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Quién controla y a quién

Ahora resulta que Ali David Sonboly, el joven germano-iraní -con doble nacionalidad- autor suicida de la matanza de Munich, llevaba planificando el asunto más de un año, tenía un conocedor colega afgano y, como contaba ayer Hermann Tertsch en un reflexivo publicado en ABC [ver infra], una albanesa musulmana, testigo directo de la masacre, le escuchó gritar ‘Alahu Akbar‘ (Alá es grande).

También ayer, el mismísimo EL País, también habitualmente propenso a tratar de pensárselo mucho antes de atribuir la barbarie a los yihadistas,  informaba a sus lectores que la compra del arma había seguido el mismo proceso e itinerario que el que usuaron los terroristas de Charlie Hebdo., es decir, se trataba de un arma que habiendo sido previamente inutilizada, sufrió un proceso de rehabilitacíon para ponerla nuevamente en uso.

por otra parte, nos hemos enterado ya de que este asesino en serie padecía algún que otro trastorno mental derivado de problemas juveniles de adaptación social que incluso le producían cierta inclinación hacia las exterminios tipo la de Anders Behring Breivik cuando la matanza noruega de Utoya.

Aun cuando todo resulta aún muy confuso, en principio parece que podríamos encontrarnos con un choque interno y personal de civilizaciones, culturas, donde quizás se entremezclaran sentimientos de origen islamista -su religión familiar es la musulmana- con rechazos sociales y problemas, en fin, identitarios.

El reciente caso del joven afgano, asilado en Alemania, terrorista del ferrocarri –anunciando en internet su plan den entrar en las casas a degüello– o el del asesino sirio de ayer, también solicitante de asilo en Alemania, da una idea del cariz que está tomando la situación, mientras nos dedicamos a averiguar si las barbaridades que paralizan a los europeos son fruto de la simple y descontrolada locura o del fanatismo derivado del terrorismo islámico.

Pero volviendo al aniquilamiento de Munich me da a mi que si el muchacho se tiró más de un año programando la acción y dejando pistas, como la de la compra del arma por internet, hablar de enajenación mental transitoria, como insinúan tantos medios, es toda una broma de muy mal gusto.

En todo caso, resulta evidente que en nada menos que un país tan serio como Alemania se ha cometido toda una imprudencia temeraria -con graves culpas in vigilando– tanto respecto a nuevos alemanes de origen musulmán y absolutamente desintegrados del Sistema como también en materia de entrada de decenas de miles de inmigrantes económicos disfrazados de falsos refugiados.

De cómo es posible que el buenismo de la escuela Merkel puede haber convertido Alemania en toda una cantera de terroristas, en sus diversas categorías de profesionalmente entrenados por el Estado Islámico, grupos de seguidores del Dáesh aleccionados por internet, lobos solitarios comprometidos por la guerra santa contra el Cristianismo o simples loquitos barruntando su momento de gloria.

Al respecto, aún recuerdo cuando hace nada, en octubre del pasado año, el Cardenal Cañizares [Arzobispo de Valencia] advirtió de que con los refugiados podrían estar entrando en la Unión Europea una ingente cantidad de terroristas, como un ‘caballo de Troya‘ y casi se lo comen crudo los progresistas españoles porque, según ellos, había cometido un ‘delito de odio‘. Me imagino cómo debe de sentirse ahora contemplando el panorama.

No quisiera terminar por otro aspecto preocupante que también se produce en España. Desde que se implantó en Europa la famosa ‘antipsiquiatría‘, cuya plenitud coincidió en el tiempo con el inicio de la Transición española a la democracia, es conocido el proceso contínuo de desmantelamiento de los centros psiquiátricos -incluso penales- y la tendencia imparable a tratar al enfermo mental, incluso con graves problemas de convivencia, en libertad, tratando de facilitar su compleja reinserción social gracias al tratamiento con los nuevos psicofármacos.

El resultado es que pululan por las calles de toda Europa decenas de miles de pacientes -no realmente reinsertados- con graves trastornos mentales que ponen en habitual grave riesgo a terceros, fundamentalmente a los propios familiares más directos, que se sienten impotentes cuando advierten a la Autoridad del peligro que les acecha y del desamparon que encuentran como respuesta.

Problema que también afecta gravemente a los propios enfermos -absolutamente irresponsables por sus patologías- hasta el punto de que ya resulta cotidiano que palpables trastornados sean condenados penalmente como culpables de sus actos y encerrados en presidios comunes y no en los cada vez más escasos psiquiátricos penitenciarios.

Supongamos pue, que, finalmente, este autor de la reciente masacre de Munich fuera, como dicen, un loco: ya saben los alemanes el peligro que entraña tamaño descontrol por parte de sus Autoridades.

Y no sólo los alemanes.

EQM

El fin de la fe en el Estado alemán

Hermann Tertsch en ABC, 240716.

No hay motivación política ni religiosa en la matanza del centro Olimpia en Munich. El autor, David S, un joven de origen iraní nacido en Alemania, tenía problemas psiquiátricos. Las autoridades lo repetían y resaltaban ayer una y otra vez en sus intervenciones desde primera hora de la mañana. Los medios alemanes convirtieron muy pronto ya esta información en la certeza de máxima relevancia de la cobertura de la tragedia de Munich.

El mensaje es claro: no ha sido un militante de Daesh, no es un atentado islamista, no han participado refugiados.

Conclusión: nos hallamos ante un trágico y doloroso accidente. La investigación ha sido veloz y contundente. Diez horas después del tiroteo no permitía ya ningún margen a la duda. Lo cual contrasta con las muy recientes experiencias que demostraron graves errores iniciales de valoración en actos similares.

En el atentado de Niza, 24 horas después aun se hablaba de un «lobo solitario». Hoy se sabe que contaba con toda una célula de apoyo. Y su vínculo con el IS es manifiesto.

Sucedió algo parecido con el atentado de Würzburg, también en Baviera, hace solo una semana. Los medios se apresuraron a hablar de la depresión e inestabilidad psicológica del autor, el joven afgano de 17 años que atacó con un hacha y un cuchillo e hirió a muchos pasajeros del tren en Würzburg antes de ser abatido por la policía. Después se encontró el video en el que explicaba su acción y martirio religioso con aquellas frases de amenazas quienes le habían acogido. «He dormido en vuestras casas y os cortaré el cuello», venía a decir. Daesh también reivindicó esta acción. Como hizo con la del camionero de Niza.

Ayer, en el caso de Munich se descartó la conexión islámica, se aludió al tratamiento psiquiátrico y se negó todo móvil política. Se añadió que David S. había estudiado matanzas pero, cuidado, no las islamistas, sí de la de un colegial alemán en Winnenden en 2009 y la del ultraderechista noruego Breivik hace un lustro. Con esa información. todos, desde los portavoces de la policía a los fiscales, los ministros del Interior bávaro y federal y la propia canciller Angela Merkel, todos estaban ayer tan aliviados que no podían evitar que se les notara.

De haber sabido de un esclarecimiento tan veloz que excluye el escenario de pesadilla, el atentado de refugiado islamista, quizás Angela Merkel y su ministro del Interior Thomas De Maiziere, no habrían regresado de EEUU donde acababan de aterrizar cuando se produjo la matanza. Merkel compareció ante los medios para intentar transmitir calma a una sociedad que, sea como fuere este caso, ha sido despojada del inmenso privilegio de la seguridad del que han gozado desde la posguerra.

Merkel tiene razones para temer que muchos alemanes la relacionen para siempre a ella directamente con esa pérdida del paraíso. Casi dos millones de nuevos inmigrantes casi todos musulmanes han cambiado ya profundamente Alemania. Han dividido a los alemanes como nunca desde la guerra. Y han hundido la credibilidad del gobierno y las instituciones. Cuando minimizan los riesgos y aunque tengan razón, a Merkel y a su gobierno ya no los creen ni los suyos. Es el fin de la fe en el Estado. Esta es la parte del legado de Merkel que muchos alemanes nunca perdonarán por buenas que fueran sus intenciones. .

Y eso que la canciller cuenta con la entregada cooperación de los medios y la clase política. Es absoluto el conformismo con las versiones oficiales en todo lo que tenga que ver la violencia y el delito relacionados con extranjeros y sobre todo con refugiados.

Ahí está la Nochevieja de Colonia en la que los medios alemanes compitieron con las autoridades en sus esfuerzos por ocultar los hechos reales de aquella agresión sexual multitudinaria por bandas de refugiados e inmigrantes ilegales. Colonia en enero fue la quiebra rotunda del periodismo alemán, prisionero de una corrección política que cada vez es más censura inquisitorial.

En aquel inmenso escándalo y al saberse que la agresión sexual masiva de Colonia había tenido réplicas en decenas de ciudades, surgieron -de forma efímera- verdades mucho tiempo ocultas. Policías afectados revelaron la sistemática ocultación de delitos y agresiones de refugiados e inmigrantes ilegales. Todo ello en aras de impedir que la extrema derecha utilice la realidad para fomentar el racismo.

La verdad es políticamente incorrecta y por eso hay orden de ocultarla por el bien de la armonía civil y multicultural de la sociedad alemana. Muchas verdades se ocultan con tan bondadosas intenciones. Casos que quedan en ese limbo que convierte todo suceso e n accidente. Sin culpables más allá de algún enajenado. Y sin responsables políticos, por supuesto.

Pocos recuerdan ya al joven de 27 años que mató a cuchilladas a un pasajero de 57 años e hirió gravemente a tres más en la estación de Grafing cerca de Munich el 10 de mayo. Se insistió mucho en que el asesino era «de nacionalidad alemana» pero la prensa nunca reveló su origen. Lo cierto es que acuchilló a los pasajeros como el afgano de la semana pasada en Würzburg, al grito de Alahu Akbar (Alá es grande).

Grito que por cierto también lanzó en viernes en Munich David S. cuando salió del aseo del McDonalds y comenzó a disparar contra un grupo de chicos. Lo escuchó nítidamente una albanesa musulmana que estaba allí mismo. Y que sabía lo que oía. Pues ayer ese testimonio, una vez todo tan claro, ya había caído en el olvido.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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