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La política como opción ruinosa

Ayer, hablaba yo del traje de primera comunión pre-electoral que le regaló Jordi Évole al terrorista Otegi.

Hoy no puedo menos que referirme al traje de defunción política que le ha diseñado al Ministro José Manuel Soria la sastrería combinada de compañeros de partido -y de Gobierno- y de periodistas especializados en el corte y confección para linchamientos.

Soria, que es -era- un político de nivel, inteligente, culto, emprendedor, y que sonaba con fuerza para sustituir a un Mariano Rajoy al que sólo le falta decidirse a finalizar su carrera política de una vez, le han fulminado en sus aspiraciones simplemente porque se precipitó en sus explicaciones sobre sus actividades comerciales, financieras, en paraisos fiscales como Panamá o Jersey.

Repito: no por hacer nada ilegal sino porque se precipitó, saliendo al paso sin haber revisado a fondo todos y cada uno de aquellos datos personales que los depredadores propios y mediáticos estaban dispuestos a utilizar en su contra si, por descuido, dejaba alguno en el tintero.

Y así sucedió. Inmediatamente, unos y otros replicaron que mentía, aun a sabiendas que el Ministro no decía lo contrario de lo que pensaba sino que dejó de manifestar sucedidos en los que precisamente -y para su desgracia- no pensó y que aquellos sí tenían bien apuntados.

Particularmente cainíta es la reacción pública del sr. Montoro, Ministro de Hacienda y, por tanto, compañero de Soria en el Consejo de Ministros de Mariano Rajoy:

“Nadie que haya operado en paraísos fiscales puede estar en el Gobierno”

El sabrá los motivos políticos que tiene para soltar tal puñalada. Porque fundamento jurídico o ético no tiene ninguno si se refiere a operaciones legales. Preferiría, pues, que nos ilustrara -siendo, como es, Ministro del ramo- sobre los motivos que tiene para no informar públicamente sobre si investiga administrativamente o no, ni para no denunciar ante la autoridad competente, el delito de divulgar privadas declaraciones de la renta obrantes únicamente en su departamento, como ha ocurrido recientemete con Aznar o con Esperanza Aguirre.

Si en este país se institucionaliza la actual caza de brujas a desmesurado cuento de la corrupción -que en la política es un fiel reflejo de la ciudadana- a este paso el futuro de la gestión de la res publica estará reservando para funcionarios sin especial graduación, parados de larga duración, jóvenes sin mayor experiencia que el gusto de conocerse, acémilas, chavistas, titiriteros y estrafalarios ocurrentes tipo el arruinador ZP o su aventajado alumno ZPedro. Sin excluir, como ya vamos viendo, las incorporaciones de miembros de bandas terroristas y de sus palmeros.

Podemos estar seguros de que dificilmente contaremos con alguien que destaque en cual rama o sector y esté dispuesto a arruinar su vida y la de su familia en pro del interés general.

EQM

Asesinato y dinero

Arcadi Espada en El Mundo, 190416.

Yo creo mucho en la doctrina del ministro Montoro. Una persona que haya operado en el offshore del terrorismo no puede dedicarse a la política. Y, sin embargo, ahí está el llamado Otegi, encabezando una candidatura de la izquierda a la presidencia del gobierno vasco y encarnando la peor corrupción de España. Naturalmente, y por fortuna, las exigencias éticas del Partido Popular no son las mismas que las del partido de Otegi; es más, las exigencias de los votantes del Partido Popular no son las mismas que las de los votantes de Otegi: los votantes de Otegi encarnan la peor quiebra moral de España.

El pueblo no aceptaría un exdelincuente fiscal de candidato, pero no tiene mayor problema con un exterrorista. El pueblo es muy suyo, y con su sumisión a Otegi no hace sino legitimar el asesinato como método de acción política. Pero mi opinión sobre el pueblo tiene poca importancia. El problema grave es que las instituciones españolas no hayan podido evitar que el antiguo miembro de una banda de asesinos se presente a unas elecciones y tenga posibilidades de ganarlas. Es por este tipo de asuntos por los que España presenta una sostenida y crucial intimidad con el fracaso.

Como el exministro offshore, el exterrorista sube hasta el prime time de los medios. «Es noticia», argumenta ese periodismo que se chupa el dedo, al modo del tendero, para contar con mayor facilidad los billetes. Pero son dos prime time muy distintos. Uno sirve para amortajar al exministro y enviarlo a la oscuridad glacial, de donde es improbable que regrese. El otro sirve para dar el pistoletazo (¡oh, oh!) de la campaña electoral del exterrorista.

Al uno lo presentan como un tipo avergonzado, que reconoce sus erratas y sus errores; con él no hay debate posible: prima la doctrina Montoro, y hasta yo mismo estoy de acuerdo. Por el contrario, al exterrorista lo presentan como un hombre opinable; y es que, al parecer, con su caso no hay doctrina. El exministro lamenta su pasado. El exterrorista lo instala con orgullo en el presente: si quieres debatir, chaval, ése es el marco. El marco que rige de Lakoff a Berkeley y que desova en el refranero: en los medios, lo que no mata, engorda.

Una democracia que discute la compatibilidad entre política y asesinato pero que se muestra inflexible ante la incompatibilidad entre política y dinero off es una democracia pintoresca, a punto de virar a lo siniestro.

Del paraíso al infierno

Carlos Cuesta en El Mundo, 190416.

«Nadie que haya operado desde paraísos fiscales puede estar en el Ejecutivo». La frase: de Montoro. El acusado… y condenado: Soria. La inspiración: del Gobierno del PP como ente, que asumió el argumento como nueva máxima de sus nombramientos, pese a la ausencia, hasta el momento, de acusación de ilegalidad en el comportamiento de Soria. Pero su «falta de ejemplaridad» hacía imposible su continuidad, según varias fuentes populares.

Y por el camino, queda una reflexión más allá del caso personal del ex ministro. Si nadie que haya tenido contacto con paraísos puede estar en el Gobierno, ¿nadie que haya tenido cargos en el 94% de las grandes empresas puede aspirar jamás a un cargo en la vida pública? Porque ése es el porcentaje de empresas del Ibex que posee actividades en paraísos fiscales.

Empresas entre las que se encuentran los mejores directivos de sectores tan decisivos para un país como el energético, financiero o telecomunicaciones. ¿Ninguno podrá aspirar a competir por un puesto en un gobierno central, autonómico o municipal con aquellos cachorros que salen de los partidos a manadas con una carrera recién terminada -si se da el caso- y una apabullante experiencia laboral de entre cero y dos años?

Y ya puestos, ¿por qué no poner como requisito que nadie que haya tenido que pagar una inspección fiscal pueda acceder a la vida pública? ¿Acaso es menos grave estar en un paraíso fiscal para reducir el pago de impuestos, que haber pagado una reclamación de Hacienda por no haber cumplido con el Fisco? Porque si aplicamos este nuevo rasero, el porcentaje de directivos que queda fuera del acceso a un cargo es muy posible que ascienda al 99,9%, especialmente teniendo en cuenta que la Agencia Tributaria realiza cada semestre 370.000 controles a empresas medianas y grandes, cifra que crece a ritmos del 268%.

Nadie puede poner en duda la exigencia de ejemplaridad en la vida pública. Pero esa ejemplaridad lo es tanto para lo realizado en la vida privada, como para lo realizado en la pública… como para lo no realizado en ninguna de ellas. Y hoy, a un buen número de cargos no se les podrá expulsar por haber hecho algo dudoso en la vida privada: porque nunca han estado en ella. Ni por nada realizado en la pública: porque acceden al cargo sin más mérito que la correspondiente genuflexión.

Y ese escenario no albergará paraísos fiscales, pero sí un oasis político: el de Rita Maestre, Ramón Espinar, Eduardo Garzón… Un paraíso de aquellos sin ningún currículum en el que buscar nada… Pero un infierno de incompetencia para los administrados.

Aguas cenagosas

Los herederos acechan. Cuantos menos lleguen vivos al entierro del patriarca, más segura la herencia. Aunque podrida.

Gabriel Albiac en ABC, 180416.

No hay pudrición que venga de fuera. Ni en moral ni en política. Se pudre la vida agotada. Por sí sola. Y, al pudrirse, pone a la vista de todos lo que todos hubieran debido saber a tiempo: que el organismo estaba enfermo desde su origen.

Vivimos el momento histórico en el cual se precipita la necrosis de un Estado. Puede que de una nación. Entre el miércoles y el viernes, los juegos de masacre se dispararon. Aquellos benefactores que enarbolaban la defensa de los desprotegidos ciudadanos a quienes sangraron los bancos, han resultado ser ingeniosos salteadores.

Los filantrópicos justicieros eran sólo refinados chantajistas. Y un ministro a cargo de la pieza clave del desarrollo económico moderno, la industria, era fulminado por ejercer lo que otro de sus colegas designó como «lo incompatible» con un gobernante. Puede ser fascinante, como objeto de análisis o experimento de laboratorio, esta aceleración del tiempo. Para el ciudadano, sobre cuya cabeza silban las balas, sólo es señal de alarma. Del Estado, poco a poco, van quedando sus escombros.

Lo de Soria, visto en frío, es mucho más extraño que alarmante. O sea, que es alarmante en grado extremo. Hay, primero, un movimiento que se exhibe fallido, al apuntar jaque mate sobre el ala del tablero en la cual no había pieza: Panamá. Hay, enseguida, contraataque en tromba del jugador, que cree haber constatado en su adversario el error fatal de un movimiento en falso. Y, en el momento mismo en el que el ajedrecista precipitado descubre por completo su juego, hay el jaque mate. Fulminante y en el ángulo opuesto del tablero. Aquel en el que la precipitación de la respuesta dejó indefenso al rey para centrarse en el rincón en donde nada sucedía.

La jugada es una obra de arte en estrategia. La cuenta off-shore de Jersey, de haber sido esgrimida como blanco primero, no hubiera generado más que costes menores: era tan legal cuanto moral o estéticamente inelegante. Por eso no se arranca de ella en movimiento inicial. Se busca hacer –y se consigue– que el incauto la niegue sin que haya sido hecha pública. Se consigue poniéndole un cebo suntuoso: la falsedad de que su nombre esté incluido en unos «papeles de Panamá», en los cuales se sugiere que pudiera estar, sin embargo, alguno de los nombres dorados del socialismo.

El ministro traga alegremente el anzuelo. Proclamándose ajeno a cualquier cuenta off-shore, sin más matices. Veinticuatro horas después, el inofensivo Jersey se trueca en mentira de Estado. Soria está muerto. Políticamente muerto. Para siempre.

La jugada es demasiado fina como para aceptar que venga de una cadena de azares. El cálculo de probabilidades no excluye que, arrojando al azar unas cuantas toneladas de letras y de signos de puntuación, salga el Quijote. Pero es poco verosímil.

Demasiada inteligencia y demasiado oportuna, como para venir de una lotería ciega. Los herederos acechan. Cuantos menos lleguen vivos al entierro del patriarca, más segura la herencia. Aunque podrida.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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