.

eqm_270916.

Profesionales

A este cerril muchacho derrotado que jamás imaginó llegar a ser nada menos que Secretario General del PSOE, sus luces sólo le permiten vislumbrar que su salvación política y, seguramente, profesional, pasa por resistir amenazando a sus opositores internos.

¿En qué consiste su amenaza? En hacerles sentir el mismo miedo, terror, que él siente.

Es decir: que fuera del partido hace tanto frío como inexperto seas en ganarte la vida fuera de la política.

Y así, desgraciadamente para este país, hay muchos dirigentes, en esa inmensa burocracia que ha conformado un bipartidismo donde, consecuentemente, prima el interés particular entre aquellos que llevan o se proponen llevar toda una vida a cargo del erario público.

De modo que perder una batalla como la que ya se ha abierto desde el lunes supone para muchos, con toda probabilidad, acabar en la cola del paro. Imaginen el pánico imperante en cientos de cargos que, en este envite, se juegan las cosas del comer.

Palabras mayores, pues, terriblemente alejadas de la esperanza del votante.

Cualquier as sacado de la manga, cualquier comodín, puede ser agua caída del cielo.

EQM

Un partido secuestrado

Pedro Sánchez maniobra para eludir la responsabilidad de las continuas derrotas

Editorial de El País, 270916.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se ha sacado de la manga una carta tramposa para eludir las responsabilidades que le corresponden por la sucesión de gravísimas derrotas electorales. Consiste en convocar a los militantes a unas primarias, concebidas en realidad como un plebiscito en torno a su persona, en plazo tan perentorio como el 23 de octubre; y a un congreso en los primeros días de diciembre bajo el siguiente chantaje político: o se está contra Rajoy, o se está a su favor. No se trata de discutir a fondo sobre ideología y estrategia, sino de forzar la alineación de los socialistas entre los partidarios de un “proyecto autónomo” respecto del PP y los sospechosos de entregarse a la derecha. Semejante reduccionismo sería meramente absurdo si no fuera porque se produce además en pleno bloqueo político de España y en medio del difícil proceso de formación de Gobierno.

Olvidadas todas sus afirmaciones previas, en el sentido de que resolver la gobernabilidad era prioritario a solventar los problemas internos del PSOE, Sánchez se enroca para anteponer la necesidad de conseguir “una voz única” en el partido. Se comprende que no le hayan gustado las críticas crecientes a su gestión e incluso que sienta su cargo amenazado por ellas; pero ni se puede hurtar a una fuerza política el análisis profundo de las causas del hundimiento electoral ni se le puede escamotear la discusión seria de ideas y estrategia. Sánchez maniobra para mantenerse en su puesto, acortando al máximo los plazos mientras trata de reconducir todo el debate a la simple cuestión “Rajoy sí, Rajoy no”.

Para dar la impresión de que hay algo más en juego, Sánchez ha confirmado su voluntad de intentar un Gobierno alternativo al del PP. Solo ha precisado que debería ser “de ancha base parlamentaria”, mencionando de nuevo a Podemos y a Ciudadanos como los llamados a ese pacto, y sin descartar a los nacionalistas. A estas alturas, parece un insulto a la inteligencia hacer creer a la militancia y a miles de personas de buena fe que tal fórmula de gobierno es realmente posible y que el PSOE tiene la fuerza como para liderarla. En todo caso, si Sánchez está convencido de que ese debería ser el camino, lo lógico es que pidiera autorización al comité federal del próximo sábado para recorrerlo y atenerse a lo que allí se decida. Pero no es eso lo que plantea al comité federal, sino que intenta el órdago de que convoque ya un congreso en un partido secuestrado por el falso dilema del sí o no a Rajoy.

No se puede organizar nada menos que la elección del líder del partido y un congreso que elabore la estrategia para varios años con un calendario tan traicionero. Porque lo es: Sánchez pretende reelegirse en unas primarias ocho días antes de que venza el plazo para evitar la disolución de las Cortes y la convocatoria de las terceras elecciones generales en un año; y celebrar el congreso de su partido dos semanas antes de esa hipotética e indeseable elección general, pero con él ya reelegido, de forma que pudiera mantenerse en el cargo a pesar de la nueva y previsible derrota. Esto no es preocuparse por España ni por los problemas de los ciudadanos. Esto es la marrullería de un dirigente contestado internamente y decidido a continuar la fuga hacia adelante sin causa que defender.

Sánchez cambia su dimisión por un congreso del PSOE

Tras el desastre del 25-S, el líder socialista fuerza unas primarias antes de que haya Gobierno. La propuesta encuentra amplia contestación en el partido

Anabel Díez en El País, 270916.

Ha llegado el momento de que el PSOE decida su proyecto político y su liderazgo, y eso solo es posible en un congreso del partido. Esta es la razón que ha dado Pedro Sánchez para que los militantes, el próximo 23 de octubre, decidan quién debe ser su líder. Su programa se basará en ofrecer “un proyecto de izquierda, autonómo de los poderes económicos y del PP”, frente a otras opciones “legítimas” cuyos promotores quieren que el PSOE se abstenga ante Rajoy. Esta decisión, que se votará el sábado en el comité federal, saca a la luz el profundo conflicto que viven los socialistas y que Sánchez deja en manos de los militantes.

