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De cuando el ‘proceso de paz’

  1. El 21 de marzo de 2004, ETA emplazó al diálogo en un comunicado al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, incidiendo en que la solución no está en manos de un agente, una persona o una organización.
  2. El 22 de enero de 2005, el Partido Popular y la Asociación Víctimas del Terrorismo organizaron una manifestación conjunta en protesta contra la política antiterrorista del Gobierno.
  3. El 12 y 13 de mayo de 2005, durante el debate del estado de la nación, el presidente Rodríguez Zapatero anunció su intención de acabar con ETA mediante un final dialogado en esta legislatura, aunque sin pagar un precio político por ello. Mariano Rajoy, líder del Partido Popular en la oposición, acusó a Zapatero en el mismo debate de traicionar a los muertos, declaraciones que fueron duramente criticadas por varios medios.
  4. El 4 de junio de 2005, en una nueva manifestación de la AVT y el PP, el presidente Rodríguez Zapatero fue acusado por los convocantes de romper el pacto antiterrorista.
  5. El 10 de febrero de 2006, el presidente del gobierno anunció su convicción de que el fin del terrorismo podría estar cerca y el 22 de marzo siguiente la banda terrorista anunciaba un alto el fuego permanente.
  6. El 31 de mayo de 2006, el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, anunció que se reuniría con la ilegalizada Batasuna después de que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hubiera comparecido en el Congreso con carácter previo al inicio de los contactos con ETA. Puesto que ocho dirigentes de esa formación política ilegalizada comparecían esos días en la Audiencia Nacional imputados por integración en banda armada y amenazas terroristas, López pidió a los jueces que tuvieran en cuenta “la actual situación del País Vasco”. Añadió que se abrían dos escenarios “uno para el diálogo entre el Gobierno y ETA para hacer efectivo el abandono de las armas y la desaparición del terrorismo; y otro para el diálogo político en Euskadi”, lo que desde el PP se tomó como asumir la propuesta de Anoeta que proponía dos mesas de diálogo, una entre el gobierno y ETA para hablar del alto el fuego, y otra entre todos los partidos, incluyendo entre ellos a la ilegal Batasuna, para hablar del futuro político del País Vasco. El presidente del gobierno recordó que convocaría la Comisión de Seguimiento del pacto antiterrorista para informar del cumplimiento del alto del fuego de ETA, la comisión de secretos oficiales y posteriormente comparecería en el Congreso para informar sobre el inicio de las conversaciones con ETA.
  7. El 10 de junio de 2006, se produjo en Madrid una nueva manifestación convocada por la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) y respaldada por el Partido Popular en la que se rechazaba el diálogo del gobierno con ETA y se pedía saber “la verdad” acerca del 11-M.
  8. El 21 de junio de 2006, el presidente del PNV, Josu Jon Imaz se reunió con dirigentes de la ilegalizada Batasuna para hablar de la metodología, los procedimientos y la agenda de una futura “mesa de partidos para la normalización política de Euskadi“.
  9. El 29 de junio de 2006, el Presidente del gobierno anunció la apertura de las conversaciones con ETA en una declaración institucional ante los periodistas.
  10. El 5 de julio de 2006, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón autorizó judicialmente la reunión entre los dirigentes del PSE y Batasuna, anunciada para el día siguiente a las 11.00 horas.
  11. En junio y julio de 2006, los interlocutores de ETA (José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, alias Josu Ternera) y del Gobierno (Jesús Eguiguren) se reunieron en la sede del Centro de Diálogo Henri Dunant en Ginebra.
  12. El 25 de noviembre de 2006, la Asociación Víctimas del Terrorismo se manifestó por quinta vez contra la política antiterrorista del gobierno socialista. En esta manifestación, el Partido Popular apoyó de nuevo a la AVT con la presencia de sus principales líderes, como en anteriores manifestaciones.
  13. Tras el atentado del 30 de diciembre de 2006 en el aeropuerto de Barajas de Madrid, el presidente Rodríguez Zapatero anunció por la tarde del mismo día que había ordenado supender todas las iniciativas para desarrollar el diálogo con ETA, con lo que consideraba roto el proceso de paz de forma inmediata.
  14. El 31 de diciembre de 2006, un día después del atentado en el aeropuerto de Barajas, la Asociación Víctimas del Terrorismo, acompañados por altos dirigentes del Partido Popular en Madrid, se manifestaron en la Puerta del Sol, de nuevo contra la política antiterrorista del Gobierno.
  15. El 6 de enero de 2007, miembros del Gobierno manifestaban no entender las causas de lo sucedido, «por ser distinta la actitud de los interlocutores de ETA que se reunieron con el Gobierno a mediados de diciembre a la de los autores del atentado».
  16. El 9 de enero de 2007, ETA hizo público un comunicado enviado al diario Gara donde reivindicó el atentado de Barajas, aunque afirmando al mismo tiempo que el alto el fuego permanente continúa vigente. A su vez, el portavoz del gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba criticó con dureza la actitud de la banda terrorista y replicó que ETA ha roto el proceso de paz, ETA ha roto su tregua y que el gobierno no iba a mantener puentes tendidos a la banda aunque ésta dijera seguir estando en tregua.
  17. El 13 de enero de 2007, se celebró la manifestación de condena al atentado convocada por Comisiones Obreras, UGT y asociaciones de ecuatorianos en España, a la que no se sumó el Partido Popular, pero sí el resto de formaciones políticas del arco parlamentario. Al final del acto se leyó un manifiesto por las escritoras Almudena Grandes y Lucía Rosero, que defendía el diálogo. El mismo día tuvo lugar otra manifestación en Bilbao convocada por el lehendakari del gobierno Vasco, Juan José Ibarretxe, con el lema «Por la paz y el diálogo. Exigimos a ETA el fin de la violencia», y a la que se adhirieron todos los partidos políticos vascos con excepción del Partido Popular y la ilegalizada Batasuna.

Ya les he recordado bastante la serie de desvergüenzas -gubernamentales y colectivas- que convirtieron en rentable el terror y el terrorismo.

El 20 de octubre de 2011, ETA anunció “el cese definitivo de su actividad armada” en un comunicado en el que también hizo “un llamamiento a los Gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo directo” destinado a solucionar “las consecuencias del conflicto”.

El 21 de diciembre de 2011, Mariano Rajoy sustituye al arruinador ZP al frente del Gobierno de España y, contrariamente a lo manifestado hasta el momento, sigue con el proceso de paz socialista, dando lugar al desarrollo actual que todos vds ya conocen.

Y en esas estamos.

Arnaldo Otegui, todo un orgulloso confeso, condenado militante de la barbarie, siente en lo más profundo de su convicción la confirmación de que el Estado de Derecho ‘españolista’ ha firmado una paz que, en cierto modo, legitima la guerra sí emprendida por el terrorismo, al menos hasta el punto de que deberían dejarle intentar gobernar el País Vasco ‘democráticamente’, como candidato de EH Bildu para las próximas elecciones autonómicas vascas de 2016. Toda una víctima, como no podía ser menos.

El Estado balbucea ante la pretensión, no sabe si resistirse y, en su caso, cuánto. Los propios partidos considerados constitucionalistas no se ponen de acuerdo políticamente en el diágnóstico y tratamiento a su candidatura y al final parece que, como siempre suele ocurrir en este país, las castañas las tendrá que sacar del fuego la Justicia. El que con terroristas se sienta muy mal tiene que estar para no saber dónde acaba.

Sobran comentarios.

EQM [fuente cronológica: wikipedia]

Les adjunto la serie publicada estos día por El Español, ‘Mi lucha contra ETA, en la que el responsable de la sección de Ciencia del citado diario digital, Pablo Romero, relata en primera persona cómo después de tres años de investigación ha logrado llevar a los tribunales al presunto asesino de su padre, por el atentado etarra con coche bomba de 21 de junio de 1993, que segó la vida del teniente coronel Juan Romero Álvarez y otras seis personas en la Glorieta de López de Hoyos de Madrid. Les aconsejo su lectura.

Año 2000, López de Lacalle yace en el suelo tras ser asesinado por ETA. JUSTY GARCÍA / ÍÑIGO IBÁÑEZ

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Otegi, preso de su pasado

Tras el asesinato de López de Lacalle (2000): «ETA pone sobre la mesa el papel de los medios de comunicación que, a juicio de ETA, plantean una estrategia de manipulación»

María jiménez Ramos en El Mundo, 230816.

Gustave Flaubert escribió que «la Historia, como el mar, es hermosa por lo que borra». Estos días, Arnaldo Otegi ha aprovechado los vacíos informativos para manifestar, insistente, su intención de ser candidato a lehendakari y, de paso, de erigirse como un líder política y éticamente legítimo a ojos, al menos, de sus potenciales votantes. En ese empeño, quienes tratan de impedir su iniciativa son tachados de enemigos. Sin embargo, Otegi ha olvidado señalar a su mayor adversario: un historial marcado por algunos episodios concretos que, como indicó Stefan Zweig, reflejan la atmósfera espiritual de una época. Incluidas aquellas escenas que algunos desearían borrar con la eficacia del mar.

19 de febrero de 1979. Arnaldo Otegi, de 19 años, participa en el secuestro del directivo de Michelin Luis Abaitua. Una sentencia de la Audiencia Nacional estableció que Otegi colaboró en el traslado de Abaitua hasta un zulo que los terroristas habían excavado en Elgoibar, localidad natal del propio Otegi. El cautiverio duró hasta el 1 de marzo. Según desveló uno de los hijos del secuestrado a Leyre Iglesias en un reportaje publicado en este periódico, los captores llegaron a jugar a la ruleta rusa con su padre e incluso le obligaron a dispararse con un arma, por fortuna, descargada.

Desde 1977, Otegi pertenecía a ETA político-militar, una rama de la organización terrorista que constituía el brazo armado de Euskadiko Ezkerra. Como explica el historiador Gaizka Fernández en Héroes, heterodoxos y traidores, tras renegar del uso de la violencia, los líderes de la formación Mario Onaindia y Juan Mari Bandrés negociaron con el Gobierno de Adolfo Suárez la reinserción de los polimilis. Pronto las cárceles se vaciaron de presos de ETApm: si en 1983 había 75, en 1985 sólo eran 15. En la maltrecha organización permaneció un grupo de irreductibles, una parte de los cuales continuó con la violencia y se integró en ETA militar, el brazo de la organización terrorista que ha sobrevivido hasta hoy. Pese al lastre de su pasada militancia en ETApm, de la que se tuvieron que arrepentir públicamente, dos de ellos alcanzarían la cúpula de la organización: Otegi sería líder del brazo político y Francisco Javier López Peña, ‘Thierry’, de la rama militar.

La trayectoria terrorista de Otegi duró 10 años y se frenó con su detención en Francia en 1987. Guardaba siete cartas de extorsión dirigidas a industriales de Pamplona y Vitoria para exigirles el impuesto revolucionario. Devuelto a España, fue condenado a seis años de cárcel por el secuestro de Luis Abaitua. Se le relacionó también con los secuestros de los diputados de UCD Gabriel Cisneros y Javier Rupérez, y el de Javier Artiach, pero fue absuelto por falta de pruebas. En 1993 quedó en libertad. La izquierda abertzale ya tenía engrasada su puerta giratoria: la primera fila de Herri Batasuna.

8 de mayo de 2000. Una imagen copa la portada de los periódicos: la del cadáver del periodista José Luis López de Lacalle cubierto con una sábana junto a un paraguas rojo. El terrorista de ETA Ignacio Olarra le había descerrajado cuatro tiros cuando volvía a casa. Al día siguiente, Euskal Telebista decidió entrevistar a Otegi para valorar los últimos acontecimientos.

El líder abertzale acudió como portavoz de Euskal Herritarrok. Su ascenso en la formación había sido fulgurante: en 1994 se había presentado a las elecciones, sin conseguir escaño; en 1995 había logrado el ansiado sillón del Parlamento vasco gracias al abandono de la diputada Begoña Arrondo, condenada por colaborar con ETA; y en 1997, tras la detención en bloque de la dirección de Herri Batasuna, había entrado en la Mesa Nacional como portavoz. Otegi había escalado a la cúspide del brazo político de ETA. Como escribió Fernando Savater, era un terrorista en comisión de servicios. En la entrevista, Otegi afirmó que, con el asesinato de López de Lacalle, «la organización pone sobre la mesa el papel de los medios de comunicación y de determinados profesionales que, a juicio de ETA, plantean una estrategia informativa de manipulación y de guerra en el conflicto entre Euskal Herria y el Estado». Matar al mensajero, en el sentido más literal del dicho. Podría haber dado alguna muestra de empatía con la víctima y su familia, pero decidió practicar una de las especialidades de la izquierda radical abertzale: culpar al asesinado de su propio asesinato.

Tres meses después, el 8 de agosto de 2000, cuatro etarras murieron en Bilbao al estallar el artefacto explosivo que transportaban. Se sospechaba que iban a atentar de forma inminente. Otegi se apresuró a marcar sus posiciones y mostró «su solidaridad humana y política» con la «muerte de estos cuatro compañeros». «El futuro de este país lo vamos a conquistar peleando y luchando», sentenció. Los pistoleros se lo tomaron a rajatabla: ese mismo día asesinaron al presidente de la patronal guipuzcoana, José Mari Korta, y al siguiente repitieron la operación contra el subteniente del Ejército de Tierra Francisco Casanova.

14 de noviembre de 2004. Último giro de timón de Otegi. Batasuna celebró su primer acto después de que la Ley de Partidos la ilegalizara. Unas 15.000 personas abarrotaban el velódromo de Anoeta. El portavoz abertzale aprovechó el baño de masas para abogar por el inicio de un proceso de paz que, como se sabría después, él ya había comenzado por su cuenta y riesgo con el socialista Jesús Eguiguren en el caserío Txillarre. Más tarde vendría el rechazo al uso de la violencia. Era el nuevo perfil que le granjearía apodos como el de Gerry Adams vasco, el de Mandela vasco o el de «hombre de paz». En 2009 ingresó en prisión acusado de intentar reconstruir la ilegalizada Batasuna. Cumplió íntegramente la pena de seis años por su negativa a acogerse a beneficios penitenciarios, siguiendo la norma tradicionalmente impuesta por ETA a sus miembros. Salió de la cárcel el pasado 1 de marzo, el mismo día que, 37 años antes, el secuestrado Luis Abaitua había sido liberado.

El principal inconveniente en todos los supuestos pasos hacia la paz que ha dado Otegi se resume en una palabra: pero. En cada amago de revisión crítica del pasado, Otegi introduce la adversativa que desmorona toda su argumentación. En 2004 dijo que Batasuna debía optar por vías democráticas, pero no pidió el cese de la violencia; en 2012 pidió perdón a las víctimas, pero fue incapaz de articular que matar estuvo mal; hace sólo unos días, cuando el periodista Aimar Bretos le preguntó por el daño causado por ETA, Otegi lo reconoció, pero apostilló que todos habían contribuido al sufrimiento. De ser así, se referiría a que unos lo causaban y otros llevaban el luto.

En los últimos años, la izquierda abertzale y el propio Otegi se han esmerado en moldear la imagen de un líder político abanderado de la paz. Su guion incluye construir debates estériles, como el creado en torno a su condena de inhabilitación, sobre cuestiones que son exclusivamente judiciales. Por ello, cabe la fundada sospecha de que Otegi esté disfrazando su negativa a revisar su pasado y a condenar sin cortapisas el terrorismo. Pero ello no le absuelve de su porción de responsabilidad en décadas de violencia.

Hasta que ese momento llegue, Otegi seguirá siendo un mero estratega que ha renunciado a la violencia por una cuestión táctica, pero no ética. Lo dijo poco después de salir de prisión: «El final de la lucha armada tenía que haberse dado mucho antes». Ahí radica el error: no se trata de que el terrorismo tendría que haber dejado de existir antes, sino que no tendría que haber existido nunca. Otegi no puede borrar el pasado, pero puede renegar de él. Hasta entonces, su mayor enemigo seguirá teniendo su propia sombra.

María Jiménez Ramos es periodista, doctoranda en la Universidad de Navarra y jefa de Prensa de Covite.

Ilustración de Jon G. Balenciaga.

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‘Mi lucha contra ETA’, una enmienda al Estado

El Español, 230816.

La serie ‘Mi lucha contra ETA, en la que el responsable de la sección de Ciencia de EL ESPAÑOL, Pablo Romero, relata en primera persona cómo después de tres años de investigación ha logrado llevar a los tribunales al presunto asesino de su padre, no puede dejar indiferente a nadie.

El próximo lunes 29 de agosto, el terrorista legalmente reinsertado Jesús García Corporales declarará en la Audiencia Nacional por el atentado con coche bomba que hace 23 años segó la vida del teniente coronel Juan Romero Álvarez y otras seis personas en la Glorieta de López de Hoyos de Madrid. La imputación de este etarra acogido a la vía Nanclares, a quien las pesquisas de oficio no habían relacionado con aquella masacre, ha sido posible gracias exclusivamente al tesón y pundonor personal de nuestro compañero, que cuando se produjo el atentado sólo tenía 17 años.

“Pasar página”

Pablo comenzó a investigar el asesinato de su padre en 2013 tras escuchar por casualidad cómo alguien decía que para afianzar el proceso de paz era importante “pasar página”. La causa judicial estaba a punto de prescribir, pero nuestro compañero logró que la Justicia no diera carpetazo al caso, se personó como acusación particular y se embarcó en una aventura escalofriante.

Habló con testigos, policías, abogados, jueces, funcionarios y altos cargos de Instituciones Penitenciarias y de los ministerios del Interior y Justicia, buceó en el sumario, pasó días enteros recabando posibles pistas y cruzando datos a partir de las noticias sobre ETA de aquellos terribles años de plomo. Es más, no dudó en entrevistarse cara a cara con el mismísimo Corporales, antes de sospechar que él era el presunto asesino de su padre, y con otros etarras excarcelados y acogidos a medidas de gracia como Aitor Bores e Iñaki Recarte.

Los pistoleros

Si el relato de estas entrevistas, tal como se puede comprobar en la entrega de hoy, resulta estremecedor por la frialdad de los pistoleros -“Todos fuimos un poco responsables de todo”, le llega a decir Corporales”-, en próximos capítulos dará cuenta de testimonios muy distintos pero no menos indignantes: la de cargos públicos y responsables de la lucha contra ETA que le conminaron poco menos que a abandonar.

Además del relato de una odisea personal vibrante, la investigación de Pablo Romero constituye una enmienda al Estado, un mensaje de esperanza a las víctimas de los cerca de 400 atentados que aún quedan por resolver y un antídoto contra el olvido y la indiferencia. Nadie pone en duda el esfuerzo y la valía de las fuerzas de seguridad, pero algo falla estrepitosamente cuando son las víctimas quienes se ven obligados a investigar para encontrar las respuestas a los crímenes de ETA.

Mi lucha contra ETA

Por Pablo Romero en El Español, 21 de agosto de 2016.

Parte uno: Así llevé ante la Justicia al presunto asesino de mi padre

 — Hace 23 años, un salvaje atentado de ETA en la Glorieta de López de Hoyos de Madrid dejó siete cuerpos apenas reconocibles, fundidos en el asfalto, atrapados entre los hierros de la furgoneta en la que viajaban. Ahora, un hombre que jamás había sido investigado por esta causa tendrá que responder ante el juez como presunto asesino de mi padre, uno de esos muertos. Será el 29 de agosto. [Leer el artículo].

Parte dos: El folio 825: así comencé la investigación del asesinato de mi padre

— El 21 de junio de 2013 se publicó en EL MUNDO la historia de la reapertura de la causa, un artículo titulado El folio 825. En él, como hijo de una de las víctimas del atentado, explicaba cómo había logrado congelar la posible prescripción de los asesinatos. [Leer el artículo].

Parte tres: Cara a cara con el presunto asesino de mi padre

— La decisión de entrevistar a etarras no fue fácil. Existían varios riesgos evidentes; al fin y al cabo no dejaban de ser terroristas. Tampoco olvidaba que ETA no se había disuelto, sino que mantenía una “tregua indefinida”. Lo que más me preocupaba era la posibilidad de que esta iniciativa se hiciera pública de alguna forma. [Leer el artículo].

Parte cuatro: “Creo que sé algo de lo que pasó en el atentado en el que murió tu padre”

— Para las navidades de 2013 había tratado sin éxito de encontrar testigos nuevos y visitado a etarras en prisiones que no me habían proporcionado siquiera una pista. No había logrado encontrar nada que pudiera mantener la causa viva.

[se publicará el próximo jueves 250816].

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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