramos en una crisis de la que muchos, no la mayoría, pero sí los suficientes, han decidido crear un conflicto civil. Hay que romper la sociedad catalana, porque no les sirve a sus intereses ni a sus proyectos. En el fondo intereses de capilla, de perder la asesoría, la tertulia, la cátedra ganada a pulso de trampa y cartón –a la manera española, diríamos, si no les pareciera una comparación ofensiva–.

Primero disolvieron la izquierda, la mítica izquierda de Cataluña, el faro de la primera transición, y lo hicieron a un precio de saldo. Como se trata de un país pequeño, seleccionadas las patums de hojalata, las fueron colocando en una compra nada sutil pero tampoco escandalosa. Desde Eugenio d’Ors, si no antes, este país descubrió lo barato que es un intelectual; se alimentan de vanidad y pocos recursos. Nunca tenerlo parado; no se le ocurra pensar y romper la baraja y pasarse al enemigo, que hay muchos casos.

Pero la cosa empieza a ponerse un poco fea. Nadie sabe quién manda. Cataluña tiene un president salido de la nada en una jugada tan extraña y chumacera que uno no sabe muy bien si se trata de un candidato de repuesto, un milagro virginal o sencillamente un pacto entre la casta más corrupta e incompetente desde los tiempos de Cambó. Baste decir que al president Puigdemont, un segundón funcionarial del mundo trepador de provincias, se le conoce entre los suyos como el Mocho, y no porque limpie nada sino por su personal tratamiento capilar.

Y entonces aparece “el documento de los 280 académicos”, repito el título de la prensa. Ya me llamó la atención cuando, en la Feria literaria de Frankfurt, la cantidad de supuestos escritores que aparecieron por allá superó a cualquier país del orbe, eran más de cien. Ahora resulta que existen 280 académicos, de los cuales conozco a un puñado que son tan académicos como yo fontanero, incluida quien dio lectura al texto en marco tan incomparable como el paraninfo de la Universitat de Barcelona. Se llama Txe Arana, y confieso mi ignorancia, jamás había oído hablar de ella, y eso que vivo de la información.

De todos los elementos del texto, que intelectualmente es de una penuria digna de Òmnium Cultural o de la Assemblea Nacional Catalana, instituciones que para irritación de algunos no me canso de considerar reaccionarias y racistas, hay dos en las que merece la pena detenerse.

El primero, la declaración del catalán como lengua oficial única, lo que nos obligaría a más de la mitad de la población catalana a apelar a estos letrados académicos para cualquier requerimiento. En otras palabras, que les daríamos trabajo. A mí me impresionó mucho saber que la Universitat de Girona tiene más profesores de catalán que alumnos de lingüística catalana. Lo entiendo, nadie quiere perder su trabajo y la sociedad está muy chunga para ir por ahí y ponerse a la lista del paro: “licenciado en lingüística catalana”. Resumiendo, que en el documento hay un tufillo inconfundible de 280 académicos, en su inmensa mayoría dependientes de la Generalitat, como funcionarios, asesores o subvencionados, y que tal como han ido las cosas del famoso procés se pueden quedar en la calle.

El otro, en mi opinión de mayor fuste, porque se refiere al mundo de la ideología y sus creencias, es la denuncia de la emigración obrera de los años cincuenta y sesenta como “instrumentos del franquismo para la colonización lingüística”. Por más que se diga, como señoritos equilibrados, que fue “involuntario”, constituye la ofensa y la calumnia más desaforada de unos académicos paniaguados del poder. ¿Hay alguno que dijera algo de la mafia pujoliana, no digamos del desfalco del Palau?

O sea que la clase obrera que contribuyó de manera decisiva a la riqueza de Cataluña, explotada, mal pagada, en condiciones infrahumanas durante más de una década, resulta ahora el agente definitivo del franquismo contra Cataluña y su lengua. ¿No hay nadie que lo haya vivido y que desenmascare esta tropelía de reaccionarios?

Había pues dos lenguas, que aún sobreviven, una blanca y otra negra. Los negros que no se adaptaron a la “lengua blanca” son culpables de colonizar Cataluña para estos académicos que viven del erario, no del sudor de su trabajo, como muchos de sus antecesores “colonizadores de fábricas y talleres”. Porque lo patético es que buena parte de los firmantes son hijos o herederos de esa esclavitud de la huida del hambre, sin televisión que los retratara. ¿O no fue una esclavitud?

¡Que gentes, presuntamente de izquierdas, lleguen a sostener que en este país flagelado por el paro, los desahucios, los recortes, las estafas, “quizá el principal problema sea la cuestión lingüística”, es que se nos han roto todos los cristales y de pura vergüenza no nos atrevemos a mirarnos a ningún espejo que nos retrate de cuerpo entero! Son ustedes, señores firmantes, unos neofascistas sin conciencia de serlo. Por cierto, nunca conocí a ningún neo­fascista que reconociera ese tránsito entre la radicalidad de otrora y la miseria de defender sus privilegios ahora.

Ilustración de Eduardo Estrada [España, 1967] para El País, 170116.

