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De cobras y piropos

Aunque si les queda capacidad de asombro viviendo en la ‘nación de naciones’ [© ZPedro] donde todo es posible, no se pierdan el artículo-entrevista que un periódico pretendidamente serio como El País publicaba ayer a propósito del machismo:

¿Es machista decir a tu compañera de trabajo: ‘qué guapa estás’?

No sé que resulta más alucinante, si el preámbulo, repleto de demagogia y falsedades, el texto y sus preguntas, o las respuestas, entre ellas las de una tal Barbijaputa [sic], ‘twitera feminista’. Se lo inserto más abajo.

Juguen vds mismos si nos hemos vuelto locos o se trata de que un pueblo tiene lo que se merece.

Pura degeneración.

EQM

¿ES MACHISTA DECIR A TU COMPAÑERA DE TRABAJO: ‘QUÉ GUAPA ESTÁS’?

Sentarse en el autobús con las piernas abiertas, poner pendientes a tu hija recién nacida… Cuatro feministas combativas responden

Elena Horrillo en El País, 021116.

A juzgar por los datos, España sigue siendo un país machista. El pasado año murieron 60 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, según datos del Instituto de la Mujer. La mitad de ellas tenían menos de 40 años. Según datos de 2015, un 25 % (una de cada cuatro) de las adolescentes entre 16 y 19 años sufrió violencia de control en los últimos 12 meses. En España, se denuncian más de un millar de violaciones -con penetración- al año, aproximadamente tres al día, una cada ocho horas. La brecha salarial se encuentra en el 24 % y aumentando; es decir, una mujer debe trabajar 88 días más para cobrar lo mismo. Además, sufren más el paro -una tasa del 18,41 % para ellos y de 21,82 % para ellas, según la última EPA– y la temporalidad del empleo.

Eso son los grandes datos, los obvios. Pero ¿de dónde viene ese machismo? Los expertos apuntan a la herencia franquista y resaltan la importancia de la educación para ir desterrándolos. Sin embargo, las encuestas no aportan datos halagüeños: los estereotipos de género continúan y muchos de ellos se perpetúan en las generaciones más jóvenes. Un 33 % de los adolescentes -entre 12 y 24 años- se muestran favorables a afirmar que “está bien que los chicos salgan con muchas chicas, pero no al revés”, según el informe Jóvenes y género, el estado de la cuestión, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción.

Este mismo informe certifica que entre los jóvenes persisten ideas como que los hombres no deben llorar, que ser agresivo es atractivo o que “un buen padre debe hacer saber al resto de la familia quien es el que manda”. El machismo prevalece y algunos adolescentes no lo perciben como tal. Pero ¿y los adultos? Mayoritariamente se rechazan expresiones extremas de machismo, pero hay situaciones en las que la línea se vuelve mucho más difusa. ¿Es machista decirle a una compañera de trabajo que está guapa? ¿Escuchar reggaeton? ¿Y poner pendientes a tu niña con unos pocos años de edad?

Por eso hemos preguntado a cuatro combativas feministas. Las presentamos: June Fernández, coordinadora de la revista Pikara Magazine; Nuria Varela, periodista y autora de libros como Feminismo para principiantes, La voz ignoradao Íbamos a ser reinas; Barbijaputa, tuitera feminista, escritora y columnista de eldiario.es; y Lucía Lijtmaer, periodista y escritora.

P. ¿Es machista sentarse en el metro o el autobús con las piernas abiertas, ocupando más espacio que una mujer?

Barbijaputa: “Obviamente es machista. Y es una práctica que solo ejercen ellos: ocupar más espacio del que necesitan y ponerse cómodos en un espacio que es de todas, aunque así invadan el espacio que nos corresponde a nosotras. Eso es machista a más no poder”.

June Fernández: “Esa tendencia es resultado de una socialización en la que desde la infancia a los hombres se les permite ocupar más espacio que a las mujeres. Desde niñas se nos insta a cerrar las piernas, porque en nosotras ese gesto se considera indecoroso. Pensemos en el patio del colegio: lo habitual que es que esté acaparado por los niños jugando al fútbol, mientras que las niñas quedan en los márgenes. En inglés se utiliza la expresión manspreading, traducida a menudo como “espatarre”; quien abre las piernas en el metro no lo hace por machismo, sino por una inercia derivada de que está acostumbrado a ocupar mucho espacio con total tranquilidad”.

