.

EQM_310816.

El discurso de si no…

Antes, y para que no quede ninguna duda: yo soy partidario de que Gobierne el PP, gracias a una investidura en su favor mediante el apoyo condicionado de Ciudadanos y la abstención condicionada del suficiente número de diputados del PSOE.

La razón fundamental es que no hay otra alternativa razonable posible y que, así, el Gobierno del PP se vería obligado a administrar este país haciendo también mucho de aquello a lo que, si de él sólo dependiera, jamás se dedicaría.

Dicho lo cual, voy a referirme al discurso del candidato Rajoy, fundamentalmente en lo que concierne a su tono.

En mi opinión, el acto de ayer, aderezado por un funesto protocolo repleto del sectarismo que el PP le criticó la pasada legislatura al PSOE y que ahora le copia, dió lugar a una lamentable becerrada parlamentaria de tal envergadura que resulta inimaginable que alguien con dos dedos de frente haya resistido su tedioso discurso de más de una hora de duración, soltando naderías y cuyo punto ‘fuerte’ ha sido… cantarle las cuarenta a los independentistas, no anunciándoles que a partir de ahora -más vale tarde que nunca- van a saber lo que es bueno sino recordándoles que la Constitución dice que ‘la soberanía nacional reside en el pueblo español!’

Acabáramos. Con un candidato adormilado y sin convicción alguna, dando vueltas en torno a sus logros que acto seguido atribuye, justamente, a la ciudadanía… ; sin la más mínima autocrítica, amenazando con ‘o yo o el caos’, y mostrando hasta la saciedad que no le anima nada que suene a regeneración y/o actualización del modelo de Estado. Vamos, que está allí, en el atril, cumpliendo con su obligación, porque así lo ordena esa misma Constitución que tanto alaba.

Cómo fue la cosa que, cuando finalizó su exposición, hasta la locutora de TVE ha comunicado a la poco respetada audiencia -¿quizás por escasa?- que, acto seguido, intervendrían los distintos portavoces de los grupos parlamentarios, empezando por el prescindible ZPedro. La gran Ana Blanco ha tenido que corregirla inmediatamente manifestando que eso se producirá mañana a partir de las 9am. Seguramente, también la chica, pobre, se había dormido.

En su prédica de candidato, otro de los objetivos que ha propuesto como fundamental, después de cuatro años con mayoría absoluta tocando el tambor entre ‘algarabías’, ha sido el de recuperar el Pacto de Toledo con el fin de reformar el actual modelo de pensiones de jubilación de la Seguridad Social porque -cuenta ahora- esto no se aguanta y hay que ‘dar tranquilidad… a los pensionistas del presente y del futuro!’ Es decir, que voy a meter el miedo en el cuerpo a los actuales jubilados para que, si hay terceras elecciones, piensen que su paga se puede ir al traste, de un momento a otro, como no cuenten conmigo.

Porque de eso se ha tratado: de advertir a todos, y en especial a los votantes del PSOE y al Comité Federal de ese partido de que, en caso de a una repetición de elecciones, lo peor aún puede estar por venir y que se preparen también las CCAA gobernadas por los socialistas cuando llegue el momento de recortar drásticamente su financiación porque esto ya no dará más de sí. Es decir, o me apoyáis o es que ya ni os cuento. Y a ver si, jugando con el fuego de la supervivencia personal del prescindible ZPedro, acabáis sin grupo parlamentario…

La reacción de la oposición en sus manifestaciones de pasillos -previas a las formales de mañana- ha sido la esperada. En el socio Ciudadanos, estaban perplejos porque les parecía haber asistido a un entierro. Entre los muchachos del prescindible ZPedro, asidos al NO del palo de la mesana de la Secretaría General que, de momento, les salva de acabar personalmente en el paro. Los del coletas, a vueltas con su fraternales cánticos para con el socialismo como comilona pendiente. Y los independentistas, proclamando nación y República mientras acusan a Rajoy de vulnerar la legislación vigente…

Toda una locura y sin que nadie, salvo Ciudadanos, ande siquiera preocupado en tomar el toro por los cuernos y se ponga manos a la obra de ilusionar al pueblo español con algo más que palabrería y parches encubridores de la persistente voluntad de seguir como siempre porque siempres se ha hecho así…

Mañana, más de lo esperado.

EQM

Truco o trato

Si hay algo que me encantaría es que, finalmente, Rajoy gobernara bajo el control parlamentario de Ciudadanos. Ayer Girauta ya le advirtió que su apoyo pasa por el cumplimiento a conciencia de sus compromisos. Vino a cuento ante la cariñosa distancia con la que Mariano les ‘acarició’ durante su homilía. Y es que, en el fondo, el Presidente en funciones jamás ha entendido la política como truco y siempre ha preferido el truco. Ahora, no tiene más remedio y se le nota un montón.

Viñeta de Idígoras & Pachi en El Mundo, 300816.

El no nihilista

Arcadi Espada en El Mundo, 300816.

Una de las claves de la actitud del Psoe ante la investidura es el íntimo convencimiento de su grupo dirigente de que nunca llegarán a nada, de que su paso por la cumbre de la política está visto para sentencia. Es probable que el análisis sea correcto, pero da lo mismo: basta con su convencimiento. De ahí que cuando sus rivales pretendan encararlos a sus responsabilidades patrióticas (salvo a la de la cerrilidad, acendrado rasgo del españolazo) el ejercicio sea dramáticamente inútil. Invocar el apocalipsis colectivo cuando el otro se enfrenta a un inexorable apocalipsis personal es un ejercicio baldío. Es verdad que podría darse una excepción en el caso de una inequívoca grandeza moral. Pero no es el caso, no es el caso.

