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¡Vete pa Alemania, ZPedro!

Ya llevo meses advirtiendo de que el bello ZPedro es un peligro público para el poco sentido común político que nos queda intentando enderezar a este país.

Un señor que, siendo experto en liquidar, por ejemplo, la organización de la Federación Socialista Madrileña, elegida en primarias por miles de sus militantes, imponiendo una gestora incluso implicando a un honesto cerrajero a la hora de cambiar las cerraduras, reacciona furibundamente a que su partido haga lo mismo con él y encima lo hace con el argumento de que -como también dice la yaya Carmena- la democracia representativa tiene los días contados porque vuelve la asamblearia que él hace tiempo está impulsando para evitar que el Comité Federal -el máximo órgano colectivo y político del PSOE entre Congresos- siga teniendo y ejerciendo las competencias que estatutariamente le corresponden, entre ellas las de establecer los proyectos, los pactos y controlar al Secretario General.

Un señor que ha estado desaparecido desde que estatutariamente le echaron de la Secretaría General y del que sus votantes tuvieron noticias cuando se supo que, en plena crisis de Gobierno, en pleno calendario parlamentario y en pleno curso escolar, se había vuelto a ir de vacaciones, esta vez a Los Ángeles, con su familia y tan pancho.

Un señor que cuenta entre sus aliados dispuestos a quemar las naves organizativas de su partido -a base del sólido argumento político de enarbolar un odio eterno a los peperos– con un Patxi que malgobernó el País Vasco gracias al PP o un Iceta que se abstuvo en Cataluña para que gobernara la corrupta, independentista y conservadora CIU.

Un señor que quería gobernar España pactando con Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya, el Partido Nacionalista Vasco y lo que queda de Convergencia. Es decir, que se encontraba a punto de parir nada menos que el rumorerado ‘Gobierno Frankenstein‘.

Un señor que quería evitar que el populismo se lo merendara mediante la fabulosa argucia de convertirse él mismo en populista y arruinar a su partido.

Un señor que blandía el No es No, alegando que era lo que le había mandatado su Comité Federal pero que en cuanto éste órgano -con el fin de que este país tenga un Gobierno- en su reunión de ayer -a la que él no asistió- ha decidido abstenerse para que gobierne el partido más votado y ejercer la oposición, le ha faltado el tiempo para anunciar por Twitter que se preparen porque ya se encargará de que los militantes que le siguen “recupere y reconstruya su PSOE. Un PSOE autónomo“.

Cada vez comprendo más las poderosas razones por las que -aunque tardíamente- la mayoría del Comité Federal tomó la decisión de forzarle estatutariamente a dimitir. Tanto por las razones que cuentan como por las que me imagino.

No me cabe la menos duda de que, afortunadamente, muchos de quienes deberían velar de contínuo por el interés general de España tomaron, por una vez, la decisión oportuna de quitarle políticamente de en medio.

Y más nos valdría a todos que esos mismos poderes institucionales o fácticos le convencieran de la conveniencia de que su maestro, el arruinador ZP, le consiguiera un puesto a su lado en Alemania y dejara de pregonar en nuestro país el discurso más surrealista y devastador que se recuerda desde la muerte del dictador, proveniente del socialismo.

EQM

Felipe González informó a Rajoy del golpe que preparaba el PSOE contra Sánchez. El Gobierno en funciones y la dirección del PP se sirvieron de múltiples canales de comunicación con el PSOE que les mantuvieron informados de la asonada que se preparaba contra Pedro Sánchez. Federico Castaño en vozpópuli, 061016.

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zpedro-231016-twitter-2Twitter de ZPedro ayer

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El día del golpe era este domingo

El sanchismo carece de una propuesta ideológica reconocible, no hay en él sustancia ni un cuerpo de doctrina que lo sustente. Tampoco hay un conflicto estratégico

Ignacio Varela en El Confidencial, 221016.

En el designio de Pedro Sánchez no se contemplaba que los socialistas se reunieran hoy para debatir sobre la investidura y/o las elecciones. Lo programado era que dedicaran la jornada a reelegirlo como secretario general.

El calendario se diseñó con audaz precisión. Constaba de cuatro pasos:

1. Comité federal del 1 de octubre, destinado a convocar un congreso exprés y una primaria ‘trucha’ (en lunfardo: falsa, fraudulenta) para blindar la jefatura orgánica de Sánchez.

2. Unos días más tarde, anuncio de un acuerdo con Podemos y los independentistas para formar gobierno: 178 votos sumando al PSOE, a Unidos Podemos, al PNV, a los exconvergentes y a ERC. El trato estaba prácticamente cerrado.

3. Plebiscito de Sánchez el 23 de octubre (es decir, hoy). Proclamación sin rivales.

4. Mañana, visita al Rey: “Señor, los números dan”.

Si todo iba sobre ruedas, Sánchez llegaría a fin de mes como presidente de un espectral “Gobierno Frankenstein”. Si algo se torcía por el camino, habría elecciones; pero, cautivos y desarmados los cabecillas de la baronía, él tendría atada y bien atada la secretaría general para cuatro años más.