Nuria Varela: “Sí, es machista. Es la actitud de ocupar todo el espacio público”.

Lucía Lijtmaer: “Sobre todo, es de mala educación”.

P. ¿Es machista invitar a una chica a una copa?

B.: “Sí, si solo invitas a chicas. Lo estás haciendo por su género y no por cualquier otro motivo”.

J. F.: “La convención social, afortunadamente en desuso, de que el hombre paga, tiene que ver con esos roles en los que el hombre es el proveedor y utiliza su dinero como elemento de seducción. Abogo por unas relaciones igualitarias en las que a veces paga él, a veces ella, a veces a medias”.

N. V.: “Si se hace siempre y por obligación, sí. Invitar a una copa es una actitud normal, pero tanto en hombres como en mujeres”.

L. L.: “No es machista, a menos que quieras algo a cambio”.

P. ¿Es machista decirle a una compañera de trabajo: “Qué guapa estás hoy”?

B.: “Es machista si solo lo haces con mujeres, que es siempre el caso. Nunca he visto a un hombre decirle a otro hombre: ‘Tienes el guapo subido’. El piropo per se parece inofensivo, pero es la prueba de que ellos se sienten con la autoridad de interrumpirte en lo que estés haciendo para puntuarte por tu físico, sin importarle cómo pueda sentirse ella. ¿Por qué dar por hecho que ella va a sentirse bien y no sexualizada en mitad de una jornada laboral? ¿Por qué dar por hecho que ella se va a alegrar por lo que se opine de su físico cuando, quizás, lo que necesite es se que alabe su trabajo, que es el que le cuesta un esfuerzo?”.

J. F.: “Creo que hay que analizar también la actitud, la comunicación no verbal y observar si nuestro comentario puede incomodar. Tengamos en cuenta también que las mujeres recibimos a menudo comentarios sobre nuestro físico que, de forma aislada, pueden parecer inofensivas, pero que por acumulación hacen mella. No necesitamos esa aprobación masculina; de hecho, uno de los elementos de la cultura machista es educarnos para necesitarla. Pensemos si ese tipo de halagos nos salen también hacia los compañeros hombres”.

N. V.: “Depende. La diferencia entre decir una frase agradable y hacer acoso sutildepende de quién la dice, del grado de confianza, del tono, la reiteración… Que todos los días las mujeres pasemos un examen sobre nuestro aspecto al llegar al trabajo es machista y, además, una pesadilla”.

L. L.: “No tengo una opinión al respecto: no creo que sea uno de nuestros principales problemas sociales”.

P. ¿Es machista ceder el paso o el asiento a una mujer?

B.: “Si eres hombre y solo lo haces con mujeres, claro que es machista, porque es paternalista y condescendiente. ¿Qué les hace pensar que no podemos sujetar una puerta o que tenemos más necesidad de sentarnos que ellos?”.

J. F.: “Los gestos de caballerosidad se pueden considerar como machismo benevolente, que parte de viejos prejuicios en los que a la mujer se la considera ‘el sexo débil’, el que hay que proteger y atender. Pero no creo que se trate de eliminar estas prácticas, sino de que todas las personas cedamos el paso a otras por educación, independientemente de nuestro género.

N. V.: “Si se hace por ser mujer, sí es machista. Ceder el paso o el asiento es buena educación, independientemente de si es hombre o mujer”.

L. L.: “Solo es machista si crees que necesita pasar primero porque no sabe abrir la puerta sola”.

P. ¿Es machista que te guste el reggaeton?

B.: “El reaggeton tiene letras más allá del machismo: es misoginia pura. Tengo amigas a las que le gusta bailarlo y a la vez son conscientes de qué representa eso para ellas como mujeres. En mi caso no es compatible: me da mucho asco”.

J. F.: “No creo que haya géneros musicales más machistas que otros. Hay machismo en las letras y en los vídeos. Lo suyo es hacer un consumo crítico y a partir de ahí darnos permiso para las contradicciones: ‘La letra es demencial, pero, oye, me encanta esa canción’. Y, más que denostar a un artista o a un género determinado, visibilizar alternativas, como el reggaeton feminista, que lo hay”.

N. V.: “La mayoría de las letras de reggaeton, más que machistas, hacen directamente apología de la violencia. Eso no tiene nada que ver con la música, que obviamente puede gustar o no. El problema son las letras”.

L. L.: “¿Por qué va a ser machista? Si se refiere a las letras yo creo que -como cualquier arte- son un espacio de juego metafórico y simbólico. No me gustan las que menosprecian a las mujeres. Por ejemplo, yo soy fan de Guns N’Roses pese a sus letras machistas. Eso no me convierte en machista, solo en acrítica”.

P. ¿Es machista el actual reparto del permiso por maternidad?

B.: “Todo lo que sea diferenciar por géneros me parece machista. Que ella para no significa que se le tenga que asignar más tiempo y espacio para la crianza y los cuidados que a ellos. Nos crea una sobrecarga de responsabilidades que deberían ser compartidas”.

J. F.: “La disparidad en la duración desigual de los permisos de maternidad y paternidad son reflejo de una sociedad en la que se ha naturalizado que la responsabilidad de la crianza recaiga en la madre. Esto sigue siendo así a pesar de la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral. Es escasísimo el porcentaje de hombres que solicita reducciones de jornada para dedicarse a la crianza. La Plataforma por unos Permisos de Paternidad Iguales e Intransferibles (PPINNA) sostiene que cambiarlo de raíz contribuiría a que los hombres se implicasen más y a que a las mujeres no se las discriminase tanto en el ámbito laboral. Es un debate interesante al que yo no veo soluciones sencillas”.

N. V.: “Sin duda: es machista. Los permisos para el cuidado de hijos deben ser de maternidad y paternidad, iguales e intransferibles. La situación actual presupone que las que cuidan son las mujeres”.

L.L: “Sí, es machista. Los países nórdicos (como Suecia, Noruega y algo menos en Islandia) pueden repartir sus permisos entre padre y madre desde un total de 480 días. En Suecia hay además 60 días que son obligatorios para el padre”.

P. ¿Es machista justificar un comportamiento diferente del habitual en una mujer “porque tiene la regla”?

B.: “Solo nosotras podemos hablar de cómo nos afecta, en qué momento y situación, nuestra menstruación. Para eso somos las que la sufrimos y lidiamos con ella. Que un hombre busque razones en nuestra menstruación porque algo que hemos hecho o dicho no le ha gustado es machista. Porque dan por hecho que no quisimos hacerlo o decirlo, y se tiende a la condescendencia y a ignorarnos, sin que nosotras hayamos dicho que se debe a eso. El ‘déjala, estará con la regla’ es de un machista que asusta”.

J. F.: “Es machista desacreditar o ridiculizar a una mujer diciendo: ‘¿Qué pasa, que tienes la regla?’. También es machista y androcéntrico [centrado en el punto de vista masculino] que la regla siga siendo un tabú, y que una mujer con síntomas asociados a la menstruación que entorpezcan su vida reciba burlas e incomprensión”.

N. V.: “Sobre todo, es una memez”.

L. L.: “Sí, es machista. Y es una creencia arraigada en la historia de la ciencia: el cuerpo de la mujer no fue tomado como normal en España hasta los años ochenta. Nunca se tomaron en cuenta sus síntomas ante cualquier enfermedad hasta entonces, y por eso se piensa que es un cuerpo extraño”.

P. ¿Es machista ponerle pendientes a tu hija cuando es un bebé?

B.: “Es una forma de diferenciarnos. Como de bebés tenemos el mismo aspecto, es importante para el patriarcado que haya algo que nos diferencie: los pendientes, la ropa rosa, etc. Es fomentar los estereotipos de género, posicionar a los bebés en la sociedad, para que sean percibidos por el resto, -y no solo por la familia, que sabe su género-, de una u otra forma, porque luego se va a esperar de ellos unos u otros comportamientos en función de su género. Para que ellos y ellas ya perciban las diferencias, los matices, qué mensajes van para unos y qué mensaje para ellas: ‘los niños no lloran’ y ‘las niñas no se manchan”.

J. F.: “No diría que es machista, sino que vivimos en una sociedad sexista en la que la ambigüedad de género se penaliza, una sociedad en la que ‘nenaza’ y ‘chicazo’ son insultos. ¿Por qué hay esa necesidad de diferenciar el género de los bebés? ¿Por qué lo primero que pregunta la gente ante un embarazo es: ‘¿Será niño o niña?”.

N. V.: “Es una marca de género. Si no se lo hacemos a los niños, ¿por qué sí a las niñas? Sería mucho mejor esperar a que ella decidiera”.

L. L.: “La imposición de cualquier creencia religiosa o estética a un menor que no tiene capacidad de decidir siempre me parece un terreno pantanoso”.

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Notas.-

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