.

EQM_130516.

Chimo saca los pies del tiesto

C[X]himo Puig [Morella, 1959], socialista Presidente de la Generalidad Valenciana gracias a su pacto con Compromis, con el al apoyo de Podemos y del el Bloc Nacionalista Valencià, tiene de común con el bello ZPedro, su Secretario general y eterno aspirante a fracasar como candidato a la Presidencia del Gobierno de España, que ambos está hermanados con esa doctrina del populista Pablemos consistente en que “Cuando en política no tienes poder, no tienes nada. No cuentan las razones, cuenta el poder”.

¿Por qué digo ésto? Porque a este señor que dice ser periodista, parece que por el cuarto turno, -y que a los 23 años ya vivía de la política a los pechos de Joan Lerma, que es quien, por cierto, sigue mandando en el PSPV– se le ocurrió el otro día un nuevo viraje en sus conocidas artes de navegar procurando el viento en popa.

Con el fin de evitar que la próxima campaña electoral haga trizas su modelo de gobierno autonómico ‘a la valenciana‘ -y, en consecuencia, dar al traste con su sillón presidencial- pensó que lo mejor que podía hacer era proponer al Comité Federal de su partido -órgano competente en materia de listas electorales y política de alianzas [art. 36 de los Estatutos del PSOE]- que la fórmula ideal para convertir al Senado en Cámara territorial federal era, respecto a la Comunidad Valenciana, formar una próxima candidatura electoral única con Compromis, Podemos, Izquierda Unida y, por supuesto, su PSPV/PSOE.

Y lanza tal idea a los cuatro vientos, coincidiendo, por si faltara poco, con la noticia de que los independentistas catalanes quieren incluir en su Constitución republicana para su nuevo Estado la posibilidad de que valencianos y mallorquines puedan solicitar la ‘nacionalidad’ catalana sin que tengan que renunciar a la que ya tengan.

O sea: este profesional de la política, para no perder un poder que nunca imaginó alcanzar y sumergido en pleno síndrome de Estocolmo en brazos de su Vicepresidenta  M. Oltra, los mochileros y esa ‘vía a la valenciana’, se le ocurre la mágica fórmula ya enunciada. Venga, qué más te da y te da lo mismo: todos contra el PP y Ciudadanos.

Ante tamaño banderín de enganche, puro cataclismo interno, con más de 100 alcaldes valencianos movilizados por Chimo, entiendo que ha sido el propio Lerma -con la ayuda de J.L. Ábalos, utilizando, puertas afuera, al simpar ZPedro– el general que le mandó parar, ante la que le espera en el próximo Comité Federal.

Al final Mariano Rajoy habrá hecho bien esperando ver pasar el cadaver socialista.

Una pena para esta España, cada vez menos nuestra.

EQM

pd. La apuesta de Ximo Puig sólo tiene dos lecturas:

1. Reivindicar un valencianismo a la catalana, tratando de consolidar su Presidencia de la Generalidad y de impulsar un federalismo a tono con aquello que se dijo en la Declaración de Granada [2013].

2. Barruntando la probable debacle de ZPedro en las próximas elecciones, enfrentarse públicamente con el actual lider a fin de incrementar sus opiciones junto a Susana Díaz.

En ambos casos, una locura. En el primero, porque el PSOE sólo permite tales barbaridades al socialismo catalán. Y en el segundo, porque Susana Díaz está en las antípodas de cualquier pacto con Podemos.

A todo esto, el berenjenal en el que Alberto Garzón ha metido a Izquierda Unida al coaligarse con Podemos es de órdago. Se le van levantando las CCAA porque sus puestos en las listas son pura ruina. Ni siquiera los socios con los que Chimo quiere pactar, se ponen de acuerdo.

La pinza que se les va

Arcadi Espada en El Mundo, 120516.

He leído por ahí sobre la pinza que van a hacerle, o que ya le estarían haciendo, el partido Popular y el partido Podemos al partido socialista. Pinza es un curioso término que se popularizó básicamente en el Madrid de Aznar y Anguita, en los noventa, ¡paro, despilfarro y corrupción! No recuerdo bien, porque yo era entonces un lactante, pero supongo que el Pp y la Izquierda Unida del maestrillo pactarían alguna ley o alguna instrucción contra los socialistas decadentes.

Aquella pinza no fue más allá de las fantasías de algún periodista, siempre deseoso de buscar crimen y coartada a su palpitante corazón: cuando Aznar ganó formó pinza, y dolorosa, con los nacionalistas catalanes. Ahora la socialdemocracia alerta ante la pinza ppódemica, con esa imperturbabilidad cínica que es marca de la casa. Resulta que a los españoles, y a la subsede de los españoles de izquierdas, habría de preocuparles esa pinza cuando los socialistas ya gobiernan con la izquierda indigente en Barcelona y Valencia y cuando su apoyo ha permitido el gobierno de tantos municipios y comunidades autónomas. Y cuando lo único que les ha impedido gobernar en comandita España no es la discrepancia ideológica, estratégica o táctica, sino una cláusula fáctica, que es la fragmentación de la soberanía constitucional.

