.

eqm_071116.

Señores, venga alegría!

La gentuza de Pablemos, esto es, sus delincuentes, juega con las actuales coordenadas irracionales de una sociedad donde la supremacía moral de la izquierda permite que si el delito lo comete el populismo bolivariano… se trata de Robin Hood.

Un día sí y otro también. Nada extraño, por otra parte.

Me repito, y no me cansaré:

En un país donde, por ejemplo, la noticia de la semana pasada en TVE -la televión pública, óiganlo bien-  sigue consistiendo en una friki ‘cobra’, entre afectiva y musical, y donde una chiquilla de 12 años muere de la última de sus borracheras sin que desde el poder ejecutivo nadie haga cumplir la legislación protectora del menor ni desde el poder judicial nadie se pregunte qué patria potestad ejercían sus padres, parece evidente que aquí lo que urge es revolucionar la educación y, desgraciadamente, esperar 20 años… a ver si escampa.

Recuerden: en la tragedia del Madrid-Arena había miles de menores borrachos, merodeando con su ya tradicional botellón fin de semana, y, que se sepa, ningún padre ni madre fue responsabilizado por ello. Y eso no fue casual, desde luego, sino una nueva forma de entender -socialmente y desde el poder- los deberes de hijos y padres.

A ver qué y cuánto esperamos.

EQM

pd. La iniciativa de la CEAPA, impulsando con huelgas familiares [sic] que los niños no hagan deberes, es de un aberrante que no tiene nombre. Tal movida supone el hundimiento de la poca autoridad que les que queda a los padres y profesores para ejercer sus obligaciones respectos a los menores.

Sin olvidar que un niño se enfrenta al reto del estudio, análisis, reflexión, cálculo, sólo cuando, en la soledad de su pupitre, de su mesa de trabajo en casa, intenta solventar sus obligaciones escolares, ejercitando el entendimiento para alcanzar o comprender algo [RAE].

.

robemosBenilo y Arcu

Coreanos

Ellos sí quieren deberes y reválidas, y así les va

Luis Ventoso en ABC, 051116.

En España es moda flipar con el terruño autonómico, abstraerse en el propio ombligo y mitificarlo. Pero el mundo no funciona así. La globalización nos ha entrelazado como nunca antes. Las empresas, ciudades y alumnos españoles compiten en una liga universal, dura y sin pamplinas, donde tienes que acreditar tu valía.

¿Han ido alguna vez a clase con un coreano? Una amiga mía, mi mujer, para más señas, estudió inglés durante un año con gente de todo el planeta. Había italianos y españoles, afables y bullangueros. Había un árabe (un día la teacher les preguntó en un ejercicio qué harían si fuesen millonarios y el tío respondió con la verdad: «Es que yo ya lo soy»). Había rusos, listos y dispersos. Había de todo… y luego estaban ellos: ¡los coreanos! Se entregaban con concentración extrema, se traían la lección machacada de casa, todo lo que no fuese un diez los sumía en un rictus compungido. Arrasaban, y más teniendo en cuenta que partían con la desventaja de tener que aprender un nuevo alfabeto.

Tras ser una colonia pisoteada por Japón desde 1905, en 1948 se fundaron los estados independientes de Corea del Sur y la República Democrática de Corea del Norte. Eran los mismos coreanos arriba y abajo, separados por una raya arbitraria, una frontera del Telón de Acero. Pero a la vuelta de cincuenta años, los del Sur habían convertido un territorio semianalfabeto en una potencia industrial, con firmas globales como Samsung, Hyundai y LG. Los de arriba, abrazados al estimulante comunismo, lograron hambre y dictadura. Y ahí siguen, sometidos a un sátrapa mitad bufo mitad genocida.

¿Cuál fue el secreto del milagro coreano? La educación, concebida como una obligación patriótica para el avance del país. Cada semana, los alumnos surcoreanos estudian 16 horas más que la media de la OCDE. Las jornadas son de seis horas de clase y luego cuatro o cinco más en academias de refuerzo. Todas las familias ahorran para pagar pasantías. Las plazas de magisterio se reservan a los mejores currículos. Los maestros son venerados. «Al profesor no se le pisa ni la sombra», reza un aforismo. La exigencia llega al exceso, es cierto. Son los mejores en los informes PISA, pero también ostentan un lacerante récord mundial de suicidios de escolares. Sin embargo, resulta innegable que han levantado su país hincando los codos.

