[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].

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Relato breve

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Mi nueva chica irreversible ha glaseado mi cuerpo con su clara dulzura, contagiándome la felicidad invulnerable. Y ahora sólo deseo estar recostado sobre sus tocinos de cielo, acunado cadenciosamente, para mimar esos maravillosos labios de fresa viva.

Mientras tanto, no se me antoja repasar nada de mi vulgar y sufrido pasado de afectos discordantes si no es para rechazarlo. Pues, ella, me desenterró de la escombrera del amor cuando me sentí como una agrietada teja abandonada. Y ahora habito en su corona para protegerla de las lágrimas amargas de la vida.

Noto que poseo el presente en su superior brillo, siendo lo actual igualmente mi futuro. Asimismo, encuentro irracional buscar algo más porque lo tengo todo: está en su afecto. Y siempre dispuesto, quedo en la traviesa espera hasta que anhela lo sublime y me lo hace saber. Y, entonces, ingreso en su entresijo de columnas suaves para acabar voceando juntos nuestro gozo. Después sentimos reposar flotando dentro de una calmada torca de agua, seguros, en el centro líquido del emboscado perímetro que nos separa de lo vulgar.

La alegría asentada modifica mi rostro con una sonrisa permanente que vuelca sobre mi cuerpo las esperadas endorfinas, creando una retroalimentación que vigoriza mi felicidad. Ambiciono, ahora que todo me sonríe, que la lentitud entre en mi vida. Que todo pase despaciosamente para saborear lo que me acontece. Y llenarme de infinitud. Como si existiese fuera de nuestro tiempo, mucho más allá de la cumbre del hemisferio celeste.

Por primera vez no emerge, ni siquiera inconscientemente, ningún pensamiento fatal sobre lo venidero. Se ve que los pliegues del miedo custodio están bien adheridos. Soy otro y creo vivir una entelequia venteando el aire envolvente repleto de canela y angélica, las esencias del amor sublime.

Mas creo que, como mínima cautela, debería mantener siempre los ojos bien abiertos. Perder la posición sería una osadía que no me puedo permitir. Por eso me resisto a cabecear; siquiera la somnolencia debo consentirme. De modo que me he hilvanado un párpado a la ceja. Y sigo sonriendo a mi clara dulzura aunque sea amándola con tal ojo seco.

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Enrique Masip Segarra [2016]. © Todos los derechos reservados.

enriquemasipsegarra.wordpress.com
enmasecs@hotmail.com

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antoine d'agataFotografía de Antoine d’Agata [Francia, 1961]. Vía Emaho Magazine.

NOTAS.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes, son aportados por EQM.

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