El comité federal del 1 de octubre fue innecesariamente brutal, pero ese día se paró el verdadero golpe, el que estaba programado para hoy, día 23. Hubo que hacerlo de forma sangrienta porque quienes podían no supieron ni quisieron actuar antes. Lo dejaron llegar demasiado lejos y, al final, tuvieron que extirpar el tumor en plena calle, a corazón abierto, sin anestesia y usando cuchillos carniceros en lugar de bisturí. La incuria tiene su precio, y la culpa de ese desastre los acompañará para siempre.

La decisión que previsiblemente tomará hoy el comité federal será dolorosa, pero sin efectos tan profundos y duraderos como se auguran. En realidad, no deja de ser una decisión táctica. Porque no existe en el Partido Socialista una lucha ideológica merecedora de tal nombre.

Conflictos ideológicos fueron lo del marxismo en los setenta, o la ruptura con UGT en los ochenta; incluso el divorcio entre felipistas y guerristas en los noventa tenía derivaciones ideológicas. Pero lo de ahora no tiene nada que ver con aquello. El sanchismo carece de una propuesta ideológica reconocible, no hay en él sustancia ni un cuerpo de doctrina que lo sustente.

Tampoco hay un conflicto estratégico, si por tal se entiende la confrontación entre dos proyectos divergentes de medio y largo plazo para el país y para el partido.

Precisemos: es obvio que el PSOE sufre un grave problema ideológico y estratégico, pero este no viene de la contraposición de dos propuestas diferenciables (ojalá fuera así, al menos la cosa tendría un poco de grandeza), sino del desierto en ambos terrenos. La última vez que ese partido planteó algo parecido a un proyecto para España fue en 2013, de la mano de Rubalcaba. Lo que vino detrás fue, con palabras machadianas, “el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza”.

Entonces, ¿por qué se han peleado de esta manera feroz y autodestructiva? Simplemente, por Pedro Sánchez. Lo vistan como lo vistan, el principal factor de discordia en el socialismo español durante los últimos dos años ha sido la figura de su secretario general.

Hay personas que dedican la vida a crear problemas mientras otras se dedican a resolverlos. De la misma forma, hay liderazgos políticos que unen a los suyos (Obama para los demócratas, Renzi para el centroizquierda italiano, Reagan en su día para la derecha norteamericana) y liderazgos divisivos (Trump para los republicanos, Corbyn para los laboristas, Sarkozy para la derecha francesa). Podríamos llamarlos “liderazgos tóxicos”. El de Sánchez pertenece de lleno a esta categoría.

El sanchismo no es un sector del socialismo español: es desde el primer día un hecho puro y crudo de poder interno. Un tipo se encarama al poder con un golpe de audacia en un momento de confusión; y quienes se lo permiten se arrepienten inmediatamente después. Todo lo que viene a continuación es una historia bien simple: unos defendiendo con uñas y dientes la colina conquistada y los otros buscando el modo de desalojarlo de ella con el menor coste posible.

El problema se ha envenenado hasta la explosión final por dos factores:

Por un lado, que era un secretario general elegido por las bases y dispuesto a instrumentalizar esa fuente de legitimidad como barricada para defenderse de sus enemigos. Y por otro, que esa querella doméstica se entrelazó con un calendario electoral que mostró su pobre desempeño como líder social, pero le permitió cabalgar durante meses sobre el bloqueo del Gobierno y la crisis institucional del país.

Por eso, porque no tiene contenido ideológico ni estratégico, el suflé de la batalla entre socialistas tenderá a descender rápidamente una vez desaparecido el factor de división.

En todo caso, el de hoy será el primer debate políticamente adulto en el seno del PSOE desde las elecciones del 20-D (casi diría que el primero desde que Rubalcaba abandonó la secretaría general). Será lo que Javier Fernández ha descrito certeramente como “un aterrizaje de emergencia en el principio de realidad”.

El PSOE saldrá de este período debilitado y desorientado, pero no roto (dejo aparte el problema crónico del PSC). El sanchismo se disolverá como un helado puesto al sol en pleno mes de agosto. Empezaremos a comprobarlo en el comité federal y en la votación de la investidura. En nombre de la cultura de partido y gracias al buen hacer de Javier Fernández, la crispación está descendiendo aceleradamente.

En ese sentido, este comité federal es el principio de la normalización política del PSOE tras un período que podríamos describir como convulsivo y alucinógeno. Espero que el síndrome de abstinencia no se les haga demasiado penoso.

Eso quizá amortigüe la efervescencia de las malas pasiones. Pero, tras consumar la inevitable abstención, nada les librará de hacer frente a sus verdaderos problemas de fondo: el vacío de respuestas ideológicas contemporáneas, la ausencia de soluciones reconocibles para la agenda de España, la necesidad de adaptarse a la realidad de una izquierda sociológica y políticamente dividida en dos mitades y el diseño de una estrategia de oposición que a la vez sea útil para el país y les devuelva la competitividad perdida. Lo que es una redundancia, porque solo volverán a ser competitivos cuando vuelvan a ser útiles al país.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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