Lo que habría de alarmar a una socialdemocracia consecuente y merecedora de respeto intelectual, moral y político es que el Partido Socialista, el de Felipe González, el que renunció al marxismo (en Barcelona y después de una pregunta sin escapatoria de Lorenzo Gomis al primer secretario), se haya prestado a organizar una pinza con un partido del que le separa todo salvo la melancolía de las batallas perdidas de la historia. Esa pinza entre el socialismo y la excrecencia populista es de una razón parecida a la que un hombre ejercería con el antecesor común de hombre y chimpancé, hará unos cinco millones de años.

Pero nadie piense que los dramitas de nuestras damiselas socialdemócratas (la pinza, la pinza, se me va la pinza) no tienen propósito, aun en su delirio. El propósito es demostrar que el Pp es el responsable de que no haya un gobierno entre socialistas y podémicos. Y aún mucho peor: el Pp es el responsable de que no haya un gobierno entre socialistas y populares, por el que ha clamado, en su cínico despistar, el presidente Rajoy. Todo ello en la perspectiva inminente de un gobierno retroprogresivo, a la Pániker, entre el Partido Popular y el partido Podemos.

Vámonos.

Sánchez tiene razón

El intento de Ximo Puig de negociar las listas valencianas choca con la necesaria unidad que hoy requiere el PSOE

Editorial de El País, 120516.

Pedro Sánchez tiene razón al dar un golpe de autoridad en un partido en el que algunos barones no son conscientes de la responsabilidad que recae sobre el PSOE y sobre su candidato a La Moncloa ante la cita crucial con las urnas del 26 de junio. El último ejemplo es el intento del presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, para negociar por su cuenta una candidatura valenciana al Senado con Compromís y Podemos. La iniciativa ni siquiera ha sido retirada una vez conocido el criterio del secretario general, favorable a mantener la autonomía del PSOE en la elaboración de sus propias candidaturas y a rechazar la propuesta repentina de Pablo Iglesias para ir a listas conjuntas en toda España.

El modelo valenciano —con un presidente socialista y una vicepresidenta de Compromís y el apoyo de Podemos, que se ha mantenido al margen del Gobierno— tiene un significado emblemático, ya que Iglesias y los partidarios de una alianza de izquierdas para el Ejecutivo estatal lo han puesto como ejemplo de pacto alternativo al realizado en su día con Ciudadanos. Los límites que impuso el comité federal del PSOE, a la hora de no pactar ni negociar con el Partido Popular ni con las fuerzas que defendieran una consulta sobre el derecho a decidir, son claves para entender por qué Ximo Puig se ha extralimitado al plantear su propio diálogo con Podemos.

Antes de la iniciativa de Puig, otro barón lanzó un arañazo a la complicada unidad del Partido Socialista. Fue Guillermo Fernández Vara, el presidente extremeño, quien añadió leña al fuego al pronosticar que Susana Díaz posiblemente disputará la secretaría general del PSOE a Sánchez. Independientemente de la disputa legítima que se pueda plantear en el futuro sobre el liderazgo socialista, cabe esperar hoy, con las elecciones generales ya convocadas, que los dirigentes hagan piña y hablen con una sola voz.

Malagón [España, 1972] en El Mundo – Comunidad Valenciana, 120516.

.

Constitución catalana y ‘nacionalidad’ valenciana

Editorial de El Mundo / Comunidad Valenciana, 120516.

El borrador de la Constitución de la hipotética república catalana prevé en su articulado la posibilidad de una doble nacionalidad. Pero no se trata de que los catalanes puedan seguir siendo españoles si así lo desean. Se contempla, literalmente, la posibilidad de que «los ciudadanos de aquellos estados que tengan nexos culturales y lingüísticos con Cataluña podrán optar por la nacionalidad catalana sin renunciar a la suya».

Queda claro, pues, que las ansias expansionistas del independentismo catalán no tiene freno y que su proyecto de ir sumando territorios a su idea de gran república sigue vigente.

Lo lamentable en este caso es que existan todavía partidos y entidades que alienten la disolución de la identidad valenciana en defensa de un proyecto político que en la Comunidad Valenciana apenas se sienten representados un puñado de ciudadanos. El problema es que existan instituciones que trabajen pública o discretamente para ello y que se empleen recursos públicos en esa tarea sin sentido y que agota ya a una mayoría social.

La Generalitat debería hacer hoy mismo un pronunciamiento claro y expreso contra esta disposición de la Constitución de la república catalana. Y trabajar para proteger la identidad valenciana, que no sólo está falta de orgullo, sino de políticos que la defiendan con firmeza y sin sectarismo.

••

•••

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios