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ricardo-em-161016Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] en El Mundo, 161016.

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El imperio del mal menor

En mi opinión, el candidato republicano Trump es tan poco fascista como Pablemos comunista o la Sra. de Clinton simplemente sincera.

En el caso de los dos primeros, más bien estaríamos ante sendos populistas que cultivan, en exceso, en el primer caso la razón conservadora contra el relativismo y, en el segundo, la hastiada razón contra el capitalismo global.

Dos caras, pues, de la misma moneda populista, peronista, nacionalista, consistente en tomar nota de aquello que ‘la gente’, razonablemente, dice que ya no aguanta más, con objeto de venderle el correspondiente bálsamo de Fierabrás.

En cuanto a la oval felación estudiantil que la actual candidata Clinton soportó conviviendo estoicamente como Sra. del Presidente y que ahora califica en su contrincante Trump como descalificadora para acceder al sillón presidencial que le disputa, decir, simplemente, que aquella hipocresía fue precursora del actual ‘masaje con final feliz’ que tiene por objeto la aparente exclusión del ‘sexo’ a la hora de evadir la ecofeminista y actual persecución del putero, alucinantemente avalada por el Sistema.

Como todos vds saben, para los progresistas estadounidenses el comportamiento del Sr. Clinton sólo fue un transitorio desvarío que no le perdonan ahora al republicano y que explica de sobra que a la actual candidata al mancillado despacho oval aquello no mereciera de su parte reproche alguno.

Exactamente como aquí en España, donde se pasa por alto la verbal -y no sólo- violencia denominada de género si ésta procede del socialismo o de Pablemos y, sin embargo, es radicalmente condenable si el autor es conservador.

Y es que la tabla de valores que mantenía la sensatez, el sentido común, la identidad colectiva occidental, hace ya demasiado tiempo que se tambalea y nos damos con un canto en los dientes si conseguimos el mal menor.

Suponiendo que la Sra. de Clinton sea el menor de los males para la Presidencia de los EEUU. Ya me conformaría yo con que a quien allí mande no se le ocurra organizar otra ‘primavera árabe‘ como la que llevó a cabo Obama, ese Premio Nobel de la Paz que iba a ser lo nunca visto y ha hundido en sangre, literalmente, nuestro Mediterráneo.

EQM

pd. A pesar de la feroz campaña contra Trump en los medios -tame que, por cierto, da para otro trabajo- no pensemos que todo el pescado está vendido. Recuerden los más viejos que Ronald Reagan sufrió también lo suyo, acabo siendo Presidente y, finalmente, no resultó ser lo catastrófico que pronosticaban los expertos. Más bien todo lo contrario. Y es que tan importante o más resulta el equipo que lo rodea y los poderes fácticos, esos lobys que dominan la economía global y, consecuentemente, la geopolítica.

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Mujeres que leen cartas, por Leonard Giovannini [collage y texto].

Hoy hemos representado a K utilizando un cuadro de Frederick Simpson Coburn, combinado con un desnudo de Donald Trump. Esta obra de Illma Gore alcanzó cierta notoriedad hace unos meses; más tarde, un artista desconocido quiso repetir el gag con Clinton, y también nos hemos apropiado del resultado.
Trump parece irrumpir en la estancia a través del espejo, lo cual es muy lógico: nuestro hombre encarna el reverso faltón del pensamiento Alicia (Zapatero ya fue un Trump algodonoso). La carta pone ante los ojos de K los triunfos de Trump, y este agita sus triunfitos a poca distancia, como diciendo “¡Tú eres la más bella!”.
El problema es que el Sextrump (¡sextrumpet!) convoca al Saxoclinton, y la desnudez del candidato acaba causando la de la candidata a los sones del saxofón conyugal. Tenemos dos parejas y dos desnudos, y todo el cuadro, en fin, tiene algo de especular… Y sin embargo los personajes no son simétricos. Ningún giro los haría intercambiables porque, aunque probablemente no cabe esperar mucho de la presidencia de Clinton, ella es la única que representa el sistema.
Por otro lado, el hecho de que haya una Comandante en Jefe ya es una compensación… ¡La rabia del yihadista!
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[Collage y texto de Leonard Giovannini para el blog de Arcadi Espada, 161016 y que se refiere al artículo del periodista en El Mundo, ‘Sextrump‘, también de ayer, que les adjunto infra].

Mi liberada:

Un desagrado recorre el mundo al comprobar en qué barro se libran las últimas batallas de la campaña electoral americana. El mundo siempre me sorprende, de ahí mi escandalosa juventud. ¡Como si la vida no fuera un ir y venir entre Don Juan y Dow Jones! Pero es que la campaña electoral americana es un capítulo importantísimo de una guerra cultural que tiene varios frentes. Ya hemos hablado muchas veces de uno de ellos, que es el lugar de la verdad en la política.

Pero en este tórrido final de campaña coinciden otros dos: el frente de las mujeres y el de la hipocresía. La irrupción de Donald Trump ha impedido calibrar la gran noticia que puede y debe producirse este noviembre: la llegada de una mujer a la presidencia de los Estados Unidos de América. Este acontecimiento no alcanzará los niveles de emotividad que tuvo la llegada de un negro (más o menos) al mismo lugar. Pero, a mi juicio, su potencia simbólica es mucho mayor.

Hillary Clinton en la Casa Blanca culmina la larga marcha de las mujeres desde la cueva hasta la intemperie y regula con un rango ya definitivo su instalación en el mundo. Es irrelevante objetar que ya hay bastantes mujeres allí: Merkel, May o Lagarde, para ceñirse a la política contemporánea. Es verdad, pero comparadas con Clinton todas ellas son gobernadoras de provincias. Podrá objetarse también que Clinton, née Rodham, presidirá la gran nación al tiempo que millones de mujeres son humilladas en otros lugares del mundo.

Es verdad, aunque en muchos de esos lugares siniestros las mujeres comparten con los hombres la primordial humillación de la dictadura, política o religiosa. Pero es que la llegada de Clinton al poder máximo de nuestro mundo deberá suponer un aliento inapreciable para la lucha específica de esas mujeres.

La posibilidad de una mujer Oval ha generado anticuerpos en la sociedad americana. El principal es Trump. Es una hipótesis indemostrable, o sea que ni vale la pena como hipótesis, pero tal vez Trump no habría sido candidato republicano sin esa mujer enfrente. Trump no es el rival de Clinton sino su némesis. No solo representa a los hombres que prescriben para las mujeres un lugar de sombra, sino también a muchas mujeres opacas que hacen lo mismo.

Inevitablemente, en la configuración de la némesis ha hecho su explosiva aparición el sexo. Trump no solo es el fascista americano que retrata la revista Letras Libres en su conclusiva portada de este mes. No solo es el hombre que encarna la post-truth, sino sobre todo la glacial indiferencia ante la verdad. No solo es la prueba de que hay vida extraterrestre, ¡y que no es como la esperábamos!

Es, y ya por encima de todo, el macho que explota ante las romas facciones conventuales de Hillary. Lo que importa del vídeo robado no es el vulgar faroleo sexual. Ni la sospecha de que Trump sea un acosador de mujeres, esto es, un hombre humillado. Macho ni siquiera es sinónimo de viejo: lo decisivo es que sea símbolo de vejestorio.

Sin embargo, la efusión del sexo en campaña ha abierto también el flanco de la hipocresía y ése es el más peligroso para Hillary. Buena parte del argumentario populista frente a la socialdemocracia se basa en la doble faz. Es decir los socialdemócratas hacen —mienten— lo mismo que la derecha, solo que bellamente. A ese flanco apuntan, por ejemplo, los correos robados por Wikileaks a John Podesta, responsable de la campaña demócrata, y en cuyos márgenes aparece una candidata que dice una cosa en público y lo contrario en privado: a favor del libre comercio cuando no hay micrófonos e inquietantemente proteccionista cuando quiere detener la sangría de votos en Ohio.

Como era de esperar, Trump encaró la difusión de su vídeo sexual; lo tildó, con eficacia, de charlas de chicos en el vestuario y pasó al ataque. Y es que enfrente está la esposa de un hombre que fue objeto de una célebre felación mediante becaria en el despacho que tal vez acabe ocupando su esposa. ¿Cómo es posible que los estrategas demócratas se decidieran a echar sobre la mesa de juego el Sextrump? Comprendo que ya hartos de razones se decidieran a aceptar el marco emocional que prescribe el populismo.

Y en este sentido el discurso de Michelle Obama, el jueves en New Hampshire, fue una obra maestra en la retórica de la convicción y puede que haga su camino. Sin embargo hay una amarga evidencia para la candidata: y es que el bocazas sexual que muestra el vídeo bien podría ser su propio marido. En este punto, y a diferencia de Mrs. Obama, no puede presentarle a Trump una alternativa cultural vigorosa. Hay algo muy sombrío para Clinton y para todos los socialdemócratas en este asunto.

Desde hace años el expresidente se pasea por las campañas de su esposa y por la opinión pública norteamericana como un jesús sobre las aguas. Los indicios acerca de su conducta acosadora antes de llegar a la Casa Blanca son tanto o más perturbadores que los de Trump. Una vez allí está comprobado que tuvo varios encuentros sexuales con la señorita Monica Lewinsky, que trabajaba de becaria. Lo tremendo de esos encuentros no fue su carácter adúltero, aspecto que solo implica a tres ciudadanos de la gran nación americana.

Lo que debería haber impedido levantar para siempre la cabeza a Bill Clinton fue la descripción que él hizo del carácter de esos encuentros. Forzado por la necesidad de evitar el impeachment por mentiroso, insistió en que no tuvo relaciones sexuales con Lewinsky (solo «una relación inapropiada»), porque, en su cabeza, una felación no es sexo. No le quito la razón: en las condiciones descritas, de becaria a presidente de los Estados Unidos de América y en el despacho Oval, una felación solo es poder y humillación. Muy excitantes, por supuesto. Puede que Trump haya dicho decenas de veces: «¡Y ahora tú me vas a chupar la polla!». Pero es que con el presidente Clinton fue dicho y hecho.

Me imagino al blanco empobrecido de Ohio. ¡Pero cómo se atreven a sacarle a Trump eso, ellos! Y me imagino luego a un improbable periodista al final del último debate preguntando a Hillary Clinton: Si cree que la nación no puede ser dirigida por un acosador sexual, ¿cómo es que ha seguido usted viviendo con uno?

Pero tiene que ganar.

Y tú debes seguir ciega tu camino.
A.

“Donald Trump ha despertado al gigante adormecido de la América blanca”

Multitud de grupos que predican un nacionalismo blanco apoyan la candidatura del multimillonario republicano

Julie Connan (Le Figaro) / El País, 161016.

“Por favor, sobre todo no me llame ‘supremacista blanco’, prefiero el término ‘nacionalista blanco’. Llamarnos ‘racistas’ o ‘supremacistas’ es negativo y nos perjudica”. Una vez hecha la aclaración semántica, William Johnson, presidente de la formación nacionalista American Freedom Party, pide con la mayor de las sonrisas un zumo de papaya en un típico Diner de un acomodado barrio periférico de Los Angeles.

En las pantallas de televisión, a sus espaldas, el debate presidencial acaba de empezar. Supremacista o no, el discurso de William Johnson, abogado en Los Ángeles, no deja lugar a dudas sobre sus intenciones. “Estoy a favor de un Estado blanco y de la balcanización de los Estados Unidos. La inmigración en los países blancos ha dejado, durante años, la puerta abierta a los inmigrantes; y los refugiados han cambiado nuestras normas por las suyas” suelta de inmediato. Tras él, el camarero, de origen latino, le lanza una mirada de horror.

¿Cómo se puede entonces vivir en California, el Estado con más diversidad de los Estados Unidos, que ya cuenta con más latinos que con blancos? “No tengo ningún problema viviendo en Los Ángeles. Me siento más amenazado en los pueblos donde llegan los inmigrantes”, explica a la salida de la misa, justo antes de entrar en su inmenso rancho.

Este discurso, que hasta hace no mucho habría encontrado un leve eco marginal, tiene no pocos adeptos en esta campaña. “Con Donald Trump, estos movimientos han escogido a su candidato”, nos deja entrever Brian Levi, director del Centro para el estudio del odio y el extremismo en San Bernardino. “Existen desde hace años, pero les faltaba un líder carismático con capacidad para agrupar a una porción del electorado en cólera”, añade el especialista. Ha abierto el terreno político a todos estos grupos (supremacistas, neonazis, ex militantes del KKK), que en el pasado no se habrían puesto de acuerdo sobre un candidato idóneo”.

“Aunque no salga elegido, Trump ha despertado al gigante adormecido de la América blanca”, afirma Johnson, un enamorado de Japón. “Es el líder de un movimiento antiglobalización, populista y nacionalista”. A este sexagenario le encanta contar que fue “delegado de Trump durante cuatro horas”, antes de que la nominación saliera en todas las portadas, viéndose obligado a retirarse.

Aunque no desea decir cuántos miembros integran su grupo, Johnson explica que dan dinero a otros grupos similares, como el Traditional Worker Party que, incluso él mismo, considera “demasiado violento”. Como ellos, el grupo denuncia un “genocidio blanco” y afirmar asistir a la “muerte de la raza blanca, causada por los conceptos de diversidad y de multiculturalismo”, pero ve en el polémico presidente filipino, Rodrigo Duterte, una especia de héroe. “Como Trump, Duterte es un líder fuerte, típico de las próximas generaciones”.

El voto femenino castiga a Donald Trump en las encuestas

El Mundo, 161016.

La candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, está consolidando su ventaja sobre el aspirante republicano, Donald Trump, gracias al apoyo de las mujeres, según varias encuestas publicadas este domingo.

Los sondeos muestran que a Trump le está pasando factura la reciente salida a la luz de un vídeo con comentarios denigrantes sobre las mujeres que hizo en 2005 y de varias acusaciones de acoso sexual.

Según una encuesta conjunta del “Wall Street Journal” y la cadena NBC, Clinton tiene actualmente 11 puntos de ventaja (48 % frente al 37 %) entre los votantes probables, una clara subida respecto a los 6 puntos de mediados de septiembre.

El cambio, según el diario neoyorquino, responde principalmente al creciente respaldo a Clinton por parte de mujeres y votantes indecisos o que planeaban votar a un tercer partido. El sondeo, elaborado entre el 10 y el 13 de octubre, tuvo lugar tras el segundo debate presidencial, pero antes de que esta semana varias mujeres acusasen a Trump de haberlas acosado sexualmente durante las últimas décadas.

Entre los encuestados, un 67 % cree que Clinton sería mejor como presidenta a la hora de gestionar asuntos que afectan a la mujer, mientras que sólo el 17 % elige a Trump.

Según otro sondeo publicado por la cadena CBS, Clinton tiene una ventaja de 6 puntos en los estados disputados entre demócratas y republicanos, gracias sobre todo a un aumento del apoyo por parte de las mujeres.

Su ventaja entre las mujeres en esos estados es ahora de 15 puntos, frente a los 5 de hace un mes, según la encuesta, que muestra que Trump ha perdido respaldo entre las republicanas. Un 70 % de los consultados en el sondeo considera que Trump no respeta a las mujeres. Según la media de encuestas que elabora la web Real Clear Politics, la ventaja de Clinton a nivel nacional se sitúa en 5,5 puntos.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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