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Felipe González, en El País de ayer:

“La decisión de Rivera es el primer acto de responsabilidad política desde las elecciones”

El expresidente del Gobierno valora así la decisión del líder de Ciudadanos de negociar un voto favorable a la investidura de Mariano Rajoy.

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Regeneración ciudadana

Si no fuera por la actitud constructiva y ejemplarizante de un partido minoritario pero ideológicamente esencial como Ciudadanos, que, discrepando de programas y comportamientos del bipartidismo PP/PSOE, ha sido capaz de:

1) Pactar un proyecto regenerador con el socialismo en la anterior legislatura, aunque para poco sirviera porque el PP no quiso saber nada y el ZPedro bebía los vientos por el coletas.

2) En la actual coyuntura, ofrece a los populares primero una abstención y ahora, viendo que ni aún así ZPedro no abre la boca, está dispuesto a pactar un acuerdo de investidura a cambio de que Rajoy aborde algunas de las actuaciones regeneradoras más urgentes, junto con otras de significación simbólica más que cuestionables.

cada vez estaría más claro que el Sistema disfruta, complaciente, de una gobernabilidad en funciones que a muchos recordará, salvando las obvias distancias democráticas formales, la acomodación del pueblo español al tardofranquismo de corte corporativista que -como ocurría en Portugal con Salazar– sólo tuvo fin cuando el dictador dejó el poder porque su vida no dió más de si.

Llevamos casi un año esperando al nuevo Presidente y parece que, salvo Ciudadanos, nadie tuviera la menor prisa en solventar una grave parálisis que aun poniendo en reisgo temas tan presuntamente sensibles como el empleo o las pensiones, es vista con palpable indiferencia silente por los votantes del PP/PSOE.

Porque ni siquiera la ciudadanía, por mucho que los medios se empeñen en decir que está harta, muy harta, lo está. Lo cual me recuerda cuando ese cuarto poder insistía en pregronar que la Transición española era obra de una poderosa oposición -prácticamente inexistente, por cierto- y de una población ansiosa por alcanzar la democracia.

Cuando es de dominio público que fue protagonizada por un viejo Sistema que, apoyado por la geopolítica occidental y la economía de mercado, tomó la decisión de ese decisivo paso -incluso creando de la nada un nuevo partido socialista- salvando los muebles de la cordura.

Nada de nada. Mal que nos pese y para nuestra vergüenza colectiva, la democracia representativa, además de suponer el saludable acceso a las libertades, ha conllevado, por su lamentable organización constitucional, un auténtico desastre en materia de corrupción, educación, desvertebración territorial y gasto público.

Así que a nadie le quepa duda de que de la sistémica corrupción y demás calamidades tardaremos en salir y sólo avanzaremos en la medida que se lo propongan, unilateralmente, la suficiente suma de grupos parlamentarios decididos a dar ese paso.

Como está haciendo Ciudadanos.

Esperemos que cunda el ejemplo: Rajoy aceptando las condiciones de Rivera y el Comité Federal del PSOE ordenando la abstención y, en cuanto pueda, poniendo en su sitio a ZPedro, es decir, en la calle.

EQM

pd. Yo no estoy de acuerdo con algunas de las medidas incluídas por Rivera pero estoy tan encantado como Felipe González en que C’s se haya ocupado en el interés general.

Aunque ésta es la segunda vez que lo hace, no la primera, que fue cuando decidió abstenerse en la segunda votación.

Rivera pone seis condiciones al PP para negociar el ‘sí’ a la investidura de Rajoy. El líder de Ciudadanos exige además que el presidente en funciones ponga fecha y hora al debate.

portada ep 100816De la portada de El País, 100816

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La política en el tocador

Santiago González en El Mundo, 080816.

El portavoz socialista, Antonio Hernando, cortó por lo sano el debate que proponía Zapatero para virar hacia la abstención, poner fin al bloqueo y propiciar la investidura de Rajoy. “Al PSOE nadie lo va a quebrar”. En eso tiene razón: hay tareas que no se pueden externalizar, ellos se bastan y se sobran para quebrar el partido que más tiempo ha gobernado la democracia española.

Hagamos cuentas: han pedido la reflexión sobre el tema los dos socialistas que han presidido el Gobierno durante seis legislaturas, los cuatro secretarios generales que el PSOE ha tenido en los cuarenta años que van desde 1974 hasta 2014, varios exministros, otros tantos barones territoriales, un mister Pesc y toda la pesca. Uno comprende que todo eso es muy poco frente a la autoridad política del joven Sánchez y su guardia de corps: el gran Luena, Antonio Hernando, Oscar López y Meritxell, oh mi Meritxell, cuya posición es la que a uno le resulta más incomprensible: después de todo, facilitar el acceso de Rajoy a La Moncloa es menos comprometido en el plano personal que tener al PP once años en el propio dormitorio, pero en esto todo es cuestión de gustos.

Si los lectores recuerdan el tiempo en que Zapatero se empeñó en su fatal error de aprobar en el Congreso “la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña” de lo que después se arrepentiría, recordarán que El PSOE en su conjunto no estaba por la labor. Se dijo entonces que Alfonso Guerra y 40 diputados insumisos se plantarían en el debate, pero no hubo tal.

No los habrá tampoco ahora, por más que Pedro Sánchez sea una muestra gratuita y sin valor, comparado con Zapatero. Sus medianías no admiten medianeras ni mediaciones y el PSOE actual reproduce la crisis de la Roma republicana, aunque con una diferencia básica: el César y los suyos carecen de talento y todos los demás de decisión. Uno no acierta a ver en el Comité Federal a ningún barón con los huevos de Bruto y Casio, en plan incruento, naturalmente. Las dos únicas virtudes políticas que se le pueden imputar al secretario general son su carácter correoso y una ambición que está varios peldaños por encima de sus capacidades políticas.

Ha acertado en una cuestión fundamental: le ha cogido la medida a su partido y sabe que no tiene recursos para oponerse a esta cuadrilla desaprensiva e indocumentada que se ha hecho con el poder del aparato. Los viejos legionarios están cansados y en su mayoría han ido del corazón a los asuntos, de la fe de antaño a los negocios. Dice el periodista Rivasés en ‘Tiempo’ que Felipe González se daría de baja como afiliado si el joven Sánchez pactara un Gobierno con Unidos-Podemos. Habría que verlo, aunque en cualquier caso, la heroica coalición necesitaría la cooperación de los secesionistas catalanes y el traspaso de la línea roja que le había trazado el Comité Federal.

Al fondo tenemos la amenaza de las terceras elecciones, una desgracia de cuyos efectos económicos tardaríamos años en recuperarnos. De materializarse ‘el Gobierno de progreso’ la crisis se hará decadencia y tendremos para décadas. Rivera debería pensar que pactar los presupuestos y el techo de gasto con un señor al que se niega como gobernante es empezar la casa por el tejado y que su voto afirmativo sería un factor definitivo para propiciar la abstención homeopática del PSOE que tanto dice desear, y por tanto para el desbloqueo. Se lo decía el divino marqués a sus paisanos en ‘La filosofía en el tocador’: “Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos”.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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