El conflicto larvado durante casi dos años en el PSOE, muy poco después de que Sánchez fuera elegido secretario general en julio de 2014, explotó ayer con toda crudeza. La guerra ya es abierta ante la decisión del líder socialista, indeseada por muchos dirigentes territoriales, de convocar un congreso del partido cuando aún no está resuelta la gobernación de España.

No creían que se iba a atrever, reconocen dirigentes opuestos a Sánchez, pero su decisión es firme. El lunes la anunció ante la comisión permanente del PSOE y ahora debe ser votada el sábado en un comité federal a cara de perro, en el que se esperan decenas de intervenciones a favor y en contra de la convocatoria de ese congreso. Si es aprobado, los militantes votarán el 23 de octubre entre los aspirantes a la secretaría general. El proceso se interrumpirá hasta la primera semana de diciembre, en la que los delegados a ese congreso —elegidos por las federaciones— elijan a los miembros de los órganos de dirección y aprueben el proyecto político e ideológico del PSOE. La idea de Sánchez es aprovechar las semanas que quedan desde este martes hasta el 23 de octubre para ir avanzando con otros partidos en un posible acuerdo para su hipotética investidura. Si sale elegido secretario general, tendrá una semana para apuntalar ese acuerdo antes del 31 de octubre, fecha tope para que haya Gobierno.

Este calendario tan atropellado, que es considerado una auténtica tropelía para los críticos, lo explica Sánchez por la necesidad de que el conflicto larvado sobre su liderazgo y su proyecto respecto a intentar un Gobierno alternativo al del PP se resuelva a su favor o al de otro que gane ante los militantes. Las bazas que va a utilizar han causado estupor entre sus adversarios internos, ya que incidirán en razones ideológicas, respecto a las que la militancia es altamente sensible. Sánchez defenderá un proyecto “de izquierdas y autónomo de los poderes económicos y del PP”. Con este reclamo, quiere competir con “los compañeros y compañeras” que como él aspiren a hacerse con la secretaría general. A estos, de antemano, sin saber si alguien se va a presentar y quiénes serían, atribuye estar en el sector que “legítimamente cree que el PSOE debe abstenerse para que gobierne Mariano Rajoy”. O, quienes consideran que el PSOE no debe intentar la formación de un Gobierno. Con este alegato a favor de un proyecto de izquierdas, los adversarios de Sánchez tendrán que hacer un esfuerzo de explicación muy notable ya que este ha conectado con la militancia del partido, que le pide que “aguante” y no propicie la abstención de su grupo parlamentario ante una nueva investidura de Rajoy.

Este fue el discurso que este lunes desgranó después de una reunión de algo de más de cuatro horas de la comisión permanente del PSOE, formada por el núcleo central de la dirección socialista. El hecho de que Sánchez convocara a la permanente, con 26 miembros, y no al plenario, otras nueve personas, suscitó el rechazo de los críticos ya que con esa omisión el líder socialista se ahorraba escuchar otras posiciones contrarias a su criterio de convocar un congreso.

Detrás del líder

Hablar claro es lo que este lunes pidió Sánchez y es lo que él hizo. Nunca antes había reconocido que su liderazgo estaba cuestionado ni que había diferencias de proyecto político. Hasta este lunes el secretario general y su equipo habían insistido en que la unidad de acción era absoluta y todos respetaban los acuerdos del comité federal. Sobre los malos resultados electorales en el País Vasco y en Galicia pasó muy por encima y solo señaló que será en el comité federal y también en el próximo congreso cuando se aborde la pérdida de apoyo progresiva e incesante del PSOE. “Yo soy responsable de los fracasos y de los éxitos cuando los ha habido en otras comunidades autónomas”, se atribuyó.

LA PRIMERA DISPUTA SE ABRIÓ EN LA COMISIÓN PERMANENTE

Las ausencias y algún silencio fueron ayer significativos en la reunión de algo más de cuatro horas de la comisión permanente del PSOE. Todos hablaron, a excepción de la responsable de Igualdad, Carmen Montón, consejera de Sanidad del Gobierno valenciano. El presidente de esta comunidad, Ximo Puig, responsable de Políticas Democráticas, no acudió a este encuentro por razones de su agenda institucional. Tampoco asistió el secretario general de Canarias, José Miguel Pérez. Pedro Sánchez abrió el fuego con un somero repaso al resultado electoral del día anterior, pero de inmediato anunció su intención de que el próximo sábado un comité federal vote la celebración de un congreso.

El turno en contra lo abrió la responsable de Política Internacional, Carme Chacón, para quien se cometía “una ilegalidad” si la comisión permanente, y el plenario de la ejecutiva, convocaba un comité federal. Esta no sería la única acción ilegal de esta dirección sino que ha habido otras, entre las que citó la sustitución de Tomás Gómez, como secretario general del PSOE de Madrid. Todos los miembros andaluces de la dirección se opusieron a la celebración del congreso. La presidenta federal del PSOE, Micaela Navarro, de gran prestigio en el partido, se mostró en contra. Otro referente de la organización, Patxi López, sí apoyó su celebración. Ante la evidencia del cuestionamiento del liderazgo solo cabe, a su juicio, que se resuelva en un congreso. Quien gane debe tener todo el respaldo “y una única voz: la del secretario general”, señaló Sánchez.

••

•••

 

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios