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Se nos ha muerto el Tumbaollas

Santiago González en su blog, 061016.

Se llamaba Jorge Sotomayor Raymond y tenía 53 años. Era un remero antiguo de la Argos,  donde firmaba como Tumbaollas, apodo que define el DRAE como persona comedora y glotona. En Twitter tenía cuenta como @abrazafarolas. Gozaba de aprecio universal por su bonhomía, un carácter expansivo y alegre, por un talento literario que de vez en cuando dejaba caer a su paso, como si n querer, y también, por qué no decirlo, por una mano extraordinaria para hacer croquetas, que él se encargaba de freír en los encuentros que periódicamente organizaba en Vitoria el Capitán.

Nunca conocimos personalmente a su mujer, Laura, aunque él la había convertido en un personaje y se refería a ella como ‘la Mari’. Tenía un hijo llamado Luis, que tiene 20 años y a pesar de lo que contaba en el siguiente relato no es cierto que tuviese un perro. Adiós, querido amigo, tu pérdida hace un poco más inhóspito este sitio virtual en el que viviste.

“Salgo de casa con mi perro, alegre y combativo, saludo a las vecinas con mi mejor sonrisa y ellas me corresponden. Yo no tengo perro pero me gusta sacarlo a pasear. Un martes invité a un amigo a comer y como no tengo amigos no vino; comí solo y le hablé mucho, hasta le enseñé las fotos de un viaje que no hice aquel verano lluvioso. Fui al médico y allí fui una señora que se dolía de los huesos; al llegar a casa me miré en el espejo abominable (Borges) y volví a ser yo. Nunca hice negocios con putas pero llevo un putero dentro.

La conocí en un psiquiátrico de La Rochelle que se llama Pier Loti, por allí muchas cosas se llaman Pier Loti; entraba en mi habitación a la hora de la siesta y me enseñaba eso del sexo. Me tenían drogado con Aloperidol pero en cuanto la vi supe que era puta y que la deseaba. Después de mi alivio sexual y de la siesta nos daban descafeinado con galletas y zumo de brick. Luego salíamos a pasear la prostituta francesa y yo por los jardines del centro. Ella no estaba allí por puta si no por orden judicial después de que la pillaran conduciendo bebida. Allí los jueces no se andan con mamonadas, si eres reincidente te ofrecen susto o muerte que quiere decir que o te haces un tratamiento de desintoxicación o al talego; todos acaban en el psiquiátrico.

Yo estaba allí porque salí a buscar un gato con un perro que no tenía.

Una mañana ingresó mi gran amigo Didier, un anciano borrachuzo de barbas blancas y melena más blanca aun. Le dieron una paliza enorme en una Boite de la Isla de Olerón unos fachorros rapados porque tiraba los tejos a una negrita imposible. Tras varias semanas en el hospital de Rochefort lo mandaron al psiquiátrico para que yo la goce. El trío de la muerte nos llamaban los locos y los yonquis: la puta, el viejo y el español. Cada mañana, antes del desayuno, le daba un paquete de Lucky a Didier y un beso a Chantal, ellos me abrazaban y me sentía bien. Tras el desayuno, cada día, pedía permiso para salir al jardín con mis amigos y cada día las enfermeras me decían lo mismo: “No, espera aquí que el Doctor te llamará enseguida” y me llamaba. Una mañana blandeé y le reconocí que no tenía perro y que no buscaba gatos y todo acabó, me dio el alta y tuve que irme. Al día siguiente volví en horario de visita con dos cartones de Lucky y un bonito pijama para Didier. A ella le compré unas gafas de sol muy horteras pero ya no estaba. La noche anterior se había pegado con otra interna musulmana y la habían trasladado a una prisión: la musulmana había muerto. No me dieron referencias de dónde estaba ni me dijeron su apellido. La perdí para siempre. Si aquella noche yo hubiera estado allí aquella tragedia no hubiera sucedido. Didier falleció hace dos veranos en una residencia de Le Chateau d’ Oléron.

Voy a sacar al perro…”

ADDENDA.- Andoni (Neo) envió anoche un obituario personal que reproduzco a continuación:

“Aquel tipo no me cayó bien desde el principio, y sobre todo tras ostentar el honor de haber sido el primer hombre que me ha besado en la boca… del metro de Bilbao. Pero eso no es cierto; en absoluto. Jamás lo he reconocido pero creo que de lejos parecía y de cerca no cabía la menor duda: a aquel tipo lo he querido con toda mi alma. Poco a poco, llamada a llamada, encuentro a encuentro se fue convirtiendo para mí en lo que hasta el jueves 6 de Octubre de 2016, a eso de las cinco y media de la tarde fue para mí mi mejor amigo. Poco antes, ante su cuerpo inerte y alimentado por un tubo bucal que aún lo mantenía con un hilito de vida, solo pude tocar su hombro, rezar un padrenuestro en voz baja y dibujar una invisible cruz en su fría frente. Ni siquiera le dije adiós al darme la vuelta y abandonar la sala de la UCI. No hacía falta, hubiera sido engañarle: mejor hubiera quedado un “hasta luego” pero no se me ocurrió en aquel momento. No importa, seguro que no me lo tiene en cuenta. Ahora, escribiendo estas líneas, se agolpan en mí muchos recuerdos: unas cervezas en Bilbao, unas croquetas en Vitoria, unas cervezas en Castro Urdiales, unas patatas a la riojana en Vitoria, unas cervezas en Guriezo, unos pinchos morunos del Espía en Vitoria, unas cervezas en Santurce. Vamos, que nuestra relación siempre se ha sostenido comiendo en Álava y bebiendo en el primer sitio que nos cuadraba. Siempre alegre, siempre sonriendo, siempre dulce… siempre tú, querido Jorge.

Descansa en Paz.”

[EQM: En este enlace figuran la mayor parte de las despedidas de sus colegas del blog y algunos de sus magníficos relatos].


 

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Adiós al Tumba

Santiago González en su blog, 091016.

Ayer, en la capilla de Escolapios, el colegio en el que estudiaron su hijo y el pequeño de los míos se celebró el funeral por Jorge Sotomayor, nuestro TumbaollasEl remero Andoni Delgado. también llamado Neo en el arte de marear, escribió esta sencilla y sentida crónica. Vaya como un abrazo a sus seres queridos, muy especialmente a su compañera Laura y su hijo Luis, para que recuerden que aquí siempre se le quiso.

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El que cuidaba al Sebas

Andoni Delgado

“¿Cómo escribir la crónica de un funeral? ¿Qué decir en ella? ¿Cómo expresar en palabras una hora escasa de despedida y dolor? ¿Se puede hacer eso sin manchar de lágrimas el teclado, o sin hacer un alto y pensar la siguiente frase que vas a introducir?

Y más sobre todo si el “homenajeado”, a medida que van pasando las horas, va ocupando un sitio cada vez más grande en tus pensamientos y arrinconas incluso hasta las ganas de fumar.

Ahora son las siete de la tarde y hace ya media docena de horas que comenzó el último adiós a una persona que dos días antes aún seguía paseando a un perro que no tenía, que invitaba a comer a un amigo inexistente y le contaba cosas íntimas; que daba alpiste al Sebas —que murió una fría noche de invierno de 2013—, y que volvía una y otra vez al puerto de Castro intentando avisar a dos chicas y un chuleta madrileño, que cuarenta años antes habían decidido salir a navegar, de que se aproximaba una galerna.

Había dejado muchos frentes abiertos en su vida y ninguna herida cerrada en su ronca voz. Pero no le importaba, el alcohol limpia las heridas y el se lo aplicaba en su justa posología… a veces; pero era porque tenía mala memoria y no recordaba si había ingerido la toma anterior; ante la duda mejor curar pasándose que quedándose corto. Cuantas veces me despedí de él con un: Tumbaollas… a cascála. Y va el tío y la casca. Será cabrón. Mira que le decía: no me hagas caso, Tumba… no me hagas caso.

Hace unos años, cuando los funerales se realizaban de cuerpo presente, para una misa funeral sólo hacía falta un cura y el finado. Hoy en día, la mayoría de las veces, aduciendo que es por higiene se hacen sin cadáver (joder, si al pobre difunto le importa un huevo pillar una gripe, el sarampión o una gorronea). Esta ha sido diferente: sí, el no estaba, pero han hecho falta nueve curas para poder subirlo al cielo —Es que a veces se ponía “mu pesao”—. Y el cura que ha presidido la ceremonia, al dirigir unas palabras a los allegados, que han llenado el templo, parecía que le conociera de toda la vida (El que fuera el father Sotomayor, hermano del Tumba, ha ayudado bastante). Ha hablado de su bondad, de su gran corazón, de sus relatos, de su cariño a la Virgen de Begoña (la amatxu de todo bilbáino que se precie) y de que también era un poco canalla… pero un canalla simpático y perdonable.

Su hijo Luis, La Mari, Amaia; su madre Catalina, sus hermanos y hermanas, familia y amigos han guardado un respetuoso silencio durante todo el acto y le han querido honrar con su presencia. Asimismo lo hemos hecho, en representación de La Argos, un servidor, la señora Neotenmeyer, El Capitán, Gorpua, Catalina, Ciudadanomedio, Albatros, Don Uno, Loco y su tío Belosti. El resto, al igual que él, estabais de corazón.

Él nunca se consideró importante, pero lo era. Dicen que los cisnes cantan cuando mueren, pero sin patitos feos sería imposible.”

EQM:

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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