Secesionismo y derechos civiles en Cataluña

«No es posible seguir ignorando cómo se pisotean los derechos civiles básicos de compatriotas con las peores prácticas intimidatorias en nuestra nación, cómo se destrozan la niñez y el futuro incumpliendo la ley»

Enrique Calvet en ABC, 110416.

TUVE la ocasión de llevar al Parlamento Europeo testimonios de padres de alumnos de íbero-Cataluña, así como de algún profesor universitario o de instituto. Se enmarcaba todo en una jornada sobre derechos civiles en Europa, dentro del objetivo prioritario del grupo al que pertenezco, el de los demócratas-liberales (ADLE), de evaluar la calidad democrática en las naciones europeas.

Mi obligación era transmitir realidades desde mi circunscripción, y más en cumplimiento de mi programa electoral, para ir mejorando Europa desde la mejora de este rincón de Europa. Reconozco que mi intención era incidir en cómo el mal funcionamiento del Estado de Derecho, o incluso la renuncia a él, termina laminando los derechos civiles de los más débiles. En particular, el disfuncionamiento de la Justicia o el incumplimiento impune de sentencias. Quedó patente gracias a los magníficos ponentes académicos, el ilustre catedrático administrativista don Andrés Betancor y la renombrada profesora de la UAB doña Isabel Fernández Alonso.

Ya lanzó una voz de alarma la impresionante contundencia de la admirable profesora Agenjo, única directora de instituto que se negó a incumplir la ley aquel patético 9 de septiembre del ilegal remedo de referéndum. La única que no entregó las llaves del instituto para la aborrecible manipulación política, y, además, porque los que la presionaron y amenazaron, representantes del Estado, no tuvieron ni siquiera el valor de darle la orden por escrito.

Y fue tristemente aleccionador oír el relato de toda la intimidación a la que la sometieron, así como a abundantes compañeros. Y fue desoladoramente revelador saber cómo muchos, aun pensando como ella, cedieron a las amenazas. Así comprendimos mejor al catedrático cuando dijo que la Historia reciente de la sociedad civil en el Principado es la de la instalación del miedo. Y el miedo se instala porque el Estado se ausenta. Y donde se ausenta, ni hay democracia ni hay libertad.

Pero reconozco que todo quedó eclipsado por los escalofriantes testimonios de tres madres y padres por su experiencia vivida en defensa de los derechos fundamentales de sus hijos. Cuando una de ellas acabó entre sollozos recordando cómo había tenido que cerrar su empresa y llevar a su descendencia a un colegio a 30 kilómetros para proteger su derecho a la felicidad y a una convivencia sana entre chavalines de su corta edad, vimos que el nudo en la garganta se había instalado en todos los que abarrotábamos la sala.

Se oyeron y vieron cosas que recordaban las épocas siniestras de la Historia de Europa. Acoso y persecución a padres a través de redes y manifestaciones organizadas por las autoridades, encierro individual con el progenitor por parte de la autoridad para presionarle, campañas de medios locales, ¡escraches a las puertas de los padres liderados por representantes de las autoridades, con las fuerzas del orden levemente distraídas…! Pero lo que llevó a la total indignación fue cuando quedó patente la utilización de los propios niños para acosar y atacar a sus propios compañeros. «Orientados y organizados» por padres adictos a la causa y por…¡enseñantes y autoridades!

Me quedé espantado, y no pude dejar de repartir la portada de un periódico ilerdense donde se veía a niños, ¡niños!, uniformados para la ocasión, embrigadados por edades, perfectamente formados y alistados, reclamando… ¡¡¡¡ que su colegio no cumpliera la ley ni las sentencias con algún compañero suyo !!!! ¡Manipulan a niños para acosar a niños! Esa bajeza, que se convirtió en dolor para los hijos de los presentes por perder amigos por orden de otros padres, por padecer un aislamiento racista teledirigido por parte de compañeros que apenas cumplían los 10 años, es lo que más nos conmocionó. Y nos dimos cuenta de que ese era el huevo de la serpiente. Hablar de calidad democrática en ese ambiente es pura ilusión lisérgica.

Pero también me di cuenta de un aspecto crucial para nuestro futuro en democracia de libres e iguales. Está bien llevar esta realidad a una Europa cloroformizada, víctima de años de engaños separatistas consentidos. Pero es más necesario hacer conocer esa terrible realidad en nuestra propia Nación, España. Acuso, por supuesto, a los gobiernos de los últimos lustros, afanados en banalizarla ad nauseam por politiquería, y acuso a la complicidad de los medios de comunicación.

Pero no es posible seguir ignorando cómo se pisotean los derechos civiles básicos de compatriotas con las peores prácticas intimidatorias en nuestra Nación, cómo se destrozan la niñez y el futuro incumpliendo la Ley, cómo revivimos las épocas de peor acoso totalitario. Se podrá pastelear con las bravuconadas y mentiras secesionistas, se podrá prostituir el Estado de Derecho, se podrán instalar la mentira orwelliana y la pureza de sangre y apellidos, pero me resisto a creer que los españoles se queden impasibles ante el abyecto aplastamiento de los derechos civiles de niños españoles.

••

•••

 

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios