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EQM_210716.

¿Y sí la bisagra acaba siendo el propio Mariano?

A veces, para entender al nacionalismo basta con leer, sensu contrario, los textos de plumas enfrascadas en el triunfo de las desconexiones por singularidad.

Ayer,  en La Vanguardia, escribía esto el conocido y afamado Enric Juliana:

“[…].

La vida en crudo nada más comenzar la legislatura. Realismo, realismo, realismo. Convergència se busca la vida en Madrid –grupo propio, visibilidad, interlocución con el Gobierno y quizás más cosas–, mientras en Barcelona negocia filigranas de retórica radical con la CUP, para salvar la moción de confianza de septiembre. La nueva CDC sigue siendo elástica y relativista. No perderá más votos a causa de ello.

Los socialistas quedaron boquiabiertos ante el glacis de Rajoy. La derecha española se permite el lujo de pactar una zona de seguridad con los denostados nacionalistas, mientras la sección meridional del PSOE mantiene en vigor la fetua que impide a Pedro Sánchez acercarse sin velo a los independentistas catalanes.

Rajoy empieza a tener enfocada la investidura –aún falta, aún falta–, y el PSOE se ha quedado sin otra alternativa que una suicida repetición electoral. Los socialistas están obligados a definir en qué momento y bajo qué condiciones conceden la abstención.

La operación Pi i Margall (alianza de la izquierda con las nacionalidades) ha fracasado y en Catalunya comienza la pelea de verdad entre los comunes y los soberanistas.

Todo sigue siendo muy espeso y a la vez se va aclarando.”

Es muy difícil separar a dos luchadores si al menos uno no colabora. El Sistema, es decir, PP/PSOE, de regeneración quiere saber lo menos posible. La actual economía de mercado global centra su interés en que, con cuatro simulacros de apaño, las cosas se mantengan de modo que el consumidor siga consumiendo felizmente lo más posible y pensando sólo cuando aparte la vista del móvil, es decir, prácticamente nunca.

Desde el 78 el bipartidismo se las ha arreglado disfrutando de la alternancia en el poder a base de negociar con los nacionalismos cuestiones tan amplias como aquellas que se extienden desde el priivilegiado status de sus ciudadanos respecto al resto de españoles, a la tolerancia de solventes marcos de corrupción para sus castas, pasando incluso por aceptar surrealistas ‘procesos de paz‘ capaces de reescribir la Historia y de reinsertar terroristas, enmudeciendo a las víctimas, que ya todos hemos dejado claro, desde hace mucho, que estamos dispuestos a que sean sólo unos pocas.

De modo que, de una forma u otra, las cosas seguirán en lo sustancial como estaban, es decir, nutriendo solapadamente -y a costa de los demás ciudadanos- los estómagos nacionalistas con el fin de que sus CCAA no se desconecten aprovechando la moda del ‘Brexit‘, esos referéndums de democracia directa que resuelven complejísimos problemas arrinconado a los representantes elegidos para ello y con un simple, colectivo e irreversible ‘Sí’.

Este país, que debería haberse democratizado aprovechando la sociológicamente consolidada centralidad propia de cultura administrativa francesa, infinitamente más barata y eficiente que cualquier otra, optó por la osada apuesta de los padres de la Constitución, consistente en dividir el Estado en regiones de 1ª y de 2ª -‘históricas‘ y no- y el resultado ha sido un descontento generalizado porque a los habitantes de las primeras les sabe a poco la singularidad reconocida y los de las segundas jamás aceptarán esa permanente discriminación, absolutamente contraria al principio de igualdad [arts 1, 9, 31 y 149 de la CE].

De modo que, como se volvió a evidencia ayer, la cadena de favores, el intercambio de abalorios, el do ut des, se mantiene como fórmula de aparcamiento de los conflictos sin que, a excepción de Ciudadanos, nadie esté dispuesto a defender el interés general en clave de igualdad.

A eso hemos contribuído eficazmente todos los ciudadanos no sólo con el silencio ya referenciado frente a problemas de la gravedad del terrorismo, sino también repartiendo nuestro voto tanto como fuera necesario para hacer muy complejo cualquier amago de Gobierno basado en un sentido común regenerativo y recuperador de los principios culturales y sociales de convivencia, de cohesión, de indiscriminación, educativos, soilidarios, etc.

¿Con qué nos encontramos? Con un PP viejo, trasnochado, acomodado, con su Congreso aparcado, incapaz de reducir el deficit, poner coto a la corrupción sistémica, adelgazar la elefantiasis administrativa o de impulsar, por ejemplo, un nuevo proyecto de pensiones que permita a los ciudadanos no jubilarse en la miseria dentro de nada. Y, a la vista está, encantado de seguir conviviendo con el creciente independentismo a base de prebendas y de que sus líderes sustituyan las merecidas penalidades por un buen pasar.

Del PSOE qué les voy a contar que vds no sepan. Con un liderazgo en manos de una persona que convierte sus derrotas en victorias y que es considerado suficientemente incapaz de resolver lo que lleva entre manos, dividiendo y hundiendo a su partido y moviendo todos sus dedos con el fin de impedir, como sea -incluso tirando del populismo que ha convertido las principales capitales españolas en puro carnaval- que gobierne el partido más votado y que le ha barrido en las últimas elecciones.

A la espera, por si algo faltara, un tercer partido chavista, asambleario, populista, formado por infinidad de círculos, confluencias y de totalitarismos explícitamente comunistas, que tampoco se aclara internamente a la hora de qué camino tomar para merendarse de una vez al PSOE o para hacer directamente la revolución.

Así que, lo dicho, Ciudadanos tiene un camino lleno de dificultades porque, en el fondo, ni PP ni PSOE aceptan su papel de bisagra más que a regañadientes y van a darle contínuas muestras de su voluntad de no darle ni un segundo de respiro consensuador al contrario. Baste contemplar las escasas 24 horas que ha tardado el PSOE en presentar ante el Parlamento constituído el lunes, una sarta de proposiciones del ley destinadas a derogar lo existente.

En fin, ahora comienza el verdadero reto para este país: ver si es posible que el PP gobierne gracias al apoyo -directo o no. de C’s en la investidura, aceptando Rajoy las condiciones regeneradoras que le plantee Rivera; si es posible que el PSOE releve a Sánchez y se reconstruya desde la oposición, dejando gobernar al PP; y si es posible que todo eso se haga sin contar en absoluto con los apoyos de los independentistas.

Muy complicado, sobre todo si se tiene en cuenta que gran parte de la ciudadanía no valora este asunto entre sus problemas acuciantes porque está en otras cosas.

EQM

pd. El País, hoy, en su portada, como siempre, ayudando en la gobernabilidad:

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Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] en El Mundo, 210716.

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Acto de fuerza

Arcadi Espada en El Mundo, 210716.

C’s se queja del apoyo de los nacionalistas catalanes a la presidenta del Congreso. Yo también. Es una injuria al Estado que los que trabajan abiertamente por su destrucción participen en la toma de decisiones institucionales. La conducta nacionalista no supone novedad. Les importa un pimiento que sea Pastor o López. Su interés por uno u otro, por la presidencia del Congreso, y por el propio Congreso es nulo. Han venido a este mundo a cobrar y alargan la mano en cuanto ven la oportunidad. Hasta que no rectifiquen su compromiso con la ilegalidad los nacionalistas deben ser políticamente aislados.

C’s tiene razón; aunque tendría mucha más si hubiese ofrecido al PP un pacto como el que ofreció al PSOE, que incluyera, además, su entrada en el gobierno. La gran novedad de la política española es que hay ya una bisagra parlamentaria que no es nacionalista. Habría sido interesante lubricarla desde el primer momento. Entre otras razones porque así el PSOE se habría enfrentado radicalmente a sus contradicciones.

Parte de los votos que ha recibido Pastor son indeseables. ¿Pero qué pasa con los que recibió López? ¿Acaso no dijo la alcaldesa Colau, con la que el PSC gobierna en Barcelona, que sólo cumplirá las leyes que le parezcan justas? ¿Alguien se tomaría el trabajo ímprobo, contaminante, de distinguir entre la ruralidad de Francesc Homs o la de Diego Cañamero?

La responsabilidad del pacto con los nacionalistas es la del presidente Rajoy, que sigue sin entender lo que pasa en Cataluña y hasta qué punto el viejo pactismo quedó destruido el 9 de noviembre. Sin embargo, Pedro Sánchez Castejón es el cooperador necesario.

Dados los resultados electorales, el presidente debió ser pactado entre PP y PSOE, como entre PP y PSOE debería pactarse, al nivel que fuese, la investidura y la formación de un nuevo gobierno. Aunque no lo parezca, la elección de Pastor es un episodio más del grave bloqueo político español. Un bloqueo cuya única causa profunda es el camino de sedición emprendido por el gobierno de la Generalidad.

El nacionalismo catalán no volverá a la senda de la ley si no es por un acto de fuerza sostenido en el tiempo. Y no será la fuerza de los legendarios tanques, Diagonal arriba, sino la de los anodinos y cruciales votos, proporcional y racionalmente empleada por los partidos constitucionales.

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Rajoy, sucesor de Zapatero y Sánchez de Rajoy

Iván Redondo en El Mundo, 210716.

Para disipar las dudas, adelanto que nuestro voto será negativo”. ¿Les suena? Es “un no es no“, pero no es el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, el que lo espeta, sino el actual presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. Sorpresa. Corre el año 2008 y sus señorías han vuelto de comer sonrientes y llenos de expectación. Todos aguardan atentos el discurso del entonces líder de la oposición.

Estamos en un debate de investidura y Mariano fija posición: ese no. Lo hace en el primer minuto de su réplica sin necesidad de atender al programa presidencial. Esto es lo que le contesta Zapatero. Fíjense bien en cada palabra y en los matices del ex presidente: “Señor Rajoy, es absolutamente legítimo que su fuerza política exprese su voto contrario a la investidura a pesar de lo que usted dijo sobre la abstención durante la campaña“. Podríamos seguir profundizando. Pero basta con este simple ejercicio de retrospección para situar objetivamente a cada cuál en su sitio. Otra vez.

¿Con cuántos votos sacó adelante Zapatero esa investidura en segunda votación? Ojo al dato: 169 síes, 158 noes y 23 abstenciones. Los 154 del PP, por supuesto, votaron legítimamente en contra como los 3 de ERC y 1 de UPyD. Rajoy es conocedor de ello (estaba ahí como jefe de filas del PP). Estamos ante el eterno retorno de Nietzsche. Para el que lo sepa ver. Quitemos, por lo tanto, dramatismo a este postelectoral, porque el equilibrio de fuerzas del hemiciclo en términos de centro derecha y centro izquierda de entonces es similar al actual.

Todos los actores deben volver a redescubrir la riqueza de nuestros Gobiernos en minoría y se sorprenderán. El ganador de los comicios debe conseguir los apoyos necesarios para presidir el Gobierno, demostrando su talento para captar aliados y el segundo opositar para el puesto con su voto en contra que simboliza no un bloqueo cuando la matemática cuadra, sino una primera metáfora para la construcción de una alternativa imprescindible en un sistema democrático. Así ha sido siempre desde los tiempos de la alternancia.

Con el tiempo se verá que los que han alimentado desde dentro el relato en torno a la abstención del PSOE en segunda votación -un hecho sin precedentes en 39 años de elecciones (difícil ser oposición y socio técnico a la vez de tu principal rival)-, lo que en el fondo han promocionado, probablemente sin darse cuenta desde su condición de ex jugadores socialistas, es que una parte del electorado potencial del bipartidismo compre erróneamente un marco ganador al PP del que deberían deshacerse cuanto antes si lo que quieren es ganarle en los próximos años.

Las cifras no engañan. Y ayer se impuso nuevamente en el Congreso, curiosa ironía, la aritmética posible para que Ana Pastor fuera electa como presidenta: 169 votos a favor, 155 en contra, 26 votos en blanco y uno nulo. Como en la elección de José Bono hace tan sólo ocho años. Fue el primer presidente de la Cámara baja elegido sin mayoría absoluta: Bono consiguió 170 votos a favor frente a 152 en contra, 26 votos en blanco y dos nulos. ¿Quién era la candidata a la que se enfrentó? Ana Pastor. En política profesional hay que venir aprendido, no hay tiempo para el ensayo-error. La política es el arte de lo que no se ve.

El giro de Francesc Homs del Partido Demócrata catalán (la antigua Convergencia) hacia la abstención (que luego fue voto en blanco) es el que lo ha hecho posible. Ése es un movimiento de fondo en el tablero político que debe ser carne de seguimiento porque con él se abren otras combinaciones históricas. Lo explicamos.

Rajoy hoy está más fuerte y más cerca de su reelección parlamentaria. Es un hecho. Necesita como Zapatero para lograrlo en segunda votación más síes que noes. Para ello lo primero es asegurarse los 32 diputados de Ciudadanos para sumar conjuntamente 169 escaños favorables a su investidura. Es la hoja de ruta lógica.

Una vez que el Rey encomiende la investidura a Rajoy, probablemente la semana que viene, será difícil que los naranjas le nieguen al presidente la apertura de una Comisión negociadora como la que organizaron con Sánchez hace sólo unos meses con el resultado final de un voto favorable en primera y segunda votación.

Quizás necesiten un mes para lograrlo y dos semanas para esa negociación sean muy poco tiempo. Eso podría retrasar la investidura en lugar de la primera semana de agosto (la del 1) a la última (la del 22). Será, en cualquier caso, un tiempo prudente y el necesario para ello.

A partir de aquí hay dos opciones: un carril largo que consistiría en una abstención parcial, ausencia o voto en blanco de 12/13 diputados socialistas en segunda votación para que PP y Ciudadanos superen con sus 169/170 votos a favor (en función de si con su voto favorable se suma Coalición Canaria) los previsibles 167/168 noes de la oposición.

O un carril corto, que es el que ha sustentado la arquitectura política y la correlación de fuerzas de la sesión constitutiva del Congreso, con la que Rajoy podría obtener la presidencia a través del voto en blanco, las abstenciones o las ausencias de los diputados del PNV y el Partido Demócrata catalán que suman ambos 13 escaños. Ya han empezado los guiños tanto en la Cámara baja como en la alta.

Rajoy como sucesor de Zapatero practica como debe su propia geometría variable. Y Sánchez como sucesor de Rajoy su papel de oposición. Existir es resistir. En el fondo, uno (el PP) homenajea permanentemente al otro (el PSOE) y viceversa.

Ha contribuido a esta clarificación de posiciones la decisión inteligente del actual líder del PSOE de renunciar a una alternativa de izquierdas a corto plazo tanto para presidir el Congreso como para el Gobierno de España con el propósito de situarse en la oposición en su segundo año de mandato entre los socialistas. Y ésa era la postura más inteligente que podía adoptar el PSOE.

Olvidando con ello, con acierto, esa máxima de John Milton en la que sostenía que es mejor reinar en los infiernos que servir en el cielo. Tras ese paraíso perdido de su investidura fallida en el que Sánchez ha aprendido que la soledad es a veces, la compañía más agradable y una separación, aunque corta (tomando distancia), hace siempre más dulce el placer de volver a verse (mañana).

Paul Celan solía decir que el mejor poema es un gran apretón de manos. Lo primero que hizo Rajoy tras su no es no a Zapatero en 2008 fue ofrecerle en esa sesión cinco pactos de estado. Ya saben cuál será el siguiente paso. Para el que todavía no entienda el alma de la política en España, ahora es cuando suena el francés Patrick Hernández y su born to be alive.  Todos nacieron para estar vivos.

Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 210716.

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Un pacto subrepticio entre el PP y los independentistas por un millón y medio

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 200716.

Si los nacionalistas vascos y los independentistas catalanes (PNV, CDC, ERC) hubiesen querido, Ana Pastor no sería desde ayer presidenta del Congreso. Parece evidente que Mariano Rajoy y el PP han pactado subrepticiamente -es decir, de manera oculta- para que CDC y PNV, en segunda vuelta, se abstuvieran. ¿A cambio de qué? Muy sencillo: el PP presta al PNV una secretaría en la Mesa de la Cámara Alta y se compromete a que CDC disponga también de grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados.

Iglesias: “Parece que Homs ha llegado a un acuerdo con quienes quieren encarcelarle”

Los exconvergentes, según el artículo 23 del Reglamento del Congreso, no tienen derecho a grupo parlamentario porque, aunque han obtenido ocho diputados, en dos circunscripciones en las que se presentaban –Barcelona y Tarragona- no obtuvieron el 15% de los votos, condición necesaria para, con cinco o más diputados, obtener grupo propio. Tampoco logró ese porcentaje mínimo en el conjunto de Cataluña. Para el refundado partido catalán (PDC) -que se ha identificado ya como independentista y republicano-, que sus diputados pasasen al grupo mixto o se integrasen en el de ERC resultaba un auténtico desastre.

Un desastre político -falta de visibilidad política y mediática y poco margen de protagonismo parlamentario- pero, sobre todo, económico. Según la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (artículo 175), solo percibirán subvención por elector los partidos que logren obtener grupo parlamentario. Por este concepto, CDC podría recibir -solo si es grupo parlamentario- la bonita cantidad de 965.876 euros, incluyendo en ella los gastos de ‘mailing’ a los cinco millones de electores catalanes. Igualmente, los exconvergentes obtendrían 343.164 euros anuales para el pago de asesores y mantenimiento del grupo. En total, el primer año de legislatura, CDC recibiría -si finalmente la Mesa del Congreso acepta su petición de grupo parlamentario- más de un millón y medio de euros y 350.00 en los sucesivos. CDC se gastó en la campaña del 26-J del orden de 1.600.000 euros. Y sin el retorno de ese dinero en subvenciones, la viabilidad del partido está en el alero.

En la reunión celebrada en Moncloa entre Rajoy y Homs el pasado día 12 de julio, este fue el orden del día: los ocho diputados independentistas no serían obstáculo para que prosperase el ya previsible pacto entre el PP y Ciudadanos para sacar adelante la designación de la presidencia de las Cortes. ¿Criticable semejante acuerdo? A tenor de lo que hubiesen dicho los populares si el mismo pacto lo hicieran los socialistas, desde luego que lo es. Rajoy y el PP no han hecho ascos a entenderse -y facilitar medios políticos y recursos económicos- con un partido antisistema como el que representa Homs. Pero el pragmatismo se impone a tanto discurso ‘de principios’ cuando lo que está en juego son los tronos del poder.

Más sentido adquiere el acuerdo con el PNV en el Senado: los nacionalistas vascos se encuentran en una tesitura de mayor moderación y sensatez. Y en todo caso, Rajoy pensará -y acertará- que este acuerdo a dos bandas podría ablandar a los dirigentes vascos y catalanes en una posible sesión de investidura para recabar su abstención.

El comportamiento ayer de los nacionalistas e independentistas -que habrían añadido 10 votos adicionales en la elección de los vicepresidentes primero y tercera del Congreso, Ignacio Prendes (Ciudadanos) y Rosa Romero (PP), respectivamente- tiene que ver también con el hecho de que la fiabilidad de la izquierda española -PSOE y Podemos- está bajo mínimos, como ayer reconoció el propio Pablo Iglesias. Apostar por una estrategia urdida entre Sánchez y el líder morado es como jugar a la ruleta rusa, y en la medida en que esa izquierda deambula desconcertada, los nacionalistas e independentistas aseguran algunas posiciones al amparo del PP, secundado por Ciudadanos. Los populares les ofrecen más garantía de solvencia, aunque para los unos y los otros represente una gruesa contradicción difícil de digerir para sus respectivos electorados.

Solo cabe oponer una incógnita: cuando la Mesa del Congreso deba decidir -dispone de cuatro días hábiles para hacerlo- la constitución de los grupos parlamentarios, ¿Ciudadanos se avendrá a que CDC, sin tener derecho, lo obtenga? Está por ver si el PP se tiene que apoyar en los representantes del PSOE -también estarían reticentes a hacerlo- porque los de Rivera no secunden los acuerdos subrepticios entre el PP y CDC. Estos últimos -y los populares- niegan la existencia del pacto, y aducen que tradicionalmente la Mesa ha hecho la vista gorda en casos similares. Es cierto, desde luego. Pero también lo es que carecería de sentido político acordar ahora, por un lado, con el PP visibilidad y financiación parlamentaria y, por otro, pactar con la CUP la independencia unilateral de Cataluña.

La comprensión popular hacia los nacionalistas e independentistas -que quizá deberá traducirse en políticas concretas en el futuro- está también relacionada con la convicción que está calando en Moncloa: Rajoy seguramente tendrá que manejarse con un Gobierno en minoría (137 escaños) y, por lo tanto, disponer de un amplio margen de maniobra para practicar ‘geometría variable’, es decir, llegar a acuerdos con unos y otros, en función de cada uno de los temas. En Génova piensan que podría contarse con CDC también para “medidas técnicas”: fijación del techo de gasto y aprobación de los Presupuestos Generales que contemplen determinadas infraestructuras para Cataluña. Ayer, en la constitución del Congreso, se enseñaron muchas cartas.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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