Entre amargar la vida de los estudiantes como en Corea o hacer huelgas contra los deberes y las reválidas como en España debe haber un término medio. Los niños españoles serán adultos que se jugarán su futuro con esos coreanos que se desloman. Dado que son tan inteligentes como nosotros y encima trabajan el doble, ¿a quién le ira mejor? Es evidente.

España, donde acaba de morir una niña de 12 años en un botellón, se revuelve airada contra los deberes y ha logrado tumbar unos necesarios exámenes de nivel, tachados de «reválidas franquistas». Pero ese mismo país asiste indiferente al hecho asombroso de que menores de edad se ponen ciegos cada viernes y sábado en sus plazas públicas (impidiendo dormir a los vecinos y dejando toneladas de mierda que no recogen). La cultura del esfuerzo está mal vista en Botellolandia. El futuro emitirá su veredicto.

  • En el interesante artículo de Cesar Antonio Molina que el adjunto infra, el autor convendría que reflexionara sobre su concepto respecto a las virtudes de la enseñanza laica. Lo que se enseñaba en la escuela y que ahora ya no se enseña no se debía a una supuesta laicidad correcta. En absoluto. Tampoco de la formación en familia. Más bien al contrario: se cuidaba la moral y la ética de la convivencia y, por tanto, también el esfuerzo, mérito y capacidad. Más bien convendría repasar la actual ausencia de valores, el aprobado a la cubana, la decrepitud profesional del magisterio, la liquidación de exámenes y reválidas, el NO a los deberes y muchas otras cositas que tienen que ver mucho más con la desvergüenza del poder y la acomodación social y docente que con el Estado laico.

.

La izquierda y las reválidas: dinero y aprobado general

Jesús Cacho en vozpopuli.com, 281016.

“Vamos a abordar la suspensión de los efectos académicos de las evaluaciones de finales de la ESO y del Bachillerato hasta que concluyamos el pacto por la educación” (…) “hasta ese momento, la evaluación final del Bachillerato no será necesaria para adquirir el título y tendrá valor únicamente para acceder a la universidad”. Son frases textuales de Mariano Rajoy, pronunciadas en la mañana de este jueves desde la tribuna del Congreso con ocasión de su réplica al portavoz del PSOE, Antonio Hernando, que le acababa de pedir un compromiso para “paralizar ya” esas pruebas. Las cámaras de televisión enfilaron de inmediato al ministro de Educación, Iñigo Méndez de Vigo, sentado en las bancadas populares, cuya cara era un poema, un folio en blanco dominado por el pánico.

Rajoy ha puesto el RIP a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), un intento fallido de abordar un problema tan viejo y tan grave como es el de la Educación en España, y cuya estrella polar eran las dos reválidas (una al terminar la ESO y otra al final del Bachillerato) destinadas a homogeneizar en lo posible los niveles educativos de los jóvenes españoles por encima de las fronteras autonómicas. Adiós a las reválidas. Viva el aprobado general.

Nunca mejor aquello de que lo que mal empieza, mal acaba. La obra magna del ex ministro José Ignacio Wert y de su ex secretaria de Estado, entonces también novia y actual esposa, Monserrat Gomendio, agoniza entre el cabreo de la comunidad educativa y el estupor de los expertos, muchos y muy valiosos, que dentro de las filas del propio PP saben de la materia y con los que la pareja atómica no consensuó ni una línea. Cosas de la infinita soberbia de un tipo como Wert, a quien Rajoy premió después con la embajada española en París ante la OCDE, no sin antes haber premiado igualmente a la Gomendio como “secretaria general adjunta de Educación” en idéntico organismo.

Una suerte. Y un chollo. Los dos viven ahora su idilio en la ribera del Sena con cargo al Presupuesto, mientras en España las calles de no pocas ciudades se llenaban este miércoles, mientras Rajoy desgranaba su discurso de investidura en el Congreso, con una marea supuestamente estudiantil que, bajo el patrocinio de Podemos y como ejercicio de calentamiento de las protestas contra el previsible nuevo Gobierno del PP, reclamaba el final de las polémicas reválidas.

El asunto es de enorme importancia. Por “reválida” entendemos un examen final externo –es decir, evaluado por personal docente no perteneciente al centro donde el alumno ha cursado estudios- y con carácter nacional, cuya aprobación debía resultar obligada para obtener un título, para acceder a una etapa de estudios superior (la universidad, por ejemplo), o para ambas cosas. Se trata de una prueba que se realiza en la mayoría de los países europeos (Alemania, Francia, Reino Unido, Suecia, Holanda, entre otros) al finalizar cada etapa educativa, llamada a jugar un papel esencial en la armonización de un sistema educativo tan poco vertebrador como el español (la Ley habla de “normalizar los estándares de titulación en toda España (…) asegurando una formación común y garantizando la validez de los títulos correspondientes”), y a tener un fuerte impacto en las decisiones académicas adoptadas por los estudiantes.

Todo al cubo de la basura, tras un anuncio como el de este jueves que no hace sino añadir caos al desbarajuste ya existente. Ahora mismo, las familias con hijos en trance de culminar la ESO o el Bachillerato no saben a qué atenerse. La incertidumbre es total. Méndez de Vigo lleva año y medio en el cargo y ni siquiera ha sido capaz de redactar la normativa de las citadas reválidas. Su fracaso es más que anecdótico, y el lío jurídico que introduce, morrocotudo. Por ejemplo, derogar las revalidas, parte esencial de la Ley, reclama como imprescindible aprobar otra Ley, con los trámites correspondientes.

Uno piensa que, en realidad, Rajoy ha aprovechado la coyuntura para dejar en la estacada de una vez por todas un proyecto que ha puesto en evidencia la falta de agallas y la endeblez ideológica del PP. Según el libreto, el candidato a la presidencia del Gobierno pretende con el anuncio de este jueves dar cumplimiento a su pacto con Ciudadanos, por el cual se comprometía a paralizar los aspectos de la LOMCE que todavía no se hubieran implantado, y responde, Méndez de Vigo dixit, “a su voluntad de diálogo para alcanzar el Pacto Nacional por la Educación que está pidiendo la gente y dar seguridad durante 10-15 años a familias y docentes, mejorando la calidad del sistema educativo español”.

Bla, bla, bla. Cobardía congénita. Abandonemos toda esperanza de que este país pueda tener un día no lejano un sistema educativo pensado para, desde la igualdad de oportunidades, educar a las nuevas generaciones en los valores del mérito y el esfuerzo, enaltecer la excelencia y propiciar un país económicamente rico, es decir, capaz de competir en un mundo globalizado, y culturalmente adulto. El ambiente social, particularmente en lo que atañe a la izquierda, es de asustar. Lo demuestran las declaraciones de un tal José Luis Pazos, presidente de la izquierdista CEAPA, una de las convocantes de las movilizaciones del miércoles, para quien el anuncio de Rajoy “no nos vale por insuficiente.

A nuestros efectos nada ha cambiado: hemos pedido la eliminación de las reválidas y de los exámenes externos en general, y parece que ha escuchado solo a medias. A lo mejor no se han enterado de que rechazamos también las pruebas de diagnóstico en 3º y 6º de primaria y de que no las vamos a aceptar”. La izquierda ha mordido pieza, y no va a soltar hasta que tenga al Gobierno Rajoy contra la lona en esta materia como en otras. La izquierda española quiere dinero, más dinero para Educación, todo el dinero para Educación, y aprobado general. Es su idea de la “igualdad” en materia educativa. Suena muy fuerte, pero es así.

Y lo que sucede con la clase política ocurre también con no pocas familias. Esta es una sociedad muy enferma: padres que no quieren ningún esfuerzo para sus hijos, que rechazan de plano los exámenes, que denuncian como perversos los deberes, que colaboran eficazmente en la progresiva pérdida de autoridad del profesorado en las aulas… Lo explicaba muy bien días atrás Benito Arruñada, catedrático de la Pompeu Fabra. “Como hijos y nietos únicos, a menudo tardíos, han disfrutado de un enorme poder negociador. La fuerza de los niños y la debilidad de los padres favorecen un “equilibrio” de normas sociales de alta permisividad y consumismo juvenil; normas que probablemente han sido arropadas, que no causadas, por las falacias pedagógicas de los años sesenta.

Me refiero a falacias como la visión negativa de todo castigo y competencia; la necesidad de contener el esfuerzo y educar en el disfrute; la marginación del ejercicio de la memoria y el sacrificio; el énfasis en que la responsabilidad es principalmente social y, por tanto, ajena; y la supresión de reválidas y cursos selectivos”. A los padres responsables solo les queda un camino: la senda individual de buscar por su cuenta aquellos centros privados capaces de educar a sus hijos en la excelencia, lejos del gregarismo que amenaza a muchas generaciones de jóvenes españoles, particularmente a los hijos de familias pobres. Es lo que quiere la izquierda española: analfabetos perrofloautas. Toca, pues, rascarse el bolsillo en la búsqueda de soluciones individuales. Todo lo demás es pedir peras al olmo. Esto está perdido.

ulises-em-041116Ilustración de ‘Ulises‘ [México, 1963] en El Mundo, 041116.

Volver a la escuela de la vida

Las democracias han apartado a la enseñanza y al saber como asuntos prioritarios

Cesar Antonio Molina en El País, 051116.

Los problemas de la democracia contemporánea se acumulan. El mal funcionamiento de los sindicatos, la profesionalización extrema de los partidos políticos, la falta de preparación de las élites, así como la influencia cada vez mayor de los poderes financieros y sus mercados incontrolables, que sustituyen a las instituciones democráticas, exasperan a los atónitos ciudadanos. La sociedad actual se mueve entre el consumo y el entretenimiento, dejando cada vez más al margen la formación y el saber. La democracia, el sentimiento que hoy muchos de sus ciudadanos tienen hacia ella, es de falta de protección de sus derechos, además de una creciente imposición de deberes no siempre muy claramente explicados.

El ejecutivo, el legislativo y el poder judicial no responden a las expectativas electorales. El votante se siente traicionado pues no se cumplen las directrices económicas y el empleo no llega nunca. Sin embargo la democracia sigue representando valores esenciales: la libertad, la paz, la convivencia, la instrucción pública, el bienestar, la tolerancia, la equidad, el trabajo, la salud, la libertad de expresión, la movilidad, la igualdad entre sexos y un sinfín de otras cuestiones fundamentales. En La declaración de los derechos del hombre se dice que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. La libertad está en la cima de los derechos. Pero las desigualdades persisten.

La democracia occidental trajo consigo el Estado de bienestar. Pero en muchos países, durante los últimos años, debido a la crisis internacional y las corrupciones propias, los derechos sociales se han recortado y se ha disparado la desigualdad. Hemos, por otro lado, empezado a perder al ser humano democrático que se enseñaba y transmitía en la escuela pública, laica. Como consecuencia, la formación que tiene lugar en la escuela es cada vez peor en España, y la formación que se desarrolla fuera de la misma, en la familia y la sociedad, es cada vez más deficiente. Lo que se impone es la antiescuela, la antipolítica, la fascinación por las nuevas tecnologías y el desprecio a la cultura, a la reflexión, al saber individual.

El filósofo italiano Remo Bodei, en Imaginar otras vidas, nos dice que la ignorancia y el error incrementan el poder del azar. Es decir: cuanto más se sabe más se prevé. El esfuerzo de eliminar las barreras de la ignorancia por medio de la universalización de la enseñanza fue (y sigue siendo) el mayor proyecto político y social de reducción del dominio del azar en la vida de los individuos y de las comunidades. Desgraciadamente, este esfuerzo gigantesco por difundir el conocimiento entre todos los ciudadanos parece haber sido abandonado en nuestros días. “Los movimientos totalitarios usan y abusan de las libertades democráticas para destruirlas”, escribió Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo. Una de las grandes equivocaciones de los sistemas democráticos es haberles hecho creer a sus representados que la democracia era para siempre. Ninguna mejora social, política o económica se conquista para siempre si no se la respeta y defiende.

La sociedad actual y la que está llegando aceleradamente desde la Red es mucho más complicada que la surgida del sistema democrático. Los populismos de derechas e izquierdas avanzan. Frente a la política clásica de estas cuatro décadas de progreso y libertades, hoy en España se contrapone la antipolítica y la contrapolítica. Los miedos, las incertidumbres, la sensación de abandono no ayudan a una sólida salud democrática.

Los partidos políticos deben reflexionar. Alejados de sus representados, ¿para qué valen? Sin su regeneración inmediata es imposible la democracia. La honradez está en entredicho: hay que reivindicarla a través de la verdad. Los políticos populistas, hijos del eclipse democrático, no distinguen entre verdad-mentira-realidad-fantasía. Quieren imponer su propia ficción que consiste en destruir el pasado inmediato para implantar uno anterior.

Conocemos los problemas de la democracia, pero ¿estamos aún a tiempo de corregirlos? En El hada democrática, el filósofo italiano Raffaele Simone escribe que las culturas democráticas, conformadas en la idea de que la democracia es un hada providencial inagotable e incansable, no logran producir desde hace tiempo una respuesta clara y firme. Una respuesta capaz de tranquilizar a los ciudadanos y de reducir los movimientos de extrema derecha e izquierda. La democracia tendrá que volver a la escuela y aprender. A la escuela de la vida.

César Antonio Molina, exministro de Cultura, es profesor de la Universidad Carlos III y director de Casa del Lector.

••

•••

 

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios