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Gustavo Bueno Martínez (Santo Domingo de la Calzada, La Rioja, 1 de septiembre de 1924Niembro, Asturias, 7 de agosto de 2016) fue un filósofo español que desde 1970 desarrolló el sistema filosófico denominado «materialismo filosófico». Su obra se ha construido en constante intercambio con las ciencias y la historia de la filosofía. Gustavo Bueno es autor de numerosos libros y artículos sobre ontología, filosofía de la ciencia, historia de la filosofía, antropología, filosofía de la religión, filosofía política, ateísmo y televisión, entre otros temas. En sus últimos años, además de escribir, grabó vídeos y audios con análisis de numerosas cuestiones filosóficas.

En España es especialmente conocido por su participación en debates públicos y su aparición en programas de televisión. Algunos de sus libros han alcanzado notable difusión, como Ensayos materialistas [1972], El mito de la cultura [1996], Telebasura y democracia [2002] o El mito de la izquierda [2003]. Su obra ha dado lugar a un buen número de tesis doctorales y artículos de seguidores y detractores, y en torno a ella se publican las revistas El Basilisco y El Catoblepas. La Escuela de Filosofía de Oviedo se reúne habitualmente en la Fundación Gustavo Bueno, situada en la misma ciudad.

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Gustavo Bueno. La vuelta a la caverna“. RTVE, 120216.

A sus 91 años, Gustavo Bueno es un ejemplo vivo del filósofo, en el sentido que le dio Platón a esta actividad en su mito de la caverna hace 2.500 años: en nuestro mundo complejo y saturado de información, de objetos y de ideas, la crítica filosófica permite reinterpretar las apariencias y sombras a las que estamos encadenados.

El papel del filósofo consiste en volver constantemente a la caverna para deshacer sus sombras, como hizo Gustavo Bueno literalmente cuando bajó a las minas en la década de los 70 o cuando acudió a los platós de televisión a debatir sobre ‘Gran Hermano’. El espectador, identificado con los hombres del mito platónico, recorre a través de la vida de Gustavo Bueno el camino del filósofo.

Además, entrevistas actuales a personalidades relevantes y fragmentos de programas históricos componen una radiografía de la sociedad española en los últimos 50 años, que se completa con los testimonios de los familiares, amigos y discípulos de Bueno. ‘La vuelta a la caverna’ es una invitación a la actitud filosófica además de una amena introducción al sistema desarrollado por Gustavo Bueno y su escuela: el materialismo filosófico.

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España no es un mito

Agapito Maestre en LD, 100816.

Domingo, 7 de agosto. Llego a Niembro a las once de la noche.  Me presento y le pido permiso a una de sus hijas para verlo. ¡Ha muerto un filósofo! Estoy a solas ante el cadáver de Gustavo Bueno. El féretro está situado en el centro de la estancia. Es su despacho de trabajo. Está rodeado de libros. Preside la sala un bello cuadro, un retrato al óleo del filósofo, alegre y sonriente, que contrasta con las serenidad del rostro de un finado de 91 años. Estoy un rato a  solas con el muerto. Rato de recuerdos. Rato para retirarse a la terrible soledad de nuestro propio filosofar. Rato para rendirle homenaje a un maestro. Lo conocí discutiendo con Carlos Díaz, otro gran filósofo español, en el año 1972, sobre qué es filosofía. Yo era un estudiante de los primeros años de Filosofía. Allí aprendí que sin pasión no hay sabiduría. Sospecho que el Instituto Luis Vives, en el CSIC, nunca después ha acogido una discusión de esa solvencia. Gracias a esa pasión, Bueno fue, es y será un hombre a la búsqueda del ser, un filósofo, dispuesto siempre a comparecer en la ciudad, en lo público, para pagar su prenda o ser sacrificado. Bueno es un modelo de filósofo que repitió con originalidad, creatividad y valentía la actitud del primer filósofo de la historia: Sócrates. Bueno no fue un filósofo-rey sino un filósofo-ciudadano. Jamás se escondió. Fue valiente. A su lado, casi todos parecen  filósofos de partido.

Se me acumulan las imágenes, las lecturas y las discusiones provocadas continuamente por este hombre. Miro distraídamente a mi derecha para salir de mi pena y observo una mesa llena de figuritas de búhos; por encima de estos simpáticos símbolos de la filosofía, hay  una estantería repleta de libros donde sobresale un ejemplar en piel de las Obras Completas de Quevedo. ¡El gran Quevedo no podía faltar en la biblioteca de un filósofo español!  Inmediatamente me vienen a la memoria esos dos primeros versos del soneto a la muerte del duque de Osuna: “Faltar pudo  su patria al grande Osuna,/ pero no a su defensa sus hazañas”. Tampoco España, la oficial y encorsetada España de los premios, le ha hecho a Gustavo Bueno justicia. Gustavo Bueno se merece un homenaje nacional. Todos hemos llegado tarde, incluso sus amigos. ¡Cuántas veces, querido Gabriel Albiac, hemos hablado de ese homenaje! España, ay, siempre injusta con sus grandes pensadores. Bueno estuvo en mil batallas y solo puso pie en pared para coger impulso y superar al adversario. Creo que una de las más grandes que ha librado, en las dos últimas décadas, es un extraño amor que, junto a la filosofía, también inventaron los griegos. Me refiero al amor a la patria.

Varios libros dedicó a ese tipo de amor a lo común. A la polis. Todos son importantes. Aquí, sobre la mesa donde escribo, tengo uno: España no es un mito. Contiene toda una filosofía contra los enemigos de la idea de España. Sin duda alguna, es una obra imprescindible para pensar España, sus argumentos son contundentes, sus ejemplos de gran solvencia, pero creo que lo mejor del libro es su espíritu. Este libro está animado por la vitalidad de un pensamiento joven, aunque escrito cuando tenía más de ochenta años, y por un sentimiento patriótico digno de ser imitado por todos los españoles de bien. Sí, Gustavo Bueno escribió ese libro, cuando se dio cuenta de que su patria, su nación, estaba en peligro. Ahí está el toque. Lo loable de la obra. España sigue estando al borde del abismo, pero contar las iniquidades contra la nación, lo común, como lo hizo Gustavo Bueno, ya es una manera de abordarlas y combatirlas. Porque estaba en las antípodas de cualquier nacionalismo, de cualquier tabú del incesto con la tierra, Gustavo Bueno supo convertir las fuerzas de la historia de España en potencias del individuo. Demos gracias al maestro por su lección: “España no es un mito”. Abro el libro y hallo esta dedicatoria: “Para Agapito Maestre, que, como el autor de este libro, puede agradecer a los dioses el haber nacido español y no bárbaro. Con un gran abrazo, Gustavo Bueno”.

Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España, 1957], en El Mundo, 070816.

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Gustavo Bueno y la fuerza vital de la filosofía

“El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación no sobre la muerte, sino sobre la vida”.

José Sánchez Tortosa en El Mundo, 070816.

Las palabras de Spinoza abocan a una paradoja: no hay hombres libres. O casi. Vivir una vida que merezca ser vivida, la que es examinada constantemente, sin perder tiempo en la angustia por la muerte, que no es nada para nosotros, es lo más parecido a un hombre libre. Spinoza, Sócrates, Epicuro… Gustavo Bueno. El profesor Bueno encarnó siempre esa vitalidad esencial del filosofar, en alerta constante y fiel a un racionalismo materialista innegociable. Esa exigencia teórica y académica, de rigor implacable pero irreverente, crítica hasta poner en ridículo a Descartes o a Kant, es clave para entender algo inaudito: la construcción de un sistema filosófico firme, coherente, de una arquitectónica conceptual ejemplar, capaz de corregir los desenfoques que inducen a confusiones y mixtificaciones sobre la Historia del pensamiento filosófico y científico y, al mismo tiempo, eficaz para proyectar ese análisis sobre el presente y sobre cualquier ámbito de la realidad en la que los seres humanos andan inmersos, desde las ciencias o la religión hasta el deporte o la telebasura. Un sistema como sólo hay acaso una docena en la Historia del pensamiento filosófico.

Gustavo Bueno no ha sido sólo un agudo polemista, genial, incómodo, divertido, antipático, brillante, dispuesto a fajarse sin rubor en las arenas más alejadas de las torres de marfil de los intelectuales contra pitonisas, echadores de cartas o folclóricas (como algún colega le reprochara rebajarse a acudir a coloquios en ciertos programas de TV él respondía preguntando “¿Cuántos teoremas has demostrado tú entretanto?”..., y escribiendo dos libros sobre televisión). No sólo ha sido un erudito y un sabio, un maestro y un profesor. Ha sido el filósofo en lengua española más importante desde Ortega, y superior a él, y uno de los más sólidos de todo el siglo XX. El materialismo filosófico de Bueno constituye un arsenal crítico disparado contra las majaderías, banalidades y supersticiones de una postmodernidad patética y homicida que merece ser destruida con las armas de la racionalidad de estirpe griega.

Gustavo Bueno era ya en vida una institución, el pensamiento en acción, contundente, feroz, el tábano picoteando a una Atenas adormecida que no quiere o no puede despertar. Su fuerza no se apaga por motivos biológicos porque no está sólo en sus textos, sino que es una maquinaria filosófica de pensamiento en marcha al servicio de la inteligencia, del estudio, de la crítica sin concesiones y se mide a la escala de la Historia, tal es su alcance. Es, además, un clavo ardiendo al que aferrarnos para soportar o sobrevivir en este marasmo de barbarie que nos acecha, siquiera para dar algunas bocanadas y ser de los que nunca renuncian a la razón, aun a costa de renunciar a llevar razón.

Estamos obligados, en estos momentos, a rendirle tributo pensando en la vida y no en la muerte, en lo que Gustavo Bueno (su obra, sus textos, sus conferencias, su sistema) tiene de vivo. Habrá que rumiar esta orfandad en la que deja a la Filosofía, pero sería traición abandonarnos al lamento o la resignación. Celebremos que en España, en español, haya existido una figura de su magnitud y que nos lega un instrumental teórico impar para diseccionar la realidad y, en lo que se pueda, operar sobre ella. Vivir es pensar contra la muerte. Negarse a morir en vida. Gustavo Bueno fue ejemplo de eso como hombre libre. La muerte no nos lo podrá arrebatar del todo.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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