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Traspasar el umbral del sufrimiento, el secreto de Marín

Su entrenador señala como clave “el trabajo físico” y la nueva metodología que ha convertido a la onubense en campeona olímpica.

Alberto Martínez en As, 190816.

Al igual que Mireia Belmonte, Carolina Marín es otra chica de oro que ejecuta las órdenes de un entrenador ambicioso, meticuloso y gurú, que es capaz de sacar lo mejor de su deportista. En el caso de la onubense esta figura es Fernando Rivas, que saboreó una medalla “para toda la vida” y quien reconoce que su alumna “no siguió el guion, se sintió insegura, y tampoco hizo caso a la estrategia del ataque ni al uso de la red”. Errores que no esconden su sonrisa, y que denotan la búsqueda de la mejora permanente, incluso en momentos tan inolvidables como la consecución de un oro olímpico.
El secreto de Carolina, el que le ha llevado a este éxito, está en la nueva metodología de entrenamiento, basada principalmente en una preparación física que supera el umbral del sufrimiento. “Me gusta innovar y me rodeo de profesionales que saben más que yo y que pueden resolver mis necesidades. El trabajo físico fue muy duro, con el apoyo del CAR. Intentamos trabajar la intensidad de los partidos, pero incluso lo hicimos durante más tiempo, para estar preparados. Habéis visto que el bádminton es un deporte de puntos largos, muy rápido y de desgaste, y es clave la tolerancia al ácido láctico”, reflexiona.

Para poder hacer goles ganadores, hay que estar preparado para soportar una carrera explosiva tras otra. Carolina ha utilizado una cámara de hipoxia para simular altura y ganar más glóbulos rojos, una técnica utilizada por muchos deportes como la natación, en concreto por Mireia, que cuenta con una de esas cámaras en su habitación del CAR de Sierra Nevada. “Esto es infinito. Siempre se puede mejorar. Por eso es tan bonita esta profesión”, comentó Rivas, quien recordó que los planes con Marín se han adelantado debido a la “cantidad de gente que se ha sumado al proyecto”. “En 2008 se puso un objetivo encima de la mesa, pero se hablaba de la medalla en Tokio 2020”.
Otro de los factores clave es el análisis de los rivales. Esa visualización permite que Carolina tenga un plan en cada partido. “Hay cosas que no hizo. Dejar pasar el error, celebrar la consecución del punto pero olvidarlo rápido, el juego en la red que queríamos… Ella estaba demasiado eufórica, pero ir con ventaja es un arma de doble filo”, relató Rivas, ante una rival con la fuerza casi de un chico. “Le fue bien a Carolina entrenarse con hombres. Era lo mismo”, finaliza.
Todas estas horas de esfuerzo se ven “recompensadas” por la medalla. Si Carolina dijo que había pasado un infierno hasta llegar a Río, en la ciudad brasileña ha encontrado el paraíso.

Carolina_1fot. de @MiguelMorenatti

Carolina Marín se hizo con el oro en Río con una remontada espectacular. La española comenzó perdiendo el primer set, desaprovechando una gran ventaja en el tramo final. Ahí pareció que la final estaba perdida y por tanto las opciones de hacer el triplete tras ser campeona de Europa y del Mundo. Sin embargo, la onubense está hecha de otra pasta y la sintonía con su entrenador, Fernando Rivas, es total. La conversación tras ese 0-1 fue clave para que la jugadora no se viniera abajo, apretara los dientes y jugara como sabe. Las imágenes y el sonido de TVE mostraron una charla que apelaba a los sentimientos más que a la técnica:

Carolina Marín: “No ha podido ser”.

Su entrenador: “No pasa nada. Yo quiero que pienses una cosa, quiero que para jugar te olvides del marcador. Acuérdate de cuando llegaste a Madrid con 14 años. Una niña de 14 que me dijo lo que quería ser. Una niña de 14 años confía en ti. Una niña de 14 años sabe qué es lo mejor y lo hace con disciplina, porque ese es su sueño. Y ese deseo que es lo mejor que tú tienes es muy fuerte.

Carolina Marín: “Fácil, muy fácil”.

Su entrenador: “Ese deseo que tú tienes es más fuerte que tú”.

Después llegó la remontada, el 2-1, el oro y las lágrimas de felicidad y emoción. Las de Carolina Marín y las de toda España.

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fot. de @MiguelMorenatti

La explicación a los polémicos gritos de Carolina Marín
 
Las reacciones por las que ha recibido tantas críticas en su propio país forman parte de su medida preparación por el oro olímpico.

Mario Cortegana en As, 180816.

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Coincidiendo con la materialización de una enérgica remontada que apuntaba a la victoria en dos sets de Carolina Marín por la final olímpica, un mal movimiento de su rival, la china Li Xuerui, obligó a la detención del partido. La interrupción, pese a las evidentes diferencias, recordó a la argucia de Nishikori con Nadal en estos mismos Juegos. Mientras España veía en Li Xuerui a su yo infantil, el que le decía a papá y mamá que le dolía la barriga para evitar la escuela, la repetición, más allá de las dotes interpretativas de la asiática, evidenciaba le existencia de torsión. Con todo, la onubense siguió jugando como si no hubiera pasado nada, segura en su interior de que lo único que sucedía era un intento de ficción de la china, como así reconoció públicamente en COPE.

Marín continuó con la misma intensidad, acaso más. Tenía toda una final olímpica a la vuelta de dos o tres puntos, un estrecho margen que no quería ni por asomo que se convirtiera en su abismo más oscuro: intentó mover a Li Xuerui como siempre y gritó en cada celebración de punto también como suele. ¿Por qué? Porque esa viene siendo su estrategia, la que tantos éxitos le ha reportado. Bajo un envoltorio de joven risueña, amable y educada, Carolina Marín guarda un afán competitivo sin límites y, sobre todo, mucho trabajo. Parte del mismo consiste en todo por lo que se le ha criticado en España: chillar, apretar los dientes, clavar los ojos en los de quien está al otro lado de la red…

Carolina no duda; no puede permitírselo, ni por dentro ni por fuera. Por eso se mantuvo firme ante la lesión de su rival. Pudo (y debió) medir más, pero muchas horas de sudores y sacrificios estaban en juego. Como su equipo, ella misma lo ha explicado en más de una ocasión. En este periódico, sin ir más lejos. De ahí que, desde su aterrizaje en Río, no haya dejado de lanzar el mismo, medido y estudiado mensaje: el oro es su única opción. Y es que, si es clave Fernando Rivas, su entrenador desde hace nueve años, igual o más lo es su preparador psicológico. De hecho, su ruptura con Pablo del Río coincidió con su peor racha desde que está en la élite. Ahora trabaja con Juan Carlos Álvarez Campillo, otro de los secretos de sus proezas.

En los últimos meses hasta Río, la obsesión de todo el equipo era clara: mejorar las piernas, pero también el cerebro. Carolina se ha exprimido hasta las lágrimas (literalmente) por luchar para ganar en Río 2016. Sus sesiones han tenido una fuerte carga de ejercicios y golpeos, pero no menos de ensayos de reacciones ante cualquier escenario: el gritar en cada punto ganado, la cara que poner yendo por debajo… Con las asiáticas es obligatorio: o te comportas así, asegura Carolina, o siempre consiguen venirse arriba. En la final tendrá que volver a tenerlo en cuenta.

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Notas.-

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