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EQM_090616.

El nuevo origen de las palabras

De un tiempo a esta parte el establecimiento del cretinismo como objetivo sustancial impulsado por el poder con el fin de la ciudadanía descanse en un nuevo modo desenfadado, natural, cívico, vital, desestresante y solidario de vivir en sociedad, tratando de pensar sólo muy de vez en cuando, es ya un hecho ratificado por cientos de ejemplos.

Ha derivado, consecuentemente, en una sarta de cómicos disparates entre los que se encuentra que no sea el Diccionario quien se actualice a la vista de la evolución del lenguaje popular sino que quien dirija los cambios sea, directamente, esa perversa moda denominada ‘corrección política‘ divulgada demagógicamente por unos medios de comunicación radicalmente influenciados por sectores minoritarios de la población pero que ostentan una desmesurada influencia para decidir, por ejemplo, qué acepciones utilizadas ampliamente por el pueblo deben de erradicarse porque, en este país, también se debe hablar y escribir como juzguen oportuno quienes manden.

Y aunque no me refiero sólo a términos empleados como significantes del racismo que esconde toda sociedad frente al minoritario incomodante [léase, p.ej., judiada o gitano] voy a centrarme un momento en ellos para subrayar cómo la corrección política ha conseguido semi torcer el brazo de la RAE en el caso del segundo mientras mantiene la acepción peyorativa -aunque suavizando el aspecto más racista- para el primero. Veamos:

Judiada. El Diccionario, en su actual edición digital, indica en su primera acepción que se trata de una ‘mala pasada o acción que perjudica a alguien‘, diluyendo drásticamente el texto que se empleaba en la edición, por ejemplo, de 1984, que decía ‘acción mala que tendenciosamente se consideraba propia de judíos‘.

Gitano. Tradicionalmente, el Diccicionario ha utilizado la acepción 5ª de gitano para señalar su uso, también en el mal sentido, como ‘gracia y arte para ganarse las voluntades de otros’. Pues bien, en la actual edición, digital, tal significado ha cambiado de texto para señalarse escuetamente como equivalente a a la palabra trapacero, como ofensivo o discriminatorio.

En ambos casos, pues, aunque con distinta intensidad, la Academia transige ante las presiones de la corrección política velando un tanto los reales significados claramente racistas de tales expresiones, utilizados por la sociedad española.

Todavía más sangrane, si cabe, es el caso de las palabras relativas a las discapacidades físicas o mentales o las empleadas para designar tendencias sexuales ahora dignas de orgullo. En ellas el asunto ha ido más allá y ya no se trata de fulminar la acepción como si no existiera sino de de demonizar directamente el término porque se entiende que su uso está degradado por la propia ciudadanía.

La viñeta humoriza en torno al ‘cojo‘, al que los políticamente correctos de nuestro país ya no saben cómo denominar para no molestar. Pero hay muchos más ejemplos como ‘gorda‘ -que no gordo-, ‘subnormal‘, ‘maricón‘ -está vocablo, criosamente, sólo es aceptado si lo emplean los propios homosexuales- y tantos otros.

El fenómeno tiene connotaciones muy diversas y alcanza incluso a aspectos netamente políticos como cuando al hablar o escribir sobre la ‘Generalitat/Generalidad‘ se intenta dar por sentado desde los medios que la referencia es a la catalana, como si la valenciana no existiera.

Seguiremos, pues, hablando del tema.

EQM

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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