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Lucy Nicholson (Reuters).

¿Para cuándo el nudismo olímpico?

Juegos Olímpicos de Rio 2016. Vóley Playa. Egipto frente a Alemania. Dooa Elhgobashy, 19 años, frente a Kira Walkenhorst, de 26. La egipcia, con las uñas de las manos pintadas de rojo, unas mallas negras, una camiseta de manga larga azul turquesa y un hiyab negro en la cabeza. La alemana, con las unas uñas sin pintar, un biquini negro, una coleta recogida con dos gomas oscuras y una cinta negra sobre unas gafas de sol blancas. Fotografía de Lucy Nicholson (Reuters).

A esto le llaman también interculturalidad o multiculturalismo. El ecofeminismo occidental, por el contrario, tiende más a explicar el bikini como presión machista y el traje de submarinista a 30º sobre cero como una muestra de la libertad de la mujer y riqueza cultural…

La pobre egipcia, ha manifestado a los medios de su propio país que ya no sabe cómo vestirse para que no la critiquen los propios o los ajenos. Como verán, todo un ejercicio de libertad personal. Puro miedo.

En esas estamos. No sé qué pensará el arruinador ZP pero me lo imagino.

EQM

Pensiones de poligamia [en España]. Muchos jueces conceden la ayuda a viudas de polígamos.

Los musulmanes exigen la legalización de la poligamia en Italia [al igual que se ha legalizado el matromonio gay].

Más:

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El Euro-burka

Algunos portes extemporáneos dejan un reguero de preguntas

Luis Ventoso en ABC, 100816.

ERA el final de una tarde amable en un domingo del incierto verano londinense. Atravesamos Hyde Park de lado a lado, caminando con dos amigos españoles. «Esto no lo había visto jamás, y he pasado por aquí muchas veces», comentó uno. «Sí, llama la atención», añadió el otro. Exponían su sorpresa ante el hecho de que casi todas las personas en aquella inmensa pradera inglesa eran de aspecto árabe, familias y grupos de amigos, que pasaban la jornada dominical en la gran alfombra verde. Su procedencia se distinguía a lejos por los velos y túnicas negras de las mujeres, algunas solo con los ojos a la vista.

En octubre de 2001, Bush inició la invasión de Afganistán como venganza tras el apocalíptico atentado contra las Torres Gemelas, instigado por Bin Landen, un protegido de los talibanes. Bush no ocultó que estaba aplicando la ley del talión, pero trató de revestir su causa con más argumentos. Bautizó la operación como «Libertad duradera» y sus propagandistas hicieron hincapié en que se trataba de liberar a los afganos de la arcaica opresión de los talibanes. Como epítome del pisoteo de los derechos más básicos, los medios occidentales se llenaron de reportajes sobre la lacerante situación de las mujeres afganas, obligadas –o eso se decía– a vestir el burka, una jaula de tela que no les permitía mostrar el rostro. Hoy, quince años después, esa aberración medieval es una vestimenta frecuente en las calles de Londres y otras ciudades europeas.

Al día siguiente de Hyde Park entré en un supermercado, en una zona buena del centro. En un pasillo me crucé a una abuela –deducía su edad por sus andares fatigosos– que parecía salida de Batman, o del cortejo de Darth Vader: luto absoluto, manos enguantadas y bajo el gran velo, una máscara dorada tapando la nariz y el contorno de los ojos. Reconozco que me vino a la cabeza una pregunta que el buenismo considerará improcedente: ¿Cómo se puede andar por Londres, una de las tres urbes occidentales más pujantes del planeta, vestida en plan secta del siglo X?

Acto seguido, vi en el súper a una pareja de un prototipo que se repite. Él iba en bermudas, con un polo Hackett de logo notorio, visera de béisbol y una mariconera de estampado Louis Vuitton. Ella, con el niqab, la última moda del Medievo. A su lado, sus tres hijos. Los dos más pequeños, niño y niña, ataviados con ropa occidental moderna y cara. La hija mayor, de unos doce años, tocada con su primer velo.

Esos niños ya son europeos, viven y estudian aquí. Pero sus madres deambulan por Londres –o París, o Bruselas, o Madrid– en niqab ¿Se van a integrar con naturalidad en sus sociedades? ¿Resultará fluida la situación cuando sus profesores tengan que hablar con una madre enmascarada? ¿Qué mensaje late tras esas máscaras? ¿Qué la mujer es impura y no puede mostrar su rostro? ¿O qué es demasiado pura para los ojos impíos? Si el varón no tiene que salir enmascarado y ellas sí, es evidente que estamos ante una discriminación de la mujer ¿Cómo encaja esa práctica con los valores occidentales de igualdad de sexos, que tanto ha costado conquistar y que hoy consideramos elementales? ¿Por qué nuestro locuaz progresismo, siempre presto a alborotarse por ñoñerías, jamás denuncia esta situación? ¿Se comparten los valores occidentales en esos hogares que observan el niqab? ¿Apoyan la democracia y las libertades europeas… o las ven más bien como la degeneración de unas sociedades enfermas que habría que purificar?

No son preguntas extremistas. Es un debate que Europa debe plantearse, con sosiego y profundidad, y muy especialmente los más de 40 millones de musulmanes europeos.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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