Los manejos del bloqueo político enmascaran la calamitosa situación del Psoe, un partido que añade al descuartizamiento de la izquierda europea la ausencia de liderazgo y la peor coyuntura de su reciente historia. Como el Pp, ha perdido votos; pero muchos más. La pérdida tiene, además, dos características agravantes. La primera es que el Psoe ha cedido votos a su izquierda, pero también a su derecha, y esa circunstancia obligaría a una política mucho más sofisticada que la inteligencia del actual grupo dirigente. La segunda es que la gran mayoría de los votos perdidos han ido a parar a un partido, el partido Podemos, con el que el pacto fue imposible, a causa de Cataluña, en la primera hipolegislatura, y que probablemente seguirá siéndolo en esta segunda: otra desventaja respecto del Pp, que ha perdido sus votos en favor de un partido con el que puede gobernar. Rajoy demuestra una indisimulada irritación ante los éxitos de C’s; pero su competencia electoral acaba fraguándose en una alianza. El poder es un bálsamo eficacísimo de las irritaciones. Por el contrario, los votos que han ido del Psoe a Podemos (¡y viceversa!) son votos tirados.

Es plausible que los dirigentes socialistas alerten sobre las letales consecuencias del apoyo a Rajoy: aunque al partido Podemos lo han llevado al rincón de pensar, es capaz aún de dar algún chillido histérico. Pero los socialistas saben que lo contrario tendría también su coste: aun teniendo en cuenta su carácter aproximativo, las encuestas señalan que la mayoría de votantes socialistas prefieren que gobierne el Pp a la repetición electoral. Por esa doble realidad tan descarnada, el no y no socialista no conlleva ninguna afirmación, ninguna alternativa, ningún proyecto. Es el no del nihilismo. El enfermo terminal que se da la vuelta en la cama.

Pedro Sánchez, el cerril

Luis M. Anson en El Mundo, 300816.

El Diccionario de la Real Academia Española define así la palabra cerril: “Dicho de una persona: Que se obstina en una actitud o parecer sin admitir trato ni razonamiento”. Habrá que convenir que el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, responde exactamente a la definición académica, al margen de que pueda hacer la vista gorda sobre ciertas negociaciones enmascaradas y más flexibles. El líder socialista es un político calcinado que, en las últimas semanas, ha perfeccionado su irresponsabilidad de forma considerable.

Tras las elecciones del 20-D, Sánchez habló abierta y reiteradamente de un Frente Progresista para gobernar España. Eso suponía el acuerdo con el Partido Comunista renovado, es decir, Podemos; con el Partido Comunista clásico, es decir, Izquierda Unida; y con otras agrupaciones de extrema izquierda o antisistema. Eufemismos aparte, se trataba de estructurar lo que siempre se ha llamado Frente Popular, en este caso ampliado.

Se plantaron algunos dirigentes socialistas, encabezados por Felipe González, el político que engrandeció al PSOE. Consideraban, no sin razón, que tras la catástrofe electoral, la alianza propugnada por Sánchez fragilizaría definitivamente al partido socialista. Al líder no le quedó otro remedio que rectificar y entenderse con Ciudadanos, creyendo que, en la sesión de investidura, Podemos le apoyaría. Pablo Iglesias, sin embargo, chasqueado por el rumbo cambiante del dirigente socialista, pensó que la mejor estrategia para Podemos era jugar a unas segundas elecciones y sorpassar en ellas al PSOE, asumiendo como consecuencia la representación de toda la izquierda. Al podemita -y a todas las encuestas, por cierto- le salió mal la operación del sorpasso, a pesar de la alianza electoral con Izquierda Unida.

A partir de ese momento la actitud de Sánchez ha sido completamente cerril. No, no y no. A pesar de haber reducido al PSOE a 85 diputados, el líder socialista se ha permitido gallear mientras exhibía su indolencia por las playas españolas. Debió dimitir el 21 de diciembre. No lo hizo. Debió retirarse el 27 de junio. Tampoco lo hizo. Sabe que hombres y mujeres poderosos juegan contra él en el partido, con el objetivo no disimulado de enanizarle, devolviéndole a casa. Su posibilidad de subsistir radicaba y sigue radicando en convertirse en presidente del Gobierno y juega a fondo esa incierta opción aunque todavía lo haga enmascaradamente. Si no existen cartas ocultas que permitan a Rajoy ganar la votación de investidura, Sánchez, el cerril, habrá conseguido su primer propósito: la derrota del aspirante popular y la posibilidad de explicarle al Rey que él sí reúne las condiciones para alcanzar la mayoría necesaria. Estaríamos ante la pirueta política del siglo pero, en esta ocasión, Iglesias, que le volvió la espalda porque creyó que le favorecerían unas segundas elecciones, podría ahora apoyar a Sánchez y canalizar además los votos de las agrupaciones de extrema izquierda y antisistema.

Lo que ocurre es que el cerrilismo de Sánchez se enfrenta con la habilidad de Rajoy que negocia a tres bandas y presiona por los cuatro costados. Y tampoco se puede obviar la posición de varios barones socialistas que temen por el futuro del PSOE y que consideran a Sánchez capaz de sacrificar al partido con tal de salvar él su situación personal.

Luis María Anson, de la Real Academia Española.

•••

 

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios