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eqm_130916.

Yo de vd, no lo haría

Vaya por delante que Albert Rivera ha tenido una intervención excelente en la entrevista de anoche en 13TV. En cuando disponga de la misma la insertaré en una nueva entrada.

Digo esto porque a muchos les puede extrañar el título de este artículo cuando yo me declaro públicamente firme defensor de un proyecto de centro político como Ciudadanos, que trabaje para evitar el inmovilismo del PP, la locura zapateril del PSOE de ZPedro y, en definitiva, ese bipartidismo constructor de un Sistema [PP/PSOE] burocrático, alejado del interés general y constatablemente capaz de alternarse en el poder gracias al apoyo de los independentistas, aun a costa de poner en muy grave peligro, como vemos, incluso al Estado.

Aunque tal extrañeza no debería producirse porque, quien tenga la sana costumbre de seguirme habitualmente, conoce sobradamente que tal defensa de un partido bisagra que realice labores como las que ya está llevando a cabo nunca me impediría criticar abiertamente aquellas actuaciones que considere perjudiciales para lo que yo entiendo por el bien común.

Ya he repetido hasta la saciedad, por ejemplo, que Ciudadanos se equivocó pidiendo la cabeza del impasible Mariano Rajoy o que también yerra con sus nuevos silencios en torno a la necesidad que hay de frenar la demagogia ecofeminista y mercantilista en materia de las políticas puestas en marcha por el bipartidismo sobre la denominada ‘violencia de género‘, que están contribuyendo decisivamente a convertir en cainitas las relaciones de pareja y a destruir el modelo familiar, sustituyéndolo por la presunción de culpabilidad de una de las partes y la desconsideración más absoluta en cuanto a los intereses de la prole. Ciudadanos se presentó como un partido que condenaba la violencia por igual, viniera de donde viniera, y siendo muy consciente de que la actual estrategia no sólo no solucionaba detrminados problemas de convivencia sino que los agravava.

Centrado ya en el asunto que me trae hasta aquí hoy, he de confesar que los últimos movimientos de Ciudadanos en Cataluña, alrededor del movimiento golpista que se va consolidando popularmente mientras el Gobierno de España permanece impasible, me han dejado perplejo cuando observo las reacciones de mi admirada y brillantsima parlamentaria política Inés Arrimadas, a propósito del carnaval anticonstitucional de la DiAda, que este año ha contado no sólo con la presencia de la Alcaldesa de Barcelona [Barcelona en Comú, aliados de Podemos] sino también con el Presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, representante ordinario, por cierto y aunque parezca mentira, del Estado español.

Arrimadas ha optado por escapar de dicha celebración sectaria, organizando con su partido una paella en Premià de Mar (Barcelona). Lo cual tiene sus defensores y detractores. Lo primeros aluden que es una magnífica forma de no contribuir a los fastos independentistas y los segundos consideran que algo tan campestre y dicharachero no parece muy apropiado como réplica a los graves acontecimientos que ya habitualmente se producen un 11S ya totalmente en manos de los secesionistas.

A mí también me ha chocado un tanto tal salida pero lo que ha comenzado a preocuparme es que manifieste que su esperanza de un futuro mejor para Cataluña incluya poder celebrar algún día la Diada con todos, sin caer en la cuenta -o sí- de que las celebraciones con independentistas habitualmente dedicados a quebrar el Estado de Derecho -y que, obviamente, jamás van a cambiar de criterio por mucho que Madrit les ‘seduzca‘- no debería ser para nadie un plato de buen gusto, ni siquiera de paella.

Cataluña ha sido quebrada, dividida, indefectiblemente para un largo tiempo, y la estrategia política de Ciudadanos debería contar con ello, sin ceder un ápice en aquellos objetivos con los que ha conseguido que tantos ciudadanos catalanes -y de de toda España- depositen su confianza en el proyecto. Porque ellos, los totalitarios, no van a ceder, como bien es sabido.

De ahí que mi inquietud aumentara cuando, acto seguido, ayer mismo, en el Fórum Europa Tribuna Cataluña, Inés subrayara ue urge una ‘solución política‘ para Cataluña y que Ciudadanos está por una reforma de España en la que Cataluña juegue un “papel protagonista” y no de “mero espectador” [sic]. Quedo a la espera de nos cuente cuándo Cataluña no ha sido protagonista  y sí mera espectadora. Por contra, de otras muchas regiones española podríamos hablar largo y tendido.

Ciudadanos debería tener muy claro que, ante las grandes cuestiones, no va a poder estar en misa y repicando.

Con el independentismo no se puede ceder ni pactar nada por razones obvias: se quieren independizar. Tampoco es buena señal para el votante de Ciudadanos que, por ejemplo, el constitucional derecho a ser educado en la lengua española pase a convertirse en un modelo educativo trilingüe. O que la igualdad de derechos de los ciudadanos derive en singularidades y seducciones para quienes habiten en Cataluña o el País Vasco.

Porque no es justo, porque Ciudadanos fue creado también para evitarlo y porque el bipartidismo se va a hartar de repetir que para ese viaje no hacía falta alforjas.

Esperemos que la necesaria prudencia política -que exige tomar con tiento la compleja tarea de la regeneración- no se convierta, a ojos de quienes mantienen el partido vivo, en una vana esperanza.

Así lo deseo yo y, estoy seguro, muchos otros.

EQM

pd. No se pierdan [ut infra] el análisis, la disección política, que Cayetana Álvarez de Toledo lleva a cabo sobre el artículo de Ada Colau que se publicó en El País, el pasado sábado.

La líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, durante su participación en el Fórum Europa Tribuna Cataluña. (Toni Albir / EFE)

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Arrimadas urge una solución política tras la multitudinaria manifestación de la Diada

La líder de C’s receta una reforma de España en la que Catalunya juegue un papel “protagonista” y no de “mero espectador”

La Vanguardia/Efe, 120916.

La líder de Ciudadanos en Catalunya, Inés Arrimadas, ha admitido hoy que hubo “mucha gente” en la manifestación independentista de ayer, y ha urgido a una “solución política”, que para C’s pasa por una reforma de España en la que Catalunya juegue un papel “protagonista” y no de “mero espectador”.

Arrimadas ha pronunciado una conferencia en el Fórum Europa Tribuna Cataluña, en el que la celebración ayer de la Diada de Catalunya ha centrado parte de su intervención, al igual que las preguntas de los asistentes a la misma.

Durante su intervención, la jefa de la oposición en el Parlament ha constatado que el número de catalanes que participaron en la manifestación independentista de ayer fue menor que en anteriores ediciones, si bien ha admitido que “salió a la calle mucha gente”, catalanes que piensan que “sus problemas vienen de la pertenencia” a España y que la “solución” es la ruptura.

En este contexto, Arrimadas ha señalado que se necesita de manera “urgente” una “solución política”, que para Ciudadanos se basa en una reforma de España en la que Catalunya juegue un “papel protagonista” y no de “mero espectador” y que esté liderada por “nuevos interlocutores”.

”Sin entrar en la guerra de cifras, es cierto que hubo menos gente, pero todavía hay mucha. Hay que dar solución tanto a los que salieron como a la mayoría que no lo hizo, porque hay una realidad política y social (…) y no se puede pensar que esto ya ha acabado”, ha argumentado.

La presidenta del grupo de Ciudadanos ha criticado el “inmovilismo” del Gobierno del PP, centrado en el “esto pasará” -la reivindicación de la independencia-, y su estrategia basada únicamente en la aplicación de la ley, pero también el posicionamiento del Govern, que “alimenta la confrontación” y promueve la ruptura. ”Se tiene que hacer política”, ha defendido la líder de Ciudadanos, porque las reformas de España son también “buenas” para Catalunya.

Arrimada ha reivindicado “nuevos interlocutores”, ya que los que “han roto los puentes” del diálogo, en referencia al PP y a los independentistas, “no pueden liderar su reconstrucción”, como tampoco las confluencias de las izquierdas liderada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que da “cobertura al rupturismo”.

Arrimadas, por contra, ha ensalzado la “catalanidad” de Ciudadanos, formación que se propone que Catalunya forme parte “de la nueva etapa política” de España sin ser un “mero espectador”. ”Sin apelar a soluciones mágicas, que no existen, ni a las populistas, la solución a la situación de bloqueo político en Cataluña no vendrá de los extremos sino desde el centralismo y no vendrá de la guerra de banderas sino de los acuerdos”, ha dicho Arrimadas para poner en valor el papel de su partido.

Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 120916.

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La Presidenta de la plataforma Libres e Iguales, Cayetana Álvarez de Toledo, ha publicado en su web una pormenorizada glosa, exégesis, relativa al artículo que publicó el pasado sábado en El País la alcaldesa de Barcelona. Es éste:

Ada y la Diada. Del derecho y del revés.

Cayetana Álvarez de Toledo en su web, 100916.

[en granate, la glosa]

La Diada y el día después

Ada Colau en El País, 100916.

Mañana, con motivo de la Diada, miles de catalanes volverán a expresar en las calles su voluntad de decidir libremente su futuro y su deseo de independencia frente a un estado que ignora sus derechos y libertades nacionales. [Los catalanes, como tales, no tienen derechos y libertades nacionales. Lo que tienen son derechos y libertades que el Estado español, en tanto que Estado democrático y de Derecho, garantiza a todos los ciudadanos desde 1978.]

No se cansen en contarlos, serán muchos. Quizás sean más o quizás menos que en los últimos cuatro años. [Serán menos, pero eso es irrelevante. Aunque fueran 5 millones, no podrían imponer una reforma unilateral del sujeto constituyente. En democracia, todos los dueños de la soberanía tienen el mismo derecho a opinar.]

En cualquier caso, volverán a ser un número suficiente para que cualquier gobierno con vocación de escuchar a la ciudadanía los tenga en cuenta. [Claro que hay que escucharles. Como hay que escuchar a los catalanes que quieren seguir siendo españoles y europeos, y al conjunto de los españoles, que por algo son soberanos].

Por desgracia, no será el caso del presidente en funciones. Ya podemos avanzar su respuesta: alabanzas a la “inquebrantable unidad de España” y firmeza para hacer frente al “desafío secesionista”. [La unidad de España no es inquebrantable. Pero, al tratarse de una democracia, esa unidad sólo puede modificarse por los procedimientos legalmente establecidos. En cuanto a la actitud del presidente en funciones, ojalá su firmeza no sea, como hasta ahora, puramente retórica].

El inmovilismo crónico de Rajoy [es cierto que Rajoy ha sido inmovilista, pero no precisamente en perjuicio del nacionalismo] ha alimentado el mantra de “España es irreformable” entre algunos sectores del independentismo. Se trata de un argumento que no comparto, y que desde un punto de vista ético [el punto de vista ético de quien ha convertido el ayuntamiento de Barcelona en una agencia de promoción personal y colocación de afines es ciertamente discutible] siempre me ha parecido reaccionario. [Lo verdaderamente reaccionario es anteponer sentimientos identitarios a la libertad, la igualdad y la convivencia pacífica de los ciudadanos].

¿Quién puede negar a una comunidad política la capacidad y el derecho a ser transformada y mejorada mediante el ejercicio de la democracia y la participación ciudadana? [Nadie, claro. Pero eso no es lo que reclaman los separatistas, sino exactamente lo contrario. Lo que exigen es el derecho a quitar a sus conciudadanos del resto de España su derecho “a transformar y mejorar su comunidad política mediante el ejercicio de la democracia y la participación ciudadana”].

En cambio, quien sí se ha revelado cómo irreformable es la derecha española, que a lo largo de 150 años ha sido incapaz de desprenderse de una visión centralista, homogeneizadora y trasnochada de España. [Aquí se unen el viejo sectarismo de un sector de la izquierda española, empeñado en identificar al PP con Franco, y una ignorancia oceánica sobre la evolución de la derecha española y la historia de España en general. La derecha decimonónica era foralista y la izquierda, lo contrario. Y ahí están la CEDA durante la Segunda República y la derecha desde 1978 hasta hoy. No es que el PP sea férreamente autonomista. Es que incluso ha participado activamente en la centrifugación del Estado: transferencia de competencias básicas, incumplimiento de sentencias judiciales, Estatuto valenciano (con su célebre Cláusula Camps), realidad nacional andaluza…].

Cada vez que Rajoy amenaza a las instituciones catalanas con medidas penales, no está insultando sólo a los representantes del pueblo catalán, sino al conjunto de la España democrática. [El pueblo catalán como tal no existe; existen ciudadanos españoles de Cataluña. En cuanto a Rajoy, amenazar, lo que se dice amenazar, ha amenazado más bien poco. Y si el Gobierno o la Fiscalía acudieran por fin a la vía penal, lo que estarían haciendo no es insultar a los separatistas sino acabar con el insulto de los separatistas a la ley. Estarían defendiendo al conjunto de la España democrática y muy principalmente a los ciudadanos de Cataluña de sus actuales representantes políticos].

La actual desafección catalana con el Estado español tiene un detonante, la Sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatuto, [la “desafección catalana” es otro sintagma-trampa; el desafecto es de un sector, desde luego importante, de la sociedad catalana y sus orígenes son previos a la sentencia del TC. Son el resultado de 30 años de hegemonía nacionalista en la cultura, los medios y la educación. De Pujol en adelante, la clase dirigente catalana se ha dedicado, prácticamente en exclusiva, a generar desafecto hacia España. Y eso incluye a los gobiernos tripartitos presididos por los socialistas Maragall y Montilla. En cuanto a la sentencia del TC, se limitó a anular los preceptos inconstitucionales más burdos, y con una perspectiva impúdicamente corporativista: basta ver el antes y el después del capítulo judicial] y un principal responsable, el Partido Popular, que de forma insensata y por puro interés partidista prefirió explotar la vía del enfrentamiento territorial y el recurso a los tribunales. [El Partido Popular cumplió con su obligación política de recurrir ante los tribunales un texto no sólo manifiestamente inconstitucional, sino también obsesivamente intervencionista. Lo insólito es que no lo hiciera también el Partido Socialista, presunto abanderado de la igualdad y la solidaridad].

De esos polvos, estos lodos. La actitud claudicante del PSOE tras la Sentencia [El PSOE ha claudicado, sí, pero ante la retórica y los objetivos nacionalistas. Y no hace falta remontarse a Zapatero, Maragall y Montilla. Véase su programa para las próximas elecciones vascas, en el que figura la modificación del Estatuto de Guernica para incorporar el reconocimiento de Euskadi como nación] y el proceso recentralizador impulsado por el PP [Venga. Un ejemplo. Solo uno] han convertido el autonomismo en una vía muerta. [El autonomismo está muy erosionado, pero no por la recentralización sino precisamente por lo contrario: por la dinámica centrifugadora en la que han participado todas las comunidades autónomas desde hace 30 años. Aun así, sigue siendo la única vía viable; la única capaz de asegurar hoy un consenso igual o parecido al de 1978. Lo demás son proyectos de ruptura o entelequias de laboratorio].

Una parte muy importante de la población catalana, y del conjunto del Estado, ya no se siente representada en el pacto constitucional de 1978. [¿Una parte muy importante? Venga, un esfuerzo de concreción: a buscar  encuestas que respalden la necesidad de cargarse la Constitución] El país ha cambiado. [¿Y por eso hay que abordar un proceso constituyente y acabar con siglos de historia en común? Estados Unidos sí que ha cambiado desde su fundación, hace 250 años, y tiene la misma Constitución. Y para los astutos: enmiendas no son reformas].

Es necesario y urgente ampliar el reconocimiento y garantía de los derechos civiles y sociales, incluyendo también el derecho a decidir del pueblo catalán [El derecho de una parte de la ciudadanía a decidir al margen, o incluso en contra, del conjunto simplemente no existe; y su defensa entra en conflicto frontal con los derechos civiles y sociales] a fin que éste pueda decidir libremente cuál tiene que ser su relación con España, sea ésta federal, confederal o de independencia. [O sea que los catalanes tienen derecho a decidir si España es un estado federal, confederal o mutilado. El resto de españoles, no. Dígase así].

No se trata de un desafío a la democracia, sino de un desafío democrático. [La típica frase redonda y hueca. Lo que se plantea es, exactamente, un desafío a la democracia. Y frontal. Es la negación del derecho de todos los españoles a decidir su modelo de convivencia, sus fronteras, su ciudadanía]. Se trata de ampliar la capacidad de decisión de la ciudadanía frente a aquellos que defienden una lectura inmovilista y restrictiva del texto constitucional. [De nuevo, es precisamente lo contrario. Se trata de mutilar la capacidad de decisión de la ciudadanía frente a aquellos que defienden una lectura literal, razonable y hasta generosa del texto constitucional].

Ante esta voluntad democrática, la judicialización del conflicto [La judicialización es el resultado inevitable de la ilegalidad; nadie puede estar al margen de la ley; ni siquiera los nacionalistas] no solo constituye la peor salida posible, sino que trae aparejada una consecuencia todavía más tenebrosa: la politización de la justicia, al convertir los tribunales en una tercera cámara sin control ciudadano. [Es verdad que la justicia española está politizada. Pero lo está, precisamente, por el control ciudadano a través de los partidos. Hay que despolitizarla otorgando a los jueces más poder, no menos. ¿Cómo actuarían esos jueces despolitizados frente al órdago secesionista? Probablemente con más celeridad y contundencia que los actuales jueces politizados].

Los efectos de esta no-solución son de sobra conocidos: aumento de la polarización, pérdida de confianza en las instituciones y bloqueo político, que en este último ciclo electoral ha alcanzado incluso la gobernabilidad del estado. [Es cierto que el bloqueo político es, en buena medida, consecuencia de la situación en Cataluña. Pero no por un exceso de celo constitucionalista de los partidos nacionales, sino por lo contrario. El bloqueo es el resultado del miedo del PSOE a Podemos y su tentación de pactar con los populistas y los nacionalistas para desalojar al Partido Popular del poder].

Por supuesto, estamos ante un asunto complejo, que no admite soluciones mágicas. [Esta concesión al pensamiento racional es anecdótica y táctica, sólo para despistar] Estoy convencida que para abordarlo correctamente son necesarias grandes dotes de escucha y diálogo, actitudes para las cuáles la derecha española, en sus formas más viejas o más nuevas, parece incapacitada. [Si hay un sector al que el PP ha escuchado a lo largo de los años (y en ocasiones con incomprensible condescendencia) es al nacionalismo catalán: véanse, entre otros, los pactos del Majestic, las sentencias lingüísticas incumplidas y el apoyo del PP catalán al Gobierno de Artur Mas en pleno desafío separatista. El pellizco de monja a Ciudadanos lo dejamos sin comentar por inane. Y por vergüenza ajena.

Es urgente una modernización del modelo territorial [Más bien sería una involución del modelo; una regresión, en el mejor de los casos a la época de los Austrias; en el peor, a la implosión yugoslava] que apueste decididamente por el reconocimiento de la plurinacionalidad y del derecho a decidir. [Intentemos concretar esto de la plurinacionalidad. Evidentemente afectaría también al País Vasco, por eso de que tiene lengua propia, privilegios fiscales y una organización terrorista, y quizás a Galicia. ¿Metemos también a Andalucía? ¿Y a Extremadura y a Murcia? Ah no. ¿Por? Ah, que son de segunda. Humm].

Sin embargo, en las condiciones actuales, la incorporación a este nuevo modelo [¿Qué modelo? Me he perdido algo] no puede realizarse a través de la imposición, sino tras el reconocimiento previo de las múltiples soberanías [Insisto, valiente, concreta] que libre y fraternalmente [¿Se referirá a las amenazas de una secesión unilateral y a los 40 años de chantaje y terror etarras?] decidan sumarse, o no, [Este “o no” tiene que ser un amoroso guiño a Rajoy] a articular un proyecto común [Lo de “común” tiene que ser irónico]. Este es el reto que tenemos entre manos; no solo en España, sino también en Europa. [Aviso a Bruselas: también aspira a confederalizar o directamente desintegrar Europa].

Pasado mañana, cuando las calles catalanas recuperen la normalidad, la cuestión territorial seguirá allí. [Sí, como el dinosaurio de Monterroso. Qué metáfora oportunamente antediluviana] Las elecciones vascas y gallegas volverán a recordarnos [¿Si Feijóo saca mayoría absoluta también?] que la España uniforme de Rajoy [en la que hay territorios en los que no se puede aprender ni rotular en la lengua común] es tan sólo un constructo mental. [Por fin una verdad: la España uniforme de Rajoy es un “constructo” mental –digamos ficción; suena menos ortopédico– del nacionalismo identitario]. España es ya un estado plurinacional de hecho. Ahora necesita serlo también de derecho. [Y del revés].

Ada Colau es alcaldesa de Barcelona. [En sus ratos libres].

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Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] en El Mundo, 120916.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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