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Pablo Iglesias ayer, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, entre aplausos de sus incondicionales:

“[…] yo, si quiero prosperar en el mundo del periodismo y, en particular, en mi periódico, tengo que conseguir que haya muchas noticias que vayan a la portada, pero, claro, si yo trabajo en el diario El Mundo, es imposible que yo consiga colocar en la portada ‘Podemos lo hace todo muy bien’. Es imposible. Tengo que colocar noticias que digan que Podemos lo hace todo fatal. Y aun así, en buena parte de los periodistas que nos siguen, que están obligados profesionalmente a hablar mal de nosotros porque esas son las reglas del juego, hay un elemento de amor, y es una cosa bonita […].

“Les veo con cara de miedo por primera vez a los periodistas‘ / ‘la historia no tiene por qué ser verdad, pero como tantas cosas que se publican y que no tienen por qué ser verdad pero se publican

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El que avisa no es traidor

Qué manía tiene el periodismo escrito de no incluir las frases textuales ni siquiera de aquellos que les insulta. Ya va siendo hora de que comiencen informando a sus lectores de qué ha dicho el autor de la difamación totalitaria y después que expongan su análisis, su criterio y todo lo que quieran.

Yo les he insertado por escrito la delincuente demagogia sustancial y -para el que quiera extenderse- el vídeo que se ha publicado -como Dios manda- por Libertad Digital [ut infra].

Visto lo visto, en mi opinión el líder de Pablemos no engaña a nadie ni es traidor, porque lleva avisando desde mucho antes de que los medios le encumbraran. Cualquiera que se tome la molestia de pasearse por sus YouTube podrá comprobar qué opinión tiene de la libertad de prensa y ella misma: otro opio para el pueblo. Como cuenta hoy Victoria Prego en El Mundo,

“‘La información es un derecho’, argumentaba, siguiendo una doctrina esencialmente totalitaria, ‘y por lo tanto, tiene que estar en manos del pueblo, representado por el Estado'”.

Tampoco me resisto a señalar que, en consecuencia, todos aquellos que se han dedicado -o lo siguen haciendo- a darle hilo a la cometa totalitaria mochilera, tienen su merecido. Y no me refiero sólo a los medios sino también al PP -buscando la ruina del PSOE– y al bello ZPedro, loco por ser Presidente del Gobierno de Epaña aun a costa de arruinar a su propio partido.

Mi reiterada convicción en torno a la sistémica corrupción también se refiere a este suceso, que es sólo un ejemplo más de la pusilanimidad con que este país aborda los asuntos importantes. El buenismo suicida llega a alcanzar incluso a los directamente damnificados, lo que indica el grado de cretinismo que se ha alcanzado.

Así, el propio diario El Mundo, en su editorial de hoy, se contenta con regañar al totalitario pero con la mano tan tendida a la reconcialiación que, en el mismo texto, ni el pudor más elemental le impide afirmar que

‘Iglesias es un dirigente político con talento y con carisma, pero su vertiginosa ascensión le ha hecho perder el sentido de los límites.

Los límites se los salta el diario subrayando un ‘talento’, ‘carisma’ y ‘vertiginosa ascensión’ del totalitario. que yo no veo por ninguna parte.

EQM

Las cinco bofetadas de Pablo Iglesias a los medios de comunicación

pd. No me sorprende, sin embargo que Raúl del Pozo califique el insulto -de paso, como si la cosa no fuera con él- de comportamiento ‘esnob’, ‘repelente’ y ‘pedante’. Eso les suele ocurrir a tantos que después se sorprenden si de buena mañana llaman a su puerta y no es el lechero sino el repartidor de la prensa del Movimiento.

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De la exposición de Pablo Iglesias, ayer en la Complutense. Vía LD, 220416.

Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 220416.

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El doctor Ciruela del periodismo

Santiago González en El Mundo, 220416.

(Mi comentario de las 8:15 en Herrera en COPE)

Tengo desde hace tiempo la impresión de que Pablo Iglesias desconoce los rudimentos de la democracia representativa, además de estar muy sobrevalorado intelectualmente. Él cree que la teoría de la relatividad fue alumbrada por Newton, que Kant escribió la ‘Ética de la Razón pura’ y que el requisito para una prensa libre es la propiedad del Estado: la teocracia iraní o el modelo cubano.

Hace tres años le preguntaron en Zaragoza si educación o propaganda y respondió: “sin lugar a dudas, propaganda”. Puesto a elegir entre información y propaganda, le pasa lo mismo. Lo demostró ayer en un acto de la Complutense, en el que recurrió a burlas y descalificaciones contra un gran periodista y gran persona, Álvaro Carvajal, de ‘El Mundo’, en particular y contra la prensa en general. “Veo miedo en los ojos de los periodistas”, dijo donde hubo más bien desdén, porque los periodistas presentes se marcharon en aquel momento. Invocó el espacio universitario como licencia, la misma que negó a Rosa Díez cuando le montó el escrache en la misma complutense.

