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De pitos, pitidos y pitorreos antidemocráticos

Escribía ayer Ruben Amónayer en El País, que ‘la manera de prevenir o de moderar el soberanismo no podía consistir en cachear a los aficionados del Barça‘.

Está muy claro: ¡basta con seguir permitiendo que el Barça y el Athletic chacheen a los patriotas españolistas cuando lo consideren oportuno!

EQM

Final Copa del Rey 2016: Barcelona 2 – Sevilla 0. Llega el Rey, suena el Himno de España y la mayoría de la afición del Barça pita y enarbola la estelada. La afición sevillista, por el contrario, aplaude, tararea y ondea banderas de España.

Prohibidas banderas de España en el Nou Camp

José Apezarena en El Confidencial Digital, 200516.

Uno de los puntos de interés en la final de la Copa del Rey, entre el Sevilla y el Barça, se ha concretado en la prohibición de exhibir la estelada en el interior del estadio Vicente Calderón.

El anuncio de la Delegación del Gobierno ha provocado una enorme polémica, aumentada por el aviso del presidente catalán, Carles Puigdemont, y de la alcaldesa, Ada Colau, de que no asistirían al encuentro, como protesta por esa medida.

Hay, por supuesto, opiniones para todos los gustos. No faltan quienes sostienen que se trata de un decisión gubernamental desafortunada, que contribuye a avivar el fuego independentista ahora que había entrado en fase de cierto derrumbe.

Otros, por el contrario, se aferran a que la legalidad debe ser cumplida aunque ello provoque disgustos, y que no debe estar sometida a oportunismo políticos. Y recuerdan las sanciones de la UEFA al Barça precisamente por la exhibición de esteladas en un partido internacional.

Lo que pasa es que este problema no es nuevo. Y que tiene precedentes lamentables también desde el otro lado, es decir, por parte de los que ahora se declaran agraviados.

Me remito a un hecho que en su día contaron los aficionados del Atlético de Madrid, pero sin que entonces nadie protestara en serio.

Escenario: el Nou Camp. Ocasión: última jornada de la Liga 2013-2014. Motivo: partido entre el Barça y el Atleti en el que ambos se jugaban el Campeonato. Lo ganaron, por cierto, los madrileños, al finalizar con empate a uno.

¿Qué pasó aquel día? Pues que los hinchas del Atlético de Madrid que llegaban al estadio para asistir al encuentro se encontraron con que los servicios de orden les registraban, algo en principio nada excepcional. Lo novedoso era que, aquellos que llevaban consigo una bandera de España, para animar a su equipo haciéndola ondear desde la grada, fueron obligados a desprenderse de ella. Si querían entrar, debían hacerlo sin la bandera de su país.

En resumen, interceptaron las banderas nacionales. Prohibidas de hecho en el Nou Camp. No se sabe por quién, por qué, ni con qué motivo. Pero así ocurrió. El suceso se contó en foros atléticos, como por ejemplo en colchonero.com. Pero apenas tuvo repercusión. Al contrario de lo que ahora está ocurriendo con las esteladas. Que son, por si alguien lo ha olvidado, enseñas que promueven la independencia de Cataluña.

editor@elconfidencialdigital.com
En Twitter @JoseApezarena

Tarde de fútbol

Si fuesen al campo, las niñas verían a su padre apretando los dientes bajo los silbidos

Luis Ventoso en ABC 220516.

EL padre es un madrileño de 48 años, un tipo de maneras serenas, de buen porte y mirada clara. De niño, sin saber muy bien por qué, abrazó la fe colchonera. Le hizo coña el aunque no era la tradición familiar. Tal vez aquello supuso su pequeña rebeldía privada en medio de una infancia ordenancista. Como tantos miles de sufridores de su ciudad y de toda España, sabe que ser rojiblanco es la auténtica escuela de estoicismo (hoy Zenón de Citio y Séneca serían del Atleti). Las victorias nunca llegan regaladas y el mal fario forma parte de la gracia del invento. Ser del Atlético de Madrid es un poco como enrolarse en la banda de Sabina: eres el mejor, pero nunca te llevarás el Grammy.

Este año, el padre ha comenzado a invitar a sus hijas pequeñas al fútbol. Que vean fluir la vida, el ambientazo, que disfruten de uno de esos «partidos del siglo» (hasta que llegue el próximo, que recibirá idéntica catalogación hiperbólica). Esta tarde, que será una delicia de 22 grados en Madrid, tal vez podrían acudir todos a la final de Copa, que se juega en el Manzanares. Viven en las afueras de la capital, en zona buena –aires refrescados por fresnos, chopos, pinos, enebros, alcornoques–, pero poco se tarda en bajar desde aquel vergel hasta el cementazo del centro.

Si finalmente fuesen al partido, las niñas, aunque no pasan de 10 años, notarían algo raro en los prolegómenos: un estruendo de silbidos intentando acallar los sones de una marcha antigua. Si hoy estuviesen en el estadio, las niñas notarían una tensión infrecuente en el rostro tranquilo de su padre, que aprieta los dientes de manera casi imperceptible, dolido por los pitidos, y mantiene la cabeza erguida, en un intento de que su dignidad contraste con esa barahúnda –por desgracia tan española– de mala educación, odio cainita y pataleta sectaria.

Espero que la Princesa Leonor, que tiene 10 años y algún día será la Reina de España, no vaya hoy al fútbol. No me gustaría que viese cómo parte del graderío pisotea gratis los símbolos de la nación mientras su padre, nuestro Jefe del Estado, soporta un año más una fiesta con barra libre para el insulto.

Confío en que Leonor reine en un país que se respete y se quiera más que ahora. Donde los terroristas convictos no sean jaleados en los parlamentos ante la inhibición del partido que más tiempo ha gobernado la España democrática, el socialista. Donde el presidente del Gobierno y el líder de la oposición no hagan el avestruz y no enmudezcan cuando se va a perpetrar un rito de insulto orquestado que sume en el disgusto y la impotencia a la inmensa mayoría de los españoles. Espero que la España de Leonor abrace la normalidad democrática, que, en contra de lo que hoy parecemos pensar, no consiste en permitir que se humillen y zarandeen las leyes y los valores de la mayoría en nombre de un extraño buenismo acomplejado, sino en hacer valer las normas elementales de la concordia colectiva.

A millones de demócratas españoles les haría muy felices nuestro Rey si hoy abandonase el palco al primer silbido al himno de su país.

Imbéciles totalitarios. Jesus Laínz en LD, 210516

Pobre España. Luis Ventoso en ABC, 210516

La final paralela. Ignacio Camacho en ABC 210516

El F.C. Barcelona y la exhibición de “esteladas” en la final de Copa. José Manuel Otero Lastres e ABC, 190516

Estelada. J. Manuel de Prada en ABC 210516

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Giovannini 210516Un forgesing a El Roto del 210516, de Leonard Giovannini en Libres e Iguales, 210516.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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