Él trabaja para una televisión que le han puesto los clérigos iraníes, lo que justificaba con estas palabras: “A los iranís (sic) les interesa que se difunda en América Latina y en España un discurso de izquierdas porque afecta a sus adversarios. ¿Lo aprovechamos o no lo aprovechamos?”. Y cree que todo es así, que quienes critican a su partido, lo hacen para complacer a sus jefes, como él. Y este maestro Ciruela da lecciones de lo que debe ser la prensa independiente. O sea, estatal.

Su problema es que al menor descuido le aflora el macarra totalitario que lleva dentro. Y la carga genética, que de casta le viene al galgo, ya lo cantaba Paco Ibáñez: “Me lo decía mi abuelito, me lo decía mi papá”.

Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] en El Mundo, 220416.

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Sí, Pablo Iglesias, este periodista te tiene miedo

Agustín Pery en El Mundo, 220416.

Pues sí, Pablo. Es verdad. Hay miedo en mis ojos. Otros igual no lo reconocen pero a mí me acojonas. Ojo, no a tu ideología, ni a tu discurso y mucho menos a tu programa político porque respeto infinitamente a todos y cada uno de tus votantes. A mí me acojonas tú, sólo tú. Me aterroriza que un tipo así pueda siquiera mesar la melena de los leones del Congreso. Porque como sé de tu cultura, sé que conoces el cuento del Traje Nuevo del Emperador. Vas desnudo pero no se te puede decir. Aflora tu verdadera jaez cuando señalas a un periodista –ya lo hiciste con Ana Romero-, cuando cobardemente te refugias tras lo alambicado del condicional para pronunciar la palabra linchamiento; cuando afirmas sin que te tiemble la coleta que mi compañero Álvaro Carvajal en su ansia por promocionar en la empresa se inventa titulares al gusto de sus jefes.

Supongo que “el espacio académico” del que provienes no será así. Imagino que no has tenido que medrar en función de tu ideología sino de tus méritos como docente para conseguir una soldada pública. ¿O sí? Ya ves que yo pregunto. Tú has afirmado. Pero como no eres ni mucho menos tonto, todo lo contrario, lo que has pretendido es evidente. La performance de la Complutense la tenías guionizada. Había que lanzar el mensaje, dejar clarito a tus posibles votantes que cuando lean algo que no sea un laudatio servil a Podemos o a su “querido líder” es que el firmante, pobrecito, tiene que blindar su nómina; que su periódico no es objetivo sino que forma parte de esa casta que, misérrima, es incapaz de ver tus enormes cualidades, que donde ellos ven purga en realidad hay darwiniana selección.

Vamos, que el medio que paga a Álvaro no lo hace por informar sino por atacar al pueblo, a ti que lo contienes en su totalidad. Absurdo intentar explicarte que ni Álvaro lo consentiría, ni nosotros jamás se lo propondríamos. Lo que has hecho no retrata a tu partido. Te inmortaliza a ti. Deja epidérmico lo que eres, lo que estás dispuesto a hacer para conseguirlo y que el rodillo tan de vieja política (otros ilustres de tu nueva profesión intentaron antes matar al mensajero) está perfectamente engrasado en tu caso. A la vista está de los incendios que tienes de norte a sur de tus círculos.

Como ya te he reconocido mi miedo, déjame que te confiese cuál es mi tristeza. Ver que cuando una compañera sale en defensa de Álvaro Carvajal, te afea lo que has hecho y dicho, tu postureo académico, tu argumento es cambiar el tonito faltón por el de cordero anonadado y ¡cáspita! advertirnos a todos que no es una rueda de prensa sino una universidad. Vaya, así que el hombre que viene a regenerar la política dice lo que dice, ya no cómo lo dice, en función del público asistente. Vieja política. Tremendo. Debe ser el mal del plató, algo así como el de la Moncloa que afecta a los presidentes.

Andas desnudo, Pablo. Lo malo es que al emperador no le cuestiona nadie. Cuidado con hacerlo que te linchan (verbalmente, claro). Lo grave, lo triste, lo patético, es que además, vocalizada la coartada “estamos en la universidad”, el respetable rompa en aplausos. Porque ellos sí te han entendido y no el resto que somos idiotas. Eso sí que acojona, la actitud mansurrona de los alumnos. Nuestro futuro